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Carlos Ramírez

Si el famoso tango argentino canta que veinte años no es nada, los primeros cien días del gobierno del presidente Joseph Biden se fueron como una exhalación… de expectativas. Todo el peso de sus primeros cuatro años de administración –sin saber si habrá otro periodo, por la edad del comandante en jefe– se asienta en su programa de recuperación de tres billones de dólares que pudieran ser seis.

El enfoque del programa de reactivación de Biden busca convertirse en la tercera gran etapa de consolidación social: la primera fue de Roosevelt después de la gran depresión de 1929 y la segunda de Johnson con sus reformas sociales a favor de los afroamericanos a finales de los sesenta. Hoy Biden busca atender las necesidades de los marginados, pero quizá más por las evidencias de que la demanda productiva ya no se basa en la disminuida clase media sino en la globalización económica.

El eje de la estrategia radica en la inyección de liquidez vía fondos provenientes de una gran reforma fiscal que quiere castiga a los ricos. Pero el problema es más complejo que quitarles a unos para darles a otros. La globalización rompió los ritmos de creación de ciencia y tecnología productiva y la robotización afectó la fuerza de demandas de la clase media. Los empleos crecieron en el sector de los servicios, pero sobre todo los de trabajos no propiamente productivos sino de asistencia a negocios de distribución de bienes de consumo.

En su discurso de los primeros cien días, Biden basó su administración en el programa de reactivación, en el endurecimiento del discurso contra China y Rusia y en la reactivación reaganiana del sector militar de seguridad. Pero la Casa Blanca hoy se ha encontrado que los presidentes de Clinton a Trump han carecido de enfoques estratégicos integrales, que descuidaron las expectativas de seguridad nacional y que decidieron la línea militar por razones familiares y no de reacomodo de poderíos. Obama se encontró que Bush Jr. había “inventado” con el británico Tony Blair la guerra contra Irak por venganza de su padre Bush Sr., y había abierto sin querer el frente afgano. Obama quiso salir de Afganistán, pero se hundió más. Y ahora Biden retira tropas sin la certeza de la derrota de los talibanes.

La principal sorpresa que se encontró Biden fue su “patio trasero”: América Latina, de México a la Patagonia. En México le ganó el poder un presidente nacionalista, estatista y populista, en Centroamérica se construyó una estructura de crimen organizado muy poderosa y en Sudamérica regresaron los populistas. Los primeros movimientos de Biden fueron para buscar una alianza con México para convertirlo en una especie de delegado de la reorganización continental, pero no encontró respuestas.

Migración, narcotráfico y pobreza son los signos vitales del Río Bravo hacia el sur y no hay fondos suficientes para atender las urgencias. Biden comprometió tres mil millones de dólares, pero no sabe como canalizarlos porque los gobiernos de todos los países están envueltos en acusaciones de corrupción. América Latina perdió su modelo de desarrollo articulado a la economía estadunidense y los populismos nacionalistas fueron incapaces de aportar bienestar mayoritario. La pobreza y el auge de la criminalidad ocuparon al Estado y es la hora en que la Casa Blanca no tiene un diagnóstico real y de fondo de la penetración del crimen organizado en las estructuras de los países latinoamericanos.

En la realidad de seguridad nacional, el discurso de política exterior de Biden tiene un vacío de planeación estratégica: qué se quiere, para qué y cómo. Biden está partiendo del conflicto de la invasión migratoria sin control para definir líneas de contención en los países de origen. Trump tomó el camino fácil de cerrar las fronteras migratorias, pero sin ofrecer soluciones exteriores. Las vacilaciones de Biden en los primeros días de su gobierno tergiversaron sus intenciones y dañaron los flujos migratorios. La asignación de la tarea de control de la frontera a la vicepresidenta Kamala Harris podría ser una gran derrota para la Casa Blanca y el desgaste de la principal figura para las presidenciales de 2024.

Biden presiona a México para que termine con los dos principales cárteles del narco, el Jalisco y el del Chapo, pero sin afectar para nada el control de estas dos organizaciones del tráfico de drogas al menudeo en el 85% de los estados estadunidenses. Aún si México lograra aplastar de forma definitiva a estos dos grupos, sus células en EEUU podrían sobrevivir por si mismas. Otra vez la Casa Blanca elude el punto decisivo del narcotráfico: la demanda, el consumo interno y el uso de drogas en función de derechos individuales.

Los primeros cien días mostraron a un Biden atrapado en sus contradicciones y limitaciones de sus decisiones. No ha podido definir líneas de fondo para solucionar conflictos y se ha conformado con buscar cuando menos un acercamiento a decisiones que apenas desdramaticen algunos apuros. El más grave y visible es el de la migración ilegal; y por tratar de alejarse de los rasgos racistas de Trump, ha caído en una especie de permisividad que sigue inundando EEUU de personas que cruzan de manera ilegal la frontera, se entregan a la autoridad, son citados para juicios posteriores y logran su objetivo de ser liberados dentro de EEUU para perderse en la inmensidad del territorio.

A los once millones de personas que carecen de rango legal y buscan su formalización migratoria se podrían añadir en el corto plazo unos dos millones más. Y lo grave de todo es que las decisiones de Biden no han sido negociadas al interior de su sociedad y de pronto el racismo invisibleaparece en su violencia cotidiana.

Biden ha sufrido los primeros cien días de los mil cuatrocientos sesenta días de su administración.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Novatada de Kamala en México como jefa alterna de Estado; no entendió nada

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Carlos Ramírez

Si la vicepresidenta Kamala Harris llegó a México sin entender al país y sólo a lucirse y a estrenarse como jefa alterna de Estado, regresó a Washington sin comprender cuántas bolas rápidas le pasaron. Su declaración de que le había cantado sus verdades al presidente y luego su aclaración de que había sido al de Guatemala fue celebrada con malicia por republicanos.

Lo de menos es que la política exterior geopolítica, migratoria y militar de Biden sea la misma que la del presidente Donald Trump. Lo grave radica en el hecho de que Biden y su gabinete mostraron un nivel estratégico bajo, una evidente falta de malicia y una incomprensión sobre como ser imperial sin ser malvado.

La propia vicepresidenta se enredócon sus justificaciones en Washington, pero cuarenta y ocho horas después de regresar. “dejé claro a México”, dijo, enérgica, ejecutiva, imperial, a la agencia española EFE (EFE de Franco, su fundador); pero luego de la declaración del canciller mexicano Marcelo Ebrard Casaubón que no le había dicho lo que dice que le dijo, la subjefa de Estado de EE. UU. aclaró que su manotazo en la mesa había sido con el débil presidente de Guatemala, ah, claro, cómo no, así cualquiera.

Lo único que dejó nítido la vicepresidenta fue la certeza de que México no le importa al presidente Biden, que el escenario mundial estratégico de la Casa Blanca hoy es Europa y la OTAN y ahí continuar la estrategia del presidente Trump de obligar a los países europeos a involucrarse en el fortalecimiento militar de los países de la zona para contener a una enclenque Rusia y a una China mucho más inteligente y estratégica que el Pentágono.

Los enfoques estratégicos se asumen en las circunstancias. El éxito del viaje a México de la vicepresidenta y subjefa de Estado dependía del avance opositor en las elecciones mexicanas del domingo 6. Pero la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y las casi once gubernaturas ganadas por Morena desinflaron el papel de la Casa Blanca como pivote de la alianza PRI-PAN-PRD-COPARMEX-ONG´s financiadas por EE. UU.

Si el nivel estratégico de México en la estructura del poder de Washington es la vicepresidenta y los secretarios del gabinete con rango administrativo y experiencias menores, entonces no hay mucho que preocuparse. El verdadero riesgo para Mexico en sus relaciones con el imperio radica en la fuerza no institucional que tengan las agencias de inteligencia y seguridad nacional, sobre todo la CIA, la DEA, la DIA del Pentágono, el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional y el gabinete semiclandestino del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. Y a partir de enero, el factor de equilibrio de los republicanos de Trump en el Senado y su supervisión de las oficinas de inteligencia y seguridad nacional de la Casa Blanca.

La gran pregunta que definirá las acciones de seguridad nacional de EE. UU. hacia Mexico es sencilla de plantear: ¿cuántos gobiernos han derrocado los nuevos funcionarios de las áreas estratégicas de la Casa Blanca y cuántos estarían dispuestos a derrocar? Porque una cosa es “dejar claro” cosas en charlas de alto nivel y otra ejercer la fuerza del poder para dominar a los otros. Al final de cuentas, gobiernos disfuncionales como los de Honduras, Guatemala y El Salvador son más utilizables a los intereses de Washington que democracias con bases populares determinadas de manera histórica por la lucha contra el imperio y los ricos y simpatizantes de la guerrilla centroamericana del pasado reciente.

Lo peor que le puede pasar a un imperio es negociar sin malicias con gobiernos de países determinados por sus malicias del poder. En Honduras y México le dijeron a la subjefa Kamala que a todo porque la cultura latinoamericana prueba que prometer no empobrece. Pero cambiarrelaciones de fuerza y de poder para temas como corrupción y seguridad en sociedades políticas conflictivas precisaría de mayores ejercicios de fuerza estadunidense.

Y después de una visita de seis y media horas, el mensaje estratégico del presidente López Obrador fue muy sencillo: EE. UU. necesita más a México para encarar el colapso en América Latina que México a EE. UU.

 

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Política para dummies: La política es el arte de enredar al adversario.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- México AMLO 2.0: ni derrota ni victoria

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Carlos Ramírez
La estridencia nacional e internacional sobre el proceso electoral de México del domingo 6 de junio encontró un saldo anticlimático: todos ganaron y todos perdieron y al final las cosas cambiaron para quedar igual. Otra vez se confirmó la impresión de que México es un país surrealista en donde Kafka sería un escritor costumbrista.

El debate político-electoral se estancó en el dilema populismo-neoliberalismo: de un lado, Morena como el partido del presidente López Obrador y su modelo económico basado en programas asistencialistas, obras públicas y la reconstrucción del Estado como el rector y eje de la economía. De otro, la alianza extraña entre el PAN como la derecha católica histórica, el PRI que nació como el populismo jacobino y el PRD que surió de las entrañas populistas del PRI del general Cárdenas (1934-1940) y su nacionalismo popular-social, sólo que ahora estos tres partidos bajo el dominio ideológico de la COPARMEX (Confederación Patronal de la República Mexicana), un sindicato empresarial con funciones políticas legales y de manera obvia con su agenda neoliberal pura e ideológica conservadora.

En medio quedó colocada una sociedad pasmada, con una polarización basada en niveles educativos extremos y acostumbrada a que el viejo PRI y el presidente de la república les resolviera sus problemas de subsistencia cotidiana. El dato general no fue procesado en los debates electorales: la mayoría de mexicanos mayores de edad se encuentran en situación de pobreza con una a cinco restricciones sociales y dentro de ella un 25% de mexicanos en situación de pobreza extrema. La crisis económica del ciclo neoliberal 1983-2018 modernizó el sistema productivo por el Tratado Comercial con EE. UU. y Canadá y multiplicó por diez el comercio exterior, pero su impacto social fue menor: una tasa de PIB promedio anual en ese periodo de 2%, contra el 6% del viejo ciclo populista 1934-1982.

En este sentido, el eje de la discusión electoral fue de proyectos contra la crisis: la vía lopezobradorista de regreso a la hegemonía del Estado o la vía neoliberal de la empresa privada.

La disputa por el poder se centro en una guerra de posiciones: la mayoría absoluta (51%) en la Cámara de Diputados y calificada (67%), la primera para aprobar leyes y la segunda para modificar la Constitución; además, se votaron cambios en quince gubernaturas (47% del total) y 30 de 32 congresos estatales. Y como la cereza del pastel, el congreso local y las dieciséis alcaldías en Ciudad de México, la capital del país y el bastión del PRD y luego Morena desde 1997.

Morena y López Obrador ganaron once gubernaturas, veinte congresos locales y la mayoría absoluta por su alianza con dos partidos aliados (el Partido Ecologista que nada hace por el medio ambiente y el Partido del Trabajo que carece de sindicatos y obreros). La gran derrota de Morena y López Obrador ocurrió en Ciudad de México: mayoría de legisladores locales a la oposición y nueve dieciséis alcaldías (56%). El dato adicional radica en que la jefa de gobierno de Ciudad e México ha aparecido como la funcionaria preferida por López Obrador para ser candidata a la presidencia en 2024.

Las elecciones intermedias de manera tradicional redistribuyen el poder por el desgaste de los tres primeros años del sexenio de gobierno, pero también reacomodan grupos para la lucha por la siguiente elección presidencial tres años después.

En este panorama es complicado sacar conclusiones deterministas. Lo claro fue que López Obrador no aplastó a sus contrincantes, pero la oposición tampoco derrotó a López Obrador. En este punto queda el hecho de que Morena se mueve al ritmo del liderazgo personal y centralizado de López Obrador, en tanto que en la alianza opositora se distribuyen los liderazgos de tres partidos y una poderosa organización empresarial, es decir, cuatro agendas diferentes.

El invitado inesperado a la fiesta fue el gobierno de EEUU con una agenda totalizadora y por lo mismo dispersa: migración, comercio, inversión extranjera, narcotráfico, geopolítica centroamericana y vecino con alta densidad de contagios de coronavirus. El presidente Biden envío a México el martes 8 de junio a la vicepresidenta Kamala Harris a gestionar la imposición de la agenda centroamericana, pero se encontró con un país y una región sur bastante desarticulada e ingobernable. Al final, la prioridad de Harris fue migración, ofreciendo ayuda a México, Guatemala, Honduras y El Salvador, pero sin encontrar acuerdos concretos. La crisis de violencia, pobreza y desempleo siguen alimentando caravanas de miles de migrantes hacia EEUU, pese al mensaje central de Harris: “no vengan porque serán regresados”.

Ante EE. UU., López Obrador ha endurecido su mensaje nacionalista que hasta ahora Biden y Harris no han comprendido, luego de que la Casa Blanca abandono América Latina desde la invasión a Panamá en 1989. Y da la impresión de que Washington quiere resolver la crisis regional en diez minutos con cuatro mil millones de dólares de apoyos.

Al final, el proceso electoral mexicano no derivó en conflictos poselectorales, aunque quedó el mensaje ominoso de más de un centenar de políticos asesinados con violencia por el crimen organizado y por otros candidatos. Lo que viene para México es el desafío de crecimiento económico por el hoyo recesivo de -8.5% en 2020 por la pandemia y la expectativa de analistas consultados por el Banco de México en el sentido de que México solo podrá crecer 2.2% promedio anual en los próximos diez años, cuando necesita como mínimo 4% y 6% como ideal. Los mexicanos que no alcancen bienestar serán una carga política y de seguridad para Mexico y, de paso, para EE. UU.

Pero luego del domingo 6, las fuerzas políticas comienzan a cebar sus armas para las elecciones presidenciales de 2024.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- El fracaso de Kamala y la derrota estratégica del frente opositor

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Carlos Ramírez

Lo que nunca ha podido entender la comunidad de los servicios políticos, diplomáticos, inteligencia y seguridad nacional de EE. UU. respecto a México es el papel que juegan los recovecos del sistema político. La visita de la vicepresidenta de EE. UU. se fijó en la coyuntura electoral para impulsar al frente PRI-PAN-PRD-COPARMEX-embajada de EE. UU.: un conflicto poselectoral de protesta contra el régimen con la presencia de la Casa Banca habría sido un pretextointervencionista.

El saldo electoral favorable a Morena en terreno territorial y de mayoría absoluta legislativa sin fraude electoral en las urnas le dio el punto de apoyo al presidente de México para darle a su visita su estrictajerarquía simbólica de turismo político y pareció decirle a todo a sabiendas de que la cocina legislativa estadunidense sigue en manos de los republicanos.

Los temas vitales para la Casa Blanca eran tres: el muro de la Guardia Nacional mexicana protegiendo la frontera estadunidense, el regreso de México a la subordinación a la lógica de seguridad criminal de la DEA, el FBI y el ejército estadunidense y la restauración del modelo de entrega del las áreas de energía a las empresas extranjeras estadunidenses frenando la reconstrucción del Estado energético.

En los hechos, nada obtuvo la vicepresidenta Kamala Harris en esta agenda secreta apoyada por los sectores miramares de México que quieren que Biden y la Casa Blanca asuman el control del destino de México, sobre todo la corriente entreguista pronorteamericana encabezada por la exembajadora Martha Bárcena. Además, el fracaso de la COPARMEX en el saldo electoral del domingo 6 de junio también decepcionó a Washington. Y, por si fuera poco, el primer guiño del dirigente priísta Alejandro Moreno Cárdenas Alito al mensaje del presidente López Obrador de alianza Morena-PRI para mayoría calificada en la Cámara reventó la confianza dentro de la alianza y regresó el mote de Amlito.

En este contexto poselectoral, el viaje de la vicepresidenta Harris fue un fracasoestratégico para los intereses geopolíticos del gobierno de Biden. Y aunque no gustó mucho el hecho de que el presidente Biden enviara a su segundo en el mando a una visita oficial a México, aquí ha comenzado a gestionarse la interpretación de que másvale tener de interlocutora a una funcionaria sin poder operativo real y con agobio de trabajo por las agendas que Biden ha tenido que delegar por cansancio y por disminución en su capacidad de concentración intelectual.

La falta de comprensión de la vicepresidenta de EE. UU. hacia el modelode gobierno del presidente López Obrador comenzará a causar dolores de cabeza en Washington. El comunicado estadunidense destacó como victoria el “diálogo sobre seguridad a nivel de gabinete”, pero sin entender que en México el gabinete es formal, el poder administrativo se ajusta de manera estricta al mandato constitucional de que el gabinete no es autónomo y que está formado por “secretarios del despacho presidencial”, que el presidente López Obrador concentra en Palacio Nacional el funcionamiento de las oficinas administrativas de las áreas del gabinete y que la seguridad se gestiona en el gabinete de seguridad nacional que encabeza de manera personal el presidente de la república todos los días a las seis de la mañana.

Y sigue quedando para la interpretación la referencia de saludo del presidente López Obrador a su visitante: “presidente”, palabra que se presta al juego de jerarquías políticas, no confundiendo a la vicepresidenta con su jefe sino otorgándole a ella su verdadera jerarquía informal ante la invisibilidad del verdadero presidente, Joseph Biden. Son bromas, es cierto, muy a la mexicana, pero que a veces el presidente López Obrador sabe usar con genialidad y malicia: teniendo a Kamala Harris, ¿quién necesita al cansado antidiplomático presidente Biden? A México le conviene negociar con una funcionaria con menores poderes, pese a su representación imperial.

La próxima semana comenzará el turismo de seguridad de funcionarios estadunidenses, pero sobre bases no formales y sobre la falta de cuerdos que dejó la visita de la vicepresidenta. López Obrador dio una lección política a los estadunidenses sobre el poder de imagende la institución presidencial, mientras Biden se quedó en algún rincón de la Casa Blanca.

 

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Política para dummies: La política es un juego de espejos.

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