
Por Manuel Gutiérrez
La purga que anticipamos antes que otros medios en el interior de China no solo se ha confirmado, sino que continúa. Jinping, como dicen en España, acaba de eliminar a nueve altos mandos del Ejército Popular de China y traza, como herencia de los tiempos de la Rusia soviética, un nuevo plan quinquenal (de 15 años).
Los medios occidentales, como El País, han confirmado lo anterior, indicando que, antes de la semana de actos políticos trascendentales para la vida de China, el líder procedió a eliminar a cinco generales de división, un teniente general y tres generales de brigada. Esto suma a una empobrecida cúpula militar china que tiene como máximo general a Jinping ante las cruciales “Dos Sesiones”.
La división de poderes es un “cuento chino” en ese país. Las sesiones clave son con la Asamblea Nacional Popular, que integra a un numeroso grupo de congresistas; muchos de los militares son, a la par, representantes legislativos, pero la realidad es que el Poder Legislativo es meramente decorativo en la llamada República Popular China. El otro grupo aparentemente importante es la Conferencia Consultiva, un órgano asesor que en la realidad se limita a aprobar y aplaudir las decisiones del máximo líder.
Jinping justifica la purga al estilo estalinista como una campaña “anticorrupción”. Lo importante de estas dos jornadas es que van a “discutir” el 15.º Plan Quinquenal, que es la hoja de ruta de política, economía y asuntos militares que regirá los destinos del país hasta el 2030. Sin embargo, todo será decorativo y meramente ilustrativo porque el contenido del quinquenal ha sido discutido a puerta cerrada por Jinping.
Los asuntos del Medio Oriente, junto a Venezuela, entrarán en las posiciones que asuma China, pero el interés está en salvaguardar sus intereses e inversiones en el extranjero; por ello, el ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, tendrá una importante pasarela y comparecencia, aunque su futuro depende, desde antes, de las decisiones del líder.
La intención china es lograr la “autosuficiencia tecnológica y económica”, reconociendo que el último lustro ha significado una desaceleración económica, aunque nadie se atreverá a señalar que son efectos del intervencionismo estatal que ha generado el Gran Líder.
Curioso que aún en China se “hagan patos”, como en México con su presidencialismo y su control de otros poderes como el Legislativo y Judicial, que son siervos de la nación del Poder Ejecutivo; las iniciativas parecen calcadas de San Lázaro, pero nada de eso es Pekín.
Entre las previsiones que ha exigido Jinping está el estar preparados para afrontar “tormentas violentas”, que lo mismo pueden surgir en el Medio Oriente que en el Pacífico. Con el asunto obsesivo que tienen de tomar la isla de Taiwán, esto puede implicar que el líder quiera demostrar la grandeza de su poder en alguna aventura militar; pero, a la par, ha tenido problemas tecnológicos en la marina de guerra, en aviones comerciales e incluso en aviones militares.
La economía capitalista, fuerza de la China comunista, tuvo cambios importantes buscando la fortaleza industrial, por lo que priorizarán la IA, los chips, la seguridad energética y los avances en materia de fabricación. Al mismo tiempo, en el quinquenal reconocen severos problemas en materia de consumo interno, porque ha bajado la capacidad china de consumo y de equipamiento de los hogares.
Uno de los puntos que se hicieron nudo en el desarrollo de China fue el enfoque de la propiedad de bienes inmuebles, en el que Jinping optó por endurecer el concepto de propiedad para enfocarlo en el Estado, lo que contrajo el interés y desincentivó la construcción de viviendas verticales y horizontales. Este punto refleja los prejuicios ideológicos de la era de Mao en la mente de Jinping, y es uno de los temas que se espera resuelva acertadamente.
La probabilidad de una aventura militar tampoco da mucha certeza a la inversión económica, que existe ya en China en una camarilla de millonarios, pero que está basada principalmente en la inversión pública del Estado.
Otro de los factores es que el líder ha concentrado más poder para su tercer mandato, y parte de ello ha sido su desconfianza hacia su sector militar, ya que ha emprendido una severa campaña contra los mandos en altos cargos, quienes no sienten seguridad. Incluso ascender al nivel de la vista del líder es un factor preocupante para los jefes, ya que nadie tiene seguro el cargo ni la vida.
Jinping ha enfatizado un estilo centralista, de culto a la personalidad como si fuera emperador de la vieja China, pero ahora todos saben que la lealtad personal hacia él, e identificar bien sus palabras e ideas, son requisitos indispensables para no caer en desgracia y sobrevivir. Esta práctica se había contenido desde los años setenta del siglo XX, luego de la caótica Revolución Cultural de Mao.
El año comenzó muy difícil en China, ya que Zhang Youxia, el general de mayor rango de China, fue encarcelado y acusado de varios cargos, incluso el peor de todos: “traición”. Luego se lanzó contra los generales que forman la antes poderosa Comisión Militar Central, máximo órgano militar chino, pero el líder lo desmanteló.
Un académico chino ofreció cifras de la magnitud de la purga: 48 de los 205 miembros originales del Comité Central del Partido Comunista —es decir, uno de cada cuatro, o sea el 23.4%— han desaparecido, han sido acusados y definitivamente borrados del poder que anteriormente ostentaban. Todo está listo para una maravillosa coreografía en la que se exalte la figura del líder indispensable.“Ascender en China, ante Jinping, es realmente un peligro”, finalizó su nota El País.
COREA DEL NORTE: EL MISMO ESTILO Y UN MUNDO AL REVÉS
Por otra parte, en Corea del Norte, el dictador vitalicio Kim Jon Un, fue aprobado para otro largo período de liderazgo personal, único y total en su país. Entre los anuncios que hizo fue el desarrollo de un plan para lograr misiles balísticos intercontinentales y armas nucleares tácticas.
El cargo que ostenta es el de secretario general del Partido Comunista de Corea del Norte y, en un alarde de nepotismo y del exceso del culto a la personalidad, el líder norcoreano procedió a nombrar a su hija como sucesora. No hay facultades para su parlamento, no hay elecciones, ni libertad de ningún tipo.
El cónclave político ante delirantes miembros del partido se refleja representativamente en los contenidos del diario oficial de Norcorea: “Bajo su liderazgo, Corea del Norte ha alcanzado el máximo nivel de fuerza militar absoluta. Kim Jong-un ha conseguido logros inimaginables que otros hubieran tardado siglos en alcanzar”. En este país, la exageración es una liturgia, no es una diarrea retórica; es una doctrina oficial que le da al líder dones inefables y perfecciones absolutas.
Otros quince años, aunque en realidad Jong-un bien pudo señalar otros 30 años sin problema alguno, durante el IX Congreso del Partido del gobierno. Hubo un desfile militar con 14 mil hombres y los inevitables tanques y toda la parafernalia que adorna estas ambiciones militares. En el acto, la clave estuvo en que Kim Jong-un introdujo a su hija adolescente, Ju-ae, quien desde ahora se anuncia será la encargada de relevar en el cargo al líder.
Durante el acto, Kim evitó presumir su pretendido arsenal nuclear, pero sí amenazó al mundo y a quien amenace su soberanía. El líder anunció su compromiso de tener más armas nucleares y de mejorar sus programas de misiles.
Una de las novedades del acto fue ofrecer tolerancia a los Estados Unidos, con quienes podría llevarse bien siempre que respeten que Pionyang sea una potencia nuclear; es decir, rechaza cualquier limitación a ese tipo de armamento. Incluso se especula que podría tener un encuentro reciente con Trump durante su visita programada a China este mes, si la situación de Medio Oriente lo permite.
Kim rechazó de forma tajante establecer nexos con Corea del Sur, a quien calificó como su “enemigo más hostil” y a “quien destruirán por completo si la seguridad del Norte se ve amenazada”.
En realidad, el “muro de bambú” es impenetrable en Corea del Norte. Sigue aislada, rechazada por la comunidad internacional, con fronteras cerradas y una crónica falta de recursos energéticos y alimentos para la población, mientras pone la prioridad en satélites militares y misiles de largo alcance.
El nepotismo también hace mella en Norcorea: el líder nombró a su hermana, Kim Yo-jong, como jefa del Departamento de Propaganda, como guardiana de la narración oficial, incluso como operadora política y como dirigente de las relaciones entre las dos Coreas. La afinidad familiar es vista como un seguro, ya que los países orientales tienden a lograr dinastías imperiales. El modelo no es similar al chino; es peor.
Pero China ha entrado en una espiral semejante. Curiosamente, estos modelos políticos marxistas-leninistas reviven las tradiciones de las dinastías imperiales del Lejano Oriente. Todo, absolutamente todo, está subordinado a un solo hombre y a sus caprichos.
En la práctica, Kim Jong-un es como un emperador de la antigüedad: solo usa trajes italianos, calzado importado, tiene una cuadra de caballos que monta frecuentemente, un tren personal, avión y el monopolio de toda la riqueza nacional que gasta su familia en nombre del pueblo que no lo ha elegido. Kim heredó el poder y ahora se prepara para seguir con el mismo estilo.
Lo cierto es que la paz está muy distante con las posibles enfermedades mentales de los dirigentes del Lejano Oriente, en los que la concentración del poder simplemente los enloquece. Nada que no se haya visto en otras partes, desde la era de Stalin o en las dictaduras bananeras de América Latina.
El comunismo es un mito de una minoría que, en nombre del pueblo, se adueña de todo, incluso de las vidas de las personas.
Por cierto, Kim Jong-un anunció que creará un fraccionamiento para los familiares de los soldados que han muerto en la campaña que realiza contra Ucrania como premio de consolación. El problema es que la colonia se hace más grande cada día, pese a los rudos entrenamientos con que forjan a los soldados norcoreanos, habituados al frío, al sacrificio y al fanatismo extremo. Lo cierto es que Norcorea depende para vivir, por ahora, de la China de Jinping, pero la intervención de Putin aceleró su armamentismo y, a cambio, proporciona soldados para el frente de Ucrania.
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