Por Laura Gutiérrez Franco
Hay discursos institucionales que envejecen con una elegancia asombrosa y otros que simplemente se tropiezan con la realidad a la primera de cambio. Esta semana, el presidente de Coparmex Jalisco, Luis Arturo Beas Gutiérrez, presentó los resultados del estudio Panorama Mipyme 2026. Los datos, leídos sin anestesia, resultan entrañables por su desgarradora constancia: nueve de cada diez pequeñas y medianas empresas en el estado sobreviven asfixiadas por la competencia informal, mientras la burocracia estatal y federal las abraza con el entusiasmo de una boa constrictora.
Resulta conmovedor observar cómo se pregona desde los pódiums oficiales que las Mipymes constituyen el corazón palpítante de la economía jalisciense y la columna vertebral del empleo formal. Lo que omiten agregar en los folletos de propaganda es que a ese corazón le aplican torniquetes diarios. Si usted comete la imprudencia de abrir un negocio en la formalidad, la recompensa es inmediata: inspecciones meticulosas, licencias municipales con trámites dignos de la corte bizantina, y un trato fiscal ante el SAT e IMSS donde la presunción de inocencia es un mito de la antigüedad.
Entretanto, en la acera de enfrente —a tres pasos del mostrador que paga luz comercial, nómina e impuestos— la informalidad florece lozana, libre de sellos de clausura, exenta de cuotas obrero-patronales y sin la molestia de presentar declaraciones mensuales. Mientras el formal invierte la mitad de su jornada útil atendiendo ventanillas y resolviendo plataformas digitales que jamás funcionan a la primera, el informal vende, cobra y prospera a la vista de todas las autoridades.
Pero el calvario del pequeño emprendedor no acaba en el escritorio. La mitad de los empresarios encuestados por el organismo patronal reporta haber sido víctima de la delincuencia. Tras sobrevivir a la tramitología, al Mipyme le queda el consuelo de financiar de su propio bolsillo la seguridad, rezando para que la mercancía llegue completa o para que el camión de reparto no cambie de dueño en el trayecto.
Al final del día, las Mipymes en Jalisco no piden subsidios ni medallas al mérito heroico; pedirían, si acaso, que el Estado dejara de tratarlas como la caja chica de la recaudación y al mismo tiempo como ciudadanas de segunda frente al abandono operativo. Es la ironía perfecta de nuestro modelo económico: al que cumple se le exige el doble, al que evade se le tolera todo, y al que genera empleo se le deja solo en el camino. Así se apoya al comercio local. Nos leemos en la próxima.
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