Por Manuel Gutiérrez
Es una península, pero es tan importante para Rusia y Ucrania, y tiene consecuencias para el mundo lo que suceda en ese pequeño lugar. Con casi 150 kilómetros de lado, es una cuña cuadrada que es bañada por el Mar de Azov, que conecta con el Óblast de Jersón de Ucrania por el lado sur, así como por el Mar Negro; limita con Rumania, luego está Turquía.
Rusia conquistó esta península en 1774 en una guerra contra Turquía, y formó parte de Rusia en 1783. Entre otros territorios, la codiciada península fue perdida por Turquía, pero en el Acuerdo de Pereíslav de 1654 ya formaba parte de Ucrania, como esta de Rusia hoy la retiene. ¿Por qué tanto empeño bélico por estos 27 mil kilómetros cuadrados?
Porque es una llave de dos mares, porque es un centro neurálgico de tránsito, comercio y de estrategia militar, estando en Crimea la famosa base de Sebastopol, escenario de históricas batallas navales y terrestres y, en la Segunda Guerra, aéreas. El frente sur de la Segunda Guerra Mundial gravitaba ahí.
Posteriormente pasó a propiedad de la URSS, pero en su aniversario de la unión de Rusia con Ucrania, se determinó que Crimea pasara al lado de Ucrania, dado que existe el antecedente histórico que es el acto de unificación de Ucrania y Rusia; esto ocurrió en 1954.
Al desmoronarse la URSS con la caída del imperio socialista ruso, Ucrania continuó con la propiedad de esa zona como República Autónoma de Crimea, y en 1991 se ratificó que siguiera bajo la égida de Ucrania, fundando documentos como los Acuerdos de Belovezha de 1991 y el Memorando de Budapest de 1994 que garantizaban la integridad territorial de Ucrania, con firmas rusas; y pese al reconocimiento, en 2014 Rusia realizó un asalto militar en el territorio para anexarla, y la retiene a la fecha por la fuerza, pero en plena disputa bélica con Ucrania.
Es un punto del planeta que todos deberíamos ubicar, como Skagerrak, entre Suecia y Dinamarca; Ormuz, Bab el-Mandeb en el Mar Rojo, y hay puntos del Pacífico que merecen atención en otras entregas. En Crimea, precisamente Ucrania acaba de bombardear el primer puente ferroviario y lo voló; además, el asedio y la falta de suministros, entre ellos alimentos y gasolina, están afectando a los pobladores que se identifican con Rusia en Crimea, pero también a los que simpatizan con Ucrania, ya que las bombas de verdad no distinguen de quién se trata.
Sin puente no llegan trenes con tropas, municiones ni combustible. Aquí está ubicado el estrecho de Kerch, es un corredor clave, sobre todo si tienes planes en el sur rumbo a Jersón.
El ataque se llevó a cabo en oleadas diferentes; finalmente, con drones de madrugada, destruyeron lo que intentaban reparar los equipos de reparación, pero Ucrania destacó la participación de elementos clandestinos de Crimea que son la resistencia y colaboran en las incursiones de Ucrania.
Sin ceder en escenarios como Donetsk o Lugansk, Crimea ocupa la atención del alto mando de Ucrania, que es reconocida internacionalmente con derecho sobre esa zona, a excepción de la Bielorrusia de Lukashenko, incondicional de Putin. Sin este punto, el sur se agota y se complica para las operaciones en desarrollo de Rusia.
A la par, los ataques diversos han golpeado sistemas avanzados antiaéreos de Rusia como el Pantsir y los S-400; Crimea se convierte en territorio aislado, en zona de tiro al blanco, y dificultan la navegación de ferris con gente de Mariúpol y Melitópol que están en problemas, ocupados por los rusos, en un esfuerzo en este punto que afectará grandes zonas del frente sur.
Ucrania, en tanto, devuelve las tormentas de drones a Moscú, metiendo en la cabeza de los rusos que están en peligro, bajo ataque constante, y eso rebasa la estimación de un mero ataque militar: es un golpe de mano profundo sobre los planes políticos y económicos que tiene Putin. Por cierto, perdió a su asesor de toda la vida al morir Serguéi Ivanov, también espía de la KGB, compañero de Putin en sus tiempos y a quien se consideraba el sucesor natural de Putin en el cargo.
Putin está perdiendo voces que sí escuchaba, como Prigozhin, y ahora Ivanov, que falleció de muerte natural a la edad de 73 años, aunque no se precisó de manera oficial la causa del deceso. Incluso hay versiones de que fue víctima de un francotirador.
Realmente se le está acabando también el tiempo a Putin para remodelar el mundo según sus ambiciones. Ivanov fue secretario de Defensa, Transporte y Medio Ambiente; incluso supervisó la guerra en Chechenia en 2007, en la que aplastó a los separatistas.
Sin embargo, aunque era casi su hermano, dudó en darle la candidatura a la presidencia porque temía que no soltara el cargo, por lo que prefirió nombrar a Dmitry Medvedev en 2012. Muy cercano, de confianza, pero no le soltó nunca el poder, que representa finalmente mucha soledad en Rusia y ahora con Xi Jinping en China, que está asumiendo poder de emperador y dudando de sus cuadros selectos en el poder. Putin tampoco tiene muchos elementos en los cuales confiar en el alto mando, y más ahora que hay severos problemas con la guerra.
Los ucranianos pierden hasta 600 drones en sus ataques, pero estos continúan con miles de drones y en ritmo creciente. Rusia responde de igual manera, perdiendo hasta un 85% de los drones con que ataca, pero alcanzando blancos en las ciudades; estrategia fallida que no quiebra la voluntad de resistir de los ucranianos, pero buscan que no llegue ningún dron o misil contra la población.
En tanto, en represalia, prefieren las refinerías, los camiones y trenes con municiones, y los abastos de tropas, que sí pesan en el relato del conflicto.
Zelenski, en tanto, tiene en el mapa fijado el objetivo de Crimea: “No quisimos nunca esta guerra, todo el mundo lo sabe, pero si Ucrania arde, Moscú también arderá”.
La vida cambió para los moscovitas, que ahora enfrentan las consecuencias directas de este conflicto que, según los pronósticos de Putin, nunca debió suceder. Ahora Crimea se convierte en un argumento de presión si logra Ucrania hacerse de ella, y un golpe de prestigio mundial para las fuerzas militares defensivas de Zelenski, con efectos estratégicos que ninguna parte puede ceder.
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