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Indicador Político

Sin partido real, sin una propuesta de alternativa de sistema/régimen/Estado y a partir de su formación política priísta, el presidente electo López Obrador está usando casos como el del aeropuerto –y otros– sólo para señalar que hay un nuevo sheriff en el pueblo.
Luego de una lucha personal de treinta años, lo peor que le podría ocurrir al tabasqueño sería aparecer como el continuador de obras priístas como las reformas estructurales, los contratos ya adjudicados y obras como el aeropuerto.
De ahí que el sentido de la consulta no sea en realidad preguntarle al “pueblo” qué aeropuerto y dónde desarrollarlo, sino quitarle a Enrique Peña Nieto la identificación de la obra.
Y el punto central está muy claro: mostrarle a la sociedad civil y a la sociedad política quién estará a cargo del próximo gobierno. En el caso del aeropuerto se va a dejar muy en claro que el mando es presidencial, personal y directo, sin importar los costos económicos, de estabilidad y de confianza.
No es la primera vez que ocurre. Todos los candidatos presidenciales y presidentes electos tienden a adelantar la asunción del poder, a veces por las tentaciones transexenales de algunos salientes y otros por el costo político de la identificación. Luis Echeverría rompió con Díaz Ordaz desde la campaña, a pesar de haber tenido una alianza férrea desde la crisis del sindicato magisterial en 1956-1958, Díaz Ordaz como oficial mayor de Gobernación y Echeverría como oficial mayor de la SEP.
Desde 1924 cada presidente entrante está urgido de liberarse de la sombra del saliente. En el caso de López Obrador existe una mayor necesidad, no sólo por el perfil caudillesco del tabasqueño, sino porque necesita dejar muy en claro que las cosas van a cambiar, aunque en el fondo y por la formación política práctica las cosas van a seguir igual. En todo caso, la forma de ir cuestionando y deshaciendo algunos compromisos de Peña Nieto ha dejado muy en claro que no habrá continuidad transexenal personal o del PRI y han precisado quién va a mandar, lo mismo acusando que exonerando y hasta perdonando vidas.
El caso del aeropuerto en Texcoco es emblemático. A lo largo de dos meses, el presidente electo lo ha usado para fijar con claridad que hay un nuevo mando político y que todos los involucrados en esa obra tendrán que reconocerlo. Por eso la consulta no importa en sus fallas, sus maniobras amañadas, sus engaños morenistas; la decisión será unipersonal en función de las intenciones de López Obrador para determinar quién será el nuevo mando sexenal.
Detrás de este estilo personal de ejercer el poder se localiza el hecho de que el presidente electo entiende que carece de un partido real para fundar un nuevo sistema político, que su paso a la historia estará en regresar al modelo presidencialista que se fue desarticulando con el anterior tratado de comercio libre y la globalización y los organismos autónomos y la organización ciudadana. Sin un partido de control de las relaciones sociales de producción y con organismos ciudadanos acotando el mando centralizado, la presidencia lopezobradorista nollegaría muy lejos porque en los hechos no es más que la continuidad del proyecto priísta del capitalismo de Estado dominante.
En términos de política comparada, la propuesta política de López Obrador se parece a la de Echeverría, quien pasó del sometimiento absoluto al presidente como funcionario desde 1956 a una campaña de deslindamiento en 1969-1970. De un gobierno diazordacista ajeno al pueblo priísta, Echeverría definió su propuesta con una frase que hoy parece reverberar en las paredes del lopezobradorismo; “iré tan lejos como el pueblo quiera”.
La consulta sobre el aeropuerto de hoy jueves al domingo será irrelevante no sólo por su carencia de exigencias técnicas, sino porque servirá para que el país y el mundo –sobre todo la clase empresarial inversionista que se la jugó con Peña Nieto y su fallido candidato José Antonio Meade Kuribreña– entiendan quién va a mandar desde la presidencia. La decisión de la consulta será, pues, directa del presidente electo, a sabiendas –y no fue burla sino mensaje político– de que el proceso nunca pasaría un examen técnico de la democracia participativa real.
La decisión sobre el aeropuerto será personal de López Obrador y fijará el estilo de gobernar –directo, personal, autoritario, verticalista– del próximo presidente de la república.
Política para dummies: Por amigos y estudiosos de la obra del poeta, ensayista y premio Nobel Octavio Paz se abrió el sitio http://zonaoctaviopaz.com
@carlosramirezh
Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Porfirio y Gibrán, la política de los antiguos comparada con los modernos

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Carlos Ramírez*

Con seguridad la referencia no le va a gustar a Porfirio Muñoz Ledo, pero al final de cuentas su carrera política parece reproducirse en la de Gibrán Ramírez Reyes: de la consejería política del Príncipe a posiciones de operación política en los partidos en el poder.

Los dos comenzaron en el área de la seguridad social: Muñoz Ledo a los 34 años como secretario general del Instituto Mexicano del Seguro Social y Gibrán a los 31 como secretario general de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social; los dos fueron asignados a oficinas alejadas de sus respectivos partidos, pero con canales de comunicación intelectual directos con los presidentes de la república, Muñoz Ledo con Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Alvarez y Gibrán con López Obrador.

Los dos estudiaron en la UNAM, Muñoz Ledo en derecho y Gibrán en ciencia política y administración pública, los dos pasaron por El Colegio de México y los dos realizaron el doctorado en la UNAM. Los dos, por lo tanto, se forjaron en centros de estudio creados para cincelar los cuadros intelectuales del Estado priísta.

Los dos han cumplido tareas de consejeros del Príncipe en materia política, desde su formación de politólogos. Y han sido usados para acudir a debates sobre sus respectivos partidos o formaciones políticas. Muñoz Ledo pasó del IMSS a la Subsecretaría de la Presidencia con Echeverría, luego secretario del Trabajo, más tarde presidente del PRI y luego una larga carrera que ha atravesado por todos los partidos registrados; es decir, con una ideología política maleable al poder, no a alguna filosofía en especial, incluyendo los extremos del PRI echeverrista y del PAN foxista. Gibrán, hasta ahora, sólo ha estado en el PRD-Morena y luego en Morena y su labor ideológica didáctica ha estado en sus artículos semanales en el periódico Milenio. En los hechos, los dos han defendido con pasión a sus jefes políticos: Muñoz Ledo hizo historia con dos discursos de elogios a Díaz Ordaz después de Tatelolco-2 de octubre y Gibrán es el único que ha razonado desde la politología el modelo de gobierno de López Obrador.

Muñoz Ledo llegó a la presidencia del PRI en septiembre de 1975 como premio de consolación por haber perdido la candidatura presidencial que –contó a los investigadores estadunidenses Edna y James Wilkie– sintió en la bolsa cuando Echeverría fue a su casa, miró el patio y dijo: “es muy chica para recibir comisiones”. Pero mientras Echeverría tenía a los precandidatos encerrados en una reunión en Casa del Obrero Mundial –área de la Secretaría del Trabajo–, la cargada de la CTM obrera –área de la Secretaría del Trabajo– destapaba a López Portillo. Hasta ahora Gibrán nunca ha dicho si desde su juventud tiene en la mira, algún día, la presidencia de la república.

Muñoz Ledo llegó a la presidencia del PRI en 1975 a los 42 años y aspira a dirigir Morena a los 87 años, Gibrán está inscrito para dirigir Morena con apenas 31 años, diez años menos de los que tenía Muñoz Ledo en 1975. Y Muñoz Ledo quiere llegar a Morena después de haber pasado por alianzas y militancias en todos los partidos para convertir al partido lopezobradorista en otro PRI, en tanto que Gibrán nació en 1989 en que desapareció el Partido Comunista Mexicano para dar a luz al PRD neocardenista o poscardenista y el año de la desaparición del imperio soviético, del fin de la historia y del nacimiento de una nueva era ideológica.

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 EE. UU. 2020. Los EE. UU. entran esta semana en la recta final de su elección presidencial, con escenarios tradicionalistas y distópicos a escoger, aunque con reglas del juego muy claras. Donald Trump es el adversario por vencer por una extraña coalición nacional e internacional del establishment liberal-capitalista-imperial de los intereses militares-financieros-bursátiles-mediáticos que tiene el resguardo de la democracia imperial que ha dominado al mundo desde los 14 puntos de Wilson en 1918 que le dan a la Casa Blanca el poder de dominaciónmundial, sea con demócratas o republicanos.

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 Política para dummies: La política es la misma, lo que cambia son las etiquetas para identificar los contenidos chatarra.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Ni Trump ni Biden; es el destino del planeta Tierra

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Carlos Ramírez*
Sin ponernos distópicos –bueno: sí–, la realidad es que no importa quién gane la presidencia de los EE. UU para el periodo enero de 2021-enero de 2025, si se queda Donald Trump y su estilo salvaje de hacer política o llega Joe Biden y su estilo dormilón de ver la realidad. De la misma manera ya no importa lo que estén haciendo los lideres de Europa y Asia para manipular a sus gobernados y conseguir que los dejen algunos meses más en el poder.

El verdadero efecto del COVID-19 no está en el espacio de la salud, ni de la necropsia, ni de las mascarillas como dilema existencial que agobia a jefes de Estado y de gobierno y algunos monarcas medievales. Hasta ahora no ha habido la reflexión social, política, politológica, filosófica y sociológica del mensaje que está presentando el virus. Ver en pleno siglo XXI las calles atestadas de gente con cubrebocas debe tener algún significado, debe decirnos que algo hicimos mal, que algo no estamos pensando y que la salida no está en la vacuna, porque al final de cuentas ya llegará alguna otra peste maldita a recordarnos nuestra vulnerabilidad humana.

El mundo ahora centra sus ojos en los EE. UU. para saber quién va a ganar la presidencia. Si se analiza con frialdad, se trata de una de las elecciones menos significativas. Trump y Biden no representan nada, ninguna oferta geoestratégica, ningún mensaje de reorganización del planeta, ningún pensamiento trasmilenario. Son dos políticos improvisados, con partidos dominados por grupos mezquinos de poder, en medio del reclamo histórico de los afroamericanos que apenas representan el 16% de la población, pero que han marcado la conciencia moral de la comunidad blanca. Y ninguno encara la violencia brutal de las policías contra ciudadanos, nadie interpreta cuál es el papel de las policías en el control social.

Todos están preocupados por la reactivación económica y productiva y ya hay la decisión macabra de abrir las actividades porque importa más salir a las playas y a los bares que proteger la vida amenazada por las cadenas de contagios. De nueva cuenta el PIB se convierte en el Santo Grial del modernismo capitalista y comunista y las bolsas de valores deben regresar al corazón del universo. Todos atienden más la tasa de crecimiento económico que la tasa de defunciones por el virus.

La gran revelación –la única, en realidad– del último libro del sobrevalorado Bob Woodward radica en la declaración interpretada de Trump de que sabía de la peligrosidad del virus, pero calló por razones de seguridad y para evitar el pánico. Y el debate es que mintió y que por eso no debe reelegirse. Pero no existe gobernante en el mundo actual y en la historia que no haya gobernado con mentiras, cuya dimensión se mide en las justificaciones. Todos los gobernantes del mundo mintieron y callaron lo del virus para evitar, en efecto, el pánico.

En las próximas semanas el mundo girará en torno al dilema Trump-Biden, pero sin entender que los dos representan al mismo imperio expoliador y expansionista. Y todos los gobernantes del mundo han dejado pasar la oportunidad de los gobernantes estadunidenses de 1989 en adelante –fin del gobierno de Reagan, fin del imperio soviético y arranque de la globalización del Consenso de Washington— para reorganizar al mundo y a sus instituciones, después del papelón que hizo la ONU en la guerra de Bush Jr. y Tony Blair contra Irak.

En este contexto, es irrelevante quién gane la presidencia de los EE. UU. Como se ven las cosas, China y Rusia son países sin destino histórico, sin una propuesta geopolítica, sin una propuesta alternativa a los EE. UU. La Unión Europea, vista desde Iberoamérica, es una pequeña Comunidad Económica muy local, sin líderes estratégicos y, lo que es peor, sin una reflexión filosófica del mundo. Los gobernantes de España, Gran Bretaña, Italia y Alemania han regresado al aislacionismo de la mezquindad de sus gobernantes.

América Latina está controlada por el narcotráfico y el crimen organizado transnacional porque así le conviene a la dominación estadunidenses, sea republicana o demócrata. El narcotráfico lo controlan los 30 millones de adictos dependientes de la droga y los 30 millones adicionales de usuarios de la droga sin caer en la adicción. Trump lo acaba de refrendar: el tráfico de drogas es un asunto de seguridad nacional militar. La Casa Blanca quiere controlar a las bandas y sobre todo regular el lavado de dinero para su sistema financiero.

El mundo se descompuso con el fin del imperio soviético y la ausencia de un modelo de transición política del imperio estadunidense. Dos demócratas tuvieron esa responsabilidad y ni siquiera la entendieron en su dimensión geopolítica: Bill Clinton y Barack Obama; los guerreristas Bush llegaron a lo suyo; y Trump hasta ahora no ha entendido el papel de los EE. UU. en el mundo. Y ahora quiere llegar un Biden que tuvo ocho años de entrenamiento estratégico con Obama, pero con datos que tampoco sabe nada de enfoques mundiales. La mediocridad de los dos candidatos revela la pérdida de prestigio de los EE. UU

El desmoronamiento del imperio soviético en 1989-1991 fue un desafío para reconstruir un mundo con mejores posibilidades basadas sobre todo en el equilibrio ecológico, pero más de treinta años después llega el mensaje estremecedor del COVID-19 para obligarnos a caminar por las calles con la boca cubierta. Pronto será, de nueva cuenta, el smog o la polución; y siempre, las enfermedades de la pobreza.

Nadie está reflexionando la crisis mundial actual, la verdadera crisis, la de la existencia humana en un planeta al que estamos destruyendo cada vez más aprisa. Y, siendo distópicos, pronto habrá que llevar a la realidad lo que las películas y la literatura ya adelantaron: misiones al espacio para buscar otro planeta para habitarlo… y destruirlo.

 

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Segundo tercio sexenal, de banderillas, con la agenda de AMLO o de Morena

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Carlos Ramírez*

 Con seguridad en Palacio Nacional están extrañados que nadie haya preguntado, cuando menos en público, quéquiere el presidente López Obrador de Morena para su proyecto sexenal. Y eso que todos ya saben que las definiciones y gestiones de gobierno se deciden en las conferencias de prensa matutinas, no en los espacios tradicionales del poder.

El primer tercio del sexenio se fue en el planteamiento de las estrategias presidenciales, la definición de los nuevos estilos de gobernar y la lidia con una pandemia inesperada. El segundo tercio, el de banderillas en los toros, es el de los jaloneos entre los grupos de poder presidencial por el relevo legislativo, las gubernaturas y los alineamientos para la sucesión presidencial de 2024. Los grandes toreros se hacen cargo de poner en persona las banderillas a los toros para fijar la autoridad que manda en la plaza.

Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto perdieron sus sucesiones y las elecciones de sus sucesores por colapsos en sus partidos, fracturas en sus coaliciones y permisividades democráticas. Y todos ellos salieron fracturados en sus coaliciones y partidos en las elecciones de medio sexenio con el cambio de diputados federales que implica, de suyo, un nuevo reacomodo de grupos de poder con miras al sexenio siguiente.

A favor de la estrategia lopezobradorista corre el hecho de que nunca ha pensado en Morena como un partido tradicional, sino como estructura administradora de cargos públicos. PRI, PAN y PRD han sido partidos de proyectos, el primero de corporaciones, el segundo de creencias y el tercero de tribus. Morena no tiene un proyecto ideológico porque ese proyecto es el presidente López Obrador. Y para evitar que Morena pudiera ser otro PRI corporativo, la estrategia radicará en dividir las posiciones de poder con el PES 2.0, el Partido Verde y el PT, además de los grupos lopezobradoristas –como el de Pedro Haces– que no lograron registro como partidos, pero que van a funcionar como hilos de poder fuera de Morena. En este sentido, las candidaturas se van a gestionar en Palacio Nacional, no en Morena.

La clave para resolver el enigma Morena se localiza en la agenda presidencial. Lo que menos quisiera el presidente sería tener que lidiar con Morena como –para citar un ejemplo histórico sólo en parecidos de coyuntura partidista– Díaz Ordaz tuvo que bregar con Carlos A. Madrazo y su PRI autónomo, militante y equidistante a Los Pinos o como Salinas cuando la sucesión se le salió de control por la fuerza personal de Manuel Camacho Solís operando por la libre.

Morena va a ser el pivote lopezobradorista para consolidar su proyecto, vencer las presiones que quieren tumbarle sus puntos clave –apoyos sociales, obras y nuevas relaciones políticas– y encarar la alianza opositora previsible de partidos y formaciones sociales hoy confrontadas con la presidencia. El bloque de poder lopezobradorista nova a pasar por Morena y menos si llega al partido algún líder político que quiera quitarle liderazgo político al presidente. Hasta ahora han bastado el gabinete y las dos cámaras para ir desinflando apasionamientos y arrinconando a la oposición en una derecha conservadora sin destino histórico.

La tarea fundamental del segundo tercio del sexenio será la de administrar la crisis para impedir confrontaciones innecesarias. La polarización ayuda a decantar posicionamientos, como ahora, por ejemplo, muchos intelectuales han comenzado a replegarse porque no quieren estar en la misma lista con Héctor Aguilar Camín –¿colegas enemigos 2.0?– y sus negocios de poder con Carlos Salinas de Gortari o aliados al Gabriel Lozano desbocado de FRENAAA.

En este sentido, lo peor que le puede pasar al gobierno actual es que Morena se convierta en un dolor de cabeza con un dirigente que busca un Guinness record y no entender el juego de poder presidencial.

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Política para dummies: La política se aprende en clases de hilados y tejidos y no en las cloacas del poder.

 

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