Por Amaury Sánchez G.
Hay ciudades que despiertan con el pulso acelerado, como si hubieran pasado la noche discutiendo consigo mismas. Guadalajara amaneció así después de los disturbios recientes: tensa, irritada, con esa mezcla de cansancio y desconcierto que solo aparece cuando la violencia se instala donde no debe.
Busqué entonces a José de Jesús Salazar Zazueta, presidente de Manos Tapatías, maestro en el sentido más amplio del término: no solo enseña, sino que interpreta, disecciona y, cuando es necesario, confronta. Aceptó recibirnos sin filtros ni guiones. Siempre es en esos encuentros donde se escucha la verdad más incómoda.
“La violencia jamás será brújula, Amaury. Siempre es extravío”
—Presidente, ¿cómo recibe Manos Tapatías lo que ocurrió en Guadalajara?
No titubeó.
—Con absoluta reprobación. La violencia le resta legitimidad a cualquier expresión social. Una causa justa no necesita incendiar nada para que la escuchen, y quien destruye termina hablando solo para sí mismo.
Lo dijo con esa serenidad que duele más que los gritos. Y añadió, casi como si dictara sentencia:
—La violencia desfigura la lucha. La vuelve sospechosa, inútil, incluso ridícula.
“Si exigimos justicia, no podemos hacerlo con los métodos que repudiamos”
Le pregunté si su postura significaba que rechaza las protestas sociales.
—No confundamos —respondió—. Protestar es un derecho. Vandalizar es una renuncia a la razón. La valentía no está en aventar piedras; está en sostener la verdad sin dejar que la rabia nuble su propósito.
El desafío político: “¿De qué lado está realmente Movimiento Ciudadano?”
La conversación dio un giro inesperado cuando salió a colación la postura del gobierno estatal ante la ola de disturbios y la evidente tensión política en Jalisco.
Fue entonces cuando el maestro Salazar Zazueta soltó, con la calma del que sabe exactamente el peso de sus palabras:
—Amaury, alguien tiene que decirlo: el gobernador Pablo Lemus debe definir ya si Movimiento Ciudadano seguirá presumiendo independencia o si, de una vez por todas, va a caminar como aliado del PAN, PRI y el Verde.
Porque la ambigüedad política también genera violencia: la violencia de la mentira, de la confusión, del juego doble.
Hizo una pausa y concluyó:
—Es un reto, sí. Pero es también una exigencia democrática. Jalisco merece claridad, no medias tintas electorales.
“La sociedad civil es un contrapeso moral, no un adorno”
—Los ciudadanos —continuó— no podemos dejar que la política se vuelva un espectáculo de máscaras. La sociedad civil debe recordarle a los gobiernos que la verdad no admite disfraces. Y hoy más que nunca, Jalisco necesita una voz que exija coherencia.
—¿Y esa voz debe venir de asociaciones como la suya? —pregunté.
—De todos —dijo—. Pero si nosotros no la levantamos, ¿quién lo hará?
Un país que necesita menos estruendo y más claridad
Al despedirnos, me dejó una última reflexión que resume no solo su postura, sino el espíritu de Manos Tapatías:
—México merece ciudadanos que actúen con responsabilidad, gobernantes que hablen con claridad y movimientos políticos que digan la verdad aunque incomode. La violencia pasará; lo que quedará será la forma en que decidamos enfrentarla.
Salí de ahí sabiendo que no solo había entrevistado al presidente de una asociación civil, sino a un hombre dispuesto a retar tanto a los violentos como a los poderosos.
Porque en tiempos como estos, la dignidad no es un lujo: es una obligación.
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