
Por Jaime García Medina*
Detrás de la alta o baja dimensión que alcanza toda persona siempre hay porqués. Que si la formación, que si el carácter, que si la profesión, que si la lectura, etcétera. También se habla de la existencia de claroscuros: muchas y tales virtudes, estas y aquellas carencias. Pero ¡vaya! que cuesta trabajo hablar de muchos en vida. En algunos casos, no: hoy me refiero a Naasón Joaquín, a sus seis años de liderazgo mundial y el inicio del séptimo año de un gobierno a todas luces fructífero.
Me gusta estudiar la gobernabilidad vista como la maniobrabilidad o capacidad de un dirigente para imponer un rumbo determinado en una administración.
Analicemos si ese dirigente a todo lo que pretende o anuncia no puede alcanzar, el pueblo no puede acceder y el actor debe meter reversa a su anuncio; o si simplemente no cumple lo que prometió; si su liderazgo permite que todos sus propósitos lleguen a un buen puerto o fracasan una y otra vez; si sus seguidores están satisfechos o no de lo obtenido; si los gobernados viven mejor o peor de cómo estaban al inicio de este mandato; si ya quieren que concluya esta administración o no, si inclusive hay rebeliones o no; si son sofocadas o sobrellevadas.
La sociedad está llena de estos casos: dirigentes de países, de empresas, de sindicatos, de asociaciones religiosas, cuya palabra o tesis o propuesta debe ser validada por el Consejo de Administración, por los demás poderes, por los cardenales, etc. A veces esto frena medidas. Destruye las propuestas o aplaza su puesta en vigor. Y ejemplos hay aquí y allá. Es la ingobernabilidad tal cual.
No es el caso, para nada, de Naasón Joaquín cuyo gobierno hoy es celebrado por sus seguidores.
Para nada me referiré a los esfuerzos de alguien o algunos por descarrilar un proyecto. Entiendo de planeación prospectiva; aprendí a hacer análisis estructurado en seguridad nacional enseñado por la Universidad Iberoamericana, campus Santa Fe en Ciudad de México; sé del análisis político estratégico que enseña el CIDE también en Cuajimalpa, Ciudad de México; sé de esquemas de orden político y de comunicación que persiguen el encumbramiento o el aniquilamiento de la imagen de instituciones o personas.
Por ejemplo, fue famoso el caso de Tylenol, empresa a la que le quiso acabar añadiendo cianuro a sus medicamentos ocasionando una grave crisis de reputación; sé de la guerra de las colas; sé de los casos de inteligencia que envolvieron al deporte profesional y castigaron en baseball a los Astros de Houston; o en football americano a Patriotas de New England.
En política el asunto es peor. Resulta que muchas veces el ruin es muy respetado y el honesto fue acusado de todo. Aquí en Jalisco y en México. Se cómo se acabó de manera infame con la carrera de Carlos Armando Biebrich, exgobernador de Sonora, y sé también cómo se tiene en la impunidad a grupos de presión que operan en México.
Sé de las dobles vidas de muchos presidentes, gobernadores, o presidentes municipales. Sé del closet en el que muchos están refugiados, sé de los enriquecimientos inexplicables y no castigados de muchos gobernantes o de sus colaboradores; en fin, sé de los intereses que prevalecen en la política y de la doble o triple moral de los censores oficiosos.
Y no me referiré a eso: quiero destacar hoy, el que hay un líder que en solo 4 años de ejercicio empezó a transformar todo. La religiosidad, los gobiernos, los liderazgos -y vaya que he leído a John C. Maxwell y su obra de liderazgo- las vidas de millones; logros que indirectamente han apuntalado a muchos gobiernos en zonas difíciles.
Hace un momento hablaba de gobernabilidad. Hay instituciones que la estudian desde los ejes: autoridad y orden o Estado de Derecho; desde el apuntalamiento económico del país; desde la educación como medio de escalamiento social; desde el fortalecimiento de la familia como eje integrador y no de disolución; y desde la importancia del reforzamiento espiritual con todos los frutos que esto trae.
Todo eso ha venido haciendo Naasón Joaquín. Su legado es un aporte a la gobernabilidad.
Sé que para frenarlo lo han acusado sin pruebas y sin juicio de por medio de acciones que no son bien vistas en la sociedad. Sé que nada de ello alude a sus 15 años de gobierno y vida pública en California antes del inicio de su gestión, como si un acto serial naciera de repente; sé que no hay acusaciones fundadas; sé que no hay pruebas documentales; sé, por otro lado, que en la Luz del Mundo se saben organizar, defender y sé que no lo han hecho; sé que han ocupado todo este tiempo en actos positivos: donaciones, visitas de apoyo a enfermos y necesitados, oraciones, predicación, actos comunitarios; servicio a la ciudad.
No me queda decir más que: somos muchos los que sabemos de cosas y vidas buenas, no reconocidas o pendientes de reconocer. Y la vida y obra de Naasón así es porque no es el tiempo aún de evaluarla.
Si sé algo: que además de los tribunales, de los jurados populares, de la sociedad de este siglo, la historia lo absolverá y lo que hoy fluye, lo que hoy se construye, será una obra más fuerte.
Es que yo creo en aquella frase del presidente de México: “No aceptamos aquello de que la calumnia -ojo- cuando no mancha, tizna”.
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