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Por Rubén Iñiguez.
El populismo es un movimiento masivo de un líder unipersonal, determinado en el tiempo como una respuesta mágica a los problemas actuales, reforzado con propaganda incesante, polarización de segmentos, y mentiras a granel. En el futbol, un equipo logra la popularidad al compartir sus triunfos, y dar esperanzas a los seguidores de sentirse triunfadores, una vez populares son promesas eternas de satisfacciones.
EL PUEBLO SOY YO.
El populismo tiene factores ideológicos, pero supeditados a la experiencia emotiva, aunque pierda certidumbre, pudiendo ser de izquierda o de derecha. El líder solitario, infalible dice hablar por el pueblo, se dota así mismo de infalibilidad, de ser elegido por los Dioses. Considera, que no puede cometer errores. El discurso polariza a la sociedad, entre los buenos y los malos, siendo sabios los favorables, reprobables los que exigen cuentas.
En el futbol, es tu equipo contra los rivales clásicos odiados, que pueden representar la riqueza, el concurso extranjero, o la simple diferencia de colores. Los errores de planteamiento, las fallas de desempeño, pueden dar el fracaso. Pero la confianza y una fe ilimitada seguirán esperando los logros en la próxima temporada, pueden llevarse así, medio siglo, o más.
En el populismo político, las causas del fracaso, serán endosadas al pasado, a los conservadores que terminaron en el siglo XIX, una división provocada. En el futbol pasa lo mismo, porque es afectista, puramente emotivo, heredado, parte de la identidad familiar o social, que acepta parámetros de éxito distintos. Hay quien ama a los perdedores estoicos, en lugar de los ganadores.
PROPAGANDA Y MENTIRA, MAÑANERA INTERMINABLE.
El populismo necesita la discriminación, resultado de la polarización. Privilegia lo político, ataca las instancias de la ley, aborrece las instituciones que se no se dobleguen a apoyarlo. Desprecia la certidumbre, ama las movilizaciones rumbo al poder, su ejercicio aún de gobierno sigue siendo de una campaña interminable, en el que se prometen millones de empleos, se miente en forma interminable: “vamos requetebién, creceremos un seis por ciento, generaré dos millones de empleos, compré millones de vacunas” etc.
Usa la propaganda en redes, con gentes a sueldo, usa los recursos del estado en forma arbitraria y hace de la palabra, el arma principal, imponiendo sus temas a diario. La repetición de consignas, de mitos, de dogmas, es una vivencia, tiende a convertirse en una creencia, casi religiosa.
En el futbol los triunfos y los colores reparten en inicio, el éxito que se niega en la vida cotidiana. El futbol tiene sus propagandistas en la televisión, en la radio, en las redes se satura de futbol mundial a todos, incluso femenil. Para muchos es más importante que la realidad.
Por ello duele tanto una derrota del equipo, es una condena emocional a admitir que la realidad reduce el mito. La peregrinación al estadio, las porras, los gritos, los cantos, las banderas, los colores, los sellos, las pinturas en los rostros, todo es emocional, no para distinguir las formaciones, para advertir las estrategias, sino para buscar el resultado, la humillación del otro.
VOLUNTARISMO POR ENCIMA DE TODO.
La afectividad condena al hombre a su naturaleza. Aún en la era tecnológica, en un ambiente de sistemas digitales, que angustian a las mayorías, representa algo tan antiguo como el voluntarismo de Nietzsche. Esta es la base del populismo que los sistemas olvidaron. La perseverancia voluntarista, férrea, convierte en una virtud, aunque vaya por un camino equivocado.
El populismo se alimenta de contradicciones, de errores, carece de un discurso sólido. Las promesas siguen fluyendo, como parte del camino mesiánico a la tierra prometida. La mentira, vista como otros datos, doble moral, a media verdad, es un instrumento porque “cautiva” el entendimiento.
La solución mágica del populismo va con las grandes obras señaladas como elefantes blancos: refinerías, aeropuertos militares, trenes mayas o ístmicos, no son ofrecidos con su fundamentación, con su respectivo análisis: Son atisbos del porvenir luminoso, vendidos por el mesías, pueden chocar con la economía, el estado de derecho, la misma sociedad, pero importa la ilusión que ofrecen. “Tendremos el mejor aeropuerto del mundo”.
En el futbol las ilusiones reviven a cada cambio de directiva, de entrenador o de parte de la plantilla. Si, el futbol es un populismo adictivo, como otros deportes, saludable y benéfico porque oferta modelos triunfadores, de vida, distrae, inspira, divierte. Maradona es Dios, pese a su muerte derivada de sus adicciones. “Comando Maradona” nunca aceptará que su ídolo estaba hundido en el fango como persona, solo acepta el mito, lo lleva a nivel de esplendor en todo aspecto.
Cuando se pierde la realidad, se fortalece el populismo. Su límite lo impone la realidad. En el caso del futbol y en el caso de la sociedad, depende de una persona que habla en tono mayestático, como si fueran dos categorías en el mismo espacio. “Yo, soy el pueblo, yo los libraré de la noche de 40 años de neoliberalismo”, cuando estábamos peor, pero a la vez, mucho mejor de lo que estamos ahora.
En futbol la esperanza nunca termina, de otra manera se hubiera producido un colapso cuando fracaso miserablemente en la liguilla el Cruz Azul. Se vive de recuerdos, de ser los más grandes en algún momento, vuelve a ganar y renace otra ilusión.
En el tiempo político, la voz única del dictador prevalece. Puede absolver candidatos con acusaciones formales de violaciones enemistándose con millones de mujeres. Puede decidir perseguir a los jueces, cambiar la constitución, atacar al INE o la Suprema Corte.
Su enojo, su criterio, su capacidad de equivocarse se aumenta al extremo de facilitar la soberanía defendida como flor de quinceañera, a cambio del apoyo de los Estados Unidos, convirtiéndose en peor que el patio trasero de los gringos.
Ahí pueden acabarse los conceptos, en andamiaje ideológico, que finalmente no importa porque es una estructura emocional.
PROMESAS, PROMESAS
Prometió, prometió, toco las emociones, era el hombre sencillo, era el redentor de los pobres primero, el ofrecía barrer la corrupción, no mentir, no robar y no traicionar. La corrupción de ahora es peor y la evidenció la Auditoria Superior, que no se salva ni la CONADE de la estrella deportiva Ana Guevara, con 186 millones, de los que no se sabe dónde están.
Contradicciones de los programas más sensibles de este gobierno, amparados en el mesianismo… En el futbol, sucede lo mismo. Otros dueños, nuevo estadio, otro entrenador, plantilla, ideas de simpleza, de verticalidad o de defensa a ultranza para asegurarse los puntos, algunos ofertan jugar bonito y ganar. Cada elección las soluciones llueven, pero no se realizan al ser gobierno.
Comenzaron las campañas electorales, y la invitación, amable lector, es a que salga a votar, por quien quiera, pero si no lo hace, después no se queje del gobierno incompetente.

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo
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Carlos Ramírez

Indicador Político- Desigualdad, sigue: 70% con ingreso Igual al 10%; 20% con mitad de riqueza

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Carlos Ramírez

Desde que en 1968 el economista Enrique Padilla Aragón reveló que el modelo de desarrollo posrevolucionario había generado un proceso de crecimiento económico con pobreza y desigualdad social, los gobiernos populistas, neoliberales y posneoliberales han carecido de alguna propuesta para vincular el crecimiento y la distribución de la riqueza que define el desarrollo.

La última Encuesta Nacional de Ingreso y Gastos en los Hogares en 2020 del INEGI revela las cifras que desnuda la dimensión de la crisis populista, la crisis neoliberal y la crisis pandémica: la distribución del ingreso nacional entre familias perdió en el -8.5% del PIB el año pasado lo ganado en los anteriores dos años y el reparto de la riqueza regresó a la desigualdad de 2016.

Dos cifras son reveladoras del retroceso en desigualdad social padecida en los últimos dos años de PIB negativo:

1.- El 70% de las familias mexicanas entre pobres y clase media tienen el mismo ingreso que el 10% de las familias más ricas; a nivel más global el 80% de las familias tiene el mismo ingreso que el 20%de las familias ricas. Este 20% de las familias ricas acapara, sin que alguna política económica rompa esa concentración, el 51.7% del ingreso nacional.

2.- A nivel de ingreso corriente promedio, el 10% de las familias más ricas tiene ingresos por 18 veces más que el 10% de las familias más pobres.

La distribución de la riqueza representa una de las funciones prioritarias del Estado, si no es que la más importante, porque se utilizan instrumentos fiscales para repartir la riqueza nacional tratando evitar la concentración del ingreso. Al contrario, la crisis 2018-2020 disminuyóparticipación en el ingreso a los sectores más pobres y transfirió mayor riqueza a los sectores con mayor concentración.

Las cifras del INEGI exhiben que el 10% de las familias más pobres perdió lo ganado en 2016-2018 y en el 2020 regresó al punto de 2016. En cambio, el 10% de las familias más ricas había perdido 2.8 puntos porcentuales de su participación en la riqueza, pero la crisis permitió su recuperación.

Lo anterior quiere decir que la crisis económica, el tránsito del modelo neoliberal al modelo posneoliberal y el PIB negativo en 2019-2020 afectó más a los pobres y beneficio más a los ricos.

Otros datos de la encuesta 2020 del INEGI han sido ya referidos en medios: la disminución de 5.8% en el ingreso corriente trimestral y la baja de 12.9% en el gasto corriente, además del aumento de 45% del gasto en salud por la falta de una política estratégica del Estado para proteger a los sectores con bajos niveles de ingresos que dependen de los subsidios gubernamentales.

La encuesta, además, reconfirma la polarización en el ingreso regional: Nuevo León, el estado con mayor actividad industrial, encabeza la lista de sociedades más favorecidas, en tanto que en los cinco últimos lugares aparecen las entidades más abandonadas de las políticas redistributivas de la riqueza: Tlaxcala, Oaxaca, Veracruz, Guerrero y en último lugar Chiapas. Chiapas, por ejemplo, tiene seis veces menos ingreso corriente qué Nuevo León.

Las cifras de concentración de la riqueza a través del ingreso nacional han sido siempre los indicadores definitivos de la estructura de desigualdad social que existe en México y de la polarización entre ricos y pobres. Las tres políticas económicas existentes –populismo, neoliberalismo y posneoliberalismo– se han fijado las metas, con diferentes grados de eficacia, de evitar la profundización de la desigualdad a través de políticas públicas de carácter fiscal y de programas sociales, pero todas han fracasado.

La desigualdad estructural que existe entre las diferentes clases sociales se confirma en las evaluaciones del CONEVAL: en promedio el 80% de las familias mexicanas vive con una a cinco restricciones sociales, lo que indica padecimientos de desigualdad en diferentes niveles y puntos de bienestar por abajo de la media; y del lado contrario, solo el 20%de la población vive con un bienestar suficiente y sin ninguna carencia social.

 La encuesta del INEGI confirmó que México sigue siendo un país con desigualdades sociales estructurales que lo colocan entre las naciones de bajodesarrollo social.

 

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Nacional

Brújula Pública- Nueva seguridad

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Rodolfo Aceves Jiménez*

La crisis política, económica y social en que ha puesto la presencia del #COVID19 al gobierno federal, debería otorgar experiencia y conocimiento para replantear qué es la seguridad para el Estado mexicano.

Para el Estado mexicano la seguridad solo se circunscribe a salvaguardar la vida, las libertades, la integridad y el patrimonio de las personas, y contribuir a la generación y preservación del orden público y la paz social, tal y como aparece en el artículo 21 constitucional, es decir, solo a cuestiones de seguridad pública cuando en realidad, es más, mucho más.

De la Ley de la materia se obtiene un concepto de seguridad nacional que abarca, la seguridad política del Estado, el mantenimiento del estado de derecho, de las partes de la Federación, de la defensa del país y, por último, de la democracia, entendida como el desarrollo económico, social y político, es decir, lo que debería presentarse como objetivos nacionales en la Constitución, aparece como objetivos de la norma.

Para la formación del concepto de Estado, los ciudadanos, el territorio y el gobierno ocupan la misma jerarquía, pero para la función de Estado de la seguridad, es distinto.

La lógica es, que el concepto de seguridad contenido en los objetivos nacionales que se encuentran en los primeros 29 artículos de la Constitución, no contempla las hipótesis jurídicas de desarrollo económico, político y social, que están contenidas en la Ley de Seguridad Nacional, cuya esfera de competencia es más amplio, que el concepto de seguridad al que se refiere el artículo 21 constitucional, dado a que la seguridad no solo es policial, también es de desarrollo del ciudadano en esas vertientes.

La tercera ola de #COVID19 y el manejo que hace las autoridades, no se ajusta a los contenidos del desarrollo económico, social y político de los ciudadanos. Lo mismo sucede con la seguridad, al existir una desarticulación en la seguridad pública y con la ausencia de un Plan de Seguridad Nacional en esta administración.

En el plano social, el tejido está debilitado por la falta de innovación en políticas públicas, no sólo las asistencias de bienestar.

En el plano político, el gobierno federal minimiza, desprecia, descalifica y hasta insulta las opiniones de la clase política con su ejército de seguidores en redes sociales, en vez de sumarlos al esfuerzo nacional por superar esta crisis.

En el plano económico, el gobierno federal desoye la opinión pública, así como la de expertos o consultorías internacionales en materia económica, que advierten la amenaza que constituyen sus políticas económicas.

Hoy lo verdaderamente importante es acumular esta experiencia y convertirla en corregir o aumentar la legislación o planeación en una nueva seguridad para el país.

 

*Es Maestro en Seguridad Nacional por la Armada de México

Correo electrónico: racevesj@gmail.com

Twitter: @racevesj

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Intelectuales y Cuba, “una pasión desdichada”

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Carlos Ramírez

Ahora que existe una coyuntura para la rendición de cuentas sobre la construcción de ese monstruo caribeño que se simbolizó como revolución cubana, podrían estarse dando las condiciones para voltear la mirada hacia los intelectuales sartreanos que proyectaron el compromiso de su escritura en apoyo a un movimiento social ideológico que resultó en una caricatura de socialismo autoritario.

Quizá el alejamiento posterior crítico de esos intelectuales pueda disminuir un poco su responsabilidad en la justificación de una dictadura personalista en La Habana. De todos modos, habría que fijar la atención sobre ellos, cuando menos para que asuman su responsabilidad del pasado.

Los intelectuales latinoamericanos y europeos apoyaron y forjaron el mito revolucionario de Fidel Castro de 1959 a 1971 y la ruptura se dio entorno al arresto, tortura psicológica y represión al poeta cubano Heberto Padilla, por cierto, funcionario revolucionario y víctima de sus propias teorías de la conspiración. La acusación en su contra fue un absurdo del Gobierno cubano, pero ocurrió en el momento en que la sensibilidad revolucionaria no aceptaba poemas insidiosos contra sus líderes.

El caso Padilla no fue el primero. En 1961 el gobierno de Fidel Castro reprimió, censuró y regañó a los intelectuales que suponían que la revolución era un acta de libertad absoluta ajena a sumisiones autoritarias. En esta columna ya recordamos que en ese año el gobierno de Castro censuró el documental P.M. que contaba sin inhibiciones la vida nocturna en La Habana y que había sido realizado por el hermano de Guillermo Cabrera Infante, otro intelectual de origen revolucionario y castrista, aunque después rompió con el gobierno y se convirtió en un gusano en el exterior. En el debate abierto por el gobierno con intelectuales se definió la doctrina intelectual de Fidel Castro: “contra la revolución ningún derecho”.

A pesar de ello, muchos intelectuales extranjeros siguieron apoyando a Cuba hasta 1971. Un caso singular fue el de Julio Cortázar, el escritor argentino-francés que arrió sus banderas creativas para someterlas a los criterios estalinistas de apoyo estricto a la revolución. Quedó como constancia infame su poema Policrítica a la hora de los chacales, en el cual de manera patética implora el perdón del dictador. Inclusive, Cortázar rompió su línea creativa en 1973 para escribir su novela Libro de Manuel, una oda a los revolucionarios muy al estilo del estalinismo de los años cincuenta.

Mario Vargas Llosa fue uno de los promotores entusiastas de la revolución cubana y escribió varios textos en periódicos de Estados Unidos para señalar una nueva etapa de la humanidad. En 1971 se convirtió en el pivote de dos cartas de protesta de intelectuales contra Fidel Castro publicadas en París y que significaron el punto de ruptura con la revolución cubana.

Un caso de ruptura silenciosa fue Carlos Fuentes, quien, en 1961, en una caravana de intelectuales a Chile, de acuerdo con testimonios de José Donoso, dijo que ya no escribiría literatura y que se dedicaría a promover la revolución cubana. En 1971 Fuentes decidió mantener desde entonces un silencio respecto a Cuba, con indicios de qué se trataba de una posición crítica no expresa.

El escritor chileno Jorge Edwards fue el único extranjero que padeció la represión cubana. En 1971 arribó a La Habana como representante del gobierno socialista-comunista de Salvador Allende en Chile para reanudar relaciones diplomáticas. Sin embargo, Edwards mantuvo su actividad literaria y se reunió con frecuencia con escritores marcados por la policía secreta cubana. Fidel Castro presionó para expulsar a Edwards de Cuba y acusarlo con Allende y con el poeta Pablo Neruda, quien tenía autoridad moral sobre el escritor chileno.

La historia de la cuenta Edward en su libro testimonial Persona non grata que fue publicado en 1972 y que marcó el punto de ruptura de Castro con los intelectuales. En las páginas casi finales Edwards cuenta una áspera reunión de despedida con Fidel y revela que el líder cubano carecía de información real sobre la situación de los intelectuales, pero funcionaba como comisario ideológico estalinista. Edwards trató de explicarle a Fidel que la cultura no era contrarrevolucionaria y que Cuba tendría muchos problemas de mantener su cerrazón autoritaria contra la libertad de creación.

En México la revolución cubana determinó el espacio ideológico de la cultura y marcó las relaciones entre intelectuales mexicanos. Cuba fue el punto de ruptura de las relaciones entre el grupo de Fernando Benítez y su sucesor Carlos Monsiváis y el grupo de Octavio Paz, el primero moviéndose en los espacios progresistas de apoyo a la revolución cubana por su simbolismo ideológico en México y en América Latina y el segundo manteniendo una posición liberal de respeto a la libertad de creación. En 1977 ocurrió la polémica Paz-Monsiváis alrededor de opiniones muy críticas del primero contra el pensamiento socialista inflexible y las críticas de Paz al saldo negativo en libertad de creación del socialismo realmente existente, en particular el cubano.

Y no debe olvidarse el caso del intelectual Regis Debray, quién arribó a La Habana de la mano de ensayos ideológicos de apoyo a la revolución cubana, fue usado por Castro como mensajero secreto, resultó detenido después de haber visitado al Che Guevara y luego abandonado a su propia suerte. Debray rompió con Cuba luego de conocer la experiencia del socialismo democrático de Allende en Chile y se convirtió en un crítico de la dictadura cubana.

El gran debate actual se da hoy entorno a quién aprovechó a quién: si los escritores a la revolución o revolución a los escritores. A la larga, los intelectuales realizaron un viaje de la izquierda a la derecha o, en palabras de Vargas Llosa, un tránsito de Sartre a Camus, aunque bien pudo haber sido un viaje en reversa de la estación de Finlandia, en San Petersburgo, a Zúrich. Alemania.

Al final, quedan las palabras de Octavio Paz sobre la relación de los intelectuales con la política: “una pasión desdichada”.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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