
Por Laura Gutiérrez Franco
Lo que inició como una carrera de ambición desmedida por parte de los hoteleros de Jalisco, parece estar encontrando un muro de realidad. Tras meses de reportar incrementos de tarifas que rozaban lo absurdo —con alzas de hasta el *1,000%*—, la baja respuesta del mercado ha obligado a los empresarios del sector a “ponerse las pilas” y recular en sus pretensiones económicas. Estas para ofrecerse en las fechas de los partidos del Mundial de Futbol 2026 en Guadalajara.
A principios de este año, las plataformas de reserva mostraban un panorama desolador para el bolsillo del aficionado. Hoteles de cuatro estrellas en zonas como Avenida Vallarta, que normalmente cobran 1,100 MXN, dispararon sus tarifas hasta los 17,100 MXN para las fechas de junio de 2026. En el sector de lujo, la situación fue aún más agresiva: habitaciones de 4,000 MXN se cotizaban por encima de los 44,000 MXN por noche.
Este “aborazamiento” inicial se basó en una expectativa de demanda masiva inmediata que, hasta el momento, no se ha materializado en los libros de reservaciones.
La Cruda Realidad: 30% de Ocupación
A pesar de que los organismos oficiales mantienen un discurso optimista de “llenado total” para el 2026, las cifras actuales cuentan otra historia. Reportes recientes de la Asociación de Hoteles y Moteles indican que las reservaciones para las fechas mundialistas en Guadalajara se mantienen apenas en un 30% a 35%.
Este estancamiento es el “saco que les ha caído” a los hoteleros. El mercado ha enviado un mensaje claro: el turista no está dispuesto a pagar precios de lujo por servicios estándar, y la competencia de las plataformas de renta corta (Airbnb) ha servido como un regulador natural que los hoteleros no supieron calcular.
La industria se dio cuenta de que Guadalajara se arriesgaba a un “desprestigio turístico” irreversible. Si los visitantes percibían un abuso sistemático, no solo dejarían de venir al Mundial, sino que la ciudad perdería su atractivo para futuros congresos y convenciones, que es el verdadero motor económico de la región.
Ahora, los hoteleros han optado por un perfil más “tenue”. Aunque no lo admitan abiertamente para no afectar su imagen comercial, las ofertas están empezando a aparecer discretamente en los buscadores. El objetivo es claro: incentivar que la gente vuelva a ver a Guadalajara como una sede accesible y no como una trampa financiera.
El mercado les dio una lección de humildad a los hoteleros de Jalisco. El intento de ganar en un mes lo que no ganan en un año fracasó ante la cautela de los consumidores. Hoy, el sector parece entender que es mejor una habitación ocupada a un precio razonable que una suite vacía con un precio de fantasía. Guadalajara necesita visitantes, y para que vuelvan, el primer paso era, precisamente, dejar de asaltarlos antes de que bajaran del avión,
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