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Arte y Cultura En la Mira Mariana Navarro Opinión

El tiempo como custodio de memorias


Por Mariana Navarro

Alguna vez se ha preguntado :

¿cómo teje el tiempo nuestra existencia?

El tiempo es un hecho fascinante .

Algo que usted y yo poseemos .

El tiempo, como tejedor silente, entrelaza los hilos de nuestra propia existencia de formas  fascinantes y complejas.

Por ello , en  la vastedad de sus patrones, encontramos una narrativa única que se despliega ante nosotros, yace entre los pliegues del pasado, se agita en la efímera realidad del presente y se anticipa en los destellos del futuro.

Con el tiempo ,

cada  acción, elección y encuentro , se convierten en hilos que tejemos en el telar del pasado.

El tiempo,  guarda los retazos de nuestra historia personal, creando un tapiz que revela no solo nuestras victorias y logros, sino también nuestras luchas y derrotas.

El pasado, como parte fundamental del tejido temporal, nos conecta con quienes fuimos, moldeando la identidad que llevamos en el presente.

EL TELAR TEMPORAL:

PRESENTE , PASADO Y FUTURO DEL TIEMPO.

El tiempo,  no es solo una entidad que transcurre, sino un participante activo en el presente.

En cada instante, tomamos decisiones que añaden nuevos matices al tejido de nuestra existencia.

Cada elección, por pequeña que sea, teje un hilo que se suma al vibrante tapiz que define nuestro estado actual.

No hay mayor juez que el tiempo mismo .

Mientras el tiempo desenrolla el hilo del presente, también nos presenta la promesa del futuro.

Cada acción, aprendizaje y experiencia, por más trivial que parezca, contribuye a la creación de un mañana que está constantemente tomando forma en el telar temporal.

La incertidumbre del futuro, lejos de ser intimidante, se convierte en un lienzo en blanco esperando ser coloreado por nuestras elecciones y experiencias por venir.

EL ARTE DE LA REFLEXIÓN TEMPORAL

Contemplar cómo el tiempo teje nuestra existencia invita a la reflexión.

La conciencia de este proceso nos da el poder de ser conscientes de nuestros actos y decisiones.

Nos permite, de alguna manera, ser artífices de nuestro propio tapiz temporal, influenciando la textura y los matices que emergen en cada etapa de la vida.

En última instancia, el tiempo actúa como el tejedor de nuestras experiencias, un maestro que nos enseña la importancia de apreciar cada hilo en su complejo entramado.

Reconocer cómo el tiempo teje nuestra existencia nos permite abrazar la fugacidad de los momentos, valorar las lecciones del pasado y contemplar con anticipación la riqueza de un futuro aún por desplegarse.

En este telar infinito, cada uno de nosotros contribuye con una hebra única en  el  rico  y complejo tapiz  de la vida.

EL ARTE EN EL TIEMPO

Hoy quiero compartirles una obra de arte que representa mucho de lo que le comentaba líneas arriba , que enmarca de manera artística

esas  reflexiones  sobre el Tiempo que hoy me permito compartirle .

Y es que además de dejarle la obra de arte a la vista, aunque usted no lo crea , el tiempo puede permanecer impoluto en un lienzo y en un pincel viajando a través de siglos .

En la obra  “Winding the Clock” de Hugo Kauffmann, maestro alemán del siglo XIX, desafía las agujas del tiempo con su obra maestra “Winding the Clock” de 1893.

En esta pieza, el artista captura más que meros momentos: encierra en pinceladas la esencia misma de cómo el tiempo, en su implacable avance, se convierte en un tejido sutil que entrelaza nuestras vidas.

La obra transcurre en un rincón donde el tiempo parece detenerse y expandirse.

Una figura femenina, cuidadosamente ataviada, gira la manivela del reloj con una mezcla de diligencia y reverencia.

Es un recordatorio visual de cómo nuestras acciones diarias, incluso las aparentemente mundanas, se entrelazan con el flujo constante del tiempo.

Kauffmann, hábil en su capacidad de capturar detalles, teje en su obra elementos que sirven como marcadores temporales.

Desde la vestimenta de la dama , hasta los adornos circundantes, cada detalle se convierte en un testimonio silencioso de la moda y los gustos de la época.

En “Winding the Clock,” el tiempo se presenta como un fenómeno dual.

Y me explico :

Por un lado, el reloj mecánico, símbolo tangible de la medición precisa de las horas, señala la estructura y la disciplina.

Por otro lado, la expresión en el rostro de la mujer revela la subjetividad del tiempo, su fluidez en la experiencia humana.

El rincón representado en la obra es más que un simple escenario; es un receptáculo de memorias temporales .

Cada clic de la rueda del reloj parece encapsular momentos efímeros que, a su vez, se convierten en parte del tapiz del tiempo.

(Algo que también le mencionaba líneas arriba ).

En “Winding the Clock,” Hugo Kauffmann no solo pinta una escena cotidiana; transfigura el lienzo en un discurso filosófico sobre el tiempo.

En cada trazo, resuena la pregunta eterna: ¿cómo teje el tiempo nuestra existencia?

Yo le dejo esta reflexión final :

Es una invitación a contemplar nuestra relación con el tiempo, a reconocer su inevitable avance y a valorar los instantes que se deslizan entre las agujas del reloj.

En última instancia, esta obra maestra nos insta a reflexionar sobre nuestra propia danza con el tiempo, una danza que nunca cesa, que nos invita a  superar  obstáculos, aprender de las dificultades y adaptarse a los cambios contribuyendo  a la riqueza y la profundidad del patrón temporal.

En este tejido temporal, el concepto del renacer se presenta como un ciclo eterno.

Cada día, cada año, nos brinda la oportunidad de comenzar de nuevo, de tejer experiencias renovadas en el tapiz de nuestras vidas.

El tiempo, en su constante fluir, nos permite reinventarnos y evolucionar, otorgando una sensación de continuidad y renovación.

La capacidad de apreciar la efímera naturaleza de cada momento, sin aferrarse demasiado, permite experimentar la vida con una perspectiva más amplia y enriquecedora.

Y que nos pide valorar cada hecho que hacemos , pues lo que hacemos en la vida , tiene eco en la eternidad .


ARTIST: **HUGO KAUFFMANN** (GERMAN, 1844-1915)

ART: **WINDING THE CLOCK** 1893, OIL ON BOARD

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