
Rodolfo Aceves Jiménez*
Desde siempre, una de las preocupaciones del gobierno norteamericano en la relación con nuestro país lo constituyen, además de los temas económicos, los asuntos de la agenda de seguridad.
La mayoría de los temas de la agenda bilateral convergen en seguridad—agenda prioritaria del gobierno norteamericano—en la que ambos gobiernos han cometido excesos.
En febrero de 2011, el gobierno del vecino país del norte comenzó a realizar vuelos espía con aviones no tripulados, con el objeto de recoger información de inteligencia sobre la actividad de los principales cárteles de la droga en la frontera con México.
También está el operativo “Rápido y Furioso,” dado a conocer por un agente norteamericano, en el que el gobierno de ese país señala que nuestras autoridades estaban debidamente avisadas, y mediante el cual se introdujeron armas de manera ilegal.
Pero de este lado el problema no es sencillo. El saludo que hizo el presidente López Obrador a la madre de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo,” y el reconocimiento a la liberación del hijo de El Chapo, Ovidio Guzmán, no pasarán de largo en las pláticas sobre la preocupación por la seguridad mexicana, aunque parece que su pronta y expedita extradición aminora algunos de estos efectos.
Tampoco se dejará de lado la liberación de la madre y la hermana de José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro,” así como el soborno al Poder Judicial para liberar a José Ángel Casarrubias, “El Mochomo,” junto con el intento de asesinato del secretario de Seguridad de la Ciudad de México, presuntamente realizado por el CJNG.
En concreto, el gobierno norteamericano reclamaría la poca acción de las autoridades mexicanas para combatir el narcotráfico y, más específicamente, el tráfico de fentanilo, mientras que el gobierno del presidente López Obrador reclama el tráfico ilegal de armas. Reclamos mutuos, pues.
Más recientemente, el escándalo de Raúl Rocha, dueño de Miss Universo, quien operaba una red de tráfico de armas que tenía como clientes al CJNG, La Unión y La Chokiza, siendo descargadas en la calle de Pino Suárez, a unas cuantas cuadras de Palacio Nacional, tumba el argumento del gobierno de México de que las armas provienen exclusivamente de Estados Unidos.
Algunos sucesos tienen su origen en la corrupción sistémica en algunas dependencias de los órganos del Estado mexicano, y su impacto puede ser determinante para la permanencia de inversiones extranjeras.
El gobierno de Estados Unidos no ha puesto el empeño necesario para resolver el tráfico de armas hacia su frontera sur y, en un círculo vicioso, esto aumenta la capacidad de fuego de las organizaciones delictivas y con ello, su fortaleza de expansión.
México y Estados Unidos poseen una relación compleja, derivada de una frontera geográfica, cultural, de seguridad, económica y política, con beneficios y perjuicios para ambas partes, en la que a veces se gana y a veces se pierde.
Pero, con acuerdos o sin acuerdos, la seguridad mexicana depende de un gran encuentro de voluntades para superar los terribles dramas que provoca.
Es maestro en Seguridad Nacional por la Armada de México
Correo electrónico: racevesj@gmail.com
Twitter: @racevesj
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