Horacio Villaseñor Manzanedo
A falta de capacidad y efectividad, ¡espectáculo!, parece ser la consigna. Por ignorancia, hay quién cree que lo que funciona en otras partes del mundo, también puede funcionar aquí, en nuestro entorno, sin embargo, no es así. Los programas gubernamentales accesorios, solo son un éxito cuando sus programas esenciales funcionan, me explico. Nadie en sus “cinco sentidos” estaría en desacuerdo de que, en la segunda ciudad mas importante del país, su ayuntamiento, celebre la lectura o se promuevan una serie de eventos deportivos y culturales, siempre y cuando lo esencial este resuelto. El Ayuntamiento tiene la tarea exclusiva de mantener la ciudad segura, ordenada, iluminada, limpia con suficiente servicio de agua potable y drenaje, si pudiera cumplir con su razón de ser, lo demás seria extra, extraordinario, pero como esto no es sencillo y no saben cómo lograrlo, para recibir aplausos de sus “paleras y paleros” se ponen a hacer programitas de espectáculo. Para que un ayuntamiento sea efectivo se requiere capacidad de organización, talento paras reformar el corporativo público, dirigirlo, controlarlo, vigilarlo y sancionarlo si es el caso. Entonces, si lo que funciona en otros países no sirve para que el ayuntamiento local solucione los problemas que dañan la convivencia, la tranquilidad y hasta ponen en riesgo la vida de la gente, ¿qué se debe hacer? Primero, hay que reconocer que el gobierno municipal no se gobierna ni así mismo. Los ayuntamientos fueron creados para que las ciudades, todas y en su totalidad, no sólo en su centro o algunas zonas turísticas, comerciales o residenciales, sino en todo el territorio, todas las colonias estén permanentemente en inmejorables condiciones, con espacios de solaz y esparcimiento seguros, calles, calzadas, avenidas, pasos a desnivel, monumentos, fuentes y áreas verdes limpias, ordenadas e impecables. Con mercados públicos dignos, rastros modernos y panteones suficientes. Con agua potable en la red pública y drenaje que asegure poder moverse por la urbe, aunque esté lloviendo, sin necesidad de utilizar una lancha o un bote salvavidas. La constitución nacional diseñó al ayuntamiento imaginando que sus cuerpos directivos serían personas preparadas y con experiencia, se imaginó un ayuntamiento profesional, capaz de barrer, lavar y mantener toda infraestructura saneada y señalizada, una institución para gobernar la ciudad, pero la realidad es que ahora no puede ni gobernarse a sí mismo. La ciudad está hecha un cochinero. Es simple, si los regidores, incluyendo al alcalde, no son gente que sabe derecho administrativo ¿por qué los directivos públicos de las dependencias tendrían que dominarlo? Y si los cuerpos directivos tampoco son gente experimentada, ¿qué pueden enseñarle a sus dirigidos?, a esos servidores públicos de base, sindicalizados, que permanecen viendo cómo cada tres o seis años llegan jefes influyentes, que no mejoran nada porque no pueden, y cuándo lo intentan, solo la “riegan”, desperdiciando tiempo y recursos públicos con puras decisiones y programas idiotas, como los llamados “botes inteligentes”, “puntos limpios”, “bolardos, empanadas y ciclo-vías”, “puntos de recolección fijos”, “ferias del empleo”, “eventos sociales y festivales”, “show de monumentos y edificios iluminados”, “cursos inútiles” etc., puras vaciladas, que en nada ayudan a solucionar lo esencial, lo de mayor impacto para lograr la tranquilidad y la felicidad de los ciudadanos. El camino es generar orden a través de la acción organizada, la acción gubernamental debe rediseñarse inteligentemente. La lógica organizacional moderna implica aprovechar la experiencia, pero es lo único que no se aprovecha, los servidores públicos sindicalizados no aprenden nada de sus jefes que no les pueden enseñar nada útil porque no saben. Entre dependencias no hay cooperación, no hay coordinación y no hay relaciones si no hay dominación directiva. La variable organización es clave para que funcione la función pública, los directivos públicos no atraen ni dominan nada, entonces todos los servidores públicos hacen lo que se les antoja, aunque sea ilegal, todos son jefes, todos hacen lo que quieren y les conviene, atienden solo a sus conocidos porque los encargados de poner orden, los directivos, sus jefes no saben cómo lograr el control o por lo menos inducir algo valioso para la organización, la ignorancia es tal, que todos, desde el más modesto trabajador hasta el alcalde, hacen lo que les place para servir a sus propios propósitos, y lo indebido se vuelve racional porque no pasa nada, bueno sí, pasa que el ayuntamiento se debilita y se debilita, y solo sirve para dar espectáculo. Ni hablar.
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