La ambición del presidente de la República por seguir manejando al país a placer es descomunal. Y la ambición de Enrique Alfaro por ser más rico y alcanzar la candidatura presidencial a costa de todos, también es desordenada. El mensaje que nos mandan, cuando somos noveno lugar mundial en muertes en América Latina, según lo marca hoy martes 26 de mayo El Informador, y según lo exhibe Mural en su portal Web, advirtiendo claramente, sobre fondo negro, que hay luz verde para negocios en Jalisco, mientras al lado muestra a un Canciller reconociendo muertes y al lado que México es líder en víctimas dentro de América Latina es muy doloroso.
De hecho, la portada principal de Mural ya es dolorosa. Muestra el importapoquismo de Alfaro al anunciar que entregarán 56 mil calcomanías a negocios no esenciales, para que entren en funciones el primero de junio y los estragos del Covid-19. Esto, en medio de gente que sale a fuerzas a tianguis y a peregrinaciones. Exigen. La iglesia católica se les está moviendo también. Ya verán.
Nadie está en contra de que se reanude la actividad económica, pero sin avisos, sin precauciones, sin estrategia, solo por complacer a la Iniciativa Privada, y cumplir acuerdos bajo la sucia mesa de la Reactivación Económica de Jalisco, sin estas medidas, tenemos derecho a creer y a deducir que “los lamentables decesos”, como lo dicen al rendir cuentas mal hechas, las vidas perdidas en el pueblo, les importa un comino.
La UdeG ya empezó su campaña preparada contra el gobernador Enrique Alfaro. El tema es el mismo que siempre: recursos económicos para la Universidad. Hoy pagó un desplegado lleno de argumentos y avisos al alfarismo que sigue en la luna: para ellos con que la caja registradora siga sonando todo está bien.
Por supuesto que no solo yo estoy espantado de lo que hacen. El Gobierno Federal autorizó reabrir a 23 municipios de Jalisco donde no había Covid-19 y libres del virus ya solo quedan 5. Alfaro y sus secuaces están muy serios, mucho, al anunciar ayer la reapertura. No festejan. No. Tienen miedo.
Y más van a sentir, aunque ahora se rían cuando ven sus bolsillos.
A nosotros ya nos sentenciaron a muerte. O nos defendemos, o nos morimos. A ellos, Andrés y a Enrique no les importa el pueblo…Ya vimos.
Cada quién sigue en lo suyo. Y lo suyo son los negocios, no nosotros
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