
Por Manuel Gutiérrez
Las críticas de la nueva Fórmula Uno llegaron por conducto de Max Verstappen, el subcampeón actual y frecuente crítico. Digamos que tiene el derecho de cuestionar y tener su visión personalizada del circo. Pero que el anterior propietario de la F-1, Sir Bernie Ecclestone, nos advierta que la F-1 “será una carrera de ingenieros, no de pilotos”, como que ya debe preocupar bastante.
Muchos analistas comienzan a ver la nueva Fórmula 1 como una Fórmula E, solo que queman combustible y no son totalmente eléctricos. Una paradoja mundial porque Trump detuvo el reloj mundial de la electrificación de la movilidad, el cambio del auto de combustión a los modelos híbridos, incluso directamente eléctricos.
Europa, por ejemplo, tenía planes de ser totalmente E para el 2050 y muchos de esos propósitos estaban en eliminar motores de combustión. Hoy las armadoras resucitan motores de combustión poderosos, como en el caso de Mercedes-Benz, que lanzará poderosos V-6 sin nada que ver con la electrificación; el modelo ya fue anunciado con Stellantis, que define el regreso de un V-6 a su poderoso y mítico modelo Giulia, así como para la camioneta Stelvio. Porsche dio reversa brutal a la electrificación y regresó sin pena alguna al poder que representa un V-8.
Simplemente la presencia del factor Trump retrasó el mundo E por unas tres décadas. Llegará, pero antes se van a agotar las existencias de los desarrollos motrices de combustión.
PALABRA DE ECCLESTONE
El sumario de la nota de Soy Motor, de España, es elocuente: Bernie considera que “la F-1 ahora compite más con la F-E” y “hay peligro de perder ciertos aficionados”, aunque espera estar equivocado.
Luego de las pruebas en Baréin, luego en Barcelona, la realidad comienza a mostrarse a los pilotos. Y la teoría es una cosa; el comportamiento de los coches, otra.
Max Verstappen dijo: “La F-1 corre el riesgo de acercarse demasiado al espectáculo de la serie totalmente eléctrica”.
Carlos Sainz, el piloto español, prefiere esperar para emitir su opinión: “Hay que competir en distintos trazados, en condiciones variables, antes de formarse una opinión definitiva”.
El problema es que la temporada se acerca aceleradamente y los cambios ya se impusieron; sería un absurdo que pondría en shock a la categoría salir con un “siempre no”. Pero la sensación en la máxima categoría es que la FIA ha frenado la competencia tecnológica que ha distinguido a esa categoría como innovadora. Ahora los pilotos deberán vigilar los indicadores de potencia más que manejar la potencia en sí; esto puede ser un colosal retroceso para la categoría.
Lo cierto es que la F-1 parece premiar la premisa de primero la tecnología que el piloto. Y no resulta emocionante precisamente este punto. La consideración de la energía disponible será el nuevo motivo central de preocupación de los pilotos. En tanto en llantas, la existencia de un proveedor monopólico en el caso de la china Pirelli mató otras opciones y otras aventuras que pudieron dar mejores variaciones a las carreras y las decisiones de los pilotos.
Toda la F-1 se está convirtiendo en una categoría ultrarreglamentada, llevada a la exageración, y eso quita la iniciativa, la frescura y la improvisación que podía aportar un equipo o los pilotos. Si bien el futuro nos alcanza inevitablemente, hay puntos en una categoría que no son negociables, no por ser puristas, sino realistas. Una carrera tan regulada, tan programada, deja muy poco que hacer al piloto. Y salvo por el ruido, es similar a ver una Fórmula E; las carreras son precisamente una forma de evasión de reglas y realidades que hacen que la adrenalina fluya, y la adrenalina estará muy sometida a los algoritmos.
STROLL: VERDADERO AMOR POR ASTON
Aston Martin la está pasando mal con un arrastre pasivo de 1,894 millones de dólares de deuda, aunque ha logrado interesar a otros accionistas como Mercedes, Geely (la marca china) y el fondo de inversiones soberanas de los árabes que tienen dinero invertido en el equipo.
Lance Stroll acaba de subir su participación, pese a este panorama sombrío, a un 33% del total del equipo, al adquirir los derechos de la marca del equipo y depositar con el CEO real de la marca, Adrian Hallmark, por los derechos del nombre de la marca asociada a la F-1 a perpetuidad, que ahora son de Stroll.
Aston tiene deudas diversas. Por ejemplo, con Lucid, un fabricante de los Estados Unidos, para usar su tecnología en autos eléctricos y que debe sufragar con 100 millones de dólares este año.
Aston colocó una oferta de deuda por 75 millones de dólares y logró el año pasado recaudar 71 millones de la mano de Stroll, atrayendo inversionistas que esperan dividendos.
Hallmark considera que este año lograrán ofertar y vender 5,450 vehículos premium o supercarros, pese a los dos años constantes de pérdidas, y que lograrán un resultado saludable. Esta es la única y última verdadera marca británica, porque Bentley es BMW alemán e incluso el Rolls-Royce; Jaguar es de la India y están buscando colarse los inversores chinos, entre otros y, de hecho, ya una parte es de la estrella de tres puntas.
Ahora espera colocar un 30% de margen bruto de ganancia. Hallmark indicó que los coches “normales” de Aston quizás sean aburridos en materia operativa (no en el desempeño), pero que darán estabilidad a la empresa.
Destacó que han mejorado en entregas en término de tiempo, calidad y en disciplina de costos en la producción, pero la política de Trump ha vuelto a variar: primero aplicó aranceles a los autos británicos del 27.5%, pero ahora se han reducido a un 10% para los primeros 100 mil autos que lleguen al mercado estadounidense. Esto desatará una carrera por llegar antes al mercado.
“Es decir, ahora hay una carrera de fabricantes por colocar antes que los demás los productos, para no verse afectados en los precios”. “Primero en llegar, primero en ser atendidos”, dijo la administración de Trump. Hallmark considera que están preparados para todo tipo de eventualidad.
En tanto, el compromiso o la intención de quedarse con todo Aston por parte de Stroll continúa, pero no solo necesita buenos resultados en la F-1: tiene que ser exitoso en la comercialización de la marca.
Los esfuerzos de los directivos, de los operarios y del equipo Aston son claros: o logran los resultados o pasarán cosas desagradables para la marca. De poder hacerlo, esta podría pasar a ser totalmente del empresario canadiense Stroll, decidido a doblar la apuesta ante el grave riesgo; todo dependerá de su situación financiera, pero ha mostrado claramente lo que quiere.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.








