
Por Manuel Gutiérrez
El levantamiento de 1956 afectó en forma enorme a los húngaros ante su futuro como país socialista satélite de la URSS no solo por la brutal represión de los tanques, que aparentemente habían salido de Buda Pest, para regresar abriendo fuego contra los rebeldes, población civil y los fiesteros que nunca faltan que contentos suponían se libraban del imperio soviético.
Afecto, porque no solo dio héroes como Pal Maleter, sino incluso a formas de resistencia como omitir el escudo nacional de la propia bandera, por oposición a la injerencia comunista. Es necesario tener al pasado presente cuando se habla de Hungría.
Este suceso ocurrió del 23 de octubre al 4 de noviembre de 1956. Hay monumentos como uno en que un patriota mata a un dragón, significando la lucha contra el comunismo. Y una placa con la fecha llena de agujeros de bala.
A la par los hay como una guerra de estatuas, en que lo mismo Reagan camina a su embajada, pero se atraviesa un kiosko monumental de conmemoración a la unción soviética.
Por cierto aquí la guerra mundial duró un mes más, simplemente porque los restos del gobierno pro-nazi, las fuerzas de la Escuadra de Hierro, y otros grupos radicales nacionalistas, no aceptaron rendirse.
Prepararon la defensa de Buda y Pest, lo mejor que pudieron. Al final el poder ruso triunfo, pero a un costo colosal equiparable o superior en perdidas de los rusos al asalto de Berlín. La particular geografía de Hungria, planicies hizo que la batalla se diera en la capital, con su colina fortificada con un palacio medieval en la zona de Buda, y resistieron hasta la última bala, sin rendirse prolongando la guerra que oficialmente terminó antes de mayo en Alemania, ya invadida.
Politicos actuales en tanto decapitan estatuas que tienen emblemas de la era soviética, o les quitan en monumentos militares el gorro de piel el llamado “Ushanka” que venden para turistas proclives a lo ruso.
El monumento a la URSS fue defenestrado en cuanto a suplir la estrella roja con la hoz y el martillo, pero la Hungría de hoy vive inesperadas contradicciones, un país europeo totalmente. Un país que logró con su temprano levantamiento que el comunismo se “suavizara” en su tierra, como fue llamado con “Gulash” un platillo regional, seusaran jeans y entrara la música de los Beatles y de otros decadentes occidentales, según el criterio oficial.
Toda esa zona es espectacular, preservada o reconstruida, una era medieval de una vista increíble sobre el Danubio que atrae a miles de visitantes. El país se ve próspero, pero la gente critica hasta lo indecible a Viktor Orban, por dos razones.
La primera de ellas es el populismo. Orban hizo que sufragaran en las elecciones nacionales lo mismo gente de Tumbuctu, que de Australia, todos ellos que “acreditarán” la descendencia de húngaros hasta la quinta generación. Los votos extranjeros, en un país que tiene un millón de colonizadores húngaros por toda Europa, con mucha población trabajando en los países vecinos, se reflejó en forma favorable a Orban. Orban tiene su Palacio, y en el ondea la Bandera de Hungría, pero no la Unión Europea. En cambio, aparece una bandera azul, con símbolos, que nos remiten a Transilvania.
Esta región perdida en las guerras, pertenece a Rumania, pero esa zona de los Carpatos, rica de leyenda draculesca, representa cientos de miles de húngaros en el exilio que se siguen sintiendo húngaros, y que votan a favor de Orban.
Orban ha aceptado las medidas europeas de sanción a Rusia, con calzador. Hasta hace poco Orban disputaba la amistad de Putin, con Bielorusia, y su incondicional Lukashenko. Pero la situación de Ucrania, vino a poner las cosas tensas.Simplemente Orban está luchando por impedir la entrada de Ucrania en la OTAN, con todos sus esfuerzos. Obviamente, eso agrada a Putin, pero no los habitantes de Hungría.
Para los que viven en Hungría, la economía, la moneda, la atención médica, la educación son un rotundo fracaso y se apuran por su retroceso. Pero los que viven en Hungría sonpocos, son más los están fuera y que igual que muchos paisanos mexicanos en Estados Unidos, creen que disfrutamos al dictador López Obrador y no entienden en rechazo en gran parte de México. Pero viven en los Estados Unidos, totalmente y ven la tele mañanera.
Eso mismo les pasó a los húngaros, que se pasaron a la oposición y de hecho ganaron localmente pero no con el truco de los votos externos que suman más que los habitantes del suelo nacional.
Hungría en tanto se resiste: Un microescultor pone las patas de Stalin, y otras figuras de satira, en diminutos bronces por toda la ciudad y lo festejan. La ciudad vive una contradicción arquitectónica, entre los edificios públicos, los murales o relieves de adoctrinación de la era soviética, que fueron dejados y la nueva realidad europea de Hungría y el recuerdo fresco del pasado y de la invasión de Rusia.
Porque Hungría tiene su circuito de Fórmula Uno a corta distancia del centro. Hungría festeja a sus destacados, como el creador del coche lunar, y otros inventos cruciales para la vida moderna. Incluso en México, el autor Lazlo Pashut, autor del “Dios de la lluvia llora sobre México” dejo una huella imborrable por la certeza de su texto histórico.
Es UE por todos lados, excepto en su propio gobierno que busca jugar una baraja trucada. Es OTAN pero no quiere ayudar en nada a Ucrania. Es UE, pero su presidente añora a Putin y bloquea el Ucrania con todo lo que puede y eso intenta en el Consejo Europeo, enfrentando a España de Sánchez el socialista, que es opuesta en todo a Orban.
En tanto la capital sigue resurgiendo con una belleza de clase mundial. Su campo no es espectacular sino una llanura monótona, que asemeja a la estepa de Ucrania.
Lo mismo tiene obras de Pal Kepenyes, que salió luego de la revolución del 56 de Hungría, murió en Acapulco, en donde hizo su segundo hogar, impresionantes estatuas, que hacen suponer una imaginación tipo Marvel, o el destino inexorable como un fantasma mortal señalando la hora con un largo y huesudo dedo, muy impresionante. Edificios modernos en contraste con los cajones monumentales y propagandísticos de la dominación rusa.
El autor de las micro esculturas que tanto celebra Hungría, Mihaly Kolodko, en tanto sigue incursionando con su arte pequeño, pero que festejan como crítica social en Budapest. Claro que no tuvo permiso municipal o recibió premios, pero la comunidad lo protegió y ahora es motivo de visitas extranjeras a sus figuritas, en que está la rana de Plaza Sesamo, porque para variar su autor era un húngaro que aprendió esa difícil lengua, creció en el extranjero. Las botas de Stalin, son imperdibles en esa lista reflejan un rechazo profundo e histórico y de burla.
Eso es Hungría, un país europeo en busca de sí mismo, gobernado por un populista que desencanta a sus propios habitantes y que sigue en el poder mientras el río nada azul Danubio, es torrencial, traicionero, poderoso y más que nada gris, descrito así por Gary Jennigs en “Lentejuela” un libro obra maestra de circo en Europa con su drama. Y la descripción fue cierta.
País raro que festeja a Escocia, poniendo azul el puente de las cadenas, principal estructura de las cinco con que se cruza el Danubio y que honra a sus aliados europeos, mientras su presidente mira hacia Rusia.
Catedrales, santos propios como la legendarios Santa Isabel, que se ganó el cielo haciendo su labor asistencial privada, o del patrón de Hungría, como la fastuosa historia milenaria descrita de más de mil años en estatuas monumentales de los reyes magiares, en su colosal Plaza de los Héroes en que la estatua ecuestre de los siete reyes magiares, así como de su monarquía con algunos santos, remite a que la piedra hable de una historia en imágenes, entre los cuales está el patrono católico San Esteban, santo referido a los canteros, albañiles y picapiedras.
Bueno, fue tan efectivo San Esteban que su hijo Emerico, también alcanzó los altares, y su maestro, el Obispo Gerardo.Isabel de Hungría es héroe nacional aparte de santa.
Esas tierras están repletas de tradición religiosa y tesoros artísticos. De menos el turismo les va bien y Buda, está siendo objeto de un proyecto de rescate muy ambicioso. Ya es un error no pensar en Praga o en Budapest, como destinos medievales, y como testimonios históricos son muy europeos. Pest es la parte alegre, Buda la elegante.
El asunto en tanto de Orban los puede seguir deteriorando, no solo en política exterior. El problema es que Rumania considera una provocación la “adjudicación” de Transilvania, pero mientras de los votos, todo es permitido.
De menos Orban no pone más banderas polémicas en su Palacio y su aceptación, es inaceptable por los propios húngaros que tienen al presidente elegido por los que viven en Australia y que poco saben de la realidad actual y que presumen de su tatarabuela húngara y con eso desgracian a los que quedan en el suelo natal. De hecho este país, como España, ofertan la nacionalidad con facilidades y más si dices votar por Orban.
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