Por Violeta Moreno Haro
Hay instituciones que terminan formando parte de nuestra biografía. Para muchos tapatíos, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara es una de ellas. Crecimos recorriendo sus pasillos, descubriendo autores y entendiendo que un libro podía abrirnos una conversación con el mundo. Aprendimos ese amor por la lectura, en parte, gracias al licenciado Raúl Padilla López.
Su aportación tuvo una profundidad que conviene recordar: consiguió que la cultura se volviera una experiencia compartida por la ciudad. Los libros encontraron familias, estudiantes, maestros y lectores que regresaban cada año. Guadalajara incorporó esa cita a su calendario afectivo. La Universidad le dio estructura; la sociedad le dio permanencia.
La edición número 40 permite preguntarnos qué significa conducir ese legado. La respuesta exige mirar quién conoce su origen, comprende su dimensión pública y tiene experiencia para sostenerlo. En José Trinidad Padilla López coinciden esas condiciones: fue director ejecutivo de la primera FIL, en 1987, y hoy preside la institución que ayudó a poner en marcha.
Ese dato importa más que cualquier elogio. Su vínculo comprende el trabajo fundacional, la experiencia como rector y la dirección de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco Juan José Arreola. Es una trayectoria que permite entender la cultura desde su construcción institucional y su relación con la sociedad.
A esa experiencia se suma una dimensión decisiva: la interlocución con círculos universitarios, culturales, editoriales y diplomáticos de México, Europa y América. Junto con Raúl Padilla participó en la construcción de una proyección internacional que sigue cultivando. Sus encuentros con autoridades italianas, argentinas, españolas, entre otras muchas naciones, o su participación en iniciativas culturales en Estados Unidos muestran una relación de trabajo que continúa.
Ahí reside un capital institucional: vínculos sostenidos por proyectos, colaboración y reconocimiento acumulado, capaces de atravesar cambios de gobierno. La interlocución internacional adquiere profundidad cuando las instituciones vuelven a encontrarse, construyen acuerdos y mantienen abiertas sus conversaciones durante décadas.
Por eso encuentro en José Trinidad Padilla López una referencia central para conducir el legado de Raúl Padilla. Reúne memoria del proyecto, experiencia universitaria y capacidad de interlocución más allá del ámbito nacional. Esa combinación permite dar continuidad a una obra cuya dimensión desborda cualquier coyuntura política.
Este año, con Italia como país invitado, más de novecientos autores y tres mil actividades anunciadas, la FIL prepara una edición que exige cuidar la pluralidad, respaldar a sus equipos y seguir formando lectores.
Quienes crecimos con la FIL sabemos que su legado vive en nuestras bibliotecas y nuestra manera de pensar. José Trinidad Padilla López tiene la responsabilidad de prolongar esa experiencia para quienes hoy son niños. Conoce lo que recibió y participó en construirlo. Honrar a Raúl Padilla significa mantener abierta esa puerta al mundo para las generaciones futuras.
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