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Brújula pública:

Rodolfo Aceves Jiménez*

La administración del presidente López Obrador transita por una complicada etapa en la seguridad mexicana, cuyo uno de sus principales problemas consiste, en la conceptualización de la seguridad mexicana.

El modelo de seguridad que se encuentra contenido en el texto del artículo 21 constitucional, tiene como premisa el establecimiento del orden y paz públicos, -que constituyen la seguridad pública-, en la cúspide de la seguridad mexicana.

Por esta razón es, que la seguridad nacional y la seguridad interior no tienen cabida en el texto constitucional, porque dogmática e ideológicamente el diseño de la seguridad gira en torno a estos elementos de la seguridad pública y, por ende, al existir una confusión en el diseño contemplado en la Constitución, por inercia cae al Presupuesto de Egresos de la Federación y al Plan Nacional de Desarrollo (PND).

La lógica de este planteamiento es la siguiente. Mientras que la Constitución establece los anhelos del pueblo mexicano, en el PND se definen las directrices como política de Estado o como política pública, mientras que el Presupuesto de Egresos les otorga recursos para ejecutarlos. Esto quiere decir que, el Presupuesto y el PND son complementos ejecutores de política pública, a los designios de la Constitución.

Desde el punto de vista de la ciencia política, el fin del Estado es, la seguridad. Esto quiere decir que, luego entonces, por encima de la seguridad pública se encuentra, la seguridad. Por esta razón es que el texto constitucional debería contener un concepto de seguridad, como función de Estado, de la que se desprendan las tres funciones de gobierno de la seguridad: la seguridad pública, la seguridad interior y la seguridad nacional.

Esta seguridad nacional es una función de gobierno compartida, -junto con la función de Estado de la defensa nacional y-, por tanto, esta sería el vínculo dogmático y orgánico para que las Fuerzas Armadas participen en labores de seguridad pública.

Esto quiere decir que en al ámbito civil, la seguridad nacional se ciñe al establecimiento de un sistema de inteligencia civil que sea capaz de detectar las debilidades del Estado mexicano y transformarlas en inteligencia para revertir condiciones de inestabilidad económica, política y social. Aquí subyace también el estabecimiento y permanencia de políticas de Estado, como la protección civil.

En el ámbito militar, la seguridad nacional se circunscribe a proteger los valores de independencia y soberanía, cuyos elementos son materia inmanente de las funciones de contenido estrictamente militar. Pero por extensión y por interés nacional, el concepto de seguridad nacional en las fuerzas armadas se extiende a proteger intereses nacionales, como las plataformas petroleras, las plantas generadoras de energía eléctrica o los oleoductos en tierra.

El retrato de la seguridad mexicana es una obsolescencia dogmática e ideológica, cuyos conceptos se confunden con la magnilocuencia que representa hablar de temas de seguridad nacional.

Este retrato viejo, cuyo modelo e implementación datan de 1992 es, en parte, una de las causas por las cuales no es posible actualizar métodos, procedimientos y protocolos y una de las causas por las que no hay sincronía entre la Constitución, el PND y el Presupuesto de Egresos.

Cada instrumento jurídico tiene conceptualizada a la seguridad, a su libre y leal saber, en el que parece que priva la descoordinación. Por eso el derecho de seguridad mexicano, constituido por la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública y la Ley de Seguridad Nacional principalmente, no tienen sincronía mutua, sino que además de regular funciones distintas, no se complementan entre sí, ni son parte en el diseño del modelo de seguridad de los objetivos nacionales coyunturales o permanentes que se encuentran en el PND o en la Constitución y solo se constituyen en los elementos normativos para que Estados y Municipios obtengan recursos del Presupuesto de Egresos de la Federación.

*Es Maestro en Seguridad Nacional por la Armada de México
Twitter: @racevesj

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Es politólogo por la Universidad de Guadalajara (UdG) y por invitación del Alto Mando es maestro en seguridad nacional por el Centro de Estudios Superiores Navales (CESNAV) de la Secretaria de Marina. Ha sido invitado como expositor en el curso de Mando y Estado Mayor General de la Armada de Mexico, así como en el CESNAV. Actualmente se desempeña como académico de la Universidad del Valle de México y cómo investigador externo del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México (ININVESTAM). Twitter: @racevesj

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Carlos Ramírez

La Revolución Mexicana, populista; la mató Salinas de Gortari en 1992

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Indicador Político:

La fecha simbólica de la Revolución Mexicana, que se inició en 1908 con el libro de Francisco I. Madero, en realidad se fue apagando hasta consumirse en 1992 cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari decretó su muerte para imponerle al PRI el discurso gelatinoso del “liberalismo social”.
El golpe mortal de Salinas contó con todo el apoyo de los priístas, en ese año capitaneados por Luis Donaldo Colosio. No hubo ninguna voz disidente, ni siquiera los creyentes en la Revolución se habían salido del PRI en 1987 con Cuauhtémoc Cárdenas para llevarse el proyecto histórico de la Revolución Mexicana al PRD, aunque ahí también la mataron en el 2006 cuando López Obrador fue candidato presidencial de un PRD sin proyecto ideológico.
La Revolución Mexicana fue, ante todo, discurso ideológico. Bajo sus alas se refugiaron todas las versiones del espectro ideológico, desde el socialismo obregonista-callista-cardenista, hasta el neoliberalismo capitalista de Miguel Alemán y el populismo de Echeverría y de López Portillo y el mercantilismo de Salinas y De la Madrid. Refugiada en el PRI, la Revolución Mexicana fue enterrada por el presidente Ernesto Zedillo en 1995 cuando separó al PRI de la Revolución del gobierno de la Revolución. Si el PRI había nacido como el eje ideológico de la Revolución, entre Salinas y Zedillo rompieron ese enlace y en el 2000 ganó la presidencia el PAN que nació en 1939 para oponerse a la fase revolucionaria cardenista.
Salinas, Colosio y Zedillo mataron una Revolución que ya estaba muerta. En 1947 el historiador Jesús Silva Herzog había decretado su muerte: la Revolución era ya un hecho histórico. En 1946 Miguel Alemán había enterrado el PRM cardenista que logró unificar a las clases sociales productivas en un aparato ideológico partidista y el populismo de los setenta sólo rescató el asistencialismo, no el proyecto de clase proletaria. La Revolución Mexicana que impulsó la lucha de clases y la educación socialista derivó en un simbolismo decreciente hasta su disolución en la conciencia política e ideológica de una sociedad que nunca creyó en ese movimiento; en todo caso, la muerte de la Revolución afectó a los campesinos y obreros como clase productiva y los subordinó a un modelo económico capitalista-neoliberal-de mercado.
Pese esos destellos socialistas en el discurso y en la dinamización de la lucha de clases como forma de control del empresario, el PRI y la Revolución nunca pensaron en una revolución proletaria para llevar al obrero al poder, nunca el modelo soviético, aunque sí sus prácticas. El partido fue el mecanismo de intermediación y administración negociada de los conflictos sociales entre las clases, teniendo al sector obrero controlado en el PRI con Fidel Velázquez de 1941 hasta su muerte en 1997 y a la clase burguesa empresarial como sector invisible del PRI.
Si bien el proceso de aburguesamiento de la Revolución y del PRI comenzó el día de su fundación, la Revolución Mexicana fue populista. En pleno populismo echeverrista el politólogo Arnaldo Córdova publicó en 1973 su libro La ideología de la Revolución Mexicana y ahí presentó de manera formal su tesis de una Revolución populista en tres pasos: controló las clases para conjurar una revolución social, construyó un sistema de gobierno paternalista y autoritario y propuso un modelo de desarrollo capitalista.
Otros mecanismos de control subordinaron los significados de la Revolución Mexicana: el Estado absolutista unitario, la Revolución como ideología oficial, el PRI como aglutinador de los conflictos de clases, anulación de lucha de clases, reformas sociales para subordinar a las clases populares y nacionalismo conservador como esencia cohesionadora.
Si la Revolución fue producto de una alianza entre los campesinos y obreros explotados –y más por la rebelión agraria–, el saldo real revolucionario está en un campo desolado, despoblado y produciendo droga y una clase obrera abandonada, con salarios precarios y en condiciones iguales a las prerrevolucionarias.
A la vuelta de 111 años desde el llamado de Madero, el México de la Revolución Mexicana vive un neoporfirismo.

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Buen fin. La ansiedad por las compras parece no entender lo que pudiera ser una trampa detrás del Buen Fin. Todas las empresas inscritas ofrecieron, en promedio, 40% de descuento. Como son empresas y no hermanitas de la caridad, quiere decir que con esos descuentos aún tienen ganancia. Lo que lleva a concluir que los precios reales fuera de temporada tienen utilidades para las empresas de más de 60% y que los descuentos, sobre precios de venta no supervisados, engañan a los consumidores que se vuelven locos comprando para aumentar las tasas de utilidad de las empresas comercializadoras.
Política para dummies: La política es ver sin ver.

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Carlos Ramírez

Evo: Ebrard aplicó la doctrina Castañeda-Fox y no la Estrada

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Indicador Político:

Si México ha logrado un reconocimiento mundial por su política de asilo, el autorrenunciado presidente boliviano Evo Morales Ayma está violando las condiciones estrictas de su permanencia humanitaria en México haciendo política con efectos desestabilizadoras no sólo en Bolivia, sino en México.
El propio canciller mexicano Marceo Ebrard Casaubón, que fue en 1994-1995 subsecretario de Relaciones Exteriores del gobierno de Salinas de Gortari, también se ha salido de la doctrina tradicional de política exterior fijada como Doctrina Estrada que durante decenios le dio madurez política a la diplomacia en cumplimiento del mandato constitucional –fracción X del 89 constitucional– de respetar “la autodeterminación de los pueblos” y “la no intervención” en asuntos de otras naciones.
Junto al asilo al presidente autorrenunciado Morales, el canciller Ebrard ha calificado de manera negativa la crisis en Bolivia, ha acusado a las autoridades actuales en ese país andino y está haciendo campaña por Morales que implica una intervención en los asuntos internos de Bolivia.
Aunque no es ley, la Doctrina Estrada del canciller Genaro ‪Estrada en 1930‬ sí ha definido la diplomacia mexicana en el sentido de que “México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos, porque considera que ésta es una práctica denigrante que, sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido por otros gobiernos”.
Por tanto, la política exterior de México asumió con Estrada el concepto doctrinario de limitarse a “mantener o retirar” a sus agentes diplomáticos, sin calificar crisis de gobiernos. La explicación de esta doctrina es, inclusive, defensiva: México respeta el funcionamiento político de otras naciones, a fin de que esas otras naciones no califiquen el funcionamiento político y de gobierno de México.
La decisión de Ebrard de permitir que el autorrenunciado presidente boliviano Morales se mueva en México como rock star haciendo política se basa en la Doctrina Castañeda que definió Jorge G. Castañeda como canciller del gobierno panista de Vicente Fox en septiembre de 2001, a raíz del apoyo de México a la decisión del presidente Bush de atacar Irak por los ataques del 9/11.
Pero hay una diferencia entre una política exterior activa basada en principios de estabilidad, convivencia y reconocimiento a valores democráticos y una diplomacia convenenciera a los criterios del gobierno en turno. El derecho de asilo permitió a México proteger lo mismo al comunista Leon Trotsky que al Sha de Irán derrocado por la revolución islámica y a los republicanos que huyeron de la guerra civil española. Asimismo, muchos radicales latinoamericanos perseguidos por las dictaduras militares latinoamericanas encontraron asilo en México y contribuyeron a enriquecer el pensamiento político regional. Pero ninguno de ellos usó a México como plataforma para atacar a los países de donde salieron expulsados.
Lo que ha causado malestar en México ha sido el activismo del autorrenunciado presidente Morales y su falta de valor para quedarse en su país luchando por sus ideales. En los hechos, el asilo es incuestionable, aunque las autoridades migratorias de Gobernación debieran obligar a Morales a guardar compostura en México y evitar declaraciones que están embarcando a México a oponerse a los mecanismos locales para resolver la crisis que dejó Morales cuando salió huyendo de Bolivia al poner su vida por encima de sus ideales y sus compromisos jurados como presidente en funciones hasta enero de 2020.
Y el problema colateral para México será aguantar las reacciones no frontales de la comunidad diplomática de policía exterior y de seguridad nacional de los EE. UU. donde la autorrenuncia de Morales formaba parte de sus planes de reacomodo de los equilibrios políticos regionales. En los hechos, México ha quedado alineado al frente antiestadunidense populista de América Latina, aunque también en los hechos el presidente López Obrador no comulgué y ha marcado su distancia con los populismos de Argentina, el chavismo venezolano y el que representa Morales.

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Sinaloa y el PRI. En medio de tensiones entre la presidencia y los gobiernos estatales, las encuestas están revelando los posicionamientos de gobernadores. Y entre todos los priístas desacata, cuando menos en dos encuestas, México Elige y Consulta Mitofsky, el de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, sólo con el panista de Yucatán en primer sitio. El sinaloense logró 60% en México Elige y 59.3% en Consulta. De los morenistas aparece la regenta Claudia Sheinbaum en lugar 20. Y hasta ahora Ordaz Coppel sólo ha hecho política local.
Política para dummies: La política esta llena de pretextos, justificaciones y no-verdades.

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Nacional

Columna Tiempo Nuevo: El varón violentado

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Salvador Guerrero Chiprés
Reconocer las nuevas realidades nacionales pasa por identificar las antiguas y, entre ellas, advertir que los varones son también víctimas de violencia familiar.
En un entorno ciudadano y público crecientemente incluyente, es una oportunidad cívica y política, es decir un espacio para la actuación y la educación que construye a nuestra comunidad nacional, identificar que los hombres son, con mucho mayor frecuencia de la que pudiera pensarse, víctimas de aquella violencia proveniente de quienes no solamente son víctimas sino también victimarias.
Los varones padecen la violencia familiar en sus dimensiones física y psicológica. La actitud de los agentes del Ministerio Público, en el escaso número de ocasiones en que existe disposición a denunciar, es doblemente inhibitoria de la acción jurídica de hombres respecto de mujeres. La burla es frecuente en ese pequeño número de incidencia que busca la apertura de una carpeta de investigación.
En este Día Internacional del Hombre, son útiles algunos datos para avanzar en esa conciencia de la diversidad de origen de las violencias que desborda comprensiones convencionales de género omisas de la visibilización de la violencia femenina contra el varón.
Hombres de entre 46 a 55 años, que se han atrevido a denunciar o reportar su condición de debilidad e incipiente empoderamiento, han sido quienes más se han comunicado, por ejemplo ante el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia de la Ciudad de México, para denunciar maltrato, con el 36% del total. Después de ese segmento, el grupo de quienes tienen entre 31 a 40 años representan el 27%.
En 45 de cada cien casos, se señala que quien ejerce la violencia es la pareja, el porcentaje restante se divide en familiares (incluidos los de la pareja), hijos y padrastro.
En la totalidad de los casos se reporta violencia física y en el 54% ésta va acompañada de psicológica. Así es, se incluyen insultos constantes y denigración por parte de la victimaria y existen casos de violencia patrimonial.
En una época en que tenemos la oportunidad, no menor, de crear un debate extendido y trascendente sobre las condiciones de género y su ubicación en el contexto de las maneras en que se está reconstituyendo un nuevo modelo de familia diversa, asumir que existe la violencia femenina contra los varones es una vertiente que debe ser recuperada.
El propio sistema sociopolítico, con sus pagos explícitos e implícitos de violencia sistemática machista y patriarcal, podría estar en condiciones de revisar el modo en que los hombres son también sujetos de una violencia que no tiene como origen un género exclusivo.
Conforme se estabilizan los componentes de las agendas progresistas de nuestro país y del mundo, podríamos aprovechar para repensar cuál es el lugar que podríamos asignar a la violencia contra los hombres, que forma parte de este “patriarcal machismo”

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