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Por Carlos Ramírez.-

Los gobernantes, líderes y políticos están poniéndose a prueba con la pandemia COVID-19 y sus efectos devastadores. El riesgo mayor radica en que los tomadores de decisiones no puedan administrar las instituciones democráticas y encaren el reclamo social en función de tres puntos clave: la respuesta a expectativas incumplibles, la tasa de infectados-fallecidos y la reconstrucción del país después de la extinción del virus.

En México padecimos en 1985 una situación similar: los terremotos del 19 de septiembre. El gobierno administrativista del presidente Miguel de la Madrid tardó en reaccionar, operó como una burocracia paquidérmica y grupos sociales salieron a rescatar a los muertos y heridos. Sin embargo, la segunda parte de la respuesta fue política y, mejor aún, estratégica: el encargado de la reconstrucción como acto político, de poder y de liderazgo fue Manuel Camacho Solís, un politólogo de El Colegio de México experto en el sistema político mexicano.

Camacho centró su tarea en la reconstrucción del liderazgo presidencial en México a través de un programa muy ambicioso de reconstrucción que condujo, en México capital, a la articulación de bases sociales dependientes del Estado. El presidente De la Madrid buscó con urgencia esa reconfiguración del poder del Estado por las elecciones presidenciales de 1988. Y si el resultado fue desastroso porque el candidato del PRI apenas acumuló 50.3% de los votos, contra un promedio de 80% en treinta años anteriores, también hubo de echar mano a las trampas del gobierno que manejaba las elecciones. En realidad, el problema no fue el terremoto de 1985, sino la fractura en el PRI con la salida de Cuauhtémoc Cárdenas el hijo del presidente Lázaro Cárdenas, el más venerado hasta la fecha.

El presidente López Obrador llegó con el 53% de los votos, contra un promedio de 40% en cinco elecciones presidenciales anteriores, por un liderazgo social y popular construido desde la oposición populista. Sin embargo, antes de la crisis del COVID-19, su aprobación había bajado de 70% al tomar el cargo a 60%. Su conducción de la crisis llevó su popularidad a 47%. El error estratégico principal pudiera estar en el enfoque del problema: una ofensiva de centro-derecha en su contra, cuando en realidad se ha tratado de la urgencia de ejercer un liderazgo social, de la victimización como diana de una ofensiva conservadora y la falta de una estructura de partido-Estado para construir un nuevo bloque de poder.

Mientras en España el presidente del gobierno aparece al frente del gobierno y del Estado –aún con sus errores y omisiones–, en México el presidente López Obrador se deslindó de la crisis del coronavirus casi dos meses, desdeñó la urgencia de construir una estrategia de resistencia y de decisiones adelantadas y cedió la conducción de la imagen en el subsecretario de Salud. El decreto de confinamiento obligatorio no lo presentó el presidente, sino sus colaboradores. Por el efecto recesivo de la decisión, ocurrió lo de 1985: el presidente de la república quiso aislarse del efecto negativo.

A mediados de los sesenta, el importante politólogo Gabriel Almond –el diseñador del modelo de política comparada– hizo una encuesta en cinco países sobre cultura cívica. La parte mexicana llevó a dos conclusiones: los mexicanos sólo creían en dos instituciones, el presidente de la república y la Revolución Mexicana; en 1992 el presidente Salinas acudió al PRI para anunciar el fin histórico de la Revolución Mexicana como historia, ideología y discurso, y sólo quedó el presidente. De 1982 a 2018, los presidentes se alejaron de la gente.

Los mexicanos están acostumbrados a idolatrar al presidente, sin importar abusos, corruptelas o distanciamientos sociales. Como los dioses indígenas, el presidente es el “gran dador de vida”. López Obrador lo entendió así en su vida como disidente –1988 a 2018– y se dedicó a construir una imagen personal para los pobres, además de privilegiar un discurso antineoliberal, caracterizando al neoliberalismo como el demonio antipopular. En las elecciones del 2018 el candidato del PRI fue un tecnócrata neoliberal, en tanto que López Obrador basó su campaña mezclándose con la gente.

La caída en la aprobación presidencial puede ser un modelo de crisis en la relación gobernante-sociedad. La gente quisiera verlo al frente de la lucha contra la pandemia, aún con decisiones equivocadas. Al cerrar la actividad económica anunció pequeños programas para una parte reducida de afectados, pero abandonando a los pequeños y medianos industriales y a ese segmento productivo mexicano producto de la crisis: los trabajadores ambulantes, sin patrones, con puestos en las calles, sumando el 57% de la mano de obra productiva, una especie de nanoempresarios porque dependen de la venta directa de comida o productos. Hasta ahora se van a proteger sólo a ancianos, jóvenes y mujeres solas, pero afectando a los que viven de venta de productos en las calles que no podrán salir cuando menos un mes.

La crisis del COVID-19, por la incapacidad de los Estados y de los gobiernos, va a dañar los liderazgos de los gobernantes y distorsionará los fundamentos de la democracia. Los líderes deben saber comandar, imponerse sobre las adversidades y sobre todo inspirar. La crisis del virus ya desbordó a los gobernantes de todo el mundo, sobre todo porque ninguno ha sabido liderar a la sociedad y todos se la han pasado justificando sus propios errores. El gobierno mexicano apenas el lunes 30 dictaminó medidas de cierre económico, cuando el contagio ya era nacional.

Lo malo es que los gobernantes tienden al autoritarismo cuando pierden la batalla democrática. Y el COVID-19 puede infectar al mundo del virus del despotismo.

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@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Advertencias y críticas de Banxico, doble recesión y enojos en Palacio

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Carlos Ramírez*
Las evaluaciones del Banco de México son como las llamadas a misa: las atienden quienes se interesan en ir a la iglesia. Sin embargo, todos debieran estar atentos a las campanadas y preguntarle al vecino qué se dijo en la misa.

La reunión de la junta de gobierno del Banxico se realizó el 14 de mayo, pero sus resultados fueron circulados hacia el 28 de mayo, luego de pasar filtros y de enviar resultados a… donde tienen que enviarse para que algunos interesados no se digan sorprendidos.

Y no fue para menos el enojo en Palacio Nacional. De la minuta del banco central sobresalen otros datos reveladores:

–“Algunos (de los miembros de la Junta) notaron que la confianza de los agentes económicos disminuyó”.

–Algunos dijeron que se viene para México “una fuerte contracción económica”. Y será más fuerte en el segundo trimestre del año.

–La posible recuperación de la actividad económica en el segundo semestre tiene “riesgos considerables”: la incertidumbre sobre la duración, la severidad de los efectos del confinamiento, el tiempo para la reactivación y la posibilidad de nuevos brotes de contagio.

–“Uno (de los miembros de la Junta) destacó el peligro de una doble recesión”, que en economía se identifica con una W: de punto alto baja y luego repunta para volver a bajar y subir por tercera ocasión. Ahora México se encuentra en el punto inicial de la W y vendría algo así como una montaña rusa a gran velocidad.

–El problema de la pandemia fue que atrapó a México en una debilidad productiva antes del virus. El primer trimestre el PIB fue de -1.55%. Y se estima PIB mensual de -4.5% en marzo y -9.5% en abril. La reactivación comenzaría hasta el tercer trimestre, en octubre.

–En el debate sobre el PIB –en lo que sale el nuevo índice prometido–, para 2020 los funcionarios del Banxico coincidieron en que se revisa a la baja. Entre -6.7% y -7.5%, con una “modesta recuperación” en 2021. Y una encuesta de expectativas arrojó la previsión de un PIB de -8% a -9%.

–“Otro” miembro de la junta adelantó que se prevé la pérdida de 1 millón de empleos en el sector formal en todo el año, aunque nadie incluyó el dato adicional: este año habrá 1.4 millones de personas que se incorporarán por primera vez al mercado de trabajo y no encontrarán empleo.

–Banxico registró el daño de la pandemia: las micro, pequeñas y medianas empresas y el sector informal de la economía (57% de la población económicamente activa) saldrán perjudicadas en términos de ingreso y oportunidades laborales.

–Por si fuera poco, el peor efecto de la pandemia, frenón económico y recesión apenas viene: “se anticipa una mayor pobreza en todas sus dimensiones”.

–El indicio más grave es el de la incertidumbre, concluyó la mayoría de la Junta de Gobierno, porque se desconoce duración y profundidad de los efectos de la pandemia. Se prevén “daños permanentes a la planta productiva y el empleo”.

–Y el párrafo que sacudió los cimientos de Palacio Nacional: “la falta de incentivos adecuados para la inversión privada, situación que se ha acrecentado recientemente ante los ajustes al maco regulatorio para su participación en el sector eléctrico. Otro enfatizó que ello está agravado por un ambiente de incertidumbre jurídica para la inversión privada”.

–Al final, Banxico ve tres riesgos: prolongación de las afectaciones a la producción por el cierre de actividades y la falta de suministros, un aumento de contagios o segundo brote que ocasionaría problemas financieros y de solvencia y menores ingresos de empresas. Y de paso, funcionarios de Banxico señalaron que “la ausencia de un enfoque integral de apoyo, particularmente en virtud de una modesta respuesta fiscal, puede resultad en una recuperación más lenta”.

Así cualquiera se enoja.

-0-

Minería, lista. Como en ningún otro sector, la minería revisa con minuciosidad las condiciones para la reactivación productiva. El subsecretario de Minería, Francisco Quiroga, recorre minas acompañado de empresarios, sobre todo de trabajadores sindicalizados y de gobernadores y funcionarios estatales. El papel de los sindicatos ha sido vital porque los trabajadores son los más expuestos al contagio.

Política para dummies: La política es la astucia del zorro para prever conflictos.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Aquí no ha pasado nada; ¿nada? Sí. ¡Nada! A seguir destruyendo el planeta

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Frente a una población mundial superior a 7.7 mil millones de personas, el saldo hasta ahora de afectados por el coronavirus es poco: 5.5 millones de infectados y 350 mil muertos…, y contando, más se han perdido en las guerras de devastación. La economía mundial podría quedar en -2.5% y la iberoamericana se hundiría a -6%… o más.

Poco antes del virus se había generado en el planeta un cargo de conciencia por la destrucción del medio ambiente. Hace poco se había lanzado la advertencia de que íbamos a la catástrofe como raza y algunos sacaron la bandera del un nuevo acuerdo verde mundial —global green new deal— que sonaba bonito, audaz, con cargos de conciencia.

Había que modificar patrones de producción, uso de energías limpias, modelos de consumo, esquemas más justos de distribución de la riqueza, una toma de conciencia de la realidad desde un nuevo enfoque educativo; sí, claro, por qué no. El planeta es de todos, hay que cuidarlo, se tienen que hacer sacrificios.

La pandemia nos enfrentó a la realidad: el primer paso se dio: encerrarse en casa, abjurar del confort que ha ido destruyendo el planeta, comenzar a cambiar la conciencia ecológica, sí, todos cooperaremos, encerrados para leer. Y vino el encierro. Y en México ocurrió lo impensable: primero la negación, luego salir a la calles a como dé lugar a enfrentar la adversidad, el sentido mexicano que se juega la vida en un volado –moneda al aire, a cara o cruz, o, más bien, a águila o sol, águila guerrera o pirámide del sol, las doscaras de las monedas mexicanas de mediados del siglo pasado– y terminar con el grito pidiendo la última cerveza del estadio porque por ley se prohibió la venta de bebidas alcohólicas como previsión a la violencia intrafamiliar por el confinamiento. La suerte en una moneda que dice Ricardo López Méndez en su poema México, creo en ti:

México, creo en ti,

Porque escribes tu nombre con la X

Que algo tiene de cruz y de calvario:

Porque el águila brava de tu escudo

Se divierte jugando a los volados:

Con la vida y, a veces, con la muerte.

Ahora se trata de salir de la prisión oficial, de las ciudades-cárcel, del confinamiento obligatorio para vérselas con uno mismo, del conocimiento de la soledad, lejos de aquel verso de Lope de Vega de que “para andar conmigo me bastan mis pensamientos”, no, la verdad es que necesitamos el bar, la cantina, la playa donde ir a embriagarse, a recuperar el equilibrio del cuerpo al que le hace falta el vaso de licor que encontrar el punto medio en medio de la rotación de la Tierra.

Y de nueva cuenta el planeta comienza a ser ocupado, a ser destruido, sin ningún prurito de arrepentimiento, lo estamos viendo en las playas atiborradas de gente, espacios de arena vuelta a aplanar por la inconciencia de la aglomeración. De regreso a usar los combustibles que sean, fósiles o nuevo, al fin y al cabo que lo que necesitamos es movernos en manada sin sentido de la conservación.

No hay maldiciones divinas, pero el planeta como organismo vivo siempre ha mandado mensajes a los habitantes. Cuando el mundo ha avanzado no sólo en el control de plagas, sino en la construcción de amas químicas, el planeta encuentra formas de advertir que las cosas no andan bien. Nadie quiere hoy saber qué ocurrió o qué puede volver a ocurrir, sino que desea romper el confinamiento y preparar formas de control de enfermedades que no vuelvan a encerrar a las personas en sus cuevas primitivas con aire acondicionado, redes sociales y conexiones infinitas de cadenas de televisión y cientos de libros que nadie quiso realmente leer.

El ser humano es un superviviente que no tiene conciencia de su buena suerte. Los que volvieron a salir corrieron el riesgo de un nuevo flujo de infecciones, pero, como decimos en México, lo bailado nadie se lo quita. Una cerveza en una terraza es como la última gota de agua en un desierto: la vida. Y ya con velocidad, lo que quedó atrás a nadie le importa. Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas; lo que pasa en el planeta Tierra se queda en el planeta Tierra.

Y aquí estamos de regreso a nuestra normalidad, no “la” normalidad, de nuevo en la realidad que dejamos pendientes para ir a encerrarnos en nuestras casas mientras el virus de una décima de una milésima de milímetro pasaba de frente y no nos veía en su camino de destrucción. Y nuestra normalidad es el sometimiento del planeta a nuestras comodidades, a nuestras necesidades destructivas del equilibrio ecológico.

Costará trabajo retomar las banderas de la ecología, de los acuerdos verdes, de los cargos de conciencia tecnológica. El virus, señala la versión más manejada, aunque no necesariamente la real, no fue producto de la modernidad, sino, oh sorpresa, de las prácticas antiguas, de la forma de sobrevivencia en la muerte de animales para nuestra alimentación: el cruce de alguna forma entre un murciélago y un cerdo, como se alimentaban nuestros ancestros cuando no había siquiera fuego.

Y si se prueba que el virus salió de un laboratorio, entonces habrá que enlistar el coronavirus o COVID-19 como algo que bien podría ser el adelanto descontrolado de un arma de destrucción masiva para las guerras que vienen y que con la pandemia nos dieron una demostración de su capacidad dañina.

En fin, ya estamos de regreso a nuestra tarea de destruir el planeta. Bienvenidos de regreso a nuestra pesadilla.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- ¿Regresar a cuál normalidad? Los cuatro dilemas poscoronavirus

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Carlos Ramírez*
Presionado por la economía 
estadunidense a la que está atado, por el desempleo en modo Calcuta de millones de trabajadores que no han recibido apoyo y por una planta productiva que se pone en funcionamiento o se destruye, la decisión gubernamental para regresar a la nueva-vieja normalidad económica y social tendrá que resolver cuatrodilemas:

1.- El dilema entre la salud o la economía. Los datos reales de las afectaciones de la pandemia a la planta productiva son peores a los que se conocen y deberían obligar a las autoridades a cuando menos dos semanas de medidas drásticas de confinamiento para romper los contagios, pero las presiones de las cadenas productivas estadunidenses y el peligro de que la planta productiva paradpierda mercados van a llevar a la decisión del regreso a la actividad económica cuando aún no se ha alcanzado el punto máximo de contagios. España, que aplicómedidas drásticas de confinamiento autoritario, apenas está viendo bajar el ritmo de fallecidos y contagiados.

2.- El dilema entre economía productiva o economíasubsidiada. Sin ningún tipo de apoyo, la economía de servicios y buena parte de la economía industrial fue afectada en su dinamismo por el desplome de la demanda, el desempleo obligatorio de trabajadores y la competencia con otros países que ocuparon lugares mexicanos en la proveeduría de bienes y servicios. El turismo y los servicios quedaron destrozados por falta de apoyo y su reinicio será lento. Las expectativas de PIB de -8% a -12% tardarán en recuperarse cuando menos 25 años. Los datos de que el 2021 se crecerá a 2% a 2.5% será sobre el hoyo recesivo de 2020.El gobierno federal regresará a la economía de subsidios que tenía antes de la pandemia y que llevaron a un PIB de -0.1% en 2019 y previsible de -0.5% a 0.5% en 2020. La opciónoficial era la de economía de subsidios sociales noproductivos y no multiplicadores de la demanda efectiva.

3.- El dilema entre mercado o Estado. Anunciado desde su primera campaña electoral estatal en 1988, el modelo de desarrollo de López Obrador fue siempre el Estado que había sido sustituido por el mercado en el modelo neoliberal de Carlos Salinas de Gortari 1979-1994. En su campaña electoral de 2018 López Obrador anuncio el fin del neoliberalismo. Y buena parte de sus decisionespresidenciales han sido en el escenario de la restauracióndel Estado como el eje de la economía. Sin embargo, el modelo de Estado depende sólo de tres claves: ingresos fiscales del doble de los existentes, desarrollo tecnológicopara potenciar la competencia y empresas públicas en el sector industrial basadas en la generación de utilidades y no quebradas por subsidios.

4.- Y quizá el dilema más importante: regresar a la normalidad de un país hundido en la improductividad que se enfilaba a tasas promedio sexenal de PIB de 1% a 2%, muy lejos del 4% promedio anual anunciado de manera oficial o construir la normalidad prometida de un nuevo modelo de desarrollo posneoliberal imaginado y no diseñado. Hasta ahora, con cuatro meses de coronavirusno existe ningún nuevo modelo de desarrollo posneoliberal ni ninguna definición del Estado productivo.

De acuerdo con las cifras del INEGI, el PIB de 2019 y el del primer trimestre de este año se salvó por el sector primario, el agropecuario, pero con sectores industrial y de servicios sin incentivos y atorados por el desmoronamiento de la demanda. Para crecer a tasas anuales del PIB arribadel 2.2% promedio de los últimos años se requiere una planta productiva renovada o reconvertida, una política efectiva de fomento industrial y sobre todo un nuevo modelo de desarrollo.

Ahí está el eje de todos los dilemas: regresar a la normalidad de antes o construir una nueva.

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Batallas burocráticas. Justo en el momento en que el Tren Maya depende de negociaciones con grupos indígenas para evitar otro Atencopresiones dentro del gabinete quieren desplazar a Ricardo Peralta, el subsecretario de Gobernación experto en negociaciones in extemis. El expediente de aduanas que lo tuvo seis meses se ha enredado en fuego amigo, al grado que su sucesor tiró la toalla por la complejidad del tema. Peralta ha sido eficaz en apagar fuegos conflictivos y tiene ante sí el del Tren Maya, una de las joyas del sexenio que se puede ahogar en tribunales.

Política para dummies: La política, al final del día, decide entre soluciones malas o soluciones peores.

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