Por Violeta Moreno
Me parece que una sociedad debe medirse por su capacidad de organizarse para ayudar. Podemos señalar las carencias, exigir mejores servicios y discutir lo que hace falta, pero hay un valor en quienes deciden aportar tiempo, conocimiento y recursos para atender necesidades.
Eso encuentro en el Voluntariado Raúl Padilla Gutiérrez, al que pertenezco. Su trabajo permite entender que la solidaridad necesita continuidad: una consulta cerca de casa, orientación para resolver un problema jurídico o medicamentos que fortalezcan la atención hospitalaria son distintas formas de acompañar a las familias.
La entrega realizada junto con Laboratorios PiSA al Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, por un valor superior a medio millón de pesos, muestra ese alcance. Apoyar al Civil significa respaldar una institución fundamental para Jalisco y acercar recursos a la atención de personas para quienes una enfermedad también representa una preocupación económica.
Las brigadas comunitarias completan esa labor desde otra cercanía. Reunir atención médica, psicológica, nutricional, veterinaria y asesoría jurídica en una jornada gratuita facilita que las personas busquen orientación. También permite que profesionales de distintas disciplinas pongan lo que saben al servicio de su comunidad.
Mi amigo Gumaro Guerrero Ramírez ha sabido encabezar este esfuerzo con capacidad de convocatoria y organización. Ahí está una cualidad del liderazgo que merece reconocerse: lograr que personas con responsabilidades distintas encuentren tiempo y disposición para trabajar alrededor de una causa compartida.
El ejemplo y el liderazgo moral del maestro José Trinidad Padilla López dan profundidad a esa vocación. Su humanismo conecta la vida universitaria y cultural con una responsabilidad social que se expresa en acciones. Cuidar un legado también implica mantener vivos los valores que le dieron origen y hacerlos útiles para las generaciones.
La frase de su padre, Raúl Padilla Gutiérrez, “Quien ayuda jamás se equivoca”, adquiere sentido en este trabajo. Honrarla exige constancia, sensibilidad y capacidad para que la ayuda llegue a quienes la necesitan.
La próxima brigada será el sábado 10 de octubre, de tres a siete de la tarde, en la parroquia San Miguel de Arcángel, en Zapopan. La gente está invitada a aprovechar sus servicios gratuitos y a compartir la convocatoria.
Desde una brigada hasta una donación hospitalaria, el valor del voluntariado está en construir vínculos que producen bienestar. En tiempos de distancia social, organizarse para cuidar a otros fortalece algo indispensable: la confianza en que podemos hacer comunidad y responder juntos ante lo que nos preocupa.
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