
Por Manuel Gutiérrez
Frases ominosas, un marco siniestro de la defensa del narcoestado, una promesa de desconocer resultados en las próximas elecciones para perpetuarse en el poder, aun contra la voluntad popular como decisión, fue el corolario de los festejos de dos años de caos en lo que algunos llaman República, pero que dejó de serlo cuando los poderes que estuvieron en el festejo pasaron, sin disimulo, a ser parte del poder central.
La peor de las frases del discurso de Claudia Sheinbaum, que canceló ya la independencia de su propio proyecto político por sujetarse a decir que ella y López Obrador son lo mismo, es como si el Peje nunca se hubiera retirado del poder; por tanto, llegó a ser solo su representante.
Otra lectura ominosa es la advertencia: cerrar en el 27 el camino a la injerencia extranjera es el pretexto, lo que significa que, en caso de que Morena tenga derrotas, pasará a cuestionar, negar y rechazar los resultados adversos, como ocurrió en el chavismo venezolano. Si ganara el PAN, o el PRI u otro, dirán que ganaron los estadounidenses, que no votaron solo los mexicanos. El resto es blindarse sin entregar el poder.
Luego, en el aniversario de la Marina, la dama del Palacio Nacional pidió a los marinos combatir a la extrema derecha en México, todo en nombre de la soberanía. Pero este mensaje resulta tóxico porque solicita que se considere a la disidencia, primero, como traidora a la patria y, segundo, alineada a un poder extranjero. Pedir a un sector de las fuerzas armadas que proceda contra un grupo político ajeno al poder es algo totalmente inadmisible, dado que rompe el proceso y niega el derecho a la disensión; no es papel de las fuerzas armadas.
Pedir a la Marina que intervenga en procesos internos electorales, en contiendas políticas, es el mensaje más nocivo que se haya dado a las fuerzas armadas en toda la historia. Es colocar en contienda a la Marina Armada de México como persecutora de la oposición. Pocos analistas se detuvieron a considerar la gravedad y el error implícito en el texto, que sentencia la democracia de manera total. Entre tanta diarrea declarativa de soberanía, pocos se percataron.
La Presidenta ha pasado a estar en modo militante de izquierda y confeccionó no un informe, no un acto de rendición de cuentas —que es lo que menos saben hacer—, sino que lo convirtió en un mensaje ideológico, de partido morenista, de sectarismo, destinado a iniciar una reacción contra un enemigo real o imaginario; incluso propone el fantasma del imperialismo yanqui como en Cuba. El mismo recurso que movilizó al pueblo cubano ante una invasión que no llegaba y un enemigo que era más tolerante y negociador, y al que de alguna manera le convenía esa ínsula con aires de independencia porque no iba contra el poder americano en realidad, porque existieron pactos y el propio gobierno estadounidense conjuró a los anticastristas de Miami.
La defensa de Rocha, a la que se suman ahora las acusaciones contra Alfonso Durazo, gobernador de Sonora, quien fue responsable de seguridad en el sexenio del Peje, y contra Américo Villarreal, gobernador de Tamaulipas, a reserva de seguir aumentando la lista, reflejan la ligereza con que han tomado decisiones los que en realidad tienen el bastón del poder en México.
López Obrador, es de suponer por su militancia comunista y su estilo de gobernar por latidos, concibió como un plan audaz —pensó que sin consecuencias por la extraterritorialidad— la posibilidad de afectar a los Estados Unidos con drogas, fentanilo y con la operación e impunidad de los carteles, siendo el de Sinaloa el más vinculado con la familia presidencial en muchos sentidos. Por un lado, ganar dinero; por el otro, dañar al odiado enemigo de la mitología de izquierda, pero no hay acción sin consecuencias: estas tardaron, pero ahora llegaron.
Sus peregrinaciones a Badiraguato, sus saludos, su defensa de la dignidad humana de los sicarios y traficantes, acompañada de “abrazos, no balazos”, no produjo que estos dejaran los sembradíos de amapola o marihuana, el tráfico de personas, la explotación en forma de esclavitud y el exterminio sistemático en campos de la muerte para convertirse en los campesinos que generan alimentos. No, nada de eso. Tampoco ocurrió que desistieran del control político, porque financiaron campañas en Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Michoacán y, obviamente, exigieron cargos de cuota para los suyos.
La extorsión del pueblo en alimentos y plaza es ahora, con el homicidio y desapariciones, el látigo funesto con que castigan a todo México ante un gobierno que, por evitar vincular a procesos jurídicos instrumentados legalmente en los Estados Unidos, prefiere que se arriesgue todo antes que caigan los personajes cercanos al líder moral y real, López Obrador y su familia.
Por ello, Claudia asumió el papel más triste de militante, de subordinada, de enajenada de una política criminal de la que no es ajena, porque sabía lo que estaba ocurriendo y probablemente su triunfo también fue resultado de esa injerencia extraña de los carteles como financieros y como operadores que desmantelaban a la oposición.
Hoy pretende arrastrar a la militancia política a los militares, lo peor y más inadmisible de todos los casos registrados en la historia nacional. Errores de fondo, de visión histórica, de realidad política, pero a la par errores que resultan trágicamente chuscos.
La pérdida de control de la CNTE que engrandeció López Obrador y la misma Claudia que les ofreció imposibles, ahora castigan al evento mundial que ella esperaba sería la gran vitrina de la transformación, puerta del nuevo T-MEC y oportunidad de la recolocación de empresas, en un naufragio de fracasos.
Porque se fracasó en la elección dizque democrática del Poder Judicial y se incluyeron mediocres funcionarios cuyo mérito es la alineación política o ideológica, y servir para aprobar lo que les ordenen y condenar a quienes el Estado considere.
Se fracasó en salud, con un sistema que no puede abastecer medicamentos ni proporcionar una estructura de servicio adecuada, oportuna y resolutiva.
Se fracasó en la economía con una inflación que desfibra las dádivas clientelares, que cada vez se otorgan a mayores segmentos, en un marco de una economía estancada, de un fracaso en materia de inflación y poder adquisitivo real que se palía hablando de aumentos en el salario mínimo que para nada alcanzan.
Se fracasó en el respeto al INE, cuya funcionalidad y jefaturas encabezadas por Guadalupe Taddei, premiada con esa prebenda, aseguran que las elecciones tengan al árbitro del lado de Morena, como en tiempos de los robos electorales del partidazo, que hoy se alinea como crítico: el PRI de ahora.
Han sido tan abundantes los errores y abusos del poder que hoy Andrea Chávez ve naufragar su ambición por un Chihuahua con Maru Campos, la gobernadora que se viste de azul del PAN y toma un impulso que no tenía, pero fue gracias a Claudia, que intentó hacerla víctima y distractor de las causas de Rocha y sus compinches, que ahora puede llegar a ser líder nacional.
Y no abundemos en la política exterior: el intervencionismo presidencial en favor de causas ajenas de la izquierda en Colombia, en Perú, en Argentina, haciendo papelones ridículos que se revierten por las mismas fuerzas comunistas del lugar, que desconocen la trampa en la primera vuelta en el proceso que ha encaramado a la derecha extrema en Colombia, incluso por parte del presidente intervencionista en el proceso, Petro. El modelo será que ella también intervenga entonces.
Claudia quiere resolver al mundo a su gusto, a su pensamiento, a sus fobias y a sus años de comunista intoxicada, porque es incapaz de ser estadista. Esa diferencia es la marca que distancia a sus amigos sudamericanos, como Boric, que resultaron más democráticos que ella misma. Ella condena y emite sentencia en cada mañanera; ella es injerencista; ella, en cambio, exige a un sistema judicial diferente que se comporte como el propio.
La oposición inexistente poco a poco comienza a medrar entre el cúmulo de errores. Ricardo Salinas Pliego invita a Cayetana Álvarez, diputada del Partido Popular de España, y esta, ni tarda ni perezosa, revela las debilidades mexicanas en relación a su incapacidad de distanciarse del narcoestado y de comprender que el narcotráfico y las acciones de los carteles son un problema de terrorismo internacional.
Porque Trump no ha hablado nada contra el partido de la Presidenta —perdón, gerenta—. Tampoco de invadir o alterar nuestras instituciones. Solamente son procesos fundados legalmente por un delito de máxima seguridad; el tema es el terrorismo del narcotráfico, que con todas las pruebas supervenientes de los testimonios ahora en México se pretenden anular, pero que aplaudieron cuando condenaron a García Luna. Hoy les sobran pruebas, pero no son requeridas para extraditar.
Ella extraditó a 90 delincuentes peligrosos sin cumplir esas formalidades solo porque no eran de su partido. Pero con sus aliados, ahí exige y reclama, tratando de tapar el sol con un dedo y de resolver un narcoproblema con un narcomitín.
La realidad es que no tenemos en el Gobierno federal un timón competente, una idea, un rumbo, un concepto de gobierno, sino un programa de propaganda, de campaña, de partido. Todo se supedita a eso.
Mientras, la CDMX, a una semana del Mundial, ve que las obras inauguradas no están terminadas, que ocho años no les alcanzaron para terminar, improvisando y mal, como es costumbre. No hay una sola obra del gobierno de la 4T de la que puedan ufanarse por sus resultados, a la que no tengan que defender sobre mentiras y negaciones, y en la que, finalmente, nada funcione bien.
Vamos, ni la remodelación del aeropuerto de la CDMX se les dio bien: no ha terminado y, tres días después de la inauguración presidencial, se les cayó un tramo grande de
plafón, y siguen trabajando día y noche con desesperación, pero sin la certeza de hacer las cosas bien.
Ningún servicio para el Mundial, como el tren para ese fin o el propio Metro, ha podido estar a punto en una ciudad ridículamente orientada a la fiesta, repleta de ajolotes en extinción y saturada de color morado, porque todo es negocio en este gobierno corrupto, y tanta pintura con más razón para doña Clara Brugada, que en medio del caos pregona la fiesta.
Así va la primera dama obediente al Señor de Chiapas, sembrando su fracaso próximo, pero guardando el as bajo la manga de la represión, de la fuerza militar, si fracasa en los procesos electorales. Prácticamente Andy se refugia bajo el paraguas de su padre y se asegura de triunfar a como dé lugar en Tabasco, donde son demasiado fuertes y han urdido, desde La Barredora, un sistema tropical corrupto y de control.
Pero en el norte y en las entidades en que la capacidad de discernir no se ha perdido, Morena se ve como una sombra siniestra, capaz de recurrir, como otros dictadores latinoamericanos del comunismo, a reprimir y amañar los procesos electorales.
Por ello rechazan que sus destacados gobernadores y personalidades de su partido vayan a enfrentar una justicia real, que en México la verdad no existe. Ellos se vincularon con los carteles, ellos hicieron el huachicol, ellos financiaron campañas con ríos de dinero sucio; es justo que ahora paguen su responsabilidad y no que la Sheinbaum sea capaz, en su fanatismo delirante, de sacrificar un país por sus mentores, por su caudillo, por sus cómplices.
La 4T llevó a la corrupción a niveles que hacen que el PRI del pasado asombre por sus modos, su prudencia e incluso su corrección, porque nunca se atrevió a tanto cinismo, mentira y desvergüenza. Tal vez por eso logró 70 años en el poder y construyó obras útiles con solidez, no estafas mal hechas que se hunden solas; y sí, eran corruptos, pero comparados con los de hoy en el poder, pueden darles lecciones de moralidad.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.









