Por Laura Gutiérrez Franco
Qué mala suerte para el dogma centralizador: resulta que cuando las escuelas no se utilizan como trincheras de adoctrinamiento ideológico ni se cambian las matemáticas por discursos de asamblea, los estudiantes sí aprenden. La prueba PISA vuelve a desnudar la tragedia educativa nacional, donde cuatro de cada diez jóvenes mexicanos no alcanzan el nivel mínimo de competencias básicas en lectura, ciencias y matemáticas. Pero en medio del naufragio provocado por la política educativa federal, Jalisco volvió a colocarse por encima de la media nacional, consolidándose como una excepción que enciende focos rojos de envidia en el centro del país.
Quizás la explicación sea incómodamente sencilla para los teóricos del régimen guinda: Jalisco no está gobernado por la ocurrencia pedagógica de Morena, sino por un proyecto de continuidad encabezado por el gobernador Pablo Lemus Navarro. Mientras a nivel federal se insiste en romantizar el rezago bajo la bandera de la “Nueva Escuela Mexicana”, la administración estatal apostó por la continuidad del modelo “Recrea, Educación para la Vida”, dándole un peso decisivo a la tecnología, la infraestructura digna y el desarrollo de habilidades cognitivas reales en lugar de dogmas partidistas.
Al frente de esta estrategia, el secretario de Educación de Jalisco, Juan Carlos Flores Miramontes, ha sido la pieza clave para mantener el barco a flote e ir contracorriente del desplome nacional. Bajo su gestión, la entidad no solo sorteó las ocurrencias de los libros de texto gratuitos impuestos desde la Secretaría de Educación Pública, sino que impulsó espacios de alta especialización como el Centro de Educación para Altas Capacidades (CEPAC). Los resultados están a la vista de todos: mientras el resto del país sufre para resolver operaciones aritméticas elementales, los estudiantes tapatíos se adjudican el 68% de las medallas nacionales en olimpiadas internacionales de matemáticas y representan a más de la mitad de las delegaciones mexicanas en competencias académicas globales.
La diferencia sustancial frente al resto de la República radica en los pilares del modelo jalisciense:
Aula Digital y Conectividad Real: La cobertura de internet escolar a través de la Red Jalisco permitió migrar hacia contenidos digitales actualizados, rompiendo la dependencia de textos ideologizados.
Enfoque en Altas Capacidades y Ciencia (STEAM): Inversión directa en laboratorios de robótica, programación y matemáticas, áreas que la federación recortó para priorizar la formación teórica sociopolítica.
Infraestructura Digna: Rehabilitación física de planteles con participación de los municipios y la iniciativa privada, garantizando aulas equipadas y espacios seguros para el aprendizaje.
Mientras el país entero sufre las consecuencias de haber entregado la educación pública a la improvisación y al control político de las burocracias sindicales alineadas al gobierno federal, Jalisco demuestra que la gestión técnica, la continuidad institucional y la ambición por la excelencia sí rinden frutos. Un contraste brutal que incomoda en Palacio Nacional, pero que confirma que cuando la prioridad es el futuro de los niños y no el control de las urnas, los números no mienten.
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