Por Laura Gutiérrez Franco
El Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) no solo está quebrado en sus tuberías, sino en su ética de cobranza. Mientras el ciudadano de a pie se las ingenia para pagar puntualmente por un líquido que a menudo llega color chocolate —o simplemente no llega—, las instituciones que deberían poner el ejemplo han convertido el impago en un deporte de alto rendimiento.

Hablemos de cifras que marean: una cartera vencida que ronda los 11,000 millones de pesos. Con ese recurso, la historia de las inundaciones y el desabasto en la Zona Metropolitana de Guadalajara sería otra. Pero no, el dinero está “congelado” en los balances de quienes se sienten intocables.
La doble moral académica
Es fascinante, por decir lo menos, observar a los especialistas de la Universidad de Guadalajara desmenuzar en foros y ruedas de prensa la “ineficiencia” del SIAPA. Tienen razón: la administración es un desastre y las obras son de papel. Sin embargo, lo hacen desde un pedestal de cristal. Resulta que la Máxima Casa de Estudios tiene más de 40 años sin pagar el agua.
¿Con qué autoridad moral se critica el quiebre de una institución a la que se le ha negado el pago por décadas? Es muy cómodo señalar la falta de mantenimiento desde un edificio que consume y desecha, pero no aporta. Que critiquen, claro, es su deber intelectual; pero que paguen, porque ese es su deber civil.
La ironía no termina ahí. Escuelas federales y estatales, junto con diversas dependencias y empresas, engrosan esa lista de deudores. El organismo está quebrado porque lo quebraron desde adentro y desde el poder, consumiendo presupuestos en burocracia mientras la infraestructura se pudre bajo el pavimento.
Ante este panorama de ineficiencia crónica, la pregunta es obligada: ¿Por qué seguir amarrados a un monopolio que no funciona? Abrir el mercado a la participación privada o permitir que otras empresas entren a competir por el servicio no debería ser un tabú, sino una urgencia.
Si el usuario pudiera elegir quién le surte el agua basándose en el precio y, sobre todo, en la calidad del servicio, el SIAPA se vería obligado a despertar o a desaparecer. La competencia termina con la complacencia.
En conclusión: El SIAPA necesita una cirugía mayor de cobranza. No más condonaciones a instituciones ricas y críticas, ni más tolerancia a la desidia oficial. Si quieren un servicio de primer mundo, empiecen por liquidar facturas que tienen el polvo de cuatro décadas.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.










