Por Jaime García Medina

El presidente Andrés Manuel López Obrador seguirá pareciendo a algunos una muy buena persona, pero así, igual, ya no piensa la mitad del país que hasta febrero lo defendía. En todo caso, ser buena persona no implica ser buen presidente. El tabasqueño tendrá otros datos, pero los mexicanos, incluidos los que lo apoyaban descubrieron que también tienen y analizan los suyos.
Entonces podemos hablar de que hay una guerra de datos y que los del pueblo sabio y bueno -como los llama el presidente- son los que al final prevalecen, aunque para esto no los consulte ni a mano alzada, menos con la formalidad de nuestras leyes de participación ciudadana.
Y si no hay mal que dure cien años, menos habrá pueblo que aguante otro engaño como el que representa el presidente.
Por eso Andrés, su popularidad, su credibilidad, su gobierno, se caen. Ayer -como todos los días hábiles de lunes a viernes- miércoles 8 de abril, Consulta Mitofsky y El Economista, publican un tracking poll en el que se refleja una caída sostenida, gradual, serena, de la popularidad del presidente, misma que llega ya a los 47.0 puntos. Apenas hace poco más de 30 días la aceptación le favorecía por 55.6.
Recordemos hoy la celebración del primer año de gobierno y empecemos a evaluar cómo es que poco a poco la gente se va haciendo de sus datos y ya no cree en la táctica de Fidel Castro de hablar y hablar que sigue López Obrador. Los principales diarios nacionales informan de un mitin alterno al que ese día convocó el presidente para su festejo, concentración en la que una parte de la sociedad le externó su rechazo: “Rectifique, le exigen miles”, expone Reforma en un encabezado de portada el 2 de diciembre del 2019.
El presidente, antes, en ocasión de su I Informe de Gobierno -que él convirtió en su III-, dio por muerta a la oposición. “La oposición está moralmente derrotada”, declaró.
En un análisis rápido, estos errores lopezobradorianos son de párvulos por algunas de las siguientes razones:
1.- En política no hay muertos virtuales. Solo los reales.
2.- Los resultados de las elecciones no son eternos. Hoy los electores te prefieren o te rechazan, pero mañana ya no y votan distinto.
3.- El ejercicio de gobierno desgasta. López Obrador subió a un nivel altísimo las expectativas ciudadanas. Ni actuó -por citar dos casos- contra la mafia del poder -Carlos Salinas de Gortari, Enrique Peña Nieto o la delincuencia organizada. Actuó contra los débiles como Rosario Robles o Juan Collado
4.- El presidente llegó al poder con el rencor que provocan dos elecciones consecutivas perdidas. Rosario y Collado son las muestras palpables. Todo mundo sabe que, si un gobernante ya tiene rencores, estos se extienden cuando compiten.
5.- López Obrador se ha llenado de arrogancia, por un lado, y por otro, vive en el día a día la realidad de su desplome en la aceptación social o popular. Lo mismo en marchas -ahora mismo hay una afuera de Palacio Nacional- que en aeropuertos o en su gabinete. Está muy irritado y en su casa hay desesperación. Hasta su esposa se confronta día a día en redes sociales desafiando a actores políticos o periodistas. Les dice, arrogante, que si no les gusta lo que hace el presidente, que compitan por la presidencia y la ganen. Sabrán de lenguas, pero no de derecho ni de ciencia política. El disenso existe y México es un país con democracia representativa, no una monarquía. Los periodistas generalmente no compiten y ahorita no hay elecciones presidenciales por lo que nadie se puede postular.
6.- Las redes sociales, cuyos participantes tanto lo impulsaron antaño, y que tan bien operaron sus especialistas dedicados a ello, le han mostrado adversidad.
7.- El presidente sabe y colecciona dichos y refranes, sentencias políticas. Olvida dos claves: “el pueblo es bueno y sabio, pero no tarugo”. Además, “no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo soporte”.
Ayer miércoles 8 de abril su subsecretario de Salud Hugo López Gatell reportó “otros datos” distintos a los que nos habían difundido. Señaló la existencia de al menos 26 mil casos de contagio de coronavirus en México cuando anteayer decía y juraba que solo existían 3 mil.
Hoy el historiador -lo destaco a ver si le entiende la 4T- y periodista Héctor de Mauleón, quien se ha especializado en temas de seguridad alertó en su columna de El Universal, del incremento regional y nacional en la oleada de violencia y criminalidad a propósito del Covid-19. Anticipa que subirán el homicidio -por disputa de plazas ahora que la Guardia Nacional está empleada en tareas sanitarias- así como el secuestro y la extorsión.
En otras palabras, sus datos, su experiencia, dice que: “todo anuncia que vienen para el país meses terribles, no solo por el tema sanitario, sino porque el Covid-19 va a provocar que los grupos criminales migren a otros delitos”.
Eso no están viendo los gobernantes. Lo saben, pero ni les importa el futuro inmediato, o mediato, ni les preocupa el actuar de esos grupos a los que hoy más que nunca se les tolera todo.
Hay guerra de datos: el pueblo sabio ya tiene los suyos y el presidente Andrés Manuel López tiene otros. A ver quién dobla a quién.
El link de la columna de Mauleón sobre su columna: La tormenta que traerá el Covid-19 es este:- https://www.eluniversal.com.mx/opinion/hector-de-mauleon/la-tormenta-que-traera-el-covid-19
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