La opinión del Dr Gabriel Torres Espinoza
La salida de Salvador Zamora cambia algo más que un nombre en el Ejecutivo. Pablo Lemus la convierte en el comienzo de una reorganización del poder bajo su conducción personal. La apuesta es ampliar su autonomía frente al ‘alfarismo’.
Comienza a desprenderse de compromisos con el grupo de Enrique Alfaro y jugará con su gente de confianza. Vendrán más cambios, sin duda. Los principales colaboradores del Ejecutivotambién han sido un espacio de equilibrios entre grupos, como es bien sabido. La lectura política vincula la salida de Zamora con las elecciones de 2027. La decisión del gobernador apunta también al control del ‘gabinete’.
La crisis del agua constituye el contexto inmediato de esta decisión. El deterioro del servicio, las protestas y los excesos policiales reconocidos por el Ejecutivo exhibieron el costo de una interlocución insuficiente. En una crisis así, los vacíos de conducción se convirtieron en desgaste para quien gobierna. De la crisis del agua, pasamos una crisis total de conducción de la política. El gobernador se veía solo. Poniendo el pecho por sus colaboradores, y no al revés.
Lemus busca funcionarios cuya referencia principal sea él. Pretende reducir intermediaciones, ordenar a su equipo y asegurar que los acuerdos respondan a sus prioridades. Esa intervención fortalecerá su autoridad y puede devolver coordinación a un equipo atravesado por disputas. El desafío consiste en convertir la confianza personal en capacidad institucional. Carlos Arias Madrid deberá acreditar oficio para dialogar con el Congreso, los municipios y una sociedad inconforme. La cercanía con el gobernador puede abrir puertas; sostener acuerdos exige escuchar, negociar y ¡cumplir!
La profundidad del cambio dependerá de los siguientes nombramientos y de sus resultados. Sustituir personas será insuficiente si persisten la descoordinación, la ineficiencia y la ausencia de respuestas. La autonomía frente a Alfaro adquirirá sentido público cuando se traduzca en un gobierno más eficaz.
Lemus empieza a reclamar un gobierno propio. Al hacerlo, también hace suyos los resultados. Cada nombramiento reducirá el margen para explicar las fallas por los compromisos heredados. La confianza se concede desde el poder. La eficacia se acredita gobernando con eficacia.
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