
Por Laura Gutiérrez Franco
El cierre del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) con el 100% de las actas procesadas en Coahuila ha enviado un mensaje contundente al escenario político nacional: la hegemonía de Morena no es invencible si se le enfrenta con estructuras locales cohesionadas, gobiernos de resultados aprobados por la ciudadanía y un rediseño pragmático en la política de alianzas.
Lo ocurrido este domingo 7 de junio en tierras coahuilenses rebasó las expectativas. En una jornada con una participación ciudadana histórica para una elección intermedia local —alcanzando el 51% de la lista nominal (más de 1.2 millones de votantes)— la coalición local encabezada por el PRI logró el llamado *”carro completo”, barriendo en los 16 distritos electorales de mayoría relativa, disputados para renovar el Congreso del Estado.
A pesar del desgaste histórico y el rechazo que el PRI arrastra en diversas regiones del país, en Coahuila la ciudadanía optó por una lógica distinta: prefirió refrendar su voto de confianza al tricolor por encima de la marca Morena. Los círculos políticos de la entidad coinciden en que este fenómeno responde directamente al “efecto gobernador” por el trabajo que ha venido consolidando el actual mandatario, Manolo Jiménez Salinas.
Bajo la narrativa de defender la seguridad, el desarrollo industrial y la estabilidad económica local frente a las políticas del centro del país, el electorado coahuilense blindó al último gran bastión priista. La ventaja numérica fue abismal: la alianza del PRI obtuvo 684,211 votos (55.03%), superando por más de dos a uno al bloque de Morena y el Partido del Trabajo (PT), que apenas alcanzó 325,824 sufragios (26.20%). Una diferencia contundente de casi 29 puntos porcentuales que dejó sin margen de maniobra a la narrativa de la llamada Cuarta Transformación en el estado.
Alianzas regionales vs. Partidos desgastados
El núcleo del análisis que hoy revisan los estrategas de oposición radica en cómo se construyó este triunfo. A diferencia de procesos anteriores, el PRI local entendió que las alianzas nacionales con marcas cupulares y desgastadas ya no suman lo necesario en el territorio. En Coahuila, el camino no dependió de un debilitado Partido Acción Nacional (PAN) —que en esta jornada sufrió un desplome dramático al capturar apenas el 2.16% de la votación— ni de Movimiento Ciudadano (MC), que se hundió en el sótano electoral con un marginal 1.97%.
Cabe recordar que esta crisis del panismo tradicional coincide con proyecciones severas en otras entidades del norte, como el riesgo latente de perder su registro local en Chihuahua debido a fracturas internas y falta de padrón real.
En su lugar, la fórmula ganadora se tejió sumando a la Unidad Democrática de Coahuila (UDC), un partido de corte regional con arraigo histórico y estructura territorial viva en la zona norte del estado. Al amarrar acuerdos con fuerzas locales que realmente conocen el pulso de los municipios, el priismo neutralizó la competencia periférica y aglutinó el voto útil anti-Morena sin cargar con los costos políticos de las dirigencias nacionales tradicionales.
Lo sucedido este fin de semana abre la puerta a lo que ya se denomina en las mesas de debate como el “Modelo Coahuila”: una estrategia que busca replicarse a escala nacional de cara a las próximas jornadas electorales importantes.
La lección que deja Coahuila es clara para la oposición: para arrebatarle terreno a Morena y disputarle el poder real, la vía idónea ya no son los grandes frentes centralizados desde la Ciudad de México, sino la descentralización de los acuerdos. Buscar satélites regionales, liderazgos con base social probada y partidos con identidad local parece ser la brújula elegida si se aspira a contener el avance del partido oficialista en el mediano plazo. Coahuila demostró que, con orden gubernamental y pragmatismo aliancista, el carro completo todavía es posible.
Claro, también todo depende de la región donde sea la elección y qué alianzas se pueden hacer con los partidos que sí tengan buena referencia. Hay algo muy importante que debe tomar en cuenta el PRI: verse en Morena para no caer en lo que este partido, hoy en el poder -que no vale nada- ha caído.
El PRI debe trabajar en defensa de los ciudadanos honestos y trabajar porque haya mejor calidad de vida para todos. No debe hacer lo que Morena. No debe defender a los narcos ni volverse criminales como elllos, porque entonces ya no podrá ganar todo lo que se propone.
Por eso ganó el PRI en Coahuila, porque la gente no quiere narcogobiernos y no quiere a la izquierda hipócrita que le gusta vivir como la derecha, pero a costa de los ciudadanos. Bájelen una rayita los que dicen que en todo hay injerencia. Lo dicen cuando no les conviene.
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