
Por Violeta Moreno
En 2025, el liderazgo femenino en Jalisco dejó de ser nota de color. Ya no es “qué bueno que haya mujeres”, sino qué tan bien gobiernan, coordinan, proyectan y sostienen instituciones que pesan en la vida real: política social, vida urbana, planeación, cultura, economía y rendición de cuentas. Este mapa no pretende ser “la lista definitiva”; es una lectura útil y sobria de quiénes están moviendo piezas con consecuencias visibles. Aquí no se premia simpatía: se premia capacidad.

Maye Villa de Lemus, al frente del DIF Jalisco, encarna la versión más tangible del poder público: la que toca familias, cuidados y red territorial sin margen para improvisar. Su relevancia en 2025 está en lo que no siempre se ve: sostener operación cotidiana, coordinar apoyos y convertir lo social en un sistema que camina, no en un gesto que se aplaude. Ella es pieza clave en un mejor ambiente para la gobernabilidad del estado.

Priscilla Franco Barba, desde la Secretaría del Sistema de Asistencia Social, opera el otro lado de esa misma moneda: diseño, ejecución y evaluación. Su peso no está en el micrófono, sino en la arquitectura de programas, reglas y ajustes finos para que lo social no dependa de ocurrencias. En un estado complejo, esa disciplina técnica es la diferencia entre política pública y la “buena intención”. Y ella está dando resultados concretos.

En la vida urbana Verónica Delgadillo, primera mujer en gobernar Guadalajara en su historia, trae un reto que va más allá del dato: hacer que la ciudad sea habitable, no sólo administrable. En 2025 la conversación de fondo se está moviendo hacia la repoblación de Guadalajara (reactivar barrios, recuperar comunidad, volver viable vivir en la ciudad) y hacia instrumentos que sí pegan con la vida urbana real, como los apoyos vinculados a vivienda, incluida renta para jóvenes.

Y para que esa agenda no se quede en narrativa, importa quién sostiene la caja: Irlanda Loerythe Baumbach Valencia, como tesorera municipal, representa disciplina financiera y capacidad de ejecución en una ciudad donde cada peso se nota y cada error cuesta.

Otra capa de poder económica y de reputación es la de los grandes eventos. Jalisco compite en turismo, derrama y narrativa; ese “calendario” también es gobierno. Ahí aparece Lorena Martínez Ramírez, directora general de la Agencia Estatal de Entretenimiento: ordenar, planear y convertir cultura, deporte y espectáculo en motor económico es parte del tablero. Y hoy, con el Mundial encima, se verá el tamaño real de una agencia que ya está jugando en ligas globales.

En instituciones que fabrican élite y futuro el dato mayor de época es la primera rectora general de la UdeG: Karla Planter Pérez (2025–2031).

Si Jalisco presume algo, es su capital cultural. Esa arquitectura se entiende por la visión de Raúl Padilla, que puso al estado de Jalisco en el mapa cultural de México y del mundo; y hoy, con la atinada continuidad liderada por Trino Padilla, ese legado se sostiene de su mano institucional y lectura de época. En esa línea, Marisol Schulz Manaut, al frente de la FIL Guadalajara, no sólo administra una feria: sostiene una plataforma literaria global.

Y en cine, Estrella Araiza mantiene al FICG como industria, no sólo como festival: agenda, talento y proyección de un ecosistema que le da a Guadalajara conversación internacional.
La universidad no es un edificio: es una red sistémica estatal que define debate público, movilidad social y liderazgo.

En esa conversación académica, Mara Robles desde CUCEA representa conducción institucional en uno de los centros que forma cuadros económicos del estado.

Y Patricia Rosas Chávez, como rectora del Centro Universitario de Chapala, aporta otra pieza igual de relevante: gobernanza universitaria en territorio, con impacto directo en formación, comunidad y agenda pública regional.

A ese perfil se suma Aimée Figueroa Neri, catedrática de CUCEA, con un dato que habla de mérito técnico: fue la mujer mejor calificada en el examen para la ASEJ, recordatorio de que en Jalisco también existen perfiles que compiten por capacidad, no por ruido.

En planeación metropolitana la capa no tan visible pero más determinante para la gobernanza Patricia Martínez Barba, al frente de IMEPLAN, ha sostenido un desempeño técnico: instrumentos, coordinación y aterrizaje al territorio. Cuando hay método, hay ciudad; cuando no, sólo hay parches que se vuelven costumbre.

Dentro del poder legislativo, la conversación de este año ha sido la transparencia y el orden interno.

Ahí entra Marta Estela Arizmendi Fombona, con responsabilidades de conducción y señal institucional en un clima donde el Congreso no puede darse el lujo de “verse opaco”. además hasta ahora se perfila como la aspirante morenista más aventajada a la alcaldía de Tonalá.

Y en control y disciplina del Estado, María Teresa Brito Serrano ha sostenido una Contraloría de método: auditorías, controles internos y seguimiento; menos show y más procedimiento, que es donde de verdad se mide la integridad pública y que viste de manera sustancial a la actual administración de Pablo Lemus Navarro.
En economía, el país se reconfigura con rostros que conectan inversión y territorio. La jalisciense Altagracia Gómez Sierra coordina el CADERR, un puente directo entre sector privado y decisiones de desarrollo regional.

Y en el sector empresarial local, Marisa Lazo representa otra forma de influencia: formar talento, liderar networking y sostener prestigio desde el trabajo cotidiano, no desde el grito.

En el plano federal operativo, hay nombres que importan por lo que destraban: Katia Meave Ferniza, como súper delegada en Jalisco, concentra coordinación territorial y ejecución con lógica federal.

La Dra. Karla Guadalupe López López, al frente del IMSS Jalisco, está en una silla donde la presión nunca baja y ella lidera con gran capacidad resolutiva.

y María de Jesús Padilla Romo, primera mujer en dirigir el Centro SICT Jalisco, marca un giro relevante en una cancha históricamente masculina: infraestructura con liderazgo técnico.

En la política partidista que también es administración de poder real destacan las dirigentes que hoy sostienen estructura y territorio: Érika Pérez García en Morena Jalisco.

Mirza Flores Gómez en MC

y Laura Haro en el PRI.

El trabajo de ellas es menos glamoroso que el discurso, pero decisivo: ordenar a la tropa, mantener cohesión, construir narrativa y llegar con músculo a la siguiente jugada.

Mery Gómez Pozos es de las figuras que pesan por una razón muy simple: hoy está donde se decide el dinero público. Como diputada federal por el Distrito 11 de Guadalajara y presidenta de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, su trabajo se mide en una cosa concreta: cómo se arma, se negocia y se aterriza el Presupuesto para que la “justicia social” no se quede en frase. En 2025, su informe y su agenda han girado alrededor de esa lógica: priorizar recursos, defender proyectos y empujar que Jalisco no se quede fuera cuando se reparten fondos para salud, educación e infraestructura. En ese tablero, el poder real es método: rutas abiertas, negociación fina y resultados presupuestales que se traducen, o no, en vida diaria. Y sí vale decirlo: hasta ahora se ha convertido en una aspirante muy sólida de Morena en Guadalajara rumbo al 2027.
Y, aparte, vale reconocer a la oposición cuando se ejerce con oficio y agenda puntual.

Cuquis Camarena, diputada local del PRI, trae un anclaje claro en Zapotlanejo y su región.

En Guadalajara, Diana González Martínez, regidora panista, opera el contrapeso municipal donde todo se ve y todo cuesta. En un ecosistema político competitivo, ese tipo de oposición —sin estridencia, con trabajo— también ordena: obliga a afinar decisiones y a sostener conversación pública con argumentos. Juntas representan una idea simple: el orden se vuelve institucionalidad cuando también tiene contrapesos con oficio.
El hilo conductor es simple: en 2025 estas mujeres no están “pidiendo lugar”. Están produciendo orden en lo social, en la vida urbana, en la planeación, en la cultura, en la academia, en el Congreso, en el control interno, en la economía y en el territorio. Y en un estado tan competitivo como Jalisco, esa es la definición más realista de poder.
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