
Por Amaury Sánchez
En Los Altos de Jalisco, donde la leche sabe a cielo y las vacas tienen nombres de telenovela, ocurrió una historia tan absurda como real, tan nuestra como el bolillo con nata del desayuno. Cuentan que una empresa que fue orgullo, ícono, y hasta tema de pláticas de suegras en la fila de la tortillería, hoy está más desinflada que balón de feria.
Desde el año 2019 —cuando todavía nos saludábamos de mano sin miedo a virus ni a embargos— alguien, con más mañas que modales, se apoderó de Sello Rojo. Y desde entonces, cada año ha sido como un chiste sin remate: pérdidas que no caben ni en la calculadora del Oxxo, ventas desaparecidas como sueldo en quincena, y fondos que se esfumaron más rápido que las promesas de campaña.
Dicen que si juntamos todo lo que se perdió —entre dinero, leche, dignidad y papel membretado— podríamos hacer una torre de cajas de cartón que llegaría hasta el Nevado de Toluca, o comprar suficientes vacas para llenar el estadio Jalisco y aún sobran para hacer una telenovela con elenco de bovinos.
Y mientras eso pasa, los socios defraudados siguen contando las acciones robadas como quien cuenta exes en la borrachera: “A mí me tocaron cinco, a mi compadre diez, y al primo que ni era socio le quitaron hasta el gafete.” El fondo operativo —ese colchoncito que toda empresa decente guarda para tiempos de vacas flacas— también desapareció. No se sabe si se fue a la playa, a Dubái o al limbo de los aguinaldos no pagados.
Lo más triste, mis queridos lectores, es que detrás de esta tragicomedia hay más de 3,500 personas que perdieron su chamba, su rutina y hasta la bendición de la fonda de enfrente. Y miles más que, sin figurar en nómina, dependían del “sí hay trabajo” que Sello Rojo garantizaba.
Esto no es solo un desfalco. Es un chisme gigante que se volvió realidad. Una telenovela sin final feliz. Un cuento de García Márquez narrado por Cantinflas. Y si nadie lo remedia, nos vamos a quedar no solo sin leche… sino sin risas.
Un abrazo con olor a establo y nostalgia. Seguiremos informando mientras haya tinta y tortillas calientes.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.







