
Horacio Villaseñor Manzanedo
En 1986, a mis 24 años, recién egresado de la carrera de arquitecto con orientación en urbanismo, fui sorprendido gratamente, al darme cuenta por la prensa que había sido integrado en el equipo directivo del Ayuntamiento de Guadalajara, como titular del área de ecología municipal. Era, entonces ese, un departamento de reciente creación, pequeño, estaba de moda la ecología. En realidad, no se requería un área especial para ese asunto, porque las responsabilidades municipales, por ley, en materia de ecología y medio ambiente, ya se atendían antes, a través de las áreas de aseo público; inspección y vigilancia de reglamentos y; parques y jardines, pero la moda es la moda. Cada vez que truena un asunto, a los políticos les da pordecir que es por falta de un área especializada para ello, lo que suele ser un buen pretexto y, además, aprovechan para abrir un espacio y colocar a un “cuate”. El departamento de ecología había sido creado en la administración inmediata anterior, su tarea era recomendar técnicas adecuadas para evitar que los giros comerciales causaran molestias a los vecinos por ruidos, vibraciones, malos olores, etc. Como responsable, continué con lo que se venía haciendo e involucramos al área en una tarea nueva, el mejoramiento de los sitios utilizados para la disposición final de los residuos sólidos municipales, los tiraderos de basura. Así como esta, se han creado otras muchas dependencias que no son necesarias y que solo ocasionan gasto, la más reciente el IMEPLAN, el pomposo y costoso Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara, que no ha servido ni servirá para nada útil por el erróneo enfoque que le dieron.

La coordinación se puede hacer a través de convenios, entre los ayuntamientos interesados, sin crear ni gastar en más nómina. La función de todo gobierno es atrapar la contingencia pública evitando daños a la sociedad optimizando los recursos disponibles. Su función es prever aquello que puede suceder y afectar la convivencia o la calidad de vida de la gente. De allí que un municipio debe tener una intendencia tal que asegure la conservación y el mantenimiento de todo espacio público. Esa intendencia debe emanar del ayuntamiento, su obligación se observa en el artículo 115 constitucional y son muy claros sus deberes, todos para asegurar que el espacio público sea digno y seguro. Si un ayuntamiento no puede tener la infraestructura de la ciudad en inmejorables condiciones, particularmente de higiene, salubridad y seguridad, ese ayuntamiento no sirve y basta observar cómo está la ciudad para constatar que los ayuntamientos de hoy no sirven. Gobernar significa ordenar y solo se puede mantener arreglado algo a través de una organización eficaz, que funciona ahora y al rato también, lo que hace años, por ineptitud, dejó de ser una realidad. La administración pública es mucho más compleja que la privada, no hay derecho de admisión e implica saber, además de técnicas administrativas, derecho público y tener experiencia, habilidades que la mayoría de las y los políticos de ahora, no tienen. Si el ayuntamiento no se transforma, no se reorganiza, las deficiencias seguirán aumentando, hace 38 años, Guadalajara no estaba tan abandonada como ahora, no se observaba; el cablerío de hoy colgando por todos lados, los camellones con tierra en lugar de pasto, ciclovías llenas de tierra y maleza, los parques, pasos a desnivel, avenidas y calzadas hechas un asco, semáforos desincronizados, calles llenas de bolsas con basura, “puntos limpios” sucios, mobiliario urbano destruido, calles estranguladas y en pésimo estado, etc., todo peor que antes. Sin políticos capaces es mejor que no se haga nada, porque está probado que las ocurrencias hacen mucho daño, se desperdicia dinero y tiempo. Si las y los gobernantes del siglo XXI, no saben cómo se le hacía antes, al no poder comparar, creerán que están haciendo buenos gobiernos y la realidad es otra. ¡No sean mensos!
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