
Por Pablo Carranza*
Ella trabaja como asistente administrativa en una preparatoria de gobierno en Tesistán. Resulta que se enojó con una compañera -la clásica intrigosa que nunca falta- fue a reclamarle y a decirle “chismosa”. La otra se sintió agredida y se quejó. Viene entonces la intervención de las autoridades educativas y deciden que una de ellas se debe ir a otro plantel.
Y he aquí donde surge la discriminación: Araceli pertenece al sindicato rebelde, al que está protestando por las prestaciones que se han restringido en los últimos años, y surival es del sindicato vendido, el que ha permitido todas las afectaciones a los trabajadores en complicidad con la autoridad.
Entonces, la lideresa de ese sindicato malvado, junto a la directora del plantel, deciden que Araceli es la que debe irse hasta el plantel de Chulavista, en Tlajomulco, a dos horas y media de distancia del lugar donde vive, en Zapopan. La cosa es causarle el mayor daño posible.
El director general, buscando solucionar el conflicto sin ser cruel, decide que se vaya al plantel Nextipac, en la misma zona de Zapopan. Decisión salomónica.
Pero eso no para ahí. La lideresa del sindicato malo hace un berrinche terrible y decide ¡hacer un paro de labores de tres días! Exige que Araceli se vaya hasta Chulavista, moviliza a sus seguidores y suspende clases en Tesistán, afectando a cientos de alumnos. Lo peor de todo es que la directora les facilita las cosas a los paristas porque también quiere el destierro lejano de Araceli. A cuál más de malvadas.
Los docentes y administrativos del sindicato de Araceli acuden a sus labores, imparten las clases a sus grupos y abren las ventanillas para atender. El efecto destructivo del paro se minimiza.
Entonces la lideresa maléfica, en su frustración y enojo quiere expandir sus actos terroristas a otros 31 planteles y exige a sus delegados que hagan paros. Nadie le hace caso. Su poder venenoso tiene límites.
Araceli entra en una angustia tremenda por el intento de linchamiento y cae con los médicos del seguro social que le prescriben incapacidad. Sus nervios están destrozados.
Llega el periodo vacacional de semana santa y todo queda en suspenso. No sé qué va a pasar. Los coletazos del dragón herido pueden ser muy destructivos, pero también puede ser el principio de su fin porque ya se han escuchado muchas voces de condena a esos actos de abuso de autoridad y de acoso laboral y el mismo Secretario de Educación, Juan Carlos Miramontes, deberá atender el asunto y solucionarlo con justicia.
Le quedan pocos meses a la actual administración y no sé quiénes vayan a llegar como nuevo gobierno o si continúen los mismos, pero quien quiera que sea tendrá que voltear a ver a los sistemas educativos y cambiar muchas cosas que están mal, desde la merma en las prestaciones, el no respeto al escalafón, la entrega de puestos directivos por nepotismo y amiguismo y las amenazas y persecuciones a quienes se atreven a alzar la voz.
La moneda está en el aire y la suerte de Araceli, también.
* Psicólogo y periodista
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