
Por Manuel Gutiérrez.
La moneda es el reflejo de nuestra economía y podríamos decir que desde 1950 a 2023 ha permanecido en flotación, con recuperaciones y descensos, pero ahora por la política fiscal y monetaria de Estados Unidos, es un peso duro, lo que genera beneficios, pero muchos perjuicios, porque las exportaciones caen, el país pierde turismo, pero a la par el gobierno de López, alardea de su fortaleza en su propaganda.
Durante esos periodos se dieron lo que los economistas llamaron periodos de estabilidad, que alternaron progreso y bienestar, con ratos largos de pánico, ahora estamos en el super peso pero no será una constante.
El peso lleva ese nombre porque luego de la conquista los indígenas se acostumbraron al uso de la moneda de plata real de España. Resultó insuficiente por la demanda. Entonces se decidió dar plata en lugar de moneda, el “peso” de la mismaestimada en gramos, como equivalencia, y de ahí quedó el nombre. Peso porque pesa.
Incluso llegó a valer una moneda de plata 150 almendras de cacao, en los tiempos recientes de la conquista, pero se eliminó ese uso.
Los indígenas rechazaban y tiraban al lago de Texcoco, la moneda de cobre o de otros metales, preferían la plata. Por ello se crearon en Nueva España, casas de moneda, no sólo en México, sino en Guadalajara, Zacatecas (2), Guanajuato, Chihuahua, hubo 5 subsidiarias. Por el año 1823 nos llenamos de monedas de bronce que requerías verdaderas cargas de metal para una operación simple luego del fracaso del primer imperio. Bronce equivale a decir el oro esta escaso y no hay plata.
Nuestra historia comienza con la era porfiriana, en que se usó el poder del metal mismo en la acuñación de pesos de oro y de plata, a los que se aplicó el principio de Grisham, que dice que una moneda de valor por sí misma, nueva, nunca reemplazará las monedas desgastadas y viejas ya que los tenedores la buscarán y la ocultarán como forma de ahorro.
Limantour fue el arquitecto de la solidez del peso en ese tiempo, aunque la disponibilidad era limitada, dio certeza al porfirismo pero el cáncer fue la inflación, lo que afectó la vida menos favorecida, pero las monedas de oro con 25 centigramos y de plata 0.720 hicieron felices a todos, hubo un periodo de bonanza.
Ese principio hizo que nuestro peso equivalente al dólar, y comenzar la fluctuación a 2 por 1, pero Venustiano Carranza, nos unió al patrón oro, como si fueramos Inglaterra, pero el sistema terminó con el resurgimiento de la plata.
De hecho, sigue siendo una esperanza, y economistas monetarios la consideran mejor que nuestro petróleo, aún hoy. México no tuvo conflictos entre plata y oro como en los Estados Unidos que generó el cuento del Mago de Oz.
El primer estado de estabilización se logró en el gobierno de Pascual Ortiz Rubio, (Plutarco E. Calles) con el dólar con una cotización de 3.60 dóla por un peso. Hay que señalar que cuando se determinó que el poder del peso, lo determinará la ley pública en su valor por el Legislativo, ese concepto desató las iras de los monetaristas, la verdad es que el peso siempre ha estado en fluctuación, antes le decían moneda errante, afectada por las circunstancias y no depende de los decretos, sin sustento en la economía. Un Estado no genera riqueza, empleo o dinero valioso por decreto.
La moneda es un termómetro de estabilidad. De lo contrario, reflejará trastornos, estancamiento e injusticia social. Eran los tiempos de Lázaro Cárdenas, que alentó la obra pública, y no se respetó el principio que el “endeudamiento no debe superar el 10% del promedio anual de los ingresos”.
En 1936, se sobregiraron al producir billetes sin sustento por 117 millones de pesos. (cifras enormes entonces) y vino un desequilibrio de la balanza de pagos, que refleja la deuda externa, al tiempo que se produjo un desangramiento por más de cien millones de pesos en oro mexicano, que se iba al exterior, modificándose la demanda de dólares.
Las posiciones revolucionarias socialistas-cardenistas reflejadas en el agro, en un sindicalismo activo, vinieron a desembocar en un gran terror económico con motivo de la expropiación petrolera el 18 de marzo de 1938 provocando una acelerada retirada de ahorros, de inversiones, por lo que el Banco de México cerró las operaciones monetarias y de cambio de divisas.
Presiones sobre el peso se dejaron venir y para 1939 la moneda llegó a 4.90 como tipo oficial de cambio, aunque llegó a 6 a 1 con el dólar. En 1940 se inició la segunda estabilización.
El Presidente Cárdenas optó por desacelerar el proceso de colectivización y busco un sucesor no revolucionario y comprendió el valor de la estabilización. Con la llegada de la segunda guerra, al convertirse en beligerante los Estados Unidos, se abrió un período de exportaciones soñado para México, su balanza se corrigió y la moneda se fortaleció, se llegaron a tener casi 400 millones de dólares en reserva, la guerra era una bendición en México.
Al terminar la guerra, todo se revertió. El presidente AvilaCamacho, intentó como es costumbre presidencial -nada nuevo bajo el sol- determinar que “no habría variación del tipo de cambio”, pero sabía que la cosa iba mal, hizo un severo régimen fiscal, se intentó combatir el contrabando que surgió con gran fuerza en México, por la escala de su circulación y consumo, pero todo fue inútil, el 22 de julio del 1948 se suspendió la venta de dólares, la segunda estabilización había terminado.
El presidente Miguel Alemán, llegó en 1948 al primer informe contando fábulas como las actuales. Que el tipo de cambio no era catastrófico para el país, que la cotización internacional de la moneda, no es la medida de la riqueza de la nación, ni por tanto, del bienestar de sus habitantes, casi parece escucharse al Presidente López. Que semejanzas con el desprecio de los indicadores como el PIB para suplirlo con índices de felicidad.
En esos años las declaraciones de Alemán, eran calificadas de insinceras. Ofreció un programa para sacar beneficios de la inestabilidad -como anillo al dedo- pero su perfil industrializador del país, le permitió una ver que se abriera la tercera estabilidad a 8.64 el peso por dólar, pero llegó inversión, se reactivó la economía, se estabilizó la moneda, y de nuevo vino un período de prosperidad la tercera estabilización.
Nuevamente el interludio tuvo su final, abriéndose la cuarta estabilidad y que se dio como desarrollo estabilizador durante 20 años. Se dio confianza nuevamente al sistema financiero y se reanudó el crecimiento con márgenes que se aproximaron al 7 %, aún con el estado como rector de la economía, se fortaleció el sector privado, estabilizándose un desarrollo bancario, formas de crédito, obra pública y empleo, que dieron en todo el conjunto de los sector público y privado, solo luchando contra la inflación, fue la erasesentera que añora el presidente López, así fue desde la moneda que tuvo otro lapso pero a 12.50 el dólar en esos años. Pero el desarrollo estabilizador terminó con Gustavo Díaz.
Las recientes crisis, con Echeverría, López Portillo, Salinas y Zedillo, vinieron a perturbar la cuarta estabilización, nombre que los economistas como Gilberto Moreno Castañeda, autor experto del tema, en sus Dos Tomos de:“La Moneda y la Banca en México”, de la U. de G. nombróesos ciclos.
El peso está pendiente de valoración como siempre. Las calificaciones crediticias, la inversión extranjera, los proyectos colosales del sureste, gravitan sobre esta moneda que amanece hoy a 17 pesos por dólar, por ahora, pero en la caída del petróleo mundial puede remolcarnos así como otras crisis exteriores, ajenas.
Los riesgos financieros actuales no son pocos, ni menores, por lo que no se llega a una nueva estabilidad, por las debilidades de Pemex CFE y las paraestatales, principalmente. Los créditos externos, que están fluyendo son superiores al sexenio anterior con 5 años de gobierno. Si no se emplean adecuadamente, perturbarán con sus intereses la moneda a mediano plazo porque no le alcanzará el recurso monetario, o se endeuda más o sube los impuestos.
El tipo de cambio realmente tiene flotando y hundiéndose desde 1950 a 2020, reflejando las situaciones internacionales y el acierto y confianza, que se logra en México para sus finanzas. Su depreciación que ha sido estimada en 12%marca una advertencia importante para el presidente López,que debe valorar el bienestar desde indicadores reales, nobuscar inventar indicadores felices que no sirven en la realidad o ufanarse de las estadísticas del INEGI que lee incompletas sobre reducción de la pobreza, porque hay agudas contradicciones para los más pobres, y no los subsidios según estudios independientes, solo influyeron en 1.7 de esa reducción.
No es el primero de los presidentes que intentan subvertir la economía y que intentan ofertarnos oportunidades en la desgracia, vendiendo mitos. Alemán fue uno de ellos, pero sus números lograron la mejoría con rectificaciones necesarias, dolorosas y oportunas, no atadas a discursos ideológicos. “El obrero de la Patria” se convirtió en un paradigma empresarial.
Lázaro Cárdenas, tampoco se ató al discurso y comprendió las ventajas de la solidez y la propicio luego de la turbulencia. El aprovechar los tiempos y el contexto con el vecino del norte, aunados a un buen trato claro de la inversión privada nacional y extranjera, y la revisión de inversiones públicas comprometidas absurdamente con el pasado, podrían dar lugar a extender la nueva estabilización, combatiendo la inflación, el desempleo y asegurando un ingreso fiscal saludable, pero se hace lo contrario en forma radical y reiterada, es desesperante hacer todo lo que los economistas aprenden a no hacer, como política oficial.
Aunque la llamen 4 Transformación, mira tanto al pasado que decidimos buscar en ello las cuatro estabilizaciones que nos dieron pánico, aire y avance. Hacer lo contrario, polarizar los sectores, dividirnos, atacar la productividad, es suicida para la calidad de vida nacional, los ciudadanos pueden enfrentar un cambio brusco sin aviso ocasionado fuera de México o por causas de nuestra política económica errática.
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