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Por Carlos Ramírez
Los Pactos de la Moncloa que se suscribieron como amarre final del modelo de transición de España del franquismo a la democracia no fueron políticos, sino que diseñaron un tránsito de la economía franquista cerrada al dinamismo capitalista europeo. El sentido de Estado de Adolfo Suárez entendió que las relaciones sociales y las relaciones políticas eran consecuencia de la estabilidad económica y de las relaciones de producción. Con esos Pactos, España dio el salto a la modernidad económica.

Lo que necesitan España y otros países que verán afectado su sistema productivo por el efecto del COVID-19 no es un pacto de rediseño del modelo de desarrollo, sino tan sólo políticas de corto plazo para impedir los tres jinetes del apocalipsis de los virus: la destrucción del sistema estatal de salud, la quiebra de empresas y el desempleo permanente.

En todo caso, lo que han requerido los modelos de desarrollo desde la crisis de financieras del 2009 ha sido una depuración para consolidar políticas de mayor crecimiento económico con más y mejores estrategias de distribución del ingreso. El impacto previsible de una caída del PIB de -8% –más o menos, de acuerdo con los deterioros que vienen todavía– requiere de reforzamientos productivos.

La propuesta del gobierno del presidente Sánchez de unos nuevos Pactos de la Moncloa no hacen sino enturbiar más el ambiente. Se necesitan, y rápido, acuerdos de asimilación del parón productivo, la protección de las cadenas productivas en las empresas pequeñas y medianas y sobre todo la protección del empleo para evitar el desempleo definitivo.

Pero llamar nuevos Pactos de la Moncloa a los acuerdos de defensa de la planta productiva y el empleo no deja de ser un despropósito demagógico que mancha la memoria del presidente Suárez como el arquitecto de la transición de España a la democracia y el desarrollo. Los verdaderos Pactos de la Moncloa fueron la refundación del modelo de desarrollo de España.

Los nuevos acuerdos contra la crisis productiva provocada por el coronavirus, si quiere dárseles un nombre, deberían ser los Acuerdos del Palacio de las Cortes porque implicarían negociaciones entre partidos representados en la Cámara legislativa. Se sacaría el tema del espacio presidencial que Sánchez parece obsesionado en potenciar y centralizar la acción pública.

De la existencia de los acuerdos en defensa de la producción dependerá el verdadero daño social de la pandemia. El parón productivo podría provocar quiebras en cadena y pérdida total y permanente de empleos. En México, por ejemplo, el gobierno federal decidió destinar los pocos fondos disponibles a subsidios a personas de la tercera edad, mujeres con restricciones laborales, niños y niñas y jóvenes sin empleo y mantener el financiamiento a los tres proyectos industriales del régimen –el tren maya, la refinería Dos Bocas y el nuevo aeropuerto en Santa Lucía–, dejando sin atención, amparo y protección a los más de 4 millones de micro, pequeños y medianos negocios que forman parte de la cadena industrial y el desempleo definitivo a millones de trabajadores.

Del apoyo a cadenas productivas dependerá el efecto económico de la pandemia. México ha tenido cuatro caídas del PIB: -4.3% en 1983 (crisis devaluatoria), -3.7% en 1986 (crisis devaluatoria), -6-3% en 1995 (crisis devaluatoria) y -5.3% en 2009 (crisis en los EE. UU.). El efecto de cada una fue sólo de un año porque la estrategia económica protegió el empleo y la planta productiva.

Hoy no existe ninguna estrategia de protección a empresas y empleo. Por eso en un mes de parón productivo han sido despedidos alrededor de un millón de trabajadores y han cerrado puertas más de 100 mil empresas. Se esperan más cierres y despidos en los próximos dos meses.

México tiene un problema adicional al de los despidos y cierres por el virus: su capacidad productiva dentro del Tratado con los EE. UU. y Canadá no ha beneficiado a la planta productiva: el porcentaje de componente nacional en los productos de exportación ha disminuido de 45% en el 2000 a 38% en 2018, lo que quiere decir que menos empresas mexicanas participan en las cadenas productivas, A nivel nacional, el PIB promedio anual en el periodo del Tratado 1994-2018 fue sólo de 2%, cuando en el ciclo populista 1934-1982 fue de 6%. Y en los años del gobierno de López Obrador el PIB promedio anual de 2019 y 2020 podría ser de -4% o menos.

Los acuerdos de defensa del sistema productivo y en el caso de México de rediseño del modelo de desarrollo son urgentes ahora en medio de la crisis, pero sin voluntad gubernamental. De mantenerse la tendencia productiva sin reformas, el PIB promedio anual del sexenio de López Obrador podría ser menor al 2% del ciclo anterior.

La defensa del sistema productivo es una necesidad económica, pero la demagogia de los gobernantes está distorsionando la salida de la crisis provocada por un virus a una crisis generada por la politiquería de los gobernantes.

 

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@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- ¿Regresar a cuál normalidad? Los cuatro dilemas poscoronavirus

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Carlos Ramírez*
Presionado por la economía 
estadunidense a la que está atado, por el desempleo en modo Calcuta de millones de trabajadores que no han recibido apoyo y por una planta productiva que se pone en funcionamiento o se destruye, la decisión gubernamental para regresar a la nueva-vieja normalidad económica y social tendrá que resolver cuatrodilemas:

1.- El dilema entre la salud o la economía. Los datos reales de las afectaciones de la pandemia a la planta productiva son peores a los que se conocen y deberían obligar a las autoridades a cuando menos dos semanas de medidas drásticas de confinamiento para romper los contagios, pero las presiones de las cadenas productivas estadunidenses y el peligro de que la planta productiva paradpierda mercados van a llevar a la decisión del regreso a la actividad económica cuando aún no se ha alcanzado el punto máximo de contagios. España, que aplicómedidas drásticas de confinamiento autoritario, apenas está viendo bajar el ritmo de fallecidos y contagiados.

2.- El dilema entre economía productiva o economíasubsidiada. Sin ningún tipo de apoyo, la economía de servicios y buena parte de la economía industrial fue afectada en su dinamismo por el desplome de la demanda, el desempleo obligatorio de trabajadores y la competencia con otros países que ocuparon lugares mexicanos en la proveeduría de bienes y servicios. El turismo y los servicios quedaron destrozados por falta de apoyo y su reinicio será lento. Las expectativas de PIB de -8% a -12% tardarán en recuperarse cuando menos 25 años. Los datos de que el 2021 se crecerá a 2% a 2.5% será sobre el hoyo recesivo de 2020.El gobierno federal regresará a la economía de subsidios que tenía antes de la pandemia y que llevaron a un PIB de -0.1% en 2019 y previsible de -0.5% a 0.5% en 2020. La opciónoficial era la de economía de subsidios sociales noproductivos y no multiplicadores de la demanda efectiva.

3.- El dilema entre mercado o Estado. Anunciado desde su primera campaña electoral estatal en 1988, el modelo de desarrollo de López Obrador fue siempre el Estado que había sido sustituido por el mercado en el modelo neoliberal de Carlos Salinas de Gortari 1979-1994. En su campaña electoral de 2018 López Obrador anuncio el fin del neoliberalismo. Y buena parte de sus decisionespresidenciales han sido en el escenario de la restauracióndel Estado como el eje de la economía. Sin embargo, el modelo de Estado depende sólo de tres claves: ingresos fiscales del doble de los existentes, desarrollo tecnológicopara potenciar la competencia y empresas públicas en el sector industrial basadas en la generación de utilidades y no quebradas por subsidios.

4.- Y quizá el dilema más importante: regresar a la normalidad de un país hundido en la improductividad que se enfilaba a tasas promedio sexenal de PIB de 1% a 2%, muy lejos del 4% promedio anual anunciado de manera oficial o construir la normalidad prometida de un nuevo modelo de desarrollo posneoliberal imaginado y no diseñado. Hasta ahora, con cuatro meses de coronavirusno existe ningún nuevo modelo de desarrollo posneoliberal ni ninguna definición del Estado productivo.

De acuerdo con las cifras del INEGI, el PIB de 2019 y el del primer trimestre de este año se salvó por el sector primario, el agropecuario, pero con sectores industrial y de servicios sin incentivos y atorados por el desmoronamiento de la demanda. Para crecer a tasas anuales del PIB arribadel 2.2% promedio de los últimos años se requiere una planta productiva renovada o reconvertida, una política efectiva de fomento industrial y sobre todo un nuevo modelo de desarrollo.

Ahí está el eje de todos los dilemas: regresar a la normalidad de antes o construir una nueva.

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Batallas burocráticas. Justo en el momento en que el Tren Maya depende de negociaciones con grupos indígenas para evitar otro Atencopresiones dentro del gabinete quieren desplazar a Ricardo Peralta, el subsecretario de Gobernación experto en negociaciones in extemis. El expediente de aduanas que lo tuvo seis meses se ha enredado en fuego amigo, al grado que su sucesor tiró la toalla por la complejidad del tema. Peralta ha sido eficaz en apagar fuegos conflictivos y tiene ante sí el del Tren Maya, una de las joyas del sexenio que se puede ahogar en tribunales.

Política para dummies: La política, al final del día, decide entre soluciones malas o soluciones peores.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- No es desorden, sino amalgama babélica de ideas y movimientos

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Carlos Ramírez*
Como se predijo desde la configuración de Morena no como partido, sino como movimiento de movimientos sociales, el tiempo está llegando a la agenda de la 4T: el presidente de la república está gastando más tiempo y capital político en negar propuestas de los militantes de Morena con las cuales eventualmente pudo coincidir, pero con la certeza de que carece de una base militante heterogénea.

La reciente propuesta de indagar la riqueza de las personas fue uno de los indicios de que el grupo del viejo Partido Comunista Mexicano y sus aliados anticapitalistas están percibiendo el agotamiento de los tiempos de cambio. El ideólogo de ese grupo es el exlíder de la Juventud Comunista, Pablo Gómez Alvarez, quien en la ultima propuesta de PCM en 1988 planteó la expropiación de Televisa, la nacionalización de la industria farmacéutica y una reforma fiscal contra la riqueza.

No son todos, pero hasta ahora se pueden identificar los diferentes movimientos internos de Morena:

–Los lopezobradoristas que van donde el líder diga.

–Los comunistas del PCM.

–Los anticapitalistas.

–La izquierda coalicionista que se unió al PCM y dio luz al PSUM y al PMS.

–Los experredistas.

–Los expriístas.

–Los expanistas.

–Los progresistas que pulularon como abejas sombre muchas flores.

–Los líderes de movimientos sociales que viven del asistencialismo y que operan control de masas.

–Los revolucionarios de membrete que se forjaron viendo las revoluciones guerrilleras de América Latina, pero que se aliaron con la policía política de Zedillo para traicionar al EZLN y que hoy ven en López Obrador al líder del amanecer una revolución socialista-marxista.

–La élite del primer círculo de poder de Palacio Nacional que se dinamizó alrededor de López Obrador y que tiene a su cargo la funcionalidad del gobierno, pero sin llegar a ser ni politburó ni comité central.

–La élite de funcionarios de alto nivel que dejo de tener espacio en los gobiernos del PRI y del PAN y que se salió para encontrar acomodo en el PRD y ahora en morena.

–Los grupos sociales que se mueven en función de programas asistencialistas, que tienen lealtad asegurada y que mantendrán la base militante de López Obrador.

–Los infaltables funcionalistas con experiencia de gobierno que se adhirieron al lopezobradorismo por la puerta de un cargo público, pero que sólo se representan a sí mismos.

–Y la pluralidad de votantes con o sin partido que vieron en López Obrador la ultima oportunidad para terminar sólo, y nada más, con la corrupción.

No se trata de una estructura novedosa. Todos los partidos y liderazgos tienen una diversificación de bases; el PRI la convirtió en línea verticalista marcada por la sumisión, el PAN perdió sus bases y el PRD ni a bases llegó.

La diferencia de los partidos de 1929 a 2018 radica en que Morena no ha derivado en un partido tradicional y se ha quedado, por decisión propia, en un movimiento de movimientos, lo que centralizaría el liderazgo en López Obrador, aunque sin disolver la fuerza de sus organizaciones sobre todo ideológicas.

En este escenario de la desarticulación interna de Morena y la falta de caminos de entendimiento con el poder presidencial morenista se verá un incremento de presiones de grupos para empujar agendas de coalición, pero que el presidente de la república no considera viables en sus tiempos de poder.

Lo que viene en Morena es un proceso ya en marcha de definición de lealtades y alianzas, las primeras sometidas y las segundas preparado su participación con agendas propias en las elecciones legislativas y de quince gubernaturas del 2021. El primer año de la próxima legislatura verá una tensión entre los movimientos y el presidente de la república que no se resolverán en una conferencia mañanera.

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80 grados. El boletín sobre el COVID-19 de la UNAM y la Facultad de Medicina es gráficamente inobjetable. México se encuentra en el grupo de países en emergencia roja: la línea no es aun curva sino angular y tiene una inclinación de 80 grados, a 10 de la vertical. Y no baja. Ni bajará pronto. El boletín pone a México en los países “lejos de controlar la primera ola de la epidemia”. Y frente a esta evidencia de la UNAM-FM, no hay López Gatell que valga.

Política para dummies: La política es el juego de la tensión dinámica. Gana quien empuja más.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- 25% de familias con empleo formal y salario remunerador

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Por Carlos Ramírez*
La clave de la felicidad se localiza, como punto central, en el trabajo con prestaciones sociales y salario remunerador; es decir, que el trabajo sea fecundo, creador y genere dicha y bienestar para el trabajador y su familia.

Las cifras oficiales ya con el costo de desempleo por el frenón productivo provocado por el coronavirus daría cifras que representan el desafío para tener un PIB alto y cuando menos recuperar algo de lo perdido, sin que haya espacio para generar nuevo empleo formal:

–De la población económicamente activa de 57.3 millones de trabajadores, la mayoría –el 57%, 32.1 millones– lo hace en el sector informal, es decir, sin seguridad social, ni salarios oficiales, ni prestaciones sociales; sin felicidad, pues.

–La tasa de desempleo oficial de 3.5% del INEGI representa dos millones de personas; a ellas se deben debe agregar un millón más de desempleados forzados por el virus en las cifras hasta abril –se sumarán cientos de miles más en el segundo trimestre–. Y hay que sumar 1.3 millones de mexicanos que se incorporarán en este año a la población económicamente activa por primera vez y no encontrarán empleo. Por tanto, hasta ahora se prevé un desempleo de 4.3 millones de personas en este año, casi el 9%.

–En términos reales, sólo el 47% de la población trabajadora se encuentra en situación de empleo formal. Y del total de la PEA, sólo el 25% tiene salarios arriba de cinco salarios mínimos.

En un análisis realizado en 2014 para definir los derechos del consumidor, la Procuraduría Federal del Consumido estableció los tres rangos de las clases sociales en México:

–Baja: 60%, con baja-baja de 35% y baja-alta de 25%.

–Media: 34%, con media-baja de 20% y media-alta de 14%.

–Alta: 6%, con alta-baja de 5% y alta-alta de 1%.

Estas cifras revelan la injusta y polarizada distribución de la riqueza en México: la clase más baja es de 35% del total de la población, casi un tercio del total, y la clase más alta es de 1%, apenas 1 millón 250 mil personas, de los 125 millones de mexicanos.

El problema de México no es el PIB como la suma anual de los bienes y servicios, sino de distribución de la riqueza. Por valor del PIB, México ocupa el lugar 15 entre todos los países del mundo, pero baja al lugar 75 en PIB per cápita o el total de valor del PIB dividido entre el número de habitantes. Justamente el PIB per cápita es el indicador mundial del bienestar.

En cifras del profesor Arnulfo R. Gómez la participación del PIB de México en el ranking mundial ha bajado del 2.65% en 2001 a 1.45% en 2018 México, pese al Tratado de Comercio Libre; y el lugar de México en la lista de países por PIB per cápita también ha disminuido: del lugar 41 al lugar 74.

El desafío de lograr la reversión de la actual distribución de la riqueza de 80% para ricos y 20% para pobres a una distribución de 80% para pobres y 20% para ricos exige una política de Estado para la redistribución de la riqueza por lo menos durante 15 años.

En un libro La economía de las desigualdades, Cómo implementar una redistribución justa y eficaz de la riqueza, publicado en 2008, el economista francés Thomas Piketty –vuelto famoso por sus libros sobre el capital como riqueza y no como eje del marxismo– establece dos formas de redistribución de la riqueza:

–La pura: “se adapta a las situaciones en que el equilibrio del mercado es eficaz, sí, en el sentido de Pareto; es decir, cuando es imposible reorganizar la producción y la asignación de los recursos de manera en que todo el mundo gane, pero a la vez las consideraciones de pura justicia social requieren una redistribución desde los individuos más favorecidos hacia los que son menos”.

–La eficaz: “situaciones en que imperfecciones del mercado requieren intervenciones directas en el proceso de producción, que simultáneamente permiten mejorar la eficacia paretiana de la asignación de los recursos y la equidad de su redistribución”.

En este sentido, la redistribución justa y eficaz de la riqueza para lograr la felicidad de el 80% de los mexicanos no propietarios que usan su fuerza de trabajo para ingresos que le permitan la felicidad sólo es posible al pasar de la mano invisible del mercado a la mano redistribuidora del Estado.

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Política para dummies: La política real es el mundo frío de los números,

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