!Síguenos!
Avatar

Publicado

el

Indicador Político:

La decisión inexplicable de ejercer una orden de aprehensión con fines de extradición de un jefe del Cártel de El Chapo hizo añicos la estrategia de seguridad del gobierno del presidente López Obrador de buscar el camino de la pacificación a partir del repliegue del Estado en la persecución de capos y cárteles.
El operativo de arresto de Ovidio Guzmán López, hijo del capo Joaquín El Chapo Guzmán Loera, generó una reacción violenta del Cártel de Sinaloa que estalló una guerra a balazos en calles de Culiacán. Por la forma del operativo, las fuerzas de seguridad no esperaban una respuesta de ese nivel: una mini guerra convencional.
En la agenda de prioridades, el hijo de El Chapo no era de interés urgente para el gobierno mexicano, pues el gabinete de seguridad estaba mas interesado en dejar claro el repliegue del Estado en la persecución de capos. Sin embargo, los EE. UU. habían sentenciado a El Chapo sin tener acceso a su riqueza, tasada en alrededor de 25 mil millones de dólares. En este sentido, el gobierno estadunidense era el más interesado en desmantelar el cártel de Sinaloa y en esa lógica se entiende la visita de funcionarios de la DEA dos semanas antes a Sinaloa para explorar el terreno y la llamada urgente del presidente Trump al presidente López Obrador.
En términos estratégicos, el operativo para arrestar al hijo de El Chapo fue inexplicable, para decir lo menos, sobre todo en el contexto de la política de pacificación definida por el presidente López Obrador. Fue, en los hechos, un nuevo escobazo –al estilo Calderón o Peña Nieto– al panal de las avispas que ya se habían tranquilizado un poco con nueve meses de no persecución policiaca.
La estrategia lopezobradorista era progresiva: cesar persecuciones, aumentar programas sociales en zonas calientes, abrir espacios para negociar una paz con los cárteles y lograr una disminución en las cifras mensuales de homicidios dolosos. Las cifras han venido creciendo, pero más por ajustes internos de cuentas entre algunas bandas, que por la acción del Estado. En esta lógica, el Cártel de El Chapo era el menor de los problemas.
En este sentido, la decisión de arrestar al hijo de El Chapo para entregárselo a las autoridades estadunidenses que encarcelaron de por vida al capo mayor fue un despropósito, un error garrafal o una provocación. En el juego de tronos del reinado de los cárteles existen pugnas para conquistar nuevos espacios de poder. Atacar a uno sin perseguir a otro implica romper el precario equilibrio de poderes entre cárteles. Es decir, aplastar el Cártel de El Chapo ayudaría a consolidar al temerario, cruel y asesino Cartel Jalisco Nueva Generación.
Ahora debe venir, aunque no quieran en el gobierno lopezobradorista, un replanteamiento de la estrategia de seguridad basada en la pacificación. La crisis en Culiacán reveló la existencia de una línea dura de seguridad dentro del nuevo gobierno que no quiere ningún pacto con los cárteles y que hace poco interrumpió los primeros acercamientos de Gobernación con algunas organizaciones. En este sentido, el operativo en Culiacán dejó el mensaje de regresar a la estrategia de combate de los cárteles que habían desarrollado Calderón y Peña Nieto.
La crisis del operativo rompió la unidad interna en las fuerzas de seguridad del Estado: el gobierno estatal fue afectado por la violencia, los militares se sintieron usados por decisiones sin entrenamiento estratégico, el gabinete de seguridad tuvo que tomar –al menos así lo dice la versión oficial– la nada grata decisión de liberar al capo detenido y el presidente de la república hubo de respaldar esa decisión de derrota y acreditarla a su función como jefe de gobierno.
Y del lado de los narcos, ahora debería venir una respuesta contundente del Estado contra el Cártel de El Chapo porque el Estado no puede cargar, sin consecuencias, el estigma de la derrota, y de paso lanzar una ofensiva contra cuando menos tres cárteles que están dominando el ambiente de inseguridad; el Cártel Jalisco Nueva Generación, los huachicoleros de Guanajuato y los gomeros de Guerrero involucrados en el caso Ayotzinapa. Y de nueva cuenta se agitará el avispero del crimen organizado.
La estrategia de seguridad ya no puede ser la misma después de Culiacán. En realidad, no debería serlo, aunque hay decisiones de Estado y de gobierno que tienen que mantenerse pagando los costos políticos y de autoridad. Pero Culiacán tampoco debería ser el signo de una derrota del Estado ante los grupos delictivos que han ido aumento en su presencia dominante en la república.
Las opciones estratégicas del gobierno son pocas y todas tienen altos costos políticos y sociales. Lo que está en juego no es el prestigio de un gobierno o sus titulares sexenales, sino la hegemonía del Estado en materia de seguridad pública ante la consolidación de cárteles del crimen organizado en áreas de soberanía territorial y política del Estado.

-0-

Explicación. En el lenguaje militar existe un axioma: orden más contraorden igual a desorden.
Política para dummies: La política tiene, entre muchos, un dogma: molestia que no te molesta, no la molestes.

Home


indicadorpoliticomx@gmail.com
@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

Seguir leyendo...
Click para comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carlos Ramírez

La Revolución Mexicana, populista; la mató Salinas de Gortari en 1992

Avatar

Publicado

el

Indicador Político:

La fecha simbólica de la Revolución Mexicana, que se inició en 1908 con el libro de Francisco I. Madero, en realidad se fue apagando hasta consumirse en 1992 cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari decretó su muerte para imponerle al PRI el discurso gelatinoso del “liberalismo social”.
El golpe mortal de Salinas contó con todo el apoyo de los priístas, en ese año capitaneados por Luis Donaldo Colosio. No hubo ninguna voz disidente, ni siquiera los creyentes en la Revolución se habían salido del PRI en 1987 con Cuauhtémoc Cárdenas para llevarse el proyecto histórico de la Revolución Mexicana al PRD, aunque ahí también la mataron en el 2006 cuando López Obrador fue candidato presidencial de un PRD sin proyecto ideológico.
La Revolución Mexicana fue, ante todo, discurso ideológico. Bajo sus alas se refugiaron todas las versiones del espectro ideológico, desde el socialismo obregonista-callista-cardenista, hasta el neoliberalismo capitalista de Miguel Alemán y el populismo de Echeverría y de López Portillo y el mercantilismo de Salinas y De la Madrid. Refugiada en el PRI, la Revolución Mexicana fue enterrada por el presidente Ernesto Zedillo en 1995 cuando separó al PRI de la Revolución del gobierno de la Revolución. Si el PRI había nacido como el eje ideológico de la Revolución, entre Salinas y Zedillo rompieron ese enlace y en el 2000 ganó la presidencia el PAN que nació en 1939 para oponerse a la fase revolucionaria cardenista.
Salinas, Colosio y Zedillo mataron una Revolución que ya estaba muerta. En 1947 el historiador Jesús Silva Herzog había decretado su muerte: la Revolución era ya un hecho histórico. En 1946 Miguel Alemán había enterrado el PRM cardenista que logró unificar a las clases sociales productivas en un aparato ideológico partidista y el populismo de los setenta sólo rescató el asistencialismo, no el proyecto de clase proletaria. La Revolución Mexicana que impulsó la lucha de clases y la educación socialista derivó en un simbolismo decreciente hasta su disolución en la conciencia política e ideológica de una sociedad que nunca creyó en ese movimiento; en todo caso, la muerte de la Revolución afectó a los campesinos y obreros como clase productiva y los subordinó a un modelo económico capitalista-neoliberal-de mercado.
Pese esos destellos socialistas en el discurso y en la dinamización de la lucha de clases como forma de control del empresario, el PRI y la Revolución nunca pensaron en una revolución proletaria para llevar al obrero al poder, nunca el modelo soviético, aunque sí sus prácticas. El partido fue el mecanismo de intermediación y administración negociada de los conflictos sociales entre las clases, teniendo al sector obrero controlado en el PRI con Fidel Velázquez de 1941 hasta su muerte en 1997 y a la clase burguesa empresarial como sector invisible del PRI.
Si bien el proceso de aburguesamiento de la Revolución y del PRI comenzó el día de su fundación, la Revolución Mexicana fue populista. En pleno populismo echeverrista el politólogo Arnaldo Córdova publicó en 1973 su libro La ideología de la Revolución Mexicana y ahí presentó de manera formal su tesis de una Revolución populista en tres pasos: controló las clases para conjurar una revolución social, construyó un sistema de gobierno paternalista y autoritario y propuso un modelo de desarrollo capitalista.
Otros mecanismos de control subordinaron los significados de la Revolución Mexicana: el Estado absolutista unitario, la Revolución como ideología oficial, el PRI como aglutinador de los conflictos de clases, anulación de lucha de clases, reformas sociales para subordinar a las clases populares y nacionalismo conservador como esencia cohesionadora.
Si la Revolución fue producto de una alianza entre los campesinos y obreros explotados –y más por la rebelión agraria–, el saldo real revolucionario está en un campo desolado, despoblado y produciendo droga y una clase obrera abandonada, con salarios precarios y en condiciones iguales a las prerrevolucionarias.
A la vuelta de 111 años desde el llamado de Madero, el México de la Revolución Mexicana vive un neoporfirismo.

-0-

Buen fin. La ansiedad por las compras parece no entender lo que pudiera ser una trampa detrás del Buen Fin. Todas las empresas inscritas ofrecieron, en promedio, 40% de descuento. Como son empresas y no hermanitas de la caridad, quiere decir que con esos descuentos aún tienen ganancia. Lo que lleva a concluir que los precios reales fuera de temporada tienen utilidades para las empresas de más de 60% y que los descuentos, sobre precios de venta no supervisados, engañan a los consumidores que se vuelven locos comprando para aumentar las tasas de utilidad de las empresas comercializadoras.
Política para dummies: La política es ver sin ver.

Home


indicadorpoliticomx@gmail.com
@carlosramirezh

Seguir leyendo...

Carlos Ramírez

Evo: Ebrard aplicó la doctrina Castañeda-Fox y no la Estrada

Avatar

Publicado

el

Indicador Político:

Si México ha logrado un reconocimiento mundial por su política de asilo, el autorrenunciado presidente boliviano Evo Morales Ayma está violando las condiciones estrictas de su permanencia humanitaria en México haciendo política con efectos desestabilizadoras no sólo en Bolivia, sino en México.
El propio canciller mexicano Marceo Ebrard Casaubón, que fue en 1994-1995 subsecretario de Relaciones Exteriores del gobierno de Salinas de Gortari, también se ha salido de la doctrina tradicional de política exterior fijada como Doctrina Estrada que durante decenios le dio madurez política a la diplomacia en cumplimiento del mandato constitucional –fracción X del 89 constitucional– de respetar “la autodeterminación de los pueblos” y “la no intervención” en asuntos de otras naciones.
Junto al asilo al presidente autorrenunciado Morales, el canciller Ebrard ha calificado de manera negativa la crisis en Bolivia, ha acusado a las autoridades actuales en ese país andino y está haciendo campaña por Morales que implica una intervención en los asuntos internos de Bolivia.
Aunque no es ley, la Doctrina Estrada del canciller Genaro ‪Estrada en 1930‬ sí ha definido la diplomacia mexicana en el sentido de que “México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos, porque considera que ésta es una práctica denigrante que, sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido por otros gobiernos”.
Por tanto, la política exterior de México asumió con Estrada el concepto doctrinario de limitarse a “mantener o retirar” a sus agentes diplomáticos, sin calificar crisis de gobiernos. La explicación de esta doctrina es, inclusive, defensiva: México respeta el funcionamiento político de otras naciones, a fin de que esas otras naciones no califiquen el funcionamiento político y de gobierno de México.
La decisión de Ebrard de permitir que el autorrenunciado presidente boliviano Morales se mueva en México como rock star haciendo política se basa en la Doctrina Castañeda que definió Jorge G. Castañeda como canciller del gobierno panista de Vicente Fox en septiembre de 2001, a raíz del apoyo de México a la decisión del presidente Bush de atacar Irak por los ataques del 9/11.
Pero hay una diferencia entre una política exterior activa basada en principios de estabilidad, convivencia y reconocimiento a valores democráticos y una diplomacia convenenciera a los criterios del gobierno en turno. El derecho de asilo permitió a México proteger lo mismo al comunista Leon Trotsky que al Sha de Irán derrocado por la revolución islámica y a los republicanos que huyeron de la guerra civil española. Asimismo, muchos radicales latinoamericanos perseguidos por las dictaduras militares latinoamericanas encontraron asilo en México y contribuyeron a enriquecer el pensamiento político regional. Pero ninguno de ellos usó a México como plataforma para atacar a los países de donde salieron expulsados.
Lo que ha causado malestar en México ha sido el activismo del autorrenunciado presidente Morales y su falta de valor para quedarse en su país luchando por sus ideales. En los hechos, el asilo es incuestionable, aunque las autoridades migratorias de Gobernación debieran obligar a Morales a guardar compostura en México y evitar declaraciones que están embarcando a México a oponerse a los mecanismos locales para resolver la crisis que dejó Morales cuando salió huyendo de Bolivia al poner su vida por encima de sus ideales y sus compromisos jurados como presidente en funciones hasta enero de 2020.
Y el problema colateral para México será aguantar las reacciones no frontales de la comunidad diplomática de policía exterior y de seguridad nacional de los EE. UU. donde la autorrenuncia de Morales formaba parte de sus planes de reacomodo de los equilibrios políticos regionales. En los hechos, México ha quedado alineado al frente antiestadunidense populista de América Latina, aunque también en los hechos el presidente López Obrador no comulgué y ha marcado su distancia con los populismos de Argentina, el chavismo venezolano y el que representa Morales.

-0-

Sinaloa y el PRI. En medio de tensiones entre la presidencia y los gobiernos estatales, las encuestas están revelando los posicionamientos de gobernadores. Y entre todos los priístas desacata, cuando menos en dos encuestas, México Elige y Consulta Mitofsky, el de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, sólo con el panista de Yucatán en primer sitio. El sinaloense logró 60% en México Elige y 59.3% en Consulta. De los morenistas aparece la regenta Claudia Sheinbaum en lugar 20. Y hasta ahora Ordaz Coppel sólo ha hecho política local.
Política para dummies: La política esta llena de pretextos, justificaciones y no-verdades.

Home


indicadorpoliticomx@gmail.com
@carlosramirezh

Seguir leyendo...

Carlos Ramírez

Chile y Bolivia: lectura estratégica y política

Avatar

Publicado

el

Indicador Político:

Aunque buena parte de los países de Iberoamérica se encuentra en zona de movilización social por razones políticas, los casos extremos hoy son Chile y Bolivia. Y aunque cada uno tiene razones diferentes, el punto de interés se localiza en la rebelión de las masas.

La semana pasada Luis María Anson recordaba una frase de La rebelión de las masasde José Ortega y Gasset, un filósofo cada día más contemporáneo: la irrupción de la muchedumbre a la realidad, cuando “no hay protagonistas: sólo hay coro”. La polarización de posiciones entre radicales y moderados, para evitar la de revolucionarios y reaccionaros, impide. Encontrar lo que Ortega llamaba el “claro en el bosque” permitirá tener un principio de entendimiento sobre lo que ocurre en Iberoamérica.

En Chile salieron por cientos de miles a protestar por el alza en precios en transportes y no hace mucho hubo protestas exigiendo educación gratuita y de calidad. El gobierno conservador de Sebastián Piñera aplicó un ajuste macroeconómico a las finanzas públicas disminuyendo subsidios a servicios populares. Se trataba de una crisis clásica de política económica de mercado: trasladar a los consumidores los costos del funcionamiento de los servicios públicos, en lugar de buscar un ajuste en los ingresos. Las protestas podrían derrocar al presidente Sebastián Piñera que ganó las elecciones de noviembre de 2017 con el 54,6% en segunda vuelta, contra el 45.4% para el candidato de la coalición de izquierda.

En Bolivia el pueblo salió a las calles a protestar contra la elección presidencial para una tercera reelección de Evo Morales y por denuncias de irregularidades electorales: el conteo de votos se suspendió varias horas y al reanudarse se le dio a Morales una ventaja de 10 puntos sobare el candidato conservador y con ello se proclamó la victoria de Evo. Grupos conservadores potenciaron las protestas en las calles y la violencia se salió de control. Luego de varios días de choques, el ejército pidió la renuncia del presidente (termina en enero de 2020 su periodo), Morales la entregó y solicito asilo político en México. En febrero de 2016 Morales pidió un plebiscito para violar la Constitución y reelegirse, pero en las urnas perdió: 51.3% dijo no a la reelección. Con la complicidad del Tribunal Electoral Evo Morales desobedeció el plebiscito legal y se presentó a elecciones, en las que sacó el 47% de votos, pero 10 puntos sobre el segundo lugar, Las protestas fueron contra el conteo electoral que acreditó de irregular una Comisión de la OEA.

Los dos casos exhiben las limitaciones de las democracias constitucionales en Iberoamérica y la solución de conflictos con movilizaciones en las calles. Y Chile y Bolivia muestran los dos extremos ideológicos: un gobernante de derecha en Chile y un gobernante de izquierda en Bolivia. Los dos llegaron por las urnas, pero sus seguidores y opositores resuelven controversias en las calles con expresiones de violencia. En este sentido, las democracias iberoamericanas siguen siendo frágiles, con instancias institucionales insuficientes y con sociedades acostumbradas a resolver sus demandas con muchedumbres fuera de control.

Iberoamérica padece una enfermedad de las democracias limitadas: la ingobernabilidad huntingtoniana, cuando las ofertas de modernización institucional son más lentas y reducidas que la dinámica de las exigencias sociales de cambios. Los países que han logrado controlar a sus sociedades con gobiernos autoritarios han permanecido en el poder, pero a costa del desprestigio de sus gobiernos: Cuba y Nicaragua; otros han utilizado el mecanismo estabilizador del péndulo, oscilando entre gobiernos progresistas y gobiernos conservadores.

El signo de los gobiernos iberoamericanos ha sido el de la inestabilidad. De todos, cuando menos Uruguay y Paraguay encontraron acomodo y estabilidad en el sistema pendular. Pero llego la izquierda excluyente en los sesenta a romper los equilibrios y el modelo Cuba de justificación ideológica y no de resultados es el que predomina. Evo Morales se queja diciendo que lo derrocaron por indígena y por amar al pueblo, sin reconocer sus trampas electorales y sobre todo su violación del plebiscito que le negó la reelección. El Tribunal Electoral en 2016 –el mismo que avaló el fraudé de las pasadas elecciones– dijo que negarle la participación electoral era una violación a sus derechos humanos.

Iberoamérica ha sustituido la democracia de los derechos por la fuerza de las bayonetas y la ideología social. De manera estricta, en Bolivia no hubo un golpe de Estado; los militares que fueron convocados por Morales a reprimir las protestas dijeron que no y le sugirieron al presidente que renunciara. No ha habido junta de gobierno, ni disolución del parlamento, ni ilegalización de partidos. Habrá un presidente interino que convocará a nuevas elecciones, mientras Morales se encuentra ya en México protegido por asilo político.

En esa vertiente de lo real-maravilloso de la realidad que aportó Iberoamérica a la literatura del boom de los sesenta, presidentes derrocados pueden regresar al poder: Perón, por ejemplo; y en Bolivia, el general Hugo Banzer: dio golpe de Estado en 1971, se quedó en el poder hasta 1978 en que fue derrocado, hizo su partido y regresó al gobierno por la vía electoral en 1997 y murió de cáncer sin terminar su periodo.

La inestabilidad política y los golpes de Estado cruentos o pacíficos seguirán interrumpiendo la vida institucional hasta que no existan leyes respetadas y canales institucionales de acceso al poder, y a nivel histórico están los dos golpes de los dos 18 brumario de dos Napoleón. Pero en Iberoamérica sólo hay golpes de Estado en la lógica de los intereses de los EE. UU. Al menos hasta que no maduren las democracias constitucionales sólidas.

indicadorpolitico.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

Seguir leyendo...

Tendencia