
Óscar Ábrego
Pasa el tiempo y Pedro sigue siendo Kumamoto.
Hace más de tres años en esta columna escribí:
“Resulta muy complicado imaginarlo al frente de una alcaldía. Es casi imposible visualizarlo tomando lista a la tropa de la policía o tomando complejas y desafiantes decisiones de gobierno. Sus rasgos de personalidad alcanzan muy bien para la deliberación y el debate, pero no para liderar a un cuerpo de funcionarios de alto nivel”.
Sigo pensando lo mismo.
Y aunque nadie está en condición de regatearle su disrupción en el implacable e impredecible mundo de la política, cuando por la vía independiente se convirtió en diputado de la LXI legislatura local, lo cierto es que hoy sólo quedan residuos de aquel muchacho cándido y audaz.
A la vista tenemos a un personaje que siempre figura en las encuestas pero que no le alcanza para el triunfo.
Me atrevo a asegurar que Pedro fue producto de una coyuntura y de la construcción de un grupúsculo perteneciente al llamado círculo rojo.
Ahora que su nombre reaparece con la posibilidad de encabezar la causa de la cuatro té en Zapopan, es poco menos que un despropósito.
No veo cómo los morenistas y su base electoral se identifiquen con un itesiano de argumentaciones teóricas y lugares comunes.
Tampoco creo que el elector informado le otorgue el voto a la luz de su incongruencia.
Pero hay un elemento que abona a la contradicción.
Pedro afirma que su postulación en Morena será por la vía directa, esto es, para decirlo de forma muy clara, por medio de una imposición.
¡Vaya demócrata!
De cualquier manera, si Kumamoto logra su cometido de abanderar a la Cuarta Transformación, entonces deberá reinventarse a fondo, porque el apellido no será suficiente para conquistar las urnas.
@DeFrentealPoder
*Óscar Ábrego es empresario, consultor en los sectores público y privado, escritor y analista
político.
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