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Por Carlos Ramírez

Los estrategas de la Cuarta Transformación debieran estar preocupados porque el impacto de la pandemia del COVID-19 en el sistema económico productivo sólo tiene dos opciones de corto plazo: la construcción de un nuevo modelo de desarrollo o la restauración del neoliberalismo porque es el único modelo que tiene los mecanismos estabilizadores.

El escenario está puesto con el registro de las expectativas del PIB para 2020: de -8% a -10%. Se trataría de una crisis inédita: la de 1977 fue de inflación-devaluación que se estabilizó con las Cartas de Intención con el FMI; la de 1983 y 1986 fue por desorden en finanzas públicas e inflación fuera de control, la de 1995 fue producto del alza de tasas de interés bancarias y el impacto demoledor en bienes muebles e inmuebles de deudores de la banca y la de 2009 fue resultado del crack en empresas especuladoras de los EE.UU.

Las únicas salidas de esas crisis estuvieron en las puertas que tenían el letrero de neoliberalismo. Y no fue muy complicado abrir esas rutas de salida porque los gobiernos de López Portillo, De la Madrid, Zedillo y Calderón se movían dentro del pensamiento neoliberal. Por lo tanto, fue cuestión de consolidar ajustes ortodoxos para enfriar las crisis y retomar el camino.

La crisis económica y productiva provocada por el COVID-19 trastoca el modelo de construcción de una 4T posneoliberal. El parón económico está rompiendo la estructura productiva media, pequeña y micro del sistema económico; los despidos y cierre de empresas tardarán cuando menos dos años en reactivarse; y el peor efecto estará en las cadenas productivas atadas a las exportaciones dentro del Tratado de Comercio Libre.

Si las crisis son oportunidades, entonces la del COVID-19 está presentando al gobierno de López Obrador la gran posibilidad positiva de construir otro modelo de desarrollo diferente al mixto de populismo-neoliberalismo 1934-2018. Sin embargo, su alianza estratégica con los grandes capitales monopólicos no abona nada en la expectativa del nuevo modelo de desarrollo requerido.

La plutocracia que apoya al presidente de la república en estos momentos de crisis carece de influencia en el sistema productivo: Carlos Slim es beneficiario de la privatización de empresas públicas que hizo Carlos Salinas y sobre todo de la ex paraestatal Telmex, Germán Larrea sólo explota minas, Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego especulan con las señales televisivas y Salinas Pliego es un abusivo abonero masivo y Alberto Bailleres es un comerciante de tiendas de lujo. En los hechos, ninguno de ellos influye en el modo de producción industrial o agropecuario, ni determina las relaciones sociales de producción.

Antes del impacto económico del coronavirus, México estaba fracasando en el aprovechamiento del Tratado en la configuración y fortalecimiento de empresas intermediarias: el componente nacional en la exportación vía el TCL había bajado de 45% en el 2001 a 37% en el 2018, lo que estaría avisando que México regresaba a la república maquiladora basada en la explotación de la mano de obra barata.

Los empresarios que casi viven en Palacio Nacional apoyando al presidente de la república forman parte del Club de los Ricos de la revista Forbes, pero sin incidencia en las relaciones sociales de producción. Esos empresarios son los responsables asociados al modelo de desarrollo que mantiene la estructura más desigual de distribución de la riqueza; 80% de mexicanos viviendo en condiciones de restricciones de todo tipo, en tanto que sólo el 20% de personas nada en el bienestar de su riqueza especulativa.

La crisis económica y productiva por el parón de actividades va a desarticular las precarias cadenas de producción, distribución y consumo y afectará a los ejes centrales del sistema productivo: empresarios y trabajadores. Los marxistas que pululan alrededor de la 4T lo saben con precisión. Y por el daño a cientos de miles de micro, pequeños y medianos empresarios, la reactivación será imposible en el corto plazo. Ahí es donde se localizan las expectativas pesimistas de PIB negativo cuando menos en tres años. En las crisis anteriores hubo una salida rápida con un año de PIB negativo porque los gobiernos buscaron proteger la planta productiva y mantener parte del empleo que generaba demanda.

Hoy no. Las empresas van a quebrar por falta de apoyo estatal, millones de trabajadores perderán sus empleos formales porque no existen mecanismos oficiales para mantener su demanda mínima y por ello la demanda efectiva que sostiene la relación producción-consumo estará rota por cuando menos dos años.

Este escenario plantea el dilema posterior al virus: o nuevo modelo de desarrollo o tardar tres años en restaurar el anterior para seguir igual que al cierre de 2019.

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Política para dummies: La política sabe que su viabilidad depende del sistema productivo porque ahí se definen las relaciones sociales.

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Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- ¿Regresar a cuál normalidad? Los cuatro dilemas poscoronavirus

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Carlos Ramírez*
Presionado por la economía 
estadunidense a la que está atado, por el desempleo en modo Calcuta de millones de trabajadores que no han recibido apoyo y por una planta productiva que se pone en funcionamiento o se destruye, la decisión gubernamental para regresar a la nueva-vieja normalidad económica y social tendrá que resolver cuatrodilemas:

1.- El dilema entre la salud o la economía. Los datos reales de las afectaciones de la pandemia a la planta productiva son peores a los que se conocen y deberían obligar a las autoridades a cuando menos dos semanas de medidas drásticas de confinamiento para romper los contagios, pero las presiones de las cadenas productivas estadunidenses y el peligro de que la planta productiva paradpierda mercados van a llevar a la decisión del regreso a la actividad económica cuando aún no se ha alcanzado el punto máximo de contagios. España, que aplicómedidas drásticas de confinamiento autoritario, apenas está viendo bajar el ritmo de fallecidos y contagiados.

2.- El dilema entre economía productiva o economíasubsidiada. Sin ningún tipo de apoyo, la economía de servicios y buena parte de la economía industrial fue afectada en su dinamismo por el desplome de la demanda, el desempleo obligatorio de trabajadores y la competencia con otros países que ocuparon lugares mexicanos en la proveeduría de bienes y servicios. El turismo y los servicios quedaron destrozados por falta de apoyo y su reinicio será lento. Las expectativas de PIB de -8% a -12% tardarán en recuperarse cuando menos 25 años. Los datos de que el 2021 se crecerá a 2% a 2.5% será sobre el hoyo recesivo de 2020.El gobierno federal regresará a la economía de subsidios que tenía antes de la pandemia y que llevaron a un PIB de -0.1% en 2019 y previsible de -0.5% a 0.5% en 2020. La opciónoficial era la de economía de subsidios sociales noproductivos y no multiplicadores de la demanda efectiva.

3.- El dilema entre mercado o Estado. Anunciado desde su primera campaña electoral estatal en 1988, el modelo de desarrollo de López Obrador fue siempre el Estado que había sido sustituido por el mercado en el modelo neoliberal de Carlos Salinas de Gortari 1979-1994. En su campaña electoral de 2018 López Obrador anuncio el fin del neoliberalismo. Y buena parte de sus decisionespresidenciales han sido en el escenario de la restauracióndel Estado como el eje de la economía. Sin embargo, el modelo de Estado depende sólo de tres claves: ingresos fiscales del doble de los existentes, desarrollo tecnológicopara potenciar la competencia y empresas públicas en el sector industrial basadas en la generación de utilidades y no quebradas por subsidios.

4.- Y quizá el dilema más importante: regresar a la normalidad de un país hundido en la improductividad que se enfilaba a tasas promedio sexenal de PIB de 1% a 2%, muy lejos del 4% promedio anual anunciado de manera oficial o construir la normalidad prometida de un nuevo modelo de desarrollo posneoliberal imaginado y no diseñado. Hasta ahora, con cuatro meses de coronavirusno existe ningún nuevo modelo de desarrollo posneoliberal ni ninguna definición del Estado productivo.

De acuerdo con las cifras del INEGI, el PIB de 2019 y el del primer trimestre de este año se salvó por el sector primario, el agropecuario, pero con sectores industrial y de servicios sin incentivos y atorados por el desmoronamiento de la demanda. Para crecer a tasas anuales del PIB arribadel 2.2% promedio de los últimos años se requiere una planta productiva renovada o reconvertida, una política efectiva de fomento industrial y sobre todo un nuevo modelo de desarrollo.

Ahí está el eje de todos los dilemas: regresar a la normalidad de antes o construir una nueva.

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Batallas burocráticas. Justo en el momento en que el Tren Maya depende de negociaciones con grupos indígenas para evitar otro Atencopresiones dentro del gabinete quieren desplazar a Ricardo Peralta, el subsecretario de Gobernación experto en negociaciones in extemis. El expediente de aduanas que lo tuvo seis meses se ha enredado en fuego amigo, al grado que su sucesor tiró la toalla por la complejidad del tema. Peralta ha sido eficaz en apagar fuegos conflictivos y tiene ante sí el del Tren Maya, una de las joyas del sexenio que se puede ahogar en tribunales.

Política para dummies: La política, al final del día, decide entre soluciones malas o soluciones peores.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- No es desorden, sino amalgama babélica de ideas y movimientos

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Carlos Ramírez*
Como se predijo desde la configuración de Morena no como partido, sino como movimiento de movimientos sociales, el tiempo está llegando a la agenda de la 4T: el presidente de la república está gastando más tiempo y capital político en negar propuestas de los militantes de Morena con las cuales eventualmente pudo coincidir, pero con la certeza de que carece de una base militante heterogénea.

La reciente propuesta de indagar la riqueza de las personas fue uno de los indicios de que el grupo del viejo Partido Comunista Mexicano y sus aliados anticapitalistas están percibiendo el agotamiento de los tiempos de cambio. El ideólogo de ese grupo es el exlíder de la Juventud Comunista, Pablo Gómez Alvarez, quien en la ultima propuesta de PCM en 1988 planteó la expropiación de Televisa, la nacionalización de la industria farmacéutica y una reforma fiscal contra la riqueza.

No son todos, pero hasta ahora se pueden identificar los diferentes movimientos internos de Morena:

–Los lopezobradoristas que van donde el líder diga.

–Los comunistas del PCM.

–Los anticapitalistas.

–La izquierda coalicionista que se unió al PCM y dio luz al PSUM y al PMS.

–Los experredistas.

–Los expriístas.

–Los expanistas.

–Los progresistas que pulularon como abejas sombre muchas flores.

–Los líderes de movimientos sociales que viven del asistencialismo y que operan control de masas.

–Los revolucionarios de membrete que se forjaron viendo las revoluciones guerrilleras de América Latina, pero que se aliaron con la policía política de Zedillo para traicionar al EZLN y que hoy ven en López Obrador al líder del amanecer una revolución socialista-marxista.

–La élite del primer círculo de poder de Palacio Nacional que se dinamizó alrededor de López Obrador y que tiene a su cargo la funcionalidad del gobierno, pero sin llegar a ser ni politburó ni comité central.

–La élite de funcionarios de alto nivel que dejo de tener espacio en los gobiernos del PRI y del PAN y que se salió para encontrar acomodo en el PRD y ahora en morena.

–Los grupos sociales que se mueven en función de programas asistencialistas, que tienen lealtad asegurada y que mantendrán la base militante de López Obrador.

–Los infaltables funcionalistas con experiencia de gobierno que se adhirieron al lopezobradorismo por la puerta de un cargo público, pero que sólo se representan a sí mismos.

–Y la pluralidad de votantes con o sin partido que vieron en López Obrador la ultima oportunidad para terminar sólo, y nada más, con la corrupción.

No se trata de una estructura novedosa. Todos los partidos y liderazgos tienen una diversificación de bases; el PRI la convirtió en línea verticalista marcada por la sumisión, el PAN perdió sus bases y el PRD ni a bases llegó.

La diferencia de los partidos de 1929 a 2018 radica en que Morena no ha derivado en un partido tradicional y se ha quedado, por decisión propia, en un movimiento de movimientos, lo que centralizaría el liderazgo en López Obrador, aunque sin disolver la fuerza de sus organizaciones sobre todo ideológicas.

En este escenario de la desarticulación interna de Morena y la falta de caminos de entendimiento con el poder presidencial morenista se verá un incremento de presiones de grupos para empujar agendas de coalición, pero que el presidente de la república no considera viables en sus tiempos de poder.

Lo que viene en Morena es un proceso ya en marcha de definición de lealtades y alianzas, las primeras sometidas y las segundas preparado su participación con agendas propias en las elecciones legislativas y de quince gubernaturas del 2021. El primer año de la próxima legislatura verá una tensión entre los movimientos y el presidente de la república que no se resolverán en una conferencia mañanera.

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80 grados. El boletín sobre el COVID-19 de la UNAM y la Facultad de Medicina es gráficamente inobjetable. México se encuentra en el grupo de países en emergencia roja: la línea no es aun curva sino angular y tiene una inclinación de 80 grados, a 10 de la vertical. Y no baja. Ni bajará pronto. El boletín pone a México en los países “lejos de controlar la primera ola de la epidemia”. Y frente a esta evidencia de la UNAM-FM, no hay López Gatell que valga.

Política para dummies: La política es el juego de la tensión dinámica. Gana quien empuja más.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- 25% de familias con empleo formal y salario remunerador

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Por Carlos Ramírez*
La clave de la felicidad se localiza, como punto central, en el trabajo con prestaciones sociales y salario remunerador; es decir, que el trabajo sea fecundo, creador y genere dicha y bienestar para el trabajador y su familia.

Las cifras oficiales ya con el costo de desempleo por el frenón productivo provocado por el coronavirus daría cifras que representan el desafío para tener un PIB alto y cuando menos recuperar algo de lo perdido, sin que haya espacio para generar nuevo empleo formal:

–De la población económicamente activa de 57.3 millones de trabajadores, la mayoría –el 57%, 32.1 millones– lo hace en el sector informal, es decir, sin seguridad social, ni salarios oficiales, ni prestaciones sociales; sin felicidad, pues.

–La tasa de desempleo oficial de 3.5% del INEGI representa dos millones de personas; a ellas se deben debe agregar un millón más de desempleados forzados por el virus en las cifras hasta abril –se sumarán cientos de miles más en el segundo trimestre–. Y hay que sumar 1.3 millones de mexicanos que se incorporarán en este año a la población económicamente activa por primera vez y no encontrarán empleo. Por tanto, hasta ahora se prevé un desempleo de 4.3 millones de personas en este año, casi el 9%.

–En términos reales, sólo el 47% de la población trabajadora se encuentra en situación de empleo formal. Y del total de la PEA, sólo el 25% tiene salarios arriba de cinco salarios mínimos.

En un análisis realizado en 2014 para definir los derechos del consumidor, la Procuraduría Federal del Consumido estableció los tres rangos de las clases sociales en México:

–Baja: 60%, con baja-baja de 35% y baja-alta de 25%.

–Media: 34%, con media-baja de 20% y media-alta de 14%.

–Alta: 6%, con alta-baja de 5% y alta-alta de 1%.

Estas cifras revelan la injusta y polarizada distribución de la riqueza en México: la clase más baja es de 35% del total de la población, casi un tercio del total, y la clase más alta es de 1%, apenas 1 millón 250 mil personas, de los 125 millones de mexicanos.

El problema de México no es el PIB como la suma anual de los bienes y servicios, sino de distribución de la riqueza. Por valor del PIB, México ocupa el lugar 15 entre todos los países del mundo, pero baja al lugar 75 en PIB per cápita o el total de valor del PIB dividido entre el número de habitantes. Justamente el PIB per cápita es el indicador mundial del bienestar.

En cifras del profesor Arnulfo R. Gómez la participación del PIB de México en el ranking mundial ha bajado del 2.65% en 2001 a 1.45% en 2018 México, pese al Tratado de Comercio Libre; y el lugar de México en la lista de países por PIB per cápita también ha disminuido: del lugar 41 al lugar 74.

El desafío de lograr la reversión de la actual distribución de la riqueza de 80% para ricos y 20% para pobres a una distribución de 80% para pobres y 20% para ricos exige una política de Estado para la redistribución de la riqueza por lo menos durante 15 años.

En un libro La economía de las desigualdades, Cómo implementar una redistribución justa y eficaz de la riqueza, publicado en 2008, el economista francés Thomas Piketty –vuelto famoso por sus libros sobre el capital como riqueza y no como eje del marxismo– establece dos formas de redistribución de la riqueza:

–La pura: “se adapta a las situaciones en que el equilibrio del mercado es eficaz, sí, en el sentido de Pareto; es decir, cuando es imposible reorganizar la producción y la asignación de los recursos de manera en que todo el mundo gane, pero a la vez las consideraciones de pura justicia social requieren una redistribución desde los individuos más favorecidos hacia los que son menos”.

–La eficaz: “situaciones en que imperfecciones del mercado requieren intervenciones directas en el proceso de producción, que simultáneamente permiten mejorar la eficacia paretiana de la asignación de los recursos y la equidad de su redistribución”.

En este sentido, la redistribución justa y eficaz de la riqueza para lograr la felicidad de el 80% de los mexicanos no propietarios que usan su fuerza de trabajo para ingresos que le permitan la felicidad sólo es posible al pasar de la mano invisible del mercado a la mano redistribuidora del Estado.

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Política para dummies: La política real es el mundo frío de los números,

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