
Por Laura Gutiérrez Franco
¡Felicidades, México! Hemos alcanzado un nuevo nivel de “progreso”. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) acaba de darnos un regalo que ni el Grinch se habría atrevido a envolver: ahora, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) tiene el superpoder de congelar tus cuentas bancarias sin necesidad de que un juez se tome la molestia de revisar si eres un criminal o simplemente alguien que le cayó mal al sistema.
¿Para qué queremos ese estorbo llamado orden judicial? Eso de la presunción de inocencia es tan… del siglo pasado.
¿Privacidad? ¿Propiedad Privada? Conceptos de Colección
Es enternecedor ver cómo la máxima autoridad judicial decide que el derecho a la privacidad y a la propiedad privada son meras sugerencias. Con esta decisión, la Secretaría de Hacienda se convierte en juez, parte y verdugo. Si mañana la UIF amanece con “un presentimiento” o decide que tus movimientos son sospechosos bajo sus criterios —siempre tan claros y transparentes—, te pueden dejar en ceros en lo que te tardas en decir “debido proceso”.
No se trata solo de números en una pantalla; se trata de la vida real:
* Empresas al borde del colapso: Imagina una PyME que no puede pagar nómina porque sus cuentas están bloqueadas “mientras averiguan”. ¿Quién le paga a los empleados? ¿Quién resarce el daño cuando, meses después, digan “usted disculpe, siempre no era delincuente”?
* Familias en el desamparo: Un ciudadano que no puede comprar comida o pagar servicios básicos porque su patrimonio está secuestrado por la burocracia, sin que un juez haya mediado palabra.
* La indefensión total: Sin una orden judicial de por medio, el ciudadano queda en un limbo jurídico donde pelear contra el Estado es como intentar apagar un incendio con un gotero.
La Ironía de la “Justicia”
Es fascinante que, en un país donde la impunidad cabalga a sus anchas en delitos graves, la eficiencia máxima se enfoque en ponerle candado al dinero de los contribuyentes. Parece que para la SCJN es más peligroso un estado de cuenta que la falta de estado de derecho.
Gracias, ministros. Ahora todos podemos dormir tranquilos sabiendo que nuestra estabilidad financiera depende del humor de un burócrata en turno y no de la protección de la ley. ¡Qué vivan las instituciones… cuando sirven para algo más que para estorbar al ciudadano.
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