
por Manuel Gutiérrez.
Carlos Fuentes, el autor de la Región más Transparente, es un trágico del amor, que lo tuvo y lo perdió con un final desgraciado, todo un personaje de Capa y Espada, la serie que revela algo más que la literatura, refleja instantes de la vida, de la creación imaginaria.
Confieso que es un autor que la vida me hizo leer muy ampliamente. Lo encontré magistral en la transparencia de la CDMX, “La región más transparente” fue genial en “La muerte de Artemio Cruz, una irónica visión del post-zapatismo y de las ambiciones humanas, pero después se volvió irregular, complicado al extremo en Terra Nostra, obra que refleja una agonía y una dialéctica entre el encuentro de dos mundos, en un mosaico de grandes proporciones, pero pesado, difícil de digerir.
Pero la obra que lo abrió del corazón es “Diana, la cazadorasolitaria” narra como un año nuevo de 1969 se enamoró desde la primera vez, de Jeane Seberg, una actriz norteamericana de calibre grande, y gustos caros, y con quién Fuentes revela como cayó, como se postró ante ella, ycuándo, cómo le hizo el amor, una irreverente revelación que hace pensar si debió o no darnos tanta información, haciéndonos entender su relación- obviamente Carlos estaba casado con Rita Macedo (Luisa Guzmán de su novela)- hasta el momento de vivir una temporada con ella en una relación que hace que se catalogue como novela rosa, cuando comenzó a sentir que su relación se debilitaba, había durado un mes, tres semanas y 4 días, pero lo marcó lo vivido para siempre…
En ese momento apareció el demonio de los celos. Y junto con ello un emisario enviado por el Secretario de Gobernación (Mario Moya Palencia) que le visitó en forma discreta y señalando que era un favor especial, personal puso en sus manos el expediente de Jeane.
La dama era actora, pero a la vez, había provocado el seguimiento del FBI-CIA por sus activismos intensos de izquierdismo en los Estados Unidos. Sus relaciones con elementos radicales y con antecedentes de preferir la vía revolucionaria violenta, los distinguía.
La CIA la boletinó a México, alertando a SEGOB y la DFS e Inteligencia Militar, una vez que esta se traslado a nuestro país. Carlos entonces estaba en los cuernos de la luna, era un autor de boom, de moda, era de una inteligencia aguda, intentaba tener un perfil de izquierda, pero crítico a toda forma de dependencia. Diplomático desde los pañales, formado excelentemente en las mejores universidades de Estados Unidos.
Por ello el favor gubernamental. La actriz rompió con Carlos, desolado y anunció su destino próximo: Chile. El problema era precisamente que era un retorno a la oscuridad.
Si bien en México, nada hizo que motivara su vigilancia por la Dirección Federal de Seguridad, en Chile se había contactado con las corrientes más fuertes de la guerrilla, (MIR, Mapuches) bella, pero inestable “Diana Soren en la novela” muere por suicidio, no se llegó a ejecutar la sentencia de la CIA… o sí la eliminaron sus amigos radicales.
El enviado de gobernación, le dijo a Carlos: “No la deje viajar a Chile – ellos todo sabían- en Chile pesa sobre ella un encargo muy fuerte”. La CIA la tenía registrada y el gobierno chileno, recibió el oportuno aviso y como en el viejo oeste, el cartel de reward, por actividades comunistas,sabía de sus nexos directos con la guerrilla y el ambiente estaba muy tenso en Chile, al borde de una guerra civil con el gobierno de izquierda de Salvador Allende.
La actriz, quiso ser protagonista histórica, pero en terreno ajeno y en condiciones de una guerra fría, en que se por menos que eso, la vida no valía nada. Porque Chile estaba a punto de llegar al golpe de 1973 en que Augusto Pinochet, rompió el reloj de la internacional comunista.
Carlos herido en su amor propio, celoso, expuesto en su certidumbre como amante…no le advirtió, no pudo detenerla, ni por ella misma, ni para él. ¿Error demasiado grande, deseo que le fuera mal, que sufriera para que mirara más abajo?
Tal vez una indirecta forma de castigar un amor frustrado, un amor independiente, una personalidad que no se avasalla con su historial diplomático o su nimbo de autor. Su experiencia se evaporó ante la juventud e intensidad de Jeane, provocando la crisis de identidad de Carlos, como hombre maduro, ante una disyuntiva que no podía descifrar ante el miedo del fracaso de la edad.
Carlos sabía que reglas tenía el juego geopolítico deentonces y como diplomático atestiguó muchas maniobras de los míticos pero reales servicios de inteligencia, vió como irrumpieron en escena los Chinos, burdos, violentos, pero decididos a quitar a la competencia del camino, conocía la fría efectividad de la KGB y sabía quiénes respondían directamente a Moscú, no a poder alguno en México(Arnoldo Martínez Verdugo).
Carlos sabía de la llegada del Mossad, y de los teje manejes que se dieron en México por parte de la CIA que al igual que todos sus congéneres, incluida la sucursal espía de la Habana, en la Casa de las Américas, en el Instituto José Martí, intervenían en México, como lo hicieron en el movimiento del 68. México siempre ha sido un patio trasero de Moscú, para espiar y tener objetivos en los Estados Unidos.
De ahí se derivaron dos obras que dieron lugar a películas: “El complot mongol”, de Rafael Bernal, curiosamente diplomático también y consagrado como el mejor autor mexicano de novela negra, aunque viene muy fuerte Jorge Volpi marcando una nueva era
Trata “El complot mongol”, del emergente espionaje chinoque pretende dar un severo golpe en México ante una visita del presidente de Estados Unidos y la otra, “La Cabeza de la Hidra” en que narra Carlos como emerge el poder de Israel, con su Mossad, la intervención de Estados Unidos ante un jugoso nuevo yacimiento y pozo petrolero (Ixtoc, tal vez) .
Carlos no era espía, pero sabía demasiado, tenía datos secretos del gobierno mexicano, y por qué no, contactos con la CIA, lo que no quiere decir que fuera su lacayo. Su novela fue criticada y evidenció su intermitencia de calidad argumental, con gran estilo narrativo su contenido no fue comprendido en su cabalidad.
Sabía cómo jugaban. Expuso al objeto de su amor.
Jeane se perdió en Santiago, volvió a ser visible, pero finalmente se asentó en París, en dónde se “suicido”. En ocasiones, una elegante forma de eliminar rivales en el mundo del espionaje. Tal vez lo hizo por su propia mano, hastiada de una vida intensa, pero carente de sentido. Dejó en Carlos una huella por demás profunda, porque cuando se pierde alguien así, se lleva parte más que el recuerdo o la alcanzaron por fin las amenazas de sus peligrosos enemigos y amigos.
Carlos escribió hasta el último momento, su último libro sobre vampiros, o el vampiro primigenio Drácula, sobre el sezgo de Bram Stoker, pero recordemos que la novela vampírica no nace en Inglaterra, ni es de Bram, es de Paul Feval, a quién la preponderancia británica, le despojó de la paternidad francesa del personaje.
Carlos escribe sus últimas líneas, casi benévolamente reflejo su diestro estilo, pero la carencia de ideas nuevas lo hizo palidecer, tal vez no necesitaba escribir tanto, y dejar como Azuela, o Rulfo, que dos o tres obras lo inmortalizaran para siempre. “Gringo Viejo” dio la más lograda cinta de su literatura, tomando como historia la intervención yanqui en la revolución mexicana.
Como sea, es el autor mexicano que más leí por cosa del Destino, incluso su voluminosa obra terminó vendida – Hoy me arrepiento- pero Diana Cazadora, con su soledad, me hicieron pensar mucho, comprenderlo mejor, – la escribió ya en frío, ese recuerdo, con más experiencia, pero con la herida nunca cerrada- porque es un grito de amor y desamor, una búsqueda de capturar el rayo verde de la puesta de sol, y a la vez de auto-flagelarse, por no haber podido, por no encontrar la manera que las tardes de Durango en el desierto,con Jeane fueran para siempre, la tuvo y la perdió.
Carlos pecó, se humilló, y se flageló por amor y al escribir rompió un silencio, un secreto, y compartió una historia de amor-sin amor final, como un grito doloroso, que requiere de haber vivido para ser comprendido, condición para penetrar en el fondo de su novela.
No le queda el término de rosa, es muy explícita para su época, porque su pasión es desbordante, cruda, emocional, muy anticipada a la narrativa del siglo XXI y no tiene el vivieron felices para siempre, sino él vivió recordándola por siempre pero quizá pudo evitar su muerte.
POLVOS DE AQUELLOS LODOS.
La frivolidad. Alguien hizo bromas del expediente del joven cantante del rock and roll, Enrique Guzmán, estudiado por la DFS entre los 8 millones de documentos de la época que hoy incomodan al CISEN, que ya cambio de nombre, sondinamita pura, para todos y muchos VIPS incluso los del poder.
Era peligroso que el ídolo de la juventud, tuviera devaneos de activo izquierdista, pero Enrique no dejó su nicho.
Era un tiempo en que no cantabas ni de protesta, todo era encausado a las formas y costumbres. Siguió en su carrera artística, tenía una cita con el destino, más peligrosa que las militancias pro soviéticas: Silvia Pinal.
Era perfectamente lógico que la DFS lo hubiera investigado, no era una mera puntada ( Fernando Gutiérrez Barrios era muy eficiente). En ese tiempo o eras político, o artista, y el PCM estaba fuera de la ley, era clandestino, lo que explica el interés por la aproximación de Enrique, pero todo eso cambio hasta la reforma política y los sacrificios como el de Tlatelolco eran para acotar el presidencialismo, el militarismo y el uso del poder sin contrapesos y permitir que las corrientes diversas tuvieran representación.
AMLO era miembro del PCM (lo admite con orgullo) como fue un furibundo priista que gozó de privilegios de la militancia, por mencionar un personaje que llegó al poder máximo, era otra época con otras apuestas y reglas muy formales y no eran muy tolerantes ni en los hogares con los rebeldes sin causa, ni las compañías inaceptables ni el gobierno admitía la vida de la oposición o de la crítica y parece retornamos a ese estado de cosas.
Enrique Guzmán finalmente es inocuo y es una legenda del rock mexicano o pop, pero lo significativo es que esos tiempos de autoritarismo intrusivo, van a regresar con más fuerza, por el monolito que representa la 4T y su forma de ejercer el poder, con fines poco democráticos, en que el factor del militarismo que se impuso, puede regresar a esas formas de vigilar y castigar con una mano en la cintura los instrumentos de espionaje no son contra los delincuentes, sino contra periodistas destacados, opositores políticos.
Los Militares se enrocan para proteger sus conquistas invaluables que los harán millonarios en cada sexenio, y su involucramiento con la forma de la 4T, en forma incorrecta porque deben ser institucionales, no partidistas, ni políticos con cargos militares. Carlos Fuentes lo sabía desde hace mucho.
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