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Carlos Ramírez

Aunque no fue el primer caso, el pasado 10 de enero un adolescente de 11 años se vistió con ropas copiadas de la masacre de Columbine de 1999 en los EE. UU., llegó con dos pistolas a su escuela, pidió ir al baño y al salir disparó a dos profesores y a sus compañeros, mató a su maestra y se suicidó.

El caso impactó a la sociedad mexicana, pero ocurrió en el contexto de una lucha de 34 años del Estado contra las bandas del crimen organizado. De 1997 al 2018 se han registrado en México 363 mil homicidios dolosos acreditados a actos delictivos. Pero más que el número de asesinados, lo que llama la atención es el hecho de que los cárteles del crimen organizado tienen presencia en toda la república, controlan más del 10% de los municipios y han capturado a partes importantes del Estado.

México se encuentra en una zona de violencia que el Estado no puede controlar. La crisis de los cárteles comenzó en mayo de 1984 cuando fue asesinado el prestigiado y combatiente columnista Manuel Buendía cuando se disponía a publicar nombres de funcionarios, políticos y policías que estaban articulados a los primeros cárteles de la marihuana. De entonces a la fecha, las bandas se han fortalecido, decenas de grandes capos están muertos, encarcelados o extraditados a los EE. UU., pero la estructura de la violencia criminal sigue acumulando homicidas dolosos.

El gobierno acusó del asesinato de Buendía nada menos que al director de la Policía Federal de Seguridad, la policía política del Estado que estaba en el Ministerio del Interior (Secretaría de Gobernación). El funcionario fue encarcelado y sentenciado a 25 años de prisión y la oficina fue disuelta y convertida ya en una oficina de seguridad nacional. Pero desde 1984 las actividades del crimen organizado han crecido y no pasa mes sin que haya un ataque espectacular contra la sociedad.

La información sobre seguridad sigue dominando las expectativas de la sociedad. A finales del año pasado el capo Joaquín El ChapoGuzmán fue sentenciado a cadena perpetua en los EE. UU. y poco después fue arrestado en los EE. UU. el ministro de Seguridad Pública del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (del PAN, partido de derecha) acusado de proteger el tráfico de drogas a los EE. UU. Lo significativo de este caso fue que el funcionario había sido condecorado y entrenado por las principales oficinas de seguridad de los EE. UU. y, de acuerdo con la acusación, se dedicaba a ayudar a El Chapo a contrabandear cocaína. En 1997 el czar antidrogas de México con rango de general fue también arrestado por coludirse con un cártel.

El caso del niño columbine ha revelado un momento complejo de la sociedad mexicana. Ya no fue un suceso de ataque criminal, sino una evidencia de que la violencia se ha metido en las entrañas de la sociedad. A pesar de que la crisis de seguridad está asentada en México desde 1984, no ha habido programas educativos o sociales que alejen a los niños del clima de violencia de los estados cotidianos de ánimo. En muchas escuelas los niños son sometidos a revisiones con perros policías como si fueran sospechosos o a simulacros de balaceras, en lugar de programas de conocimiento de la realidad, de cultura de la paz o de educación contra la violencia.

A México le falta un programa integral de reorganización del aparato de seguridad. Cada nuevo gobierno inventa soluciones y organismos policiacos que duran seis años. La violencia, la extorsión, el cobro de cuotas criminales, los asesinatos en las calles, los asaltos diarios han agotado a la sociedad. El Estado carece de personal, los cuadros judiciales son cómplices en muchos casos de los delincuentes, la sociedad no encuentra protección por parte del Estado. Los asaltos ocurren en las calles, los restaurantes, los transportes públicos.

En el 2006, ante el fracaso de las policías, el presidente Calderón utilizó a las fuerzas armadas para apoyar acciones de seguridad basados en la doctrina de seguridad interior que viene desde la Constitución de Cádiz, entonces acreditada como “orden interno”. El saldo no ha sido malo: unos cincuenta capos de primer nivel han sido sacados de funcionamiento, pero sus estructuras criminales siguen operando. El caso de El Chapo es revelador: como jefe del cártel No. 1 de México, El Chapo está hundido de por vida en una cárcel de los EE. UU., pero su socio y dos hijos se quedaron con el control del cártel y han aumentado el tráfico de drogas sintéticas a los EE. UU.

Del problema que se le viene encima a México es la presión de la Casa Blanca al caracterizar a los cárteles mexicanos como organismos criminales transnacionales y existe la amenaza de señalarlos como terroristas. Al decretar la transnacionalidad, Washington quiere meterse en México a controlar la lucha contra esos grupos. La razón aparece en reportes de la DEA: nueve cárteles mexicanos controlan la venta al menudeo de droga en tres mil ciudades estadunidenses y comienzan ya a luchar con violencia por los mercados de consumo.

Detrás del caso del niño columbine existe un problema de seguridad en México: el crecimiento de los cárteles como grupo armado que tiene control de ciudades y rutas. Todos los días de 6 a 7 de la mañana el presidente López Obrador encabeza una reunión de seguridad con su gabinete de seguridad, incluyendo a los ministros de Marina, Defensa y Seguridad…, pero las cifras no bajan.

La violencia y la inseguridad en México existirán mientras sigan latentes las estructuras del crimen organizado.

http://indicadorpolitico.mx

indicadorpoliticomx@gmail.com

@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Gobierno

Tiempo Nuevo- Austeridad dinámica y Nueva normalidad

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El Fondo Monetario Internacional (FMI), las consultoras y calificadoras globales y la evidencia de caídas en todas las bolsas del mundo representan estragos que son el prólogo de una situación indispensable de atender con cautela administrativa y política. Al mismo tiempo, es exigible la mayor atención a lo social y disposición creativa para detonar muy pronto la inversión.

Las históricas caídas del petróleo, el ajuste cambiario y el desempleo elevado a un millón, según la estimación presidencial, son fenómenos que pálidamente hablan de la incertidumbre de millones de familias.

Ni en los contados casos donde los índices de contagio fueron menores de entre los países de la OCDE, se puede eludir la crisis del confinamiento o sus resultados colaterales.

En la Ciudad de México se pueden mencionar los 150 mil empleos perdidos entre enero y abril, cifra que quizá se superará al consolidarse las estadísticas de mayo.

Las autoridades globales y locales comprenden, salvo los dardos de los memes en sentido opuesto, estas condiciones extraordinarias. El reconocimiento a Hugo López-Gatell respecto de su labor mediante la incorporación a un panel de expertos de la Organización Mundial de la Salud, o el anuncio del Gobierno capitalino, liderado por Claudia Sheinbaum, respecto a la reducción del gasto corriente a la mitad, sin contemplar despidos o dañar estabilidades laborales, es parte ilustrativa de un proceso de acción gubernamental y comprensión merecedor de atención.

Más aún cuando hay una guía de la política de austeridad que parece antipática solamente a quienes apuestan a la ampliación de la deuda pública como palanca de financiamiento inmediato.

La determinación de ajustar a la burocracia en CDMX expone la afinación de metas, el análisis de escenarios y las posibilidades en medio de la emergencia. Su objetivo principal es claro: que el Gobierno no vuelva a ser un lastre para la sociedad y retribuya, con la reducción de gasto innecesario, a favor de proyectos y resultados.

A la estrategia la integran 36 programas y obras concretas, cuyos ejes van desde la mejora en los servicios de salud, el impulso a la educación y el medio ambiente hasta el combate a la violencia de género, el trabajo de infraestructura y obra pública en ciertas zonas, y la expansión y perfeccionamiento de servicios de movilidad, transporte y seguridad, entre otros temas.

A la ciudadanía le toca replantearse, diversa como es, su manera de incorporación del lado de soluciones que pasan por la esencial cautela en una fase cuyo término no es claro en ninguna parte del mundo.

La pandemia renovó la agenda pública y mientras de un lado exhibe las carencias derivadas de la desigualdad o de insuficientes capacidades institucionales, del otro ha permitido el anuncio del aumento de la capacidad de atención de cuidado intensivo hasta la exigencia salud de calidad, educación y su asociación con los temas de innovación y vigencia de derechos.

La pandemia dinamizó la austeridad y colocó a ésta en el centro del diálogo político.

@guerrerochipres

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Gobierno

Análisis- La protección civil, cero ante la pandemia

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Horacio Villaseñor Manzanedo* 

Respeto y admiro a las mujeres y hombres valientes que integran los cuerpos del sistema de protección civil, pero el sistema estuvo, localmente, maldiseñado.
La ignorancia de 
gobernantes y directivos amigos de alguien, sin conocimientos en temas de gobiernohan llevado a la función pública de ocurrencia en ocurrencia y la protección civil no es la excepción¿Cuál fue la aportación de los sistemas de protección civil ante la pandemia? Ninguna, hasta fue considerada “no esencial”. Las funciones de prevención y la atención a situaciones de grave riesgo, al ser diseñadas, se confundieron con actividades propias de los cuerpos de bomberos. Las unidades de protección civil dirigen, hoy, sus acciones al rescate de las personas y de sus bienes, lo que hacen muchas otras dependencias, en lugar de promover la renovación de la infraestructura urbana caduca y el fortalecimiento institucional para lograr metrópolis sostenibles y seguras.
Para atender situaciones cotidianas como accidentes viales, amenazas de bomba, explosiones originadas por gas LP, incendios, derrames de sustancias químicas, hundimientos en el pavimento o derrumbes, o las típicas inundaciones en época de lluvias, se hacen gastos innecesarios al acudir simultáneamente todas las dependencias disponibles, estatales y municipales, que en muchos de los casos no son necesarias. Gastan en equipos de rescate, en lugar de invertir en obras que eviten o disminuyan los daños que puede ocasionar un desastre natural, urbanosocial o sanitario, sucesos de grandes magnitudes como la fuga en ductos de Pemex, fuertes sismos, plagas, epidemias o pandemias.

La acción pública de las actuales unidades de protección civil se limita solamente a los simulacros de evacuación y al rescate, nada, cuando se trata de asuntos más importantes.

Las unidades de protección civil tienen hoy casi las mismas funciones que siempre han desarrollado los bomberos.

Los simulacros de evacuación que se han implementado apenas en edificios (nunca en amplias zonas, áreas o regiones) sólo son útiles si las personas se encuentran en un edificio estructuralmente seguro, si el edificio se cae, la evacuación es imposible. 

Sólo “si sale, se salva”, reza la regla popular de las cuatro “eses”, pero si se reforzara o sustituyera la infraestructura que ha agotado su vida útil, el escenario sería distinto. 

Es necesario que la protección civil sea un proyecto de la sociedad civil, de mayor alcance, y que los gobiernos garanticen una urbanización planificada, activa y eficaz que dé seguridad en cualquier caso de emergencia grave, fijando como meta lograr el desarrollo de metrópolis que permitan vivir con tranquilidad.

Ninguna dependencia se dedica a la planeación prospectivani a la promoción y evaluación de las obras civiles necesarias para reducir la vulnerabilidad en las grandes ciudades.
Hay espacios faltantes que deben construirse y edificios existentes que deben reforzarse para asegurar permanezcan de pie ante un gran temblor, como hospitales, edificios que albergan los cuerpos de rescate, las escuelas o los departamentos donde vivimos con nuestrafamilias. 

La visión debe ser otra, los cuerpos de bomberos pueden mejorarse integrando el personal y el equipo para rescate que se observa actualmente en las unidades municipales de protección civil; y, redefiniendo sus funciones actuales, en el marco de una nueva institución, puede crearse un organismo de prevención de desastres de gran escala que logre la tranquilidad deseada con enfoque preventivo.

De lo contrario, los cuerpos de protección civil seguirán siendo bomberos y, ante una pandemia, corporativos en estado vegetativo.

Horacio Villaseñor Manzanedo* 

Maestro en Gobierno y Administración Publica Municipal y Estatal.
•Miembro de a Red Nacional de Investigadores en Gobiernos Locales Mexicanos, A.C. (IGLOM) .
•Miembro de la Red Gobernanza Metropolitana del CONACYT.
•Profesor en la Maestría en Gestión de Gobiernos Locales, en la UdG .
•Más de 33 años de experiencia en puestos directivos en el ejercicio de la función pública.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Desafío 4T: PIB con distribución de la riqueza o más neoliberalismo

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Carlos Ramírez*
El gran debate dentro del gobierno y entre los factores de la producción no es el coronavirus, sino el proyecto económico posneoliberal convocado sin definirlo. Ahí, en esa discusión, se está jugando su suerte el gobierno de la 4T.

El ensayo presidencial sobre una nueva política económica, el decreto sobre centralización del gasto en el ejecutivo, el decreto de re-estatización de la electricidad y la iniciativa de Morena para inspeccionar en la riqueza son algunos indicios de que el modelo de la 4T carecede un plan formal de reforma económica progresista, que anda picoteando recursos por aquí y por allá y que no está encarando un dilemasexenal: o una gran reforma económica o quedarse con un neoliberalismo vergonzante.

Las tres experiencias radicales de modificación del modelo de desarrollo y de la estructura de distribución de la riqueza –Cárdenas, Echeverría y López Portillo– fracasaron porque no encontraron la fórmula para financiar al Estado. Aumentar el gasto es demasiado fácil, pero el resultado es lo más complicado: déficit presupuestal si se mantiene el gasto creciente o burocratización económica porque el incentivo para producir es la utilidad y no el bien común.

Ahora el PIB es el villano favorito. Sin embargo, hay dos detalles: será imposibledesaparecerlo porque es una variable mundial y existen ya modelos alternativos de análisis económico. El PIB es un punto referencial. Y la felicidad o el bienestar tienen mecanismos existentes, entre ellos tres: la encuesta ingreso-gasto del INEGI que revela la distribución del ingreso nacional, las cifras sobre resultados de programas sociales del CONEVAL que exhiben porcentajes de bienestar y pobreza y las cifras oficiales de empleo formal, desempleo, informalidad e ingreso salarial. El cruce de estas variables daría una especie de índice global de felicidad/infelicidad.

Un dato que muestran las encuestas del INEGI y de CONEVAL exhiben una cifra que pudiera ser el índice de felicidad: el 20% de los mexicanos vive feliz sin carencias sociales y el 80% vive infeliz con una a cinco carencias sociales. Por tanto, el debate no debiera ser sobre las cifras y su medición, sino sobre las estrategias para combatir la desigualdad ya conocida de sobra.

El gobierno de la 4T ya ha gastado año y medio en tener al neoliberalismo en la hoguera, pero sigue sin definir la reorganización productiva y distribución de funciones económicas del Estado. La gran revolución de política económica no se localiza en el regreso del Estado según el modelo chileno de Salvador Allende o el esquema chavista de ingresos petroleros, sino en el tema fiscal con sus tres derivaciones: recursos para programas sociales, financiamiento del desarrollo y redistribución de la riqueza.

 Si la estrategia se basa sólo en gastosocial para atender desigualdades, entonces tendrá el límite de los ingresos. Y sin cambiar la estructura fiscal, entonces el dinero para la producción se destinará a subsidios que se le quitarán al fomento productivo. La contrarrevolución neoliberal de. Salinas de Gortari achicó al Estado y su gasto social para potenciar la producción privada que sólo concentró más la riqueza entre los ricos. La nueva revolución posneoliberal se medirá no por el tamaño del Estado o la concentración de actividades productivas, sino por la capacidadpara obtener ingresos para la pobreza y para el estímulo al desarrollo.

La pandemia trastocó el escenario sexenal: el desplome del PIB a -10%, la quiebra de millones de empresas, el desempleo y el pleito con los empresarios hizo encarecer la agenda de la reforma económica posneoliberal. Y el dilema quedó planteado: o revolucionar el modelo de desarrollo o mantener el modelo neoliberal. En economía no hay términos medios.

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Guerrero. De los gobernadores que están mostrando dedicación a la estrategia antivirus destaca el de Guerrero, Héctor Astudillo, porque, sobre todo, no anda promocionando fotos de iniciativas inexistentes, como el oaxaqueño José Murat Hinojosa, y sólo para ir a presumir a Palacio Nacional. Astudillo ha recorrido colonias, comunidades y hospitales para supervisar respuestas oficiales y sensibilizar a la población, sobre todo porque se trata de zonas marcadas por la desigualdad y la pobreza.

Política para dummies:  La política es la propuesta de soluciones de fondo, no el discurso sin decisiones.

http://indicadorpolitico.mx

indicadorpoliticomx@gmail.com

@carlosramirezh

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