
Por Amaury Sánchez
A ver, a ver… ¿Quién le dio a Fitch el título de juez supremo de la economía mundial? Porque ahora resulta que esta agencia calificadora —que se las da de sabia como la tía que todo lo sabe— tuvo el descaro de recortarnos el pronóstico de crecimiento económico a cero. ¡Cero! Ni un triste decimal de consuelo, ni un 0.1% para la anécdota.
Pero lo que verdaderamente indigna no es que nos hayan dado el “tache” económico, sino que Fitch no tiene la calidad moral para venir a darnos lecciones. ¡Por favor! Esta es la misma agencia que en 2008 le puso estrellitas doradas a empresas que andaban más quebradas que el que paga la cuenta en la peda. No hay que olvidar que Fitch (junto con sus primos Moody’s y Standard & Poor’s) le echó porras a las hipotecas tóxicas en Estados Unidos hasta que el castillo de naipes se vino abajo. Y claro, cuando explotó la crisis, se hicieron los sorprendidos, como si no hubieran estado metidos hasta el cuello.
¿Y ahora nos vienen a decir que estamos en problemas por la “incertidumbre” y la “debilidad del sector industrial”? No digo que la economía mexicana ande en su mejor momento —traemos más baches que la carretera a Cuernavaca después de la temporada de lluvias—, pero que Fitch venga a repartir calificaciones es como si el compadre que nunca paga sus deudas te quisiera dar consejos financieros.
Encima, su diagnóstico está basado en que los aranceles gringos se van a quedar al 18% este año y luego bajarán a 16% en 2026. O sea, están sacando la bola de cristal y adivinando como si esto fuera una tanda de lotería. Y claro, ellos se curan en salud con un bonito “nuestras previsiones contemplan la posibilidad de un escenario adverso”. ¿Así o más vago?
Lo que no dicen es que sus predicciones suelen ser más pesimistas que el amigo que ya va llorando a la fiesta porque cree que se va a quedar sin ligue. Fitch no solo nos da cero de crecimiento, sino que además asegura que vamos derechito a una recesión técnica. Pero, ¿y si no pasa? ¿Quién les quita la razón después? Nadie. Ellos ya habrán tirado la piedra y escondido la mano.
Así que, México, no nos queda de otra que demostrar que este país no se rinde tan fácil. Que Fitch se quede con sus pronósticos de catástrofe; nosotros sabemos que aquí se crece con ingenio, con creatividad y con esa capacidad única de sobrevivir hasta con el dólar por las nubes.
Al final del día, la única calificación que vale es la que nos da la gente que se parte el lomo todos los días. Porque si algo ha quedado claro, es que las agencias como Fitch podrán tener traje y corbata, pero de calidad moral… mejor ni hablamos.
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