
Por Pablo Carranza (*)
Un personaje tenebroso era Caronte, en la mitología griega, encargado de transportar en su barca a las almas de los difuntos para cruzar el rio del inframundo; pero el espíritu en cuestión tenía que pagarle, de lo contrario quedaría en la orilla durante cien años, hasta que el barquero se compadecía y lo llevaba sin costo. Por eso era necesario que, al sepultar a los muertos, los deudos les pusieran dos monedas en las cuencas de los ojos.
En nuestro mundo real pienso en Caronte cuando veo a esos líderes sindicales que cobran cuotas a sus agremiados para que transiten sin problemas por su mundo laboral: personajes siniestros y mucho muy corruptos, en muchos casos.
Pero ahora veo una gran oportunidad con las nuevas leyes laborales mexicanas que permiten a los trabajadores la libertad de pertenecer o no, a un sindicato; y también que en todas las empresas y organismos gubernamentales los empleados podrán votar si están de acuerdo o no, con sus contratos colectivos, de manera directa y secreta.
Y es que he visto cómo algunos de esos contratos, lejos de mejorar las condiciones y prestaciones de los trabajadores, se les han restringido y acotado, con recortes presupuestales en las dependencias de gobierno y con la complicidad de las dirigencias sindicales.
He visto cómo son capaces de dejar sin trabajo a los que deciden dejar el sindicato oficial, o cambiarse a un sindicato autentico que protesta y exige. O como los marginan y los dejan abandonados en la orilla del río, como hacía Caronte.
Con la puesta en marcha de estos ejercicios democráticos estará creciendo la conciencia de los trabajadores que vivían sometidos a los arreglos de las cupulas sin ser consultados. Que vivián amenazados y temerosos de las represalias. Ahora tendrán el poder de decir NO a esos contratos colectivos que en cada revisión les quitaban derechos o se los condicionaban con esa arbitraria clausula de “sujeto a presupuesto”.
Porque con esa leyenda en el contrato el patrón puede decir simplemente “se acabó el presupuesto” y dejar de darles apoyos que habían ganado por derecho propio, como aparatos ortopédicos o anteojos a los que necesitaran, o apoyo económico a las viudas e hijos de los empleados fallecidos.
Toda la mugre de esos arreglos en lo oscurito va a salir a la luz y será el momento en que los que de verdad trabajan decidan romper en pedazos esos contratos que firmaron los lideres traicioneros y tirarlos a la basura.
Caronte ya no podrá cobrar sus monedas y deberá irse ydejar la barca para que las almas libres se suban y transiten por nuevos ríos a nuevos destinos, lejos del inframundo.
(*) Psicólogo y periodista
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