Por Laura Gutiérrez Franco
La postal del pasado domingo 11 de octubre frente a Casa Jalisco dejó al descubierto una trama de opacidad, victimismo y rentabilidad política que huele más a un ensayo general rumbo a los comicios de 2027 que a un simple reclamo social desbordado.
La irrupción de un “bloque negro” —embozados, porros y provocadores profesionales— no solo logró ensuciar una marcha pacífica donde miles de familias exigían legítimamente agua potable limpia; logró lo que la oposición oficialista tanto anhela para Jalisco: dinamitar la paz social, inhibir la participación ciudadana y sentar un precedente de miedo.
La interrogante que hoy recorre los pasillos del análisis político local no es menor: ¿Será el bloque negro la estrategia armada desde la sombra para amedrentar al electorado en 2027 y pavimentar el camino para que Morena conquiste Jalisco?
El guion de la hipocresía y los “santos” de Hollywood
Tras los lamentables enfrentamientos, la maquinaria mediática y los voceros de la oposición no tardaron ni cinco minutos en colocarse el vestuario de la victimización pura. La narrativa opositora ha montado un verdadero drama digno de la meca del cine. Aquellos actores que tras bambalinas azuzaron el conflicto, salieron a los micrófonos posando como “todos santos”, lavándose las manos de la violencia que ellos mismos detonaron.
Echan culpas a diestra y siniestra, muestran una hipocresía monumental y apuestan a la memoria corta de los tapatíos. Se rasgan las vestiduras por la respuesta del Estado, mientras promocionan pautas publicitarias con anuncios cargados de una violencia discursiva que lejos de proponer, envenena el ambiente sociopolítico de Guadalajara.
Los errores del Estado y la papa caliente sin culpables
Que la oposición actúe con dolo no exime al Gobierno del Estado ni a las autoridades municipales de sus torpezas, excesos e incapacidades. Es un hecho innegable que durante la jornada se detuvo y golpeó a manifestantes pacíficos y ciudadanos inocentes —aunque es igual de cierto que entre las aprehensiones había personajes cuyo único fin era la provocación física—.
Lo alarmante es el juego de la “papa caliente” institucional. Nadie asume la responsabilidad operativa del uso de la fuerza pública o de los cañones de agua a presión. Mientras Bomberos de Guadalajara niegan enfáticamente haber accionado las mangueras contra la multitud, la orden superior sigue flotando en la opacidad. Hasta la fecha, no hay un solo cese ni despido en la cadena de mando por las agresiones perpetradas. El control de daños de Palacio de Gobierno ha sido tibio, limitándose a soltar a los detenidos y prometer investigaciones internas que pocas veces llegan a consecuencias reales.
El fin de semana decisivo: Agua, universitarios y la sombra de la revocación
La mecha, lejos de apagarse, está encendida para este fin de semana con una doble convocatoria:
Viernes (Marcha por el Agua): Estudiantes universitarios y activistas ambientales tomarán las calles para insistir en la crisis hídrica que azota a la Zona Metropolitana de Guadalajara.
La Silla Rota
Domingo (Protesta por la Revocación de Mandato de Pablo Lemus): Convocada formalmente por colectivos y académicos, pero alimentada descaradamente bajo la mesa por operadores de la oposición que lo niegan frente a las cámaras.
La mirada de la ciudadanía estará puesta en el comportamiento de estos contingentes. ¿Aparecerán nuevamente los embozados del “bloque negro” a reventar las marchas, o la fuerza estudiantil y vecinal logrará blindar la pacificación de su lucha?
El riesgo del 2027: Abstencionismo y control de voto
El peligro real de validar o tolerar la irrupción de grupos de choque bajo la fachada de protesta ciudadana es su eventual traslado al escenario electoral de 2027. Si el “bloque negro” se convierte en la herramienta habitual para sembrar el pánico en las calles, el gran perdedor será el ciudadano de a pie.
Un electorado atemorizado no sale a votar, lo que propiciaría un abstencionismo histórico. Y en un escenario de baja participación, la balanza se inclina automáticamente hacia quienes movilizan estructuras duras y votantes corporativos —en este caso, la maquinaria de Morena y sus aliados—.
Si en 2027 las urnas son custodiadas por el miedo y la violencia organizada de encapuchados, el ejercicio democrático en Jalisco habrá tocado fondo. Es momento de desenmascarar a los provocadores, exigir cuentas claras al Gobierno del Estado por sus fallas operativas, y evitar que la indignación legítima por el agua sucia se convierta en el botín político de unos cuantos.
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