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Indicador Político

Detrás del método de selección de los secretarios de la Defensa Nacional y de Marina del presidente electo López Obrador se localiza un mensaje de poder que debiera tranquilizar y noinquietar: el próximo sexenio será una continuidad del sistema político priísta, sólo que con sus toques especiales que diferencian estilos y no nuevas definiciones.
Los datos están a la vista:
1.- López Obrador no rompió el modelo de selección castrense; los dos designados estaban en las listas entregadas por los titulares salientes, aunque sin posición privilegiada.
2.- La intención de López Obrador fue la de adquirir una autonomía relativa de lo que significa el papel de los titulares administrativos, políticos y operativos de las fuerzas armadas. Fox, Calderón y Peña Nieto tuvieron imágenes menores a las de sus secretarios de fuerzas armadas.
3.- López Obrador no será sólo comandante en jefe de las fuerzas armadas por ministerio de ley, también el jefe operativo de la estrategia de seguridad conduciendo todas las mañanas desde Palacio Nacional.
4.- La presencia del secretario designado de Seguridad Pública, Alfonso Durazo Montaño, en la reunión de presidente electo con los altos mandos castrenses rompió el protocolo de seguridad, pero dejó claro que el mando de seguridad que involucra a las fuerzas armadas será civil.
5.- Los estilos de López Obrador pudieran ser entendidos como un primer avance –quién sabe si se consolide en su sexenio– para la designación de civiles como secretarios de Defensa y de Marina, dejando un comando conjunto de estados mayores para el manejo operativo de las tropas. Altos mandos militares, antes de López Obrador, estaban convencidos de que los jefes militares se desgastan al cumplir con funciones políticas y administrativas en los gabinetes.
Los mensajes de López Obrador rumbo a su toma de posesión van aclarando el panorama: busca una autonomía relativa frente a los poderes del sistema. El presiente electo no tiene una propuesta nueva de sistema, por lo que ha aprovechado el interregno de cinco meses para fijar de manera autoritaria las nuevas relaciones de poder del presidente con los miembros del sistema priista.
López Obrador sabe que carecerá de horizonte personal si subordina a Morena al modelo de sistema priísta, pero Morena carece de fuerza para constituirse en el partido-sistema que era el PRI. Por eso el presidente electo busca imponer sus reglas al sistema. En síntesis, el sistema priísta tiene tres pistas:
–Los seis pilares: presidente de la república, partido del Estado, Estado de bienestar, relaciones con los sectores invisibles del sistema, Constitución y cultura política (ideología, educación, pensamiento histórico).
–Los sectores invisibles del sistema fueron priístas y militantes y hoy aparecen como priístas funcionales: medios de comunicación, intelectuales, empresarios, oposición leal, gobierno de los EE. UU., iglesia católica, indígenas, movimientos sociales no corporativos, poderes fácticos (grupos criminales, corruptos) y burocracia del poder. El ejército, que fue el cuarto sector del partido del Estado con Lázaro Cárdenas, se institucionalizó y garantizó las alternancias al PAN y a Morena.
–Las fuentes de legitimidad: Constitución, ideología priísta como pensamiento oficial-educativo y bienestar social.
En cada una de estas instancias, López Obrador ha buscado imponer su dominio a partir de su mayoría absoluta y la de Morena. Sin embargo, Morena es un partido Babel formado en su mayor parte con los resabios del PRI y de priístas chambistas que se colocan con el que gane. López Obrador percibe que los seis años de gobierno –cuatro reales– no le alcanzan para su reforma del sistema y por eso quiere aprovechar la estructura del sistema priísta ajustándola a sus propias necesidades.
En todo caso, el principal mensaje de estos cinco meses de interregno radica en la decisión de López Obrador de volver al modelo de sistema político priísta, presidencialista, centralista y dominante. Lo malo es que la restauración presidencialista necesitaría de un Morena corporativo como PRI, de un Lázaro Cárdenas, de una oposición total leal, de medios-bocinas y no redes críticas y de una ciudadanía priízada en su sumisión voluntaria.
Y López Obrador requerirá dos reelecciones presidenciales o dos sucesiones funcionales a su proyecto, pero con la realidad de que su liderazgo es único y el PRI mantuvo el poder por la continuidad del PRI en la presidencia evitando las reelecciones funcionales.
Política para dummies: La política es el juego de intereses, no la filosofía de la demagogia.
@carlosramirezh
Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- EE. UU. recta final: si Trump se reelige, revienta al establishment

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Carlos Ramírez*

En la elección presidencial del próximo 3 de noviembre no está a debate la democracia imperial de dominación militar-financiera-mediática, sino la primera crisis de relevo generacional y de nuevos enfoques de seguridad desde el colapso de la Unión Soviética en 1989.

En los hechos, el Estado de seguridad nacional militarizado de los EE. UU. no pudo transitar hacia nuevas formas de dominación, pero sus liderazgos presidenciales resultaron frívolos, menores y sin pensamiento estratégico: Bush Sr. traicionó el enfoque de Reagan, Clinton se perdió debajo de las faldas de Hillary, Bush Jr. de casualidadpudo fijar el militarismo atrabancado en Irak y Afganistán, Obama se ahogó en su arrogancia y Trump supo anular al viejo Estado imperial sin construir una nueva fase.

Las élites estadunidenses posteriores a noviembre de 1989 carecieron de un enfoque económico, quedaron atrapadas en los viejos compromisos militaristas y no entendieron que el nuevo campo de batalla no era el ideológico de la guerra fría, sino en del comercio y la reconversión de la planta productiva para la competitividad. Por eso el hombre más rico de los EE. UU. ya no es el inventor de las páginas web Bill Gates, sino el comercianteJeff Bezos, dueño de la distribuidora Amazon y también propietario, como simbolismo mediático, del The Washington Post anti Trump.

La candidatura de Donald Trump en 2016 fue la de un externo del viejo sistema/régimen/Estado que entendió que la élite gobernante había perdido la alianza con la base social, sobre todo la de los condados. Y en estos tres y medio años, Trump ha buscado destruir ese viejo Estado militarista de complicidades políticas-militares-mediáticas, pero no supo construir una nueva estructura de poder. En cambio, el viejo régimen quiere rehacer la alianza élites tradicionales-comunidad afroamericana que nunca entendió Obama y que está reventando en las protestas violentas afroamericanas sólo en condados y estados gobernados por demócratas, lo que confirmaría el fracaso del experimento con Obama.

Todo el viejo Estado tradicionalista de la coalición demócratas-republicanos está conspirando contra Trump para impedir su reelección, porque en los próximos cuatro años es más posible que Trump y Mike Pence fortalezcan una nueva élite gobernante que la antigua sobreviva a Obama, a Nancy Pelosi y los republicanos aliados.

En este sentido, lo que se disputa en las elecciones presidenciales de los EE. UU. no es la inexistente democracia del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, sino el control de la estructura del Estado en nuevas élites posteriores al colapso soviético. Los EE. UU. no entendieron que el desmoronamiento de la URSS debió haber provocado una transición ideológica estadunidense, pero a los demócratas Clinton y Obama y los dos Bush se les hizo fácilsustituir al comunismo soviético con el decadente terrorismo musulmán radical. La guerra que reventó a Moscú no fue la militar, sino la comercial de la globalización que se había iniciado en 1985 (año de ascenso de Gorbachov al poder) y que se institucionalizó en noviembre de 1989 con el Consenso de Washington para la apertura comercial de fronteras, justo sobre el cascajo del muro de Berlín.

Las posibilidades de victoria de Trump se deben medir con el nivel cada vez más intenso de oposición del viejo régimen, incluyendo a los grandes medios como The New York Times, The Washington Post y la CNN inventandonotas, destacando hasta el tamaño del órgano sexual del presidente y perdiendo la objetividad y el equilibrio informativo que fue la gran herencia del periodismo estadunidense.

Las elecciones las van a decidir los estados de ánimo de los estadunidenses de condado, a los que los analistas mexicanos agringados no alcanzan a entender ni a sopesar.

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Política para dummies: La política es, como decía Lenin, saber escuchar el ruido de la caída de las hojas.

 

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Porfirio y Gibrán, la política de los antiguos comparada con los modernos

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Carlos Ramírez*

Con seguridad la referencia no le va a gustar a Porfirio Muñoz Ledo, pero al final de cuentas su carrera política parece reproducirse en la de Gibrán Ramírez Reyes: de la consejería política del Príncipe a posiciones de operación política en los partidos en el poder.

Los dos comenzaron en el área de la seguridad social: Muñoz Ledo a los 34 años como secretario general del Instituto Mexicano del Seguro Social y Gibrán a los 31 como secretario general de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social; los dos fueron asignados a oficinas alejadas de sus respectivos partidos, pero con canales de comunicación intelectual directos con los presidentes de la república, Muñoz Ledo con Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Alvarez y Gibrán con López Obrador.

Los dos estudiaron en la UNAM, Muñoz Ledo en derecho y Gibrán en ciencia política y administración pública, los dos pasaron por El Colegio de México y los dos realizaron el doctorado en la UNAM. Los dos, por lo tanto, se forjaron en centros de estudio creados para cincelar los cuadros intelectuales del Estado priísta.

Los dos han cumplido tareas de consejeros del Príncipe en materia política, desde su formación de politólogos. Y han sido usados para acudir a debates sobre sus respectivos partidos o formaciones políticas. Muñoz Ledo pasó del IMSS a la Subsecretaría de la Presidencia con Echeverría, luego secretario del Trabajo, más tarde presidente del PRI y luego una larga carrera que ha atravesado por todos los partidos registrados; es decir, con una ideología política maleable al poder, no a alguna filosofía en especial, incluyendo los extremos del PRI echeverrista y del PAN foxista. Gibrán, hasta ahora, sólo ha estado en el PRD-Morena y luego en Morena y su labor ideológica didáctica ha estado en sus artículos semanales en el periódico Milenio. En los hechos, los dos han defendido con pasión a sus jefes políticos: Muñoz Ledo hizo historia con dos discursos de elogios a Díaz Ordaz después de Tatelolco-2 de octubre y Gibrán es el único que ha razonado desde la politología el modelo de gobierno de López Obrador.

Muñoz Ledo llegó a la presidencia del PRI en septiembre de 1975 como premio de consolación por haber perdido la candidatura presidencial que –contó a los investigadores estadunidenses Edna y James Wilkie– sintió en la bolsa cuando Echeverría fue a su casa, miró el patio y dijo: “es muy chica para recibir comisiones”. Pero mientras Echeverría tenía a los precandidatos encerrados en una reunión en Casa del Obrero Mundial –área de la Secretaría del Trabajo–, la cargada de la CTM obrera –área de la Secretaría del Trabajo– destapaba a López Portillo. Hasta ahora Gibrán nunca ha dicho si desde su juventud tiene en la mira, algún día, la presidencia de la república.

Muñoz Ledo llegó a la presidencia del PRI en 1975 a los 42 años y aspira a dirigir Morena a los 87 años, Gibrán está inscrito para dirigir Morena con apenas 31 años, diez años menos de los que tenía Muñoz Ledo en 1975. Y Muñoz Ledo quiere llegar a Morena después de haber pasado por alianzas y militancias en todos los partidos para convertir al partido lopezobradorista en otro PRI, en tanto que Gibrán nació en 1989 en que desapareció el Partido Comunista Mexicano para dar a luz al PRD neocardenista o poscardenista y el año de la desaparición del imperio soviético, del fin de la historia y del nacimiento de una nueva era ideológica.

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 EE. UU. 2020. Los EE. UU. entran esta semana en la recta final de su elección presidencial, con escenarios tradicionalistas y distópicos a escoger, aunque con reglas del juego muy claras. Donald Trump es el adversario por vencer por una extraña coalición nacional e internacional del establishment liberal-capitalista-imperial de los intereses militares-financieros-bursátiles-mediáticos que tiene el resguardo de la democracia imperial que ha dominado al mundo desde los 14 puntos de Wilson en 1918 que le dan a la Casa Blanca el poder de dominaciónmundial, sea con demócratas o republicanos.

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 Política para dummies: La política es la misma, lo que cambia son las etiquetas para identificar los contenidos chatarra.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Ni Trump ni Biden; es el destino del planeta Tierra

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Carlos Ramírez*
Sin ponernos distópicos –bueno: sí–, la realidad es que no importa quién gane la presidencia de los EE. UU para el periodo enero de 2021-enero de 2025, si se queda Donald Trump y su estilo salvaje de hacer política o llega Joe Biden y su estilo dormilón de ver la realidad. De la misma manera ya no importa lo que estén haciendo los lideres de Europa y Asia para manipular a sus gobernados y conseguir que los dejen algunos meses más en el poder.

El verdadero efecto del COVID-19 no está en el espacio de la salud, ni de la necropsia, ni de las mascarillas como dilema existencial que agobia a jefes de Estado y de gobierno y algunos monarcas medievales. Hasta ahora no ha habido la reflexión social, política, politológica, filosófica y sociológica del mensaje que está presentando el virus. Ver en pleno siglo XXI las calles atestadas de gente con cubrebocas debe tener algún significado, debe decirnos que algo hicimos mal, que algo no estamos pensando y que la salida no está en la vacuna, porque al final de cuentas ya llegará alguna otra peste maldita a recordarnos nuestra vulnerabilidad humana.

El mundo ahora centra sus ojos en los EE. UU. para saber quién va a ganar la presidencia. Si se analiza con frialdad, se trata de una de las elecciones menos significativas. Trump y Biden no representan nada, ninguna oferta geoestratégica, ningún mensaje de reorganización del planeta, ningún pensamiento trasmilenario. Son dos políticos improvisados, con partidos dominados por grupos mezquinos de poder, en medio del reclamo histórico de los afroamericanos que apenas representan el 16% de la población, pero que han marcado la conciencia moral de la comunidad blanca. Y ninguno encara la violencia brutal de las policías contra ciudadanos, nadie interpreta cuál es el papel de las policías en el control social.

Todos están preocupados por la reactivación económica y productiva y ya hay la decisión macabra de abrir las actividades porque importa más salir a las playas y a los bares que proteger la vida amenazada por las cadenas de contagios. De nueva cuenta el PIB se convierte en el Santo Grial del modernismo capitalista y comunista y las bolsas de valores deben regresar al corazón del universo. Todos atienden más la tasa de crecimiento económico que la tasa de defunciones por el virus.

La gran revelación –la única, en realidad– del último libro del sobrevalorado Bob Woodward radica en la declaración interpretada de Trump de que sabía de la peligrosidad del virus, pero calló por razones de seguridad y para evitar el pánico. Y el debate es que mintió y que por eso no debe reelegirse. Pero no existe gobernante en el mundo actual y en la historia que no haya gobernado con mentiras, cuya dimensión se mide en las justificaciones. Todos los gobernantes del mundo mintieron y callaron lo del virus para evitar, en efecto, el pánico.

En las próximas semanas el mundo girará en torno al dilema Trump-Biden, pero sin entender que los dos representan al mismo imperio expoliador y expansionista. Y todos los gobernantes del mundo han dejado pasar la oportunidad de los gobernantes estadunidenses de 1989 en adelante –fin del gobierno de Reagan, fin del imperio soviético y arranque de la globalización del Consenso de Washington— para reorganizar al mundo y a sus instituciones, después del papelón que hizo la ONU en la guerra de Bush Jr. y Tony Blair contra Irak.

En este contexto, es irrelevante quién gane la presidencia de los EE. UU. Como se ven las cosas, China y Rusia son países sin destino histórico, sin una propuesta geopolítica, sin una propuesta alternativa a los EE. UU. La Unión Europea, vista desde Iberoamérica, es una pequeña Comunidad Económica muy local, sin líderes estratégicos y, lo que es peor, sin una reflexión filosófica del mundo. Los gobernantes de España, Gran Bretaña, Italia y Alemania han regresado al aislacionismo de la mezquindad de sus gobernantes.

América Latina está controlada por el narcotráfico y el crimen organizado transnacional porque así le conviene a la dominación estadunidenses, sea republicana o demócrata. El narcotráfico lo controlan los 30 millones de adictos dependientes de la droga y los 30 millones adicionales de usuarios de la droga sin caer en la adicción. Trump lo acaba de refrendar: el tráfico de drogas es un asunto de seguridad nacional militar. La Casa Blanca quiere controlar a las bandas y sobre todo regular el lavado de dinero para su sistema financiero.

El mundo se descompuso con el fin del imperio soviético y la ausencia de un modelo de transición política del imperio estadunidense. Dos demócratas tuvieron esa responsabilidad y ni siquiera la entendieron en su dimensión geopolítica: Bill Clinton y Barack Obama; los guerreristas Bush llegaron a lo suyo; y Trump hasta ahora no ha entendido el papel de los EE. UU. en el mundo. Y ahora quiere llegar un Biden que tuvo ocho años de entrenamiento estratégico con Obama, pero con datos que tampoco sabe nada de enfoques mundiales. La mediocridad de los dos candidatos revela la pérdida de prestigio de los EE. UU

El desmoronamiento del imperio soviético en 1989-1991 fue un desafío para reconstruir un mundo con mejores posibilidades basadas sobre todo en el equilibrio ecológico, pero más de treinta años después llega el mensaje estremecedor del COVID-19 para obligarnos a caminar por las calles con la boca cubierta. Pronto será, de nueva cuenta, el smog o la polución; y siempre, las enfermedades de la pobreza.

Nadie está reflexionando la crisis mundial actual, la verdadera crisis, la de la existencia humana en un planeta al que estamos destruyendo cada vez más aprisa. Y, siendo distópicos, pronto habrá que llevar a la realidad lo que las películas y la literatura ya adelantaron: misiones al espacio para buscar otro planeta para habitarlo… y destruirlo.

 

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