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Carlos Ramírez

A partir de la Operación Intercepción de 1969 al cerrar la frontera californiana, los diferentes gobiernos de Estados Unidos han buscado imponer su agenda de intereses nacionales por encima de los intereses nacionales mexicanos. La Administración Biden-Harris buscará de nueva cuenta mantener la frontera mexicana en un foso medieval para impedir la invasión masiva de migrantes.

En los casi ocho meses de gobierno, la Casa Blanca ha centrado su agenda con México en cinco puntos: tratado comercial, migración, crimen organizado, control fronterizo y contención geopolítica del descontrol al sur del río Suchiate. Pero esta vez se ha encontrado con un gobierno mexicano reacio a la imposición de agendas unilaterales a partir del criterio de que por circunstancias de coyuntura el gobierno de EU necesita más a México que México a EU.

El tema central de la agenda se encuentra en la seguridad fronteriza, en el crimen organizado mexicano que controla el mercado al menudeo de droga en EU y en el enfoque unilateral e Washington de combatir a los cárteles en México y no en su propio territorio.

En el fondo, la agenda mexicana de la Casa Blanca se incluye en el enfoque estadunidense de su seguridad nacional, sin preguntarse siquiera si México pudiera tener sus propiosintereses de seguridad nacional. Por ese enfoque unidireccional han fracasado las diversas iniciativas bilaterales. El Tratado Comercial de 1993 fue usado por EU para subordinar el sistema productivo mexicano y para usar la nueva dependencia económica como un instrumento de subordinación geopolítica, tal como lo razonó el Memorándum Negropontede 1992 que instaba a la Casa Blanca a apresurar la aprobación del Tratado para desaparecer los intereses nacionales mexicanos en las relaciones bilaterales.

El gobierno de López Obrador no busca la ruptura estratégica de las relaciones bilaterales, sino que quiere que la redefinición de políticas bilaterales y regionales se incluyan los enfoques mexicanos. El gobierno de Biden ha reproducido el enfoque de Donald Trump de caracterizar a México como un muro de contención der las avalanchas de caravanas de miles de migrantes que quieren entrar as Estados Unidos a disfrutar del sueño americano. Pero el uso de la Guardia Nacional como border patrol o patrulla fronteriza no resuelve la crisis y ya tampoco puede aguantar las protestas sociales mexicanas por el uso de la fuerza para contener las caravanas.

La estrategia migratoria del gobierno de Biden –a cargo de la vicepresidenta Kamala Harris– para México y Centroamérica ha fracasado, pero el presidente de EU asistirá a la Cumbre sin una estrategia alternativa y sin voluntad de acuerdos bilaterales reales.

El tema de crimen organizado trasnacional –modelo inventado por el presidente Obama para trasladar a México el problema del tráfico de droga que entra a EU y la venta al menudeo dominada por cárteles mexicanos– tampoco tendrá novedades, porque la Casa Blanca buscará revalidar el enfoque del republicano George Bush hijo en la Iniciativa Mérida ya desactivada por México. Ese acuerdo fue firmado por Calderón ocho meses antesde terminar el gobierno de Bush y sin un planteamiento defensivo de México para rechazar la responsabilidad unilateral del tráfico de drogas para satisfacer la demanda creciente de estupefacientes por los adictos estadunidenses.

El gobierno de EU no quiere reconocer que la presencia en su territorio de once cárteles mexicanos para operar tráfico y venta en las calles ha sido producto de la corrupción y la tolerancia estadunidenses, pero con el dato adicional de que las células de los cárteles en territorio americano tienen un funcionamiento de autonomía relativa de los comandos narcos en México. Es decir, el tráfico y consumo de drogas en EU no variará si de pronto se liquidaran todos los cárteles en México. Como agregado se encuentra el hecho de que el gobierno de EU no quiere terminar con el tráfico de drogas por el colapso social y violento que estallarían sus adictos al carecer de disponibilidad de los estupefacientes.

Por lo demás, la Cumbre se realizará sin que haya indicios de que la vicepresidenta Harris haya entendido la lógica diplomática mexicana.

 

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Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Vox, Cuba, populismo, OEA y la derrota del imperio en Afganistán

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Carlos Ramírez

En una visita más simbólica que real y de hecho poco efectiva, la presencia del presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez en México carece hasta de significado político. La revolución cubana murió con Fidel Castro y la dictadura de Raúl Castro se está desmoronando a pedazos por las movilizaciones sociales sinliderazgos.

Del lado contrario, Estados Unidos como imperio mundial también vive su decadencia: al agotamiento de su control militar con Irak y Afganistán como los “dos, tres, muchos Vietnam” que pedía el CheGuevara antes de ser traicionado por Fidel; y la dominación estadunidense comienza a desmoronase desde dentro: el terrorismo doméstico, la represión policiaca, el racismo criminal, el consumo de drogas, el aumento de la pobreza callejera y la polarización riqueza-pobreza.

En medio, los países latinoamericanos abandonaron la idealización del comunismo cubano y optaron por el camino del populismo caudillista y bonapartista –de presidentes a emperadores, según Marx–, aunque dependientes de la economía estadounidense y ésta ya sin capacidad para ayudar a financiar el crecimiento económico de las naciones de la región.

Y entre iniciativas para desconocerlas funciones de la OEA, las propuestas de crear un nuevo organismo bolivariano 2.0 con el espíritu de Chávez y sin EU y la ausencia de una estrategia latinoamericana de seguridad nacional de la Casa Blanca por la arterioesclerosis geopolítica de Biden-Harris, México y América Latina aparecen como campo de batalla entre dos opciones: la Carta de Madrid del partido ultraderechista y posfranquista Vox y su aliado el PAN y el Grupo Puebla que aglutina a gobernantes, expresidentes y partidos populistas de América Latina.

En este contexto, el reposicionamiento populista parece querer sentar las bases de un nuevo reaglutinamiento de gobiernos y fuerzas políticas coincidentes con el sentimiento anti estadounidense, las políticas públicas sociales y la articulación continental y europea de experiencias políticas. Ante la ineficacia de la Internacional Socialista europea, el Grupo Puebla ha sido formado para contrapesar a la ultraderecha europea en América Latina.

Formado en 2019, el Grupo Pueblafue firmado por importantes figuras: Cuauhtémoc Cárdenas, el expresidente boliviano Luis Arce, el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, el dirigente del partido lopezobradorista Morena Mario Delgado, el expresidente brasileño Luis Ignazio Lula Da Silva, el presidente argentino Alberto Fernández,, el chileno José Miguel Insulza, el chileno Camilo Lagos, el expresidente paraguayo José Mújica, el expresidente boliviano Evo Morales, la ministra española Irene Montero, el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, el expresidente colombiano Ernesto Samper, entre otros.

El conflicto político electoral entre neoliberales y populistas está llevando a alienaciones políticas de emergencia, sólo que la dispersión de liderazgos populistas y la falta de una locomotora que invierta y lidere –como lo hizo Chávez con la Iniciativa Bolivariana o Fidel Castro en sus mejores momentos de líder de plaza pública–, las posibilidades de un nuevo organismo latinoamericano que sustituya a la OEA son nulas y al final de cuentas siempre habrá que suponer la participación de la Casa Blanca y sus intereses geopolíticos de dominación imperial.

El desprestigio del liderazgo cubano, la negativa de López Obrador de erigirse en un líder continental –al menos por ahora, pero como escenario viable al terminar su presidencia– y el agotamiento histórico del modelo de populismo por la oscilación pendular electoral plantean un escenario geopolítico que tiene desorientada a la casa Blanca y a sus mediocres estrategas del geopoder mundial forman parte del contexto que ilustraría el fin de la dominación imperial estadunidense en una especie de crisis como la soviética en 1989-1991.

Cuba, Colón, la revisión de la conquista de América, el aterrizaje de la ultraderecha fascista europea de la mano del PAN y el Grupo Puebla son parte de la geopolítica latinoamericana que tendrá un asentamiento en el México de la segunda mitad del sexenio lopezobradorista y de muchas maneras influirá en el 2024 presidencial.

 

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Carlos Ramírez

Seguridad y Defensa- EU: de Afganistán a México Declinación del imperio

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Por Carlos Ramírez

Aunque fueron eventos desasociados, la crisis de Estados Unidos en Afganistán tiene una lectura estratégica con la Cumbrebilateral entre la vicepresidenta Kamala Harris y el canciller mexicano Marcelo Ebrard Casaubón: fueron las dos caras de un imperio en decadencia que tuvo que salir huyendo de la zona geopolítica del este soviético y chino y que no pudo imponer su visión dominante en la puerta mexicana hacia el sur latinoamericano.

La lectura política de Afganistán revela el fracaso del enfoque imperial de dominación de la Casa Blanca que en el 2001 quiso liquidar a la guerrilla de Al Qaeda, a la propuesta gubernamental de los talibanes y al radicalismo islámico, pero que a la vuelta de veinte años tuvo que salir huyendo ante el enorme costo económico, político, militar y de control de un país clave en el escenario de China, Rusia e India.

La intención del presidente Bush en octubre del 2001 fue la de usar el enfoque antiterrorista para ocupar de manera militar un país y tratar de construir ahí un modelo occidental de gobierno funcional a los intereses de Washington. No fueron suficientes las advertencias de que Afganistán iba a ser el segundo Vietnam estadounidense, pero las imágenes de la desocupación desordenada los últimos días de agosto en Kabul replicaron las de Saigón y los helicópteros atiborrados de gente huyendo.

La negociación del Gobierno de Biden-Harris con México ha pasado por la falta de voluntad estadounidense para entender la lógica del gobierno mexicano actual y para buscar acuerdos conjuntos. A pesar de que el presidente López Obrador y el canciller Ebrard habían adelantado temas de la agenda bilateral desde el enfoque de México y, por primera vez, de los intereses nacionales mexicanos en la relación bilateral, la vicepresidenta Harris llegó a la Cumbre con la agenda estadounidense de sus intereses unilaterales de seguridad nacional. El dato mayor del encuentro se localizó en la imposibilidad de presentar un comunicado conjunto porque los enfoques fueron imposibles de conciliar.

El interés estadounidense sigue radicando en la prioridad de su seguridad nacional basada en el bienestar de susciudadanos. En este sentido, la agenda comercial y económica se centró en el mantenimiento del modelo económico estadounidense como dominante y la subordinación productiva de la economía mexicana.

Los tres temas fundamentales que interesan a México fueron soslayados: la crisis en la migración potenciada por la pandemia y el freno productivo mundial, la pérdida del control de seguridad en la zona fronteriza de casi tres mil kilómetros y la situación conflictiva de los cárteles del narcotráfico y el crimen organizado en zonas territoriales en ambos países.

En el tema del narcotráfico, los enfoques de México y Estados Unidos son excluyentes. Para México, la demanda de droga para los consumidores estadounidenses es la que determina la oferta, además de que el consumo forma parte de los derechos sociales de los adictos y solo se atiende el daño en adicciones, con la circunstancia agravante de que once cárteles mexicanos se han instalado en territorio estadounidense para controlar la venta al menudeo de droga en más de tres mil ciudades en todo el país, sin que las autoridades americanas los persigan o eviten su expansión criminal.

Para Estados Unidos, el problema del narcotráfico radica en la existencia de lo que ha caracterizado como organizaciones criminales trasnacionales y contra ellas ha aplicado el modelo Bush de combate al terrorismo: aniquilar a los cárteles en sus países de origen (en sus madrigueras, fue la expresión) a través de una lucha policiaco-militar que implica la movilización hacia esas naciones de tropas, organismos de seguridad y fuerzas de inteligencia.

En la coyuntura de las elecciones y cambio de gobierno en Estados Unidos, México aprovechó el vacío político estadounidense para imponer reglas estrictas de operación de agencias extranjeras en México en materia de narcotráfico, condicionando su presencia a claridad en el número de agentes y agencias y aportación de tecnología e información. La Casa Blanca se ha opuesto a cumplir con estas reglas, a pesar de que tiene las mismas en su país para formaciones de seguridad extranjeras.

En el fondo, Afganistán y México podrían ser dos muestras distantes y desniveladas de la declinación del poderío de Estados Unidos en materia de política exterior. En ambos casos, Washington ofrece evidencias de una pérdida de autoridad política y moral para enfrentar el problema del terrorismo en Afganistán y la crisis migratoria y del narcotráfico en México. Ante el fracaso militar en Afganistán, el gobierno estadounidense no tiene argumentos para amenazar a México con movilización de tropas para combatir a los cárteles del crimen organizado.

La declinación de Estados Unidos como imperio se ha venido agudizando en función de la pérdida de legitimidad geopolítica para intervenir en conflictos extranjeros. Una cosa fue que Estados Unidos jugó un papel importante en la Segunda Guerra Mundial, junto a la Unión Soviética y a Gran Bretaña, para derrotar a los fascismos italiano y alemán, pero otra muy diferente han sido sus intervenciones en Vietnam, Cuba, Chile, Nicaragua, Panamá, Granada, Irán, Irak y Afganistán como guerras de ocupación.

La crisis de la administración de conflictos en Afganistán en México representa un aviso de la disminución de Estados Unidos como policía del mundo.

 

Zona Zero

·         La Casa Blanca de Biden-Harris está urgida del replanteamiento de su estrategia migratoria para definir una propia y no para desconocer lo que hizo el gobierno anterior de Donald Trump. La nueva política debe partir del hecho de que las crisis que han potenciado las caravanas de migrantes que quieren ingresar a Estados Unidos han sido producto del modelo económico de expoliación y exacción del capitalismo estadounidense y que se requiere un nuevo modelo de desarrollo social en los países afectados. Si no existe ese planteamiento, entonces la política migratoria de Estados Unidos estará en manos de la Guardia Nacional mexicana.

 

El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico.

seguridadydefensa@gmail.com

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Carlos Ramírez

Indicador Político- PAN-Vox, una estrategia, no un error: Modelo Intermarium en México 2024

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Carlos Ramírez

Tras el fracaso derechista del PAN en la presidencia en los sexenios conservadores tibios de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, el PAN está tejiendo un frente con la Coparmex, los empresarios anti Estado de Claudio X. González y sus organizaciones ciudadanas funcionales y ahora con el ultraderechista partido español Vox para el 2024.

En este contexto, la visita de Vox organizada por el ala ultraderechista del PAN fue un movimiento estratégico del bloque radical panista con mensajes al resto del PAN y sobre todo al PRI neoliberal salinista-panista y al neoliberalizado PRD en franco diálogo –según libro de Jesús Ortega Martínez– con el liberalismo.

En este juego político se deben leerlos movimientos también estratégicos del presidente López Obrador: la embajada de México en la España de Vox al gobernador priísta Quirino Ordaz Coppel y algún cargo federal al gobernador nayarita panistaArmendáriz, que llegó como candidato del PAN, PRD, PT y un partido socialista local.

La decisión diplomática de España juega en muchas canchas: el PRI ha sido siempre el partido idealizado por el Partido Socialista Obrero Español no marxista y aliado al Partido Unidas Podemos, los dos de marcada tendencia populistaprogresista. Aunque no se debe leer como un movimiento en automático, sí forma parte del contexto el hecho de que Vox haya aterrizado en el PAN mexicano como eje ideológico para la alianza opositora-empresarial-derechista del 2024. El gobierno español trataría con un embajador priísta –si el PRI lo avala y Madrid da el beneplácito a posteriori— como representante del incómodo gobierno de López Obrador.

La ultraderechización del PAN con Vox viene de una línea estratégica histórica conocida como Intermarium, un proyecto internacional anticomunista (https://indicadorpolitico.com.mx/?p=10332) vinculado a la derecha de la iglesia católica y nacido en la Polonia poscomunista para erradicar los resabios soviéticos. El PAN (https://indicadorpolitico.com.mx/?p=1248) nació con el apoyo y la influencia de Plutarco Elías Calles ya aplastado por el presidente Lázaro Cárdenas y su proyecto de socialismo utópico de Estado monopolista.

Después del asalto al PAN por los grupos empresariales norteños de José Angel Conchello (1972-1975, contra Echeverría), Manuel J. Clouthier (1982-1988, contra la expropiación de la banca) y Luis H. Alvarez (1987-1993, con la alianza con el neoliberalismo salinista anti Estado), la franja derechista del PAN quedó decepcionada con el priísmo panista de Fox y Calderón y el PAN como la puertagiratoria para el regreso del PRI a la presidencia en el 2012.

Hoy el PAN aparece como el organismo articulador de los grupos de derecha que han pululado en el régimen político priísta del nacionalismo revolucionario: el Yunque, el MURO de Diego Fernández de Cevallos, los Tecos de Guadalajara, la Asociación Católica Mexicana de la iglesia en los sesenta como pivote contra el efecto en México de la Revolución Cubana (la novela Redil de Ovejas de Vicente Leñero retrata esa época), la Asociación de Padres de Familia hoy en la Alianza PRI-PAN-PRD-Coparmex, los resabios del inexistente Partido Demócrata Mexicano como refugio sinarquista, las viejas formaciones nazis dormidas en los repliegues del PAN y las fundaciones estadounidenses financiandoa la derecha mexicana.

La iglesia católica conservadora hizo un intento por articularse a la alianza con el PAN en 1984 con empresarios panistas y el pivote del embajador reaganiano John Gavin, pero la reforma religiosa de Salinas en su modelo neoliberal de mercado desactivó a las figuras de la derecha en Puebla, DF y Guadalajara y el ecumenismo del salinista Ernesto Corripio Ahumadadesinfló la lucha ideológica, inclusive ya sin atacar el uso del condón y ahora apenas luchando de manera tibia contra la despenalización del aborto.

 En este contexto, la presencia de Vox en el PAN no fue un error político ni una mala decisión de algún panista de quinto nivel. En los hechos, ya definió la línea estratégica del PAN para el 2024 y el PRI salinista y el PRD neoliberalizado notendrán otro camino que aceptarlo porque se enmarca en el enfoque polarizador del presidente López Obrador.

 

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