Por Iván García Medina
El agua de El Retiro y Alto Sur pasó de café, negra y fétida a azul turquesa de la noche a la mañana. No es un matiz ni un residuo de limpieza. Es un color tan intenso que tiñe esponjas y recipientes. El olor desapareció; el azul no. El SIAPA no ha dado una explicación específica. Solo ha repetido la versión de Las Pintas y los trabajos de tuberías.
Esa versión no sostiene el color. El agua café y el olor a drenaje pueden venir de sedimentos y de la presa. El azul intenso no. Un color de esa intensidad no sale de “enjuagar líneas”. Sale de sustancias: residuos de cobre, colorantes, productos de limpieza o tratamiento aplicados de más, o de menos control. Ninguna de esas posibilidades ha sido confirmada ni descartada por laboratorio. El organismo calla.
Ese silencio permite plantear, sin rodeos, la hipótesis del sabotaje dirigido contra el gobierno de Jalisco. No como teoría de conspiración, sino como la explicación que mejor cuadra con los hechos visibles y con el momento político.
Alguien introdujo, residualizó o dejó entrar a la red una sustancia que cambió el color de manera deliberada. Pudo ocurrir durante los trabajos de limpieza que el propio SIAPA anuncia. Pudo ocurrir en un tanque, una línea o una planta que abastece esa zona. Pudo ser un operador, un contratista o alguien con acceso que aprovechó el caos de la crisis para alterar el suministro y generar el efecto. El resultado es el mismo: agua azul donde antes había agua café, y cero transparencia sobre qué la tiñó.
El momento no es inocente. Ocurre cuando el gobierno ya dijo que la calidad mejoraba tras cerrar Las Pintas y cuando la ciudad lleva semanas de tandeos y protestas. Un color tan llamativo no es un accidente de mantenimiento rutinario. Es un hecho que altera la percepción pública y que, hasta ahora, no tiene explicación técnica. En un contexto de presión política y de desconfianza acumulada, el efecto es claro: desacreditar la gestión del agua y, por extensión, al gobierno de Jalisco.
Mientras no haya análisis de laboratorio independientes, bitácoras de los químicos usados y registros de operación de las líneas de El Retiro y Alto Sur, la versión oficial queda corta y la hipótesis del sabotaje queda abierta. El agua azul no es una curiosidad. Es la evidencia de que el sistema no controla lo que llega a las tomas, o de que alguien lo controla para otros fines. En cualquiera de los dos casos, el resultado es el mismo: agua que no se puede explicar y un gobierno que no puede explicar lo que sale de la llave.
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