INDICADOR POLITICO

Por Carlos Ramírez
En función del análisis político se puede tener una opinión muy crítica y estricta contra el régimen autodenominado comunista de Cuba y contra la mayoría racista de estadounidenses que adora a Donald Trump, pero la palabra final y local la tienen los ciudadanos de cada país.
La decisión gubernamental de Trump de imponer castigos arancelarios a los países que le entreguen petróleo regalado o a precios por abajo del mercado a Cubarepresenta una violación flagrante a la soberanía de las naciones que puedan tomar esa decisión energética –aún conreclamos internos de sus propios ciudadanos– en función de sus argumentaciones geopolíticas.
En el pasado, la estrategia imperial de Estados Unidos aplicaba sanciones económicas –no arancelarias, porque estas corresponden a otra esfera de decisionesinternacionales vinculatorias– y siempre merecía la condenamundial. En 1962, la OEA en función de Departamento de Colonias de EU y obedeciendo consignas de la Casa Blanca ordenó a los países latinoamericanos y caribeños que rompieron relaciones diplomáticas con La Habana por su declaración de régimen marxista-leninista que en efectocontradecía artículos muy concretos de la Carta de la organización.
El gobierno del presidente López Mateos fundamentósu negativa a cumplir la instrucción de estadounidense en función de la política exterior autónoma de México y nada menos que el presuntamente progresista presidente John F.Kennedy tuvo que aceptar la realidad y prefirió mantener a México como el último hilito de relación con la Cuba del comandante Fidel Castro Ruz, con la circunstancia muy precisa de que Washington no definió sanciones directas a quienes no obedecieran la orden de la Casa Blanca. Ahora, el gobierno populista de Claudia Sheinbaum Pardo rindió los principios de la política exterior mexicana soberana e independiente por la dependencia de México respecto del Tratado de Comercio Libre del cual subordina la existencia económica del país.
Lo significativo del momento delicado en el desequilibrio del nuevo orden internacional que a golpe de gritos, sombrerazos, berrinches, amenazas bélicas ydecisiones arbitrarias afectan la soberanía de otras naciones está radicando en el hecho de que el Gobierno de Donald Trump no tiene puntos de contrapeso y está dejando la impresión de que hoy Rusia, China y Corea del Norte regresaron al papel que burlonamente le acreditó al presidente Mao a Estados Unidos y sus amenazas contra la revolución maoísta: “tigre de papel”.
Cualquier política exterior soberana tiene el derecho de mantener una relación con Cuba en función de sus propios principios, aunque el gobierno cubano ha sido bastante necio en no escuchar recomendaciones de naciones amigas o solidarias que le piden distensión a su régimen dictatorial interno que impide cualquier mínima libertad para ciudadanos que no estén de acuerdo con el comunismo y los encarcela, los tortura o los condena a la marginación casi total.
El régimen militar cubano de dictadura absoluta es indefendible, porque no se puede mantener la complicidadcon 67 años de dictadura férrea en Cuba. Y ahí el régimenfamiliar de Raúl Castro –con otros miembros de la famigliacastrista en la lista sucesoria actual– se han negado a la mínima distensión interna y en medio del acoso de estadounidense y las dificultades para la solidaridad energética no he hecho en las últimas horas más que reforzar la represión contra ciudadanos que están pidiendo cambios que respondan a las exigencias de democracia mínima en la isla.
El Gobierno de Trump está mostrando su debilidad con decisiones de brutalidad autoritaria contra un país de solodiez millones de habitantes –con una mayoría minoritariaque apoya al gobierno, aunque sin la legitimación normal electoral por falta de libertades políticas indispensables– y está condenando a los cubanos a la inanición por no aceptar el dominio estadounidense. Y sobre todo por la incapacidadde todo el poderío militar y de espionaje de EU que nunca pudo asesinar al comandante Castro ni deponer al gobierno comunista. En un acto digno de la narrativa de Homero, el presidente Trump ha decidido un cerco inhumano que parece querer castigar más a los cubanos por no revelarse internamente con contrarrevoluciones para derrocar a sus gobernantes.
Lo que queda en el caso cubano es la equidistancia en modo de oxímoron: así como los estadounidenses en mayoría apoya los estallidos autoritarios de Trump contra pueblos de otras naciones, así también la mayoría de los cubanos por represión, por omisión o por comisión han tenido el gobierno que se merecen, que aceptan y que no se han organizado para cambiarlo.
Si logra derrocar al último Gobierno de Raúl Castro e imponer la dirigencia conservadora o en modo de Estado libre y asociado de EU, Trump no pasará a la historia como un libertador sino como un conquistador en modo de GengisKan.
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Política para dummies: La política tiene el otro lado del espejo.
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