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Carlos Ramírez*

Los primeros mensajes de Joseph Biden como presidente de EE. UU. insistieron en señalar que la Casa Blanca estaba de regreso al juego mundial del que nunca se fue. Lo único que cambio en los cuatro años de gobierno de Donald Trump fue el estilo: pasar de la arrogancia del poder grosera a… la arrogancia hipócrita del poder, una diferencia de estilos con los mismos objetivos. A su manera, Biden anunció su modelo trumpista de grandeza estadunidense.

En su primer discurso planetario en la Conferencia de Seguridad de Munich, el presidente Biden ha querido marcar una diferencia con respecto Trump. El problema, sin embargo, no son los estilos sino los objetivos estratégicos: los dos han representado la reconstrucción de la hegemonía militar, de modelo productivo y de confrontación dominante de EE. UU. ante China, Rusia, Corea del Norte e Irán.

La restauración de política de bloques con Biden restaura el poder centralizado a la Casa Blanca. La propuesta de Trump se basaba en la reconstrucción del poder económico e industrial interno y en la obligación de las potencias aliadas a compartir gastos militares. Biden regresa a los presupuestos militares estadunidenses basados en la lógica interna del complejo militar-industrial como motor de la economía.

El objetivo de Biden, según se desprende de su primer discurso mundial, se sustenta en el objetivo de regresarle centralidad al poder militar de EE. UU. Y el mensaje no ha sido disfrazado: la designación del general de cuatro estrellas y exjefe de un comando planetario estadunidense Lloyd Austin como secretario de Defensa y responsable de La Casa de la Guerra que es el Pentágono confirma las intenciones de dominación de Biden. Y los mensajes negativos hacia China y Rusia reafirmaron la estrategia de equilibrio dominante basado en la nueva amenaza militar mundial.

El análisis del discurso de Biden ante el Grupo Munich de jefes de Estado de la comunidad occidental deja muchas dudas sobre los enfoques estratégicos de Washington. Sobre todo, no presenta un diagnóstico acertado del mundo. Ante la crisis del viejo modelo de democracia occidental y cristiana que definió la seguridad nacional de la Casa Blanca desde Reagan (1981-1989) y el colapso del propio sistema político-electoral de EE. UU. con las recientes elecciones de noviembre y el asalto al Capitolio en enero, la participación de Biden quiso eludir explicaciones.

La conceptualización de Biden sobre la fragilidad del modelo de democracia no representativa sino de lobbies de EE. UU. no apareció en su discurso vía internet. La transcripción oficial de la Casa Blanca del discurso de Biden registra, inclusive, el tropiezo presidencial en el último minuto cuando dice: “demostremos a nuestros nietos, cuando lean sobre nosotros, que la democracia… democracia… democracia funciona y trabaja”.

Biden le debía a la comunidad mundial una explicación sobre la crisis política estadunidense de noviembre-enero. Y no era difícil de darse. El Capitolio como institución resistió el embate de los grupos ultraderechistas y milicianos que entraron a uno de los tres locales del poder –los otros dos: a Casa Blanca y la Corte Suprema–, se pasearon sin objetivos concretos, se robaron adornos y documentos y salieron protegidos por la policía.

No fue, pues, un golpe de Estado, sino una explosión popular de violencia de grupos simpatizantes de la ultraderecha estadunidense aliada a Trump. El sistema político quiso llevar al expresidente Trump a prisión y vestirlo con traje naranja de preso y las siglas de DOC —Department of Corrections–, pero el propio sistema político no solo salvo a Trump, sino que con su exoneración ayudó a evitar una fractura estructural en el avejentado edificio del poder de EE. UU.

Como presidente ganador y presidente en funciones, Biden ha enviado al mundo un mensaje insistente: EE. UU. “ha vuelto”. Se trata de una afirmación con muchas interpretaciones: en realidad, Washington con Trump nunca se fue del escenario internacional, mantuvo la línea militarista de largo ciclo Reagan-Obama, refrendó el poderío invasor de Bush Jr. en el medio oriente y marcó distancias no violentas con China, Rusia y Corea del Norte. En los hechos, Trump nunca quiso dinamitar la OTAN, sino que obligó a los países de la alianza atlántica a compartir gastos militares. En Iberoamérica dejó claro el mensaje imperial de “américa para los americanos” y acotó los avances de China, Irán, y Rusia en el continente.

Biden dijo que EE. UU. ha vuelto “para liderar al mundo”, pero en el entendido de que Trump, a su manera y con sus malos modos, siempre mantuvo ese liderazgo. El único cambio ha sido el estilo personal de imponer la fuerza: de forma arrebatada y grosera con Trump a tímida de Biden. Pero en el fondo se trata del mismo dominio imperial: militar, económico, comercial.

Al final de cuentas, el dominio hegemónico de EE. UU. es muy claro: el paraguas militar, la seguridad nacional estadunidense en sus incursiones armadas en el mundo y la vigencia del capitalismo de empresa privada de las grandes corporaciones estadunidenses. Al frente de estos objetivos se encuentra la mascarada de la democracia que defiende e impone EE. UU. en el mundo. Pero no se trata de la democracia de Jefferson (república de leyes e instituciones) ni de Lincoln (del pueblo, con el pueblo y para el pueblo), sino de la democracia de los lobbies de grupos económicos que financian legisladores vía los Comités de Acción Política y que cobran favores con apoyo a leyes para grupos empresariales.

Biden regresará a EE. UU. al liderazgo mundial porque los demás países capitalistas prefieren pagar protección para sus propios sistemas capitalistas internos. Por lo tanto, Biden regresa al mundo a la conocida guerra fría de modelos económicos, para vergüenza de Fukuyama y su fin de la historia que tampoco se fue.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- En política mexicana, nada es para siempre; es cuestión de mayorías

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Carlos Ramírez

Toda la escandalera en torno a la reforma judicial que introdujo la prórroga del mandato del actual presidente de la Corte, el ministro Zaldívar Lelo de Larrea, por dos años más por ser el único personaje entre los 125 millones de mexicanos en lograrla debe de tener, por jerarquía de ley, una reforma de la fracción IV del 97 Constitucional. Y si en las dos cámaras Morena consigue alianzas para construir esa mayoría, nadie puede regatear el derecho a la reelección.

Lo mismo tendrá que ocurrir si se asume el camino de prórroga del mandato presidencial por dos o tres años más: una reforma constitucional por mayoría calificada en el Congreso. Si Morena lo consigue, tampoco nadie podrá regatearleese derecho. Para beneficiar al general Alvaro Obregón, en enero de 1927 el presidente Elías Calles reformó la Constitución para permitir la reelección presidencial después de un periodo intermedio y en enero de 1928 pasar ampliar el periodo presidencial de cuatro a seis años.

Ante el asesinato de Obregón hubo una reacción clave de Calles en tres tiempos: negó reelección o prórroga, fundó el partido del Estado y logró el apoyo de los generales revolucionarios para resolver la candidatura interina y constitucional, con lo que sentó las bases del presidencialismo unipersonal.

El general Cárdenas no pensó en reelegirse, el presidente Alemán y el presidente Echeverría coquetearon con la reelección, Salinas hizo un dossier con el modelo Obregón para prorrogar su mandato, lo recibían al grito de “¡Uno, dos, tres / Salinas otra vez!” y el salinista José Angel Gurría Treviño le dijo al columnista Alberto Barranco Chavarría que el proyecto salinista necesitaba de “tres sexenios” para consolidarse. A pesar del asesinato de Colosio –o, si se quiere, justo por ese magnicidio–, Salinas sólo pudo cumplir uno de sus tres objetivos transexenales: personal, de grupo y de proyecto; Zedillo rompió con Salinas para desembarazarse del asesinato de Colosio y no hubo ya continuidad de equipo, sino de proyecto; el neoliberalismo se extendió vía la Secretaría de Hacienda del 2000 al 2018.

Ahora el presidente López Obrador ha definido su proyecto de reformasposneoliberales al proyecto salinista neoliberal y en ese escenario se habla de dos años más para amarrar avances. Los dos años no son inventados: los presidentes necesitan garantizar en las dos cámaras la mayoría absoluta de su partido, la mayoría calificada con alianzas para modificar la Constitución sin pactar con la oposición.

Un análisis de tiempos políticos ayuda a entender el debate actual: Morena necesita mantener y ampliar su mayoría de 53% y garantizar 67% de votos con sus aliados, algo que hoy apenas logra; en el Senado carece de las dos mayorías. Por eso Morena requiere mantener y avanzar en su mayoría de diputados, mantener aliados en posiciones de poder para buscar –además de sostener esa mayoría en las elecciones de 2024– las dos mayorías calificadas en el Senado. Y en este contexto, el presidente buscaría una prórroga de su mandato por dos años –2024-2025, que le debieran de corresponder al siguiente sexenio– para consolidar sus reformas de la 4ª-T e impulsar las nuevas.

El esquema presentado revela una enorme operación política nunca antes vista. El presidente Elías Calles fue impuesto por el presidente Obregón justo para modificar la Constitución y avalar la reelección. La clave real de la reforma de Elías Calles estuvo en el hecho de que la primera reforma de 1927 permitió la reelección sólo por un periodo de cuatro años más, en tanto que la de 1928 amplió las gestión presidencial a seis años y ya sin la limitación de sólo un periodo.

Obregón y Elías Calles tuvieron la mayoría calificada en las dos Cámaras; y Alemán y Echeverría también, pero nolograron el consenso de la clase política priísta. Salinas inició su sexenio con el 54% de diputados, subió a 60% en 1991 y Zedillo perdió su elección intermedia al conseguir sólo 48.7%. La mayoría de 1991 le alcanzó a Salinas para aprobar el neoliberalismo, la privatización de empresas públicas y el Tratado.

La clave del proyecto de la 4ª-T para 2024, por lo tanto, depende primero de que Morena gane la mayoría absoluta por sí misma el 6 de junio y logre mayoría calificada con sus seis aliados; en caso de que no se cumpla esta hazaña, entonces todo el debate sobre la prórroga del periodo en al Corte y en la gestión presidencial saldrá sobrando.

 

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Política para dummies: La política es sentimiento, pero en las decisiones cuentan votos y curules.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Libros de Texto, como Estado ideológico priista vigente y Nexos como responsables 

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Carlos Ramírez
Como historiador del PRI como partido y crítico de sus prácticas de control social, el politólogo Luis Javier Garrido llegó a acuñar una frase que caló hondo en el ambiente cultural mexicano: “en México todos somos priístas hasta demostrar lo contrario”.

En los hechos, Garrido ser refería a la existencia de un Estado cultural ideológico del PRI que se imponía en la configuración de las mentalidades de los mexicanos: la educación ha sido lo que advirtió Althusser: un aparato ideológico del Estado. Entre otros mecanismos, uno era clave: los libros de texto gratuito que eran obligatorios y excluyentes y en ellos se conjugaba la interpretación ideológica obligatoria de México como la apropiación priísta de la historia.

El ensayista marxista José Revueltas lo vio con claridadEn lintroducción en 1976 a la reedición de su ensayo de 1958 México: una democracia bárbara, Revueltas aportó a la ciencia política mexicana una definición del régimen priísta: “El Estado mexicano no es totalitario”, es un “Estado ideológico total y totalizador” y se imponía sobre las masas por dos caminos: la ideología oficial vía la educación y el control de las relaciones sociales en el PRI.

La educación pública como eje instrumental de los gobiernos revolucionarios y posrevolucionarios priístas tuvo dos dinamos fundamentales: en 1934 el presidente Cárdenas llevó a la Constitución la educación socialista sin lucha de clases, sólo como definición ideológica científica; y en 1946 el presidente Alemán reformó el artículo 3 constitucional para definir el modelo priísta de bienestar como placvebo de democracia.

Con el apoyo de Salinas de Gortari, dos importantes miembros de la Comisión Binacional Mexico-EU propusieron en 1987 la reescritura de los libros de texto para lobotomizar sus puntos conflictivos referidos al conflicto histórico con EE. UU. por el robo de la mitad del territorio en 1847. En el documento El desafío de la Interdependencia, Carlos Fuentes y Héctor Aguilar Camín (Grupo (A)Nexos) adelantaron la fusión comercial bilateral, pero a condición de desaparecer de la conciencia mexicana educativa el tema de Texas, Nuevo México, Arizona, California y otros territorios mexicanos robados.

Y en 1992, con Zedillo como secretario salinista de Educación Pública, el gobierno mexicano le cedió al Grupo (A)Nexos de Aguilar Camín la revisión y reescritura de los libros de texto gratuito, con el nunca olvidado tema incluido del movimiento estudiantil de 1968 y la referencia a la matanza de Tlatelolco”, decían, por parte de las fuerzas armadas. El debate fue tan intenso, que Salinas y Zedillo recularon y tuvieron que guillotinar millones de libros para que no se oficializara el nuevo enfoque ideológico del neoliberalismo.

En este contexto se debe asumir la iniciativa del gobierno del presidente López Obrador para revisar y reescribir los libros de texto, a fin de revalidar y redinamizar su propuesta de Cuarta Transformación. En los hechos, los libros actuales son fuente educativa en la formación de los niños del Estado neoliberal salinista.

La obligatoriedad de los libros de texto como esencia del conocimiento educativo en los niveles de educación básica y media conduce a la interpretación oficial de la realidad nacional que debe de cincelar la conciencia de los niños. El contenido de los libros ha construido la interpretación de la historia que deben memorizar los niños, con la circunstancia agravante de que la contrarrevolución neoliberal de Salinas de Gortari mantuvo la esencia de dominación de la ideología oficial de la historiapero liquidó la Revolución Mexicana en el PRI y en la realidad e impuso el concepto juarista de “liberalismo social” que fundó el capitalismo privado que luego potenciaría el juarista Porfirio Díaz.

Los libros de texto quedaron tocados por la reescritura de algunas de sus partes que hicieron los expertos del Grupo(A) Nexos de Aguilar Camín para fortalecer el neoliberalismo salinista. La 4ª-T de López Obrador quiere reconstruir el papel preponderante del Estado como una instancia ideológica y económica y para ello necesita destruir las bases ideológicas del régimen priísta neoliberal de Salinas que siguió vigente –obvio– con los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón y desde luego con el salinista Peña Nieto.

En el fondo, siguiendo a Luis Javier Garrido, los mexicanos siguen siendo forjados como priístas a través de los libros de texto gratuito.

 

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Política para dummies: La historia, además de la lucha de clases, es producto de la batalla por las ideas vía la educación.

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Indicador Político- Ante baja de Morena, las reformas de la 4ªT son banderas de campaña

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Carlos Ramírez
La reforma judicial con la incorporación del ministro presidente de la Corte como eje de contención jurídica y el anuncio del líder senatorial morenista Ricardo Monreal Avila de una próxima reforma electoral integral son indicios de las últimas tendencias de votos: Morena ha comenzado a enfriarseen los ánimos porque el presidente López Obrador no está en la boleta y en consecuencia las transformaciones se usarán como banderas de campaña para estimular a los votantes.

Los últimos datos electorales aparecen contradictorios: en unas encuestas Morena aparece reproduciendo el saldo de 2018 de mayoría absoluta por sí y mayoría calificada con alianzas, pero el escenario más negativo muestra que Morena y aliados no podrían alcanzar siquiera la mayoría absoluta. A ello se agrega el hecho de que otras encuestas estarían mostrando una apatía normal del electorado ante votaciones intermedias, a pesar de las quince gubernaturas y las miles de presidencias municipales.

El dato puede tener una lectura paradójica: la confianza electoral en Morena no tendría que refrendarse en las urnas, aunque en las encuestas. Sin embargo, los estrategas de Morena están preocupados por los indicios de baja asistencia a las urnas. La oposición, en todo caso, carece de recursos y experiencia en organización territorial de votantes y el PRI perdió en el gobierno de Salinas de Gortari su capacidad de movilización de electores.

En este contexto, el adelanto de algunas reformas y los indicios de otras que iban a conocerse en la próxima legislatura han sido aireadas para aprovechar el ambiente electoral y poner en las campañas los temas centrales de las reformas y transformaciones del sistema/régimen/Estado de la 4ª-T. La declaración presidencial de que pondría en marcha el veto presidencial si la oposición ganaba la mayoría absoluta en la Cámara y frenara el presupuesto fue, en realidad, un escenario adelantado de lo que pudiera venir, aunque en realidad la oposición ni siquiera esté pensando en afectar los presupuestos asistencialistas.

Inclusive, el asunto de la reelecciónpresidencial –negada y firmada por el propio presidente de la república– forma parte de los temas motivacionales para llevar a los electores a las urnas, junto con la reforma electoral, la reorganización del Instituto Electoral, las reformas eléctrica y petrolera, la profundización de la reforma educativa y la revisión de contenido de los libros de texto gratuito, entre otras.

La lista de iniciativas pendientes y en curso necesitan de forma obligatoria cuando menos la mayoría absoluta de Morena en la Cámara –por sí misma o en alianza con sus partidos satélite– y de manera ideal se buscaría la mayoría calificada –dos terceras partes de la Cámara– para modificar la Constitución sin alianzas opositoras. Por sí sola la Cámara baja no podría cambiar la Constitución porque se requiere del refrendo en el Senado donde Morena no tiene mayoría calificada y sí la absoluta. Pero un buen paso hacia el avance en curules senatoriales para el 2024 sería una mayoría de dos terceras partes en diputados.

El número y diferentes resultados de las encuestas ofrece escenarios inciertos, pero las estimaciones de Morena han generado algunas preocupaciones por la declinación en algunas plazas y las pugnas internas que podrían llevar a votos negados. El posicionamiento mediático de la crisis en la candidatura guerrerense de Félix Salgado Macedonio ha comenzado a tener efecto negativo en tendencias de voto en las encuestas.

De ahí la urgencia de adelantarreformas para meterlas en la campaña y concitar votos para la próxima mayoría legislativa.

 

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Tendencias. De los estados donde la oposición ha comenzado a avanzar en elección de gobernador, Sinaloa está prendiendo focos en el tablero de Morena. La mejora electoral del candidato aliancista Mario Zamora Gastélum y el estancamiento del candidato morenista Rubén Rocha Moya ha comenzado a movilizar apoyos de grupos de poder del PRI en la entidad. Hoy los datos no indican una voltereta, pero vienen las semanas más activas. De los gobernadores priístas salientes el sinaloense Quirino Ordaz Coppel es el que está mejor posicionado y eso cuenta a la hora de compartir simpatías. El PRI local puede activar votos ante la ausencia de estructuras territorial de Morena y la labor del candidato morenista como jefe de asesores de dos gobernadores priístas.

Política para dummies: La política nunca duerme…, o los políticos nunca debieran dormirse.

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