Por Laura Gutiérrez / Manuel Gutiérrez.
La explicación de una persona joven que admira a Bad Bunny fue elocuente, pero fiel a su costumbre precisa: “Mira, no esperes que Bad Bunny cante, porque no tiene una extraordinaria voz, pero lo suyo más que cantar es que es espectáculo, es muy rítmico, tiene un gran carisma, y definitivamente no es nada tonto, es un tipo muy listo”.

¿Creo que fue muy controlado por la NFL, porque no salió en tu-tú, por ello salió de traje blanco con corbata?
“Bueno, todo el show del medio tiempo fue largamente estudiado, lo prepararon, lo censuraron y determinaron lo que sí podía hacer o lo que no debía hacer. Entiendes que es un evento familiar y universal para más de 130 millones de espectadores, tenía que conservar ciertos límites… si tú lo oyes, dice cosas peores…
¿Pero su ballet de colas sudadas destacó en la pantalla las frases cachondas, “sola”; me parece que su texto musical estuvo vulgar?
“Si tú oyes, New York, le agregó a la canción una cita de Donald Trump, en que alaba a los migrantes, pero de hecho se portó muy correcto en el show del medio tiempo. Dice cosas peores, pero a mí me gusta; debes entenderlo como fenómeno de popularidad, su espectáculo va a ser siempre un desmadre, de eso se trata. Sí, una parte de perreo, y muy breve show del invitado Ricky Martin, y de Lady Gaga, que realmente fue la que cantó, le levantó mucho el show”, pero fue muy inteligente: cuando comenzó la era de Donald Trump, Bad Bunny dijo que no iba a presentarse en los Estados Unidos, en protesta por el ICE y por las políticas de Trump contra los migrantes… fue muy listo.
“¿Qué pasó? Pese a que tiene muchos seguidores en los Estados Unidos, no se presentó, aunque sabía que hubiera tenido grandes llenos. Pero hizo una serie de presentaciones en su país, en Puerto Rico, e hizo que la gente viajara para allá. Fue un éxito porque les dio muchas divisas, tuvo llenos increíbles, hizo que viajaran a Puerto Rico para verlo, de hecho intencionalmente… es mucho de lo que tiene que ver con su producto interno bruto; de hecho, habla muy bien inglés, pero quiso dar otra idea con su mensaje
….”
“En el show del medio tiempo, se dedicó a promover como nunca a su país, que en años no ha tenido nada más extraordinario. La zafra de la caña, las banderas de América Latina, todo eso le ayudó mucho porque su show no fue bueno en realidad, ni es el Bad Bunny que nos gusta ver; fue rarito ese show… la neta”. Gracias, hija, por ilustrarme sobre ese asunto.
LAURA GUTIÉRREZ: “EL SHOW DEL MEDIO TIEMPO LE QUEDÓ GRANDE”.
La periodista Laura Gutiérrez Franco me hizo el favor de verter su certera opinión, pero aclaró que ella no es seguidora del Conejo Malo.
Dijo Laura: “EL SHOW DE BAD BUNNY EN EL SUPERBOWL DEJÓ UN SABOR AMARGO. Pese a la producción, el Conejo fue eclipsado por tanto lujo. La decisión de no hablar en inglés fue un gran error.
“Se sintió fuera de lugar, como si el escenario le quedara inmenso. Menos mal que Gaga y Ricky Martin llegaron al rescate de la noche. Sin ellos, el espectáculo se hubiera hundido por falta de carisma. Gaga aportó la voz y la fuerza que a Benito le faltó en el escenario. Ricky puso el sabor y la veteranía, de que es un verdadero Rey.
“Fue una pena ver tanto despliegue para un artista que no dio la talla. Efectos y luces intentaron tapar que el boricua apenas si cantó. El público esperaba una revolución y recibió un playback sin alma, aunque muchos estaban felices y no precisamente lo mostraron en cámaras.
“La producción se diseñó para que nadie se fijara en su voz real. Se perdió la oportunidad de hacer historia con el idioma global.
“Al final, solo recordaremos los bailes de Ricky y el piano de Gaga. Un show que prometía fuego terminó siendo solo humo muy costoso. Hoy se demostró que, sin invitados de peso, el estadio le queda grande. Y mucha gente todavía dijo que fue el mejor”, ESCRIBIÓ LAURA GUTIÉRREZ FRANCO.
EL LADO DEL CONEJO POLÍTICO.
El contexto de la presentación mostró el alejamiento del show business con respecto a la Casa Blanca, que reaccionó como era de esperarse. Primero, Bad Bunny le propinó un severo bofetón en los Grammy, en que arrasó con los premios: “Antes de dar gracias a Dios, voy a decir: fuera ICE”, en un claro mensaje contra la policía trumpista de inmigración.
La respuesta de Trump vino sin tardanza en pleno SuperBowl: “El espectáculo del medio tiempo del SuperBowl es absolutamente terrible. ¡Uno de los peores de la historia!
“No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de los Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad o excelencia. Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en Estados Unidos y en todo el mundo”. Sentenció: “Es una bofetada en la cara para nuestro país”.
Advirtió Trump: “No hay nada inspirador en ese desastre de espectáculo de medio tiempo; recibirá excelentes críticas de los medios de comunicación falsos, porque no tienen ni idea de lo que está sucediendo en el mundo real”.
Pero la farándula y la NFL tuvieron otra visión del partido: presentaron a Chris Pratt, conocido por su papel en Guardianes de la Galaxia, que introdujo al estadio a los Seahawks, en tanto que los Patriotas fueron presentados por Jon Bon Jovi, leyenda del rock y habitual de grandes eventos de los Estados Unidos, por su amistad personal con el dueño de los Patriots, Robert Kraft, según información emanada de la fuente de DAZN.
El contexto de un evento mundial no puede dejar de ser politizado. Lo mismo sea una inauguración olímpica que el SuperBowl, de alcance mundial. Al margen de la calidad y carisma del Conejo Malo, es evidente que la NFL marcó su raya en distanciamiento de la administración actual de la Casa Blanca, lo mismo que la farándula de Hollywood.
Los comentarios en ESPN fueron de “conmovedor espectáculo, poderoso mensaje latinoamericano”, etc.
La jugada es clara: se trataba de desafiar al Señor de la Casa Blanca, y de añadir una nueva marca de lograr el repudio ante los procesos electorales próximos. Las respuestas de Trump no son nada nuevo, pero el contexto de una confrontación de Norte-Sur regresa a los Estados Unidos.
La personalidad de Trump ha ayudado a todo eso, como la personalidad de Bad Bunny lo ha hecho ídolo, tal vez hueco, negativo, vulgar, pero se ha convertido en una postura contestataria. Y eso es sobresaliente, porque ahora, hasta los shows estarán cargados de ideas dirigidas, con un reflejo en la política.
Para Puerto Rico, el despreciado país que se adhirió voluntariamente a los Estados Unidos, fue un rescate de imagen, porque nada sobresaliente tiene adicional a su hijo preclaro, figurón, pero destacado.
El resto es enfoques, polémicas estériles, y un show que los números mostrarán si, una vez anunciado, provocó morbo o rechazo mundial. Porque nadie iguala los números de 135 millones de una Katy Perry, o de Michael Jackson, o de la misma Gaga. La NFL jugó sus cartas, no quemó del todo sus naves, pero mostró que ya no va por el mismo camino del Señor de la Casa Blanca, pero es tan americana como el café y los hot cakes y no puede ir contra su propia identidad.
Sigue sin gustarme, y menos en convertir en un modelo de resistencia a un personaje tan disímbolo, tan raro; es un mensaje bizarro, kafkiano, que terminó siendo absurdamente nacionalista, para su propia patria, por encima del anarquismo emocional y sexual que pueda o no pretender encender.
Ah, lo esperado: un duelo de defensivas, un mariscal de campo con destellos, pero castigado con pases interceptados, balones sueltos; un equipo más poderoso y demoledor, y en el futbol americano los pesos específicos cuentan mucho. Un coach de cabecera, McDonald, joven, y un corredor y un pateador de campo, que hicieron la historia. Definitivamente, un partido raro, esperado, lógico, pero sin lugar a dudas, mejor en lo deportivo que en el entretenimiento del medio tiempo… pero los fans son irreductibles.
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