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Gabriel Torres Espinoza*

El pasado martes se llevó a cabo el primero de los tres debates presidenciales en la Unión Americana, con motivo de la elección del Presidente de Estados Unidos, del próximo 03 de noviembre. De forma que el segundo y tercer debate se efectuarán los días 15 y 22 de octubre respectivamente, después de celebrarse el primer y único debate entre vicepresidentes, el 7 de octubre.

El debate presidencial de EE.UU. es considerado por muchos como el ‘Super Bowl’ de la política estadounidense, debido a sus altísimos niveles de rating que consigue. En 2016, el primer debate entre Trump y Clinton registró un récord de audiencia de 84 millones de telespectadores [sin considerar plataformas digitales]; nada lejano de la audiencia promedio de 100 millones de televidentes que registra, en aquél país, el partido final del campeonato de la NFL. No obstante, los datos preliminares sugieren que este primer debate, entre Biden y Trump, tuvo una audiencia muy disminuida respecto del primer debate presidencial de la contienda de 2016. Se sabe que apenas 28,82 millones de personas sintonizaron en las cadenas ABC, CBS, NBC y Fox el debate del martes pasado, muy por debajo de los 45,3 millones de personas que lo vieron en esos canales en año 2016.

Es sabido que los debates presidenciales, como los eventos deportivos y las noticias son el ‘producto estrella’ de la televisión convencional, toda vez que su programación exige una difusión de su señal en vivo y/o en directo. Lo anterior, se debe a que todo contenido audiovisual ‘diferido’ es cada vez más, y con mayor definición, visualizado bajo demanda en plataformas digitales: series de televisión, películas, programas de entretenimiento, y un largo etcétera. Será interesante analizar, en días posteriores, si la caída drástica del rating del primer debate presidencial televisado en EE.UU. se debe a un desencanto con la política y la evidente incivilidad política de los candidatos republicano y demócrata; o bien, si estos televidentes migraron a plataformas digitales para visualizarlo desde redes sociales, de lo que aún no hay datos puntuales.

De acuerdo con el ‘promediador’ de encuestas norteamericano, FiveThirtyEight, al día de ayer, Joe Biden registra una preferencia de voto popular del 50.1%, por encima del 42.9% que marca Trump. Resulta interesante que, con base en este indicador, Trump nunca ha estado por encima de Biden desde marzo de 2020. Ahora bien, de acuerdo con esta misma fuente, la aprobación actual de Donald Trump, como presidente de los EE.UU., no es para nada despreciable: un 43.7% lo aprueba frente a un 52.9% que dice desaprobarlo.

De acuerdo con RealClearPolitcs, sólo 226 votos electorales tiene prácticamente ‘en la bolsa’ Joe Biden [frente a los 125 ‘asegurados’ de Donald Trump], de los 270 necesarios para hacerse de la Presidencia del país más poderoso del Mundo. Lo interesante del caso es que, Texas (38 votos) y Florida (29 votos), advierten una tendencia que aun representa una ‘moneda al aire’. En su primera elección, Trump ganó en voto electoral, pero perdió en voto popular. Desde Franklin Roosevelt sólo tres presidentes fracasaron a la hora de buscar la reelección: Gerald Ford, en 1976; Jimmy Carter, en 1980; y George H. W. Bush, en 1992.

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Maestro en Filosofía por la UNIVA. Actualmente es Director General de Canal 44 y Canal 31.2 de la Universidad de Guadalajara (UdeG); Institución en donde además ha ocupado los siguientes cargos: Vicerrector General Ejecutivo, Rector del Centro Universitario de la Ciénaga, Director General de Medios UdeG y fundador de la Licenciatura en Periodismo. Es Presidente del Consejo Consultivo de Notimex y Vocal Propietario ante la Junta de Gobierno de la agencia de noticias del Estado mexicano. Y recientemente fue nombrado director de la Asociación de Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas, ATEI. Twitter: Gabriel_TorresE

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Gabriel Torres Espinoza

De parte ¿de quién?

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Gabriel Torres Espinoza*
La detención en EE.UU. del ex secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, acusado por delitos de narcotráfico y de lavado de dinero, representa un durísimo golpe a la credibilidad y confianza que han depositado los mexicanos en las Fuerzas Armadas.

Son muchas las implicaciones de este duro golpe. Quedó ‘moralmente derrotado’ el argumento de la no cooptación o infiltración del crimen organizado en las fuerzas federales, en contraposición a la podredumbre que caracteriza a las fuerzas del orden municipal y estatal. Lo anterior, porque tanto el titular de las fuerzas civiles federales, García Luna, en el sexenio de Calderón; como el titular de las fuerzas militares, Cienfuegos, en el sexenio de Peña Nieto, hoy enfrentan cargos en el país vecino del norte que los involucran con el narcotráfico. La intervención política de EE.UU. en nuestro país siempre ha existido. No obstante, en los últimos años se han hecho investigaciones, imputaciones, detenciones y extradiciones en contra de mandos de alto nivel en la política mexicana, por lavado de dinero y/o vínculos con el narcotráfico. La primera de esta magnitud ocurrió en 2010, con el ex gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva; le siguió Tomás Yarrington, ex gobernador de Tamaulipas; y, por último, Roberto Sandoval, ex gobernador de Nayarit, quien tiene cuentas congeladas en la Unión Americana, en razón de los mismos delitos. Ante los insultantes niveles de impunidad en nuestro país, queda claro que cuando se trata de intocables ‘peces gordos’, la justicia ahora se procura y se imparte ¡en EE.UU!.

Si para EE.UU. el país de Venezuela representa un factor geopolítico de especial relevancia en el Cono Sur; México, que es su principal socio comercial, no sólo juega un rol geopolítico, sino que representa ya un asunto de seguridad nacional por la vecindad entre ambos países. Lo cierto es que, en los últimos 15 años, el narcotráfico pasó de convertirse en un problema de seguridad pública para ser uno de seguridad nacional, no sólo por el combate de las Fuerzas Armadas al crimen organizado, sino por sus robustos vínculos del más alto nivel en las instituciones civiles como militares. Ya Donald Trump amenazó tanto a Peña Nieto como a López Obrador con intervenir militarmente en nuestro país para hacerse cargo de los “bad hombres”.

La enorme interrogante es, ¿el Gobierno de la República tuvo que ver con la detención de Cienfuegos? Resulta difícil pensar que el presidente de México, que es el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas, fraguara u orquestara un golpe de tal magnitud en contra de ellas. Tan sólo su seguridad personal depende absolutamente la milicia. La estabilidad política de su gobierno, también. Los Golpes de Estado siempre entrañan de un desacuerdo irreconciliable entre el Titular del Ejecutivo y las fuerzas castrenses. En última instancia, en cualquier país del Mundo, lo que sostiene al poder político es siempre el poder militar. Si Maduro hoy sigue siendo presidente de Venezuela, es en razón del respaldo, reconocimiento y apoyo de las Fuerzas Armadas [caso contrario de lo ocurrido con Evo Morales en Bolivia]. No obstante, es un hecho que este golpe beneficia y fortalece el discurso de Trump (hacia México) y de Obrador, con relación a la corrupción.

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Gabriel Torres Espinoza

¿Qué significa el inicio del proceso electoral?

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Gabriel Torres Espinoza*

Este jueves arranca formalmente el proceso electoral en Jalisco, que habrá de desarrollarse de cara a la pandemia por Covid-19. Respecto de ello, vale la pena reflexionar lo siguiente:

¿Numeraria? La jornada electoral que tendrá lugar el 6 de junio de 2021, contará con poco más de 11 mil casillas para votar. De acuerdo con el INE, actualmente, el listado nominal residente en Jalisco asciende a seis millones 58 mil 758 ciudadanos. De forma que quienes estarían en condiciones de votar el año próximo se prevé no superen los 6.3 millones electores. De esta manera, en nuestra entidad se votará por los 125 presidencias municipales, mil 464 regidurías y 38 diputaciones locales (20 de MR y 18 de RP). Además, se renovarán los 20 distritos federales en la entidad.  

¿Costos? Venturosamente, los partidos políticos en Jalisco tendrán una bolsa de financiamiento público menor a la presupuestada en la pasada elección intermedia de 2015. El proyecto de presupuesto avalado por el IEPC considera que los partidos dispongan de 250 millones 664 mil pesos. Hace seis años, la erogación fue de 331 millones de pesos (mdp). Lo anterior, deriva de la reforma constitucional de 2017 #SinVotoNoHayDinero que modificó la fórmula para determinar los presupuestos de los partidos que ahora, en años electorales, se calcula con base en el número total de votos válidos obtenidos en la elección anterior de diputados locales multiplicado por el 65% del valor diario del Unidad de Medida y Actualización. No obstante, lamentablemente, el año próximo, de acuerdo con este presupuesto, las candidaturas independientes tendrán una bolsa de apenas 1.8 mdp.

¿Novedades? Es importante mencionar que esta será la primera ocasión en que los diputados federales podrán reelegirse. Por otro lado, es importantísimo tener en cuenta un asunto de la mayor importancia que ha sido prácticamente ignorado. La SCJN, en la sesión del pasado 28 de septiembre, invalidó por unanimidad la cláusula de gobernabilidad en Jalisco que establecía que “partido político que tenga el porcentaje más alto de la votación efectiva, se le asignarán diputaciones por el principio de representación proporcional hasta alcanzar el número total de diputaciones que resulte equivalente al porcentaje de su votación obtenida, adicionándole cinco puntos porcentuales”, por contrariar el sistema de integración de las legislaturas estatales que establece la Constitución Federal, basado únicamente en los principios de sobrerrepresentación y subrrepresentación. Finalmente, el INE aprobó para los comicios intermedios de 2021, y por vez primera, el ‘Voto por Internet’, mediante el cual, en el caso de los jaliscienses que viven en el exterior, podrán sufragar por una diputación de representación proporcional.

Lo que queda igual. La reforma electoral en Jalisco, de junio pasado, que establecía que las campañas en nuestra entidad tendrían una duración de 30 días, y que fue aprobada por los legisladores locales en razón de ‘la crisis sanitaria’ que actualmente azota a todo el Orbe, fue recientemente invalidada por la SCJN, que determinó la vigencia o validez del criterio anterior a la reforma, para que estas tuvieran una duración de 60 días (del 4 de abril al 2 de junio).

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Gabriel Torres Espinoza

Las encuestas, ¿indican quién puede ganar?

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Gabriel Torres Espinoza*

Una encuesta es, apenas, un estudio estadístico de aproximación a la realidad. Sus resultados dependen de muchos factores metodológicos. Ninguna encuesta mide el comportamiento futuro, ni deben leerse como estudios de prospectiva [que también los hay, pero son más complejos y menos comunes]. En efecto, varias encuestas, analizadas en perspectiva, ayudan a advertir tendencias. De forma que hoy, ‘pintar en las encuestas’ resulta de supervivencia para los aspirantes a un cargo de elección popular, puesto que invitan a que los verdaderos decisores los consideren cuando distribuyen las candidaturas ‘bajo el principio de rentabilidad electoral’.

Llegamos al absurdo de decidir dirigentes de partido o candidatos, a través de encuestas. El entuerto en Morena es, precisamente debido a ello. Este modelo apuntala la oligarquización de los partidos, es decir, el empoderamiento de los grupos de poder que dominan las dirigencias. Recordemos que el mundo entero se sorprendió cuando en Estados Unidos, un ciudadano afroamericano consiguió -contra todos los pronósticos de las encuestas- la candidatura de su partido a la presidencia de la República. Contra todo el ‘establishment’, Barack Obama pudo ganarle las primarias a Hillary Clinton, que provenía de una influyente familia política de Estados Unidos. Ya en la elección constitucional, Obama ganó frente al poder de la familia Bush y su candidato republicano Mackein. Todo pudo ocurrir en nuestro vecino país debido a que sus elecciones son competitivas y un ciudadano con liderazgo, buen discurso e ideas, tiene efectivamente la posibilidad de acceder al poder a través de la candidatura que democráticamente obtuvo del partido político de su preferencia. El acceso al poder debería estar garantizado mediante la democracia interna de los partidos políticos. Obama fue vivo ejemplo de ello.

Si las encuestas indicaran siempre lo que va a ocurrir en el futuro (si fueran estudios de prospectiva y no de retrospectiva), Felipe Calderón debió declinar en los primeros meses de su campaña presidencial; pues entonces, todas las encuestas favorecían a López Obrador. Arturo Zamora, quien siempre fue el favorito de todas las encuestas publicadas, debió ser gobernador de Jalisco, en vez de Emilio González. Bajo la misma lógica, Jorge Arana hubiese sido presidente de Guadalajara, pues llegó a sacar al PAN más de 20 puntos porcentuales de ventaja en las encuestas.

Incluso, Enrique Alfaro, el favorito de las encuestas en su momento, hubiese sido presidente municipal de Tlajomulco, desde la primera ocasión que compitió por el PRI (2003), debido a la amplia ventaja que entonces le concedían las encuestas. Hillary Clinton sería presidenta de Estados Unidos, y no Trump. El movimiento ”Podemos” habría desbancado al PSOE en el parlamento español, y el Brexit británico hubiese resultado un sí, en vez de indicar la salida de Europa. En Colombia, las encuestas indicaban que ganaría el referéndum del sí a la paz, pero no fue así. El caso es que las encuestas NO son estudios de prospectiva, mucho menos en materia electoral. Los candidatos con los que competirá cada partido, la coyuntura política de la elección y el ánimo cambiante de los electores, no puede predecirse, por ninguna encuesta.

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