
Iván García Medina
Por momentos, el Partido Acción Nacional en Jalisco parece haber renunciado no sólo a competir, sino incluso a fingir que ejerce oposición. Lo ocurrido con Juan Pablo Colín, dirigente estatal del blanquiazul, ya no genera únicamente molestia al interior de su partido; empieza a provocar vergüenza ajena entre quienes todavía creen que la política debería guardar, al menos, las apariencias.
La exhibida pública que le dieron este viernes desde la columna Quinto Patio de NTR Guadalajara no es menor. Lo verdaderamente delicado no es el trascendido en sí, sino que retrata exactamente lo que muchos panistas murmuran desde hace meses en corto: que el PAN jalisciense dejó de ser contrapeso y se convirtió en acompañante dócil de Movimiento Ciudadano.
Porque una cosa es construir acuerdos políticos naturales en cualquier democracia, y otra muy distinta es entregar posiciones estratégicas sin explicar absolutamente nada a la militancia ni a la opinión pública. Y eso es precisamente lo que hoy tiene incendiado al panismo local.
Según el trascendido, sectores internos del PAN están molestos porque Juan Pablo Colín “ha cedido en todo” ante Movimiento Ciudadano. La frase es demoledora. Más aún cuando la propia publicación deja entrever que hasta el Partido Verde habría negociado mejor sus espacios políticos que Acción Nacional. Sí, el Verde. Ese partido que históricamente se acomoda donde calienta el presupuesto y cuya ideología suele cambiar más rápido que los espectaculares electorales.
La operación más escandalosa habría sido retirar la coordinación parlamentaria a Claudia Murguía, una de las pocas voces que realmente asumía un rol opositor dentro del Congreso de Jalisco. Y aquí aparece la pregunta inevitable: ¿qué ganó el PAN a cambio? Porque si el intercambio fue institucional, estratégico y beneficioso para el partido, alguien tendría que explicarlo. Pero si nadie sabe nada, entonces la sospecha crece sola.
Y en política, cuando los acuerdos son tan discretos que ni los propios compañeros los entienden, normalmente no son acuerdos de partido: son acuerdos personales.
Ahí es donde Juan Pablo Colín comienza a cargar con una percepción peligrosísima para cualquier dirigente: la de operador subordinado. La imagen que hoy se instala dentro y fuera del PAN es la de un presidente estatal más preocupado por quedar bien con José Luis Tostado Bastidas que por defender la identidad, dignidad o autonomía de su partido.
Mientras a nivel nacional el PAN intenta reconstruirse como oposición frente al oficialismo federal, en Jalisco parece empeñado en convertirse en una especie de franquicia auxiliar de Movimiento Ciudadano. Una oposición de utilería. Un partido que protesta poquito, incomoda menos y negocia mucho.
Quizá por eso la militancia está irritada. Porque el problema no es sólo perder posiciones políticas; el problema es perder el respeto propio.
Y lo más grave para Acción Nacional no es que sus adversarios lo ridiculicen. Lo verdaderamente alarmante es que cada vez más panistas empiezan a hacerlo también.
Como decía Juan Gabriel: “lo que se ve no se juzga”. Aunque en este caso, en el PAN Jalisco, lo que se ve sí se comenta… y cada vez con menos discreción.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.







