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Carlos Ramírez*
A veces la desesperación por la falta de expectativas anti COVID-19 y los datos que hablan de que cuando menos este año no habrá vacuna que cambie el sentido de las infecciones y fallecidos lleva a aferrarse a clavos ardiendo. El señalamiento del antes endemoniado FMI y hoy alabado de que el PIB de México podría ser de 4.5% en 2021 ha permitido una fiesta hasta con cuetes.

Sin embargo, la realidad es otra.

1.- La reactivación del ritmo de producción mexicana no será general y sólo habrá posibilidades de exportación de bienes primarios y de empresas vinculadas a cadenasproductivas del Tratado de Comercio Libre 2.0.

2.- El dato oficial de PIB de -8.5% señala una caída de -8.6% en 2019 y 2020.

3.- En su cuadro estadístico de expectativas, el FMI fija4.5% para 2021, pero también agrega que a partir de 2022 México regresará a su mediocre crecimiento de 2.2%promedio anual cuando menos por diez años, y con la condición de que no haya recesión internacional u otra o la misma pandemia.

4.- Si se cumple el vaticinio del FMI de 4.5% para 2021 y 2.2% a partir de 2022, entonces el PIB promedio anual del sexenio será de 0%, similar al 0% de PIB promedio anual en el gobierno de Miguel de la Madrid 1983-1988.

5.- En las expectativas oficiales se había hablado, de manera formal, de un PIB promedio anual de 4% a lo largo del sexenio.

En sentido estricto, estas cifras sólo explican las tendencias de los números, no muestran un escenario inevitable. La única manera de salirse del estancamiento económico en que metió al país la pandemia se localiza en el diseño con carácter de urgente de cinco grandes reformas: un nuevo modelo de desarrollo, una nueva planta productiva,una política económica que estimule la inversión, la innovación y el desarrollo tecnológico, un gran pacto social del Estado con empresarios y trabajadores para reorganizar el sistema productivo y sus relaciones sociales de producción y un Estado supercapitalista que dedique toda su energía aadministrar la dinámica productiva.

Las cifras históricas recuerdan un desafío similar: la tasa promedio anual en el periodo 1927-1932, por efecto del crack de la Bolsa de Wall Street de Nueva York, fue de 4%a lo largo de seis años. Como en EE. UU. y su new deal de Franklin Roosevelt, en México se dio en 1934 un nuevoacuerdo político y social liderado por el Estado cardenista para sentar las bases de reorganización del capitalismotodavía semifeudal del porfirismo. De 1934 a 1982, la tasa promedio anual del PIB con el Estado conduciendo el ritmo del capitalismo, fue de 6%.

Por sólo el actual sistema productivo y su correlativa planta industrial no alcanzan para desarrollar un ritmo de crecimiento económico más allá de 2%. El control asfixiante del Estado, las decisiones presidencialistas, la falta de autonomía productiva del sector privado, el sindicalismo antiobrero, las restricciones a la inversión extranjera, entreotros obstáculos, impiden tasas de PIB altas y con mayor derrama económica.

Si la economía mexicana quiere salir del hoyo recesivo del neoliberalismo 1983-2018 y de la trampa de arena de la pandemia, el único camino se encuentra en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo y una modernización de la planta productiva. Es decir, optar ya sin repartos por un modelo capitalista con estatalidad regulatoria no restrictiva.

El Estado, a su vez, requeriría de una gran reforma no neoliberal sino de funcionalidad y capacidad operativa: reorganización de los ingresos con una reforma fiscal, reestructuración del gasto para liberarla de las cargas asistencialistas no productivas, una autoridad política con instrumentos de fuerza económica para impedir la polarización social de ingresos y, como el periodo de Cárdenas a López Mateos, una política social para convertir al Estado en el garante del reparto de la riqueza. El modelonórdico de Estado sigue latente: una carga fiscal general alta, una ética que elimine la corrupción y gasto social en educación y salud.

Las crisis son oportunidad para definir rumbos. La crisis económica y social provocada por la pandemia en todos los países del mundo es punto de referencia para saber si se cambia para salir de la crisis con nuevas formas de socialización del bienestar o para regresar a la anterior normalidad de modelos sociopolíticos ajenos a la prosperidad generalizada.

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Política para dummies: La política se mide por la profundidad de las decisiones, no por la habilidad de las argumentaciones.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusivadel columnista y no del periódico que la publica.

 

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Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Kamala en México como jefa de la DEA, no vicepresidenta

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Carlos Ramírez

A pesar de que los temas de migración y comercio son vitales para México y EE. UU., la vicepresidenta estadunidense Kamala Harris se va a centrar hoy, en su conversación vía internet con el presidente mexicano López Obrador, en narcotráfico. Y como tema especial, la segunda en mando en la Casa Blanca exigirá anular, desvirtuar o darle la vuelta a las reglas de operación y registro de las agencias de seguridad estadunidenses en Mexico.

La reunión significará una violación a las normas protocolarias entre dos naciones. Los contactos formales deben darse entre los mismos niveles de jerarquía; es decir, que el referente directo del presidente de México es el presidente de EE. UU.. En ese sentido, no se vería mal que el presiente Lopez Obrador designara a su canciller Marcelo Ebrard Casaubón como el interlocutor de la vicepresidenta estadunidense, toda vez que en México no existe el cargo equiparable, ni siquiera el de jefe de gabinete o primer ministro.

Las reglas de relaciones exteriores deben proteger al presidente de la república, toda vez que por presiones de su interlocutora se vea obligado a tomar decisiones que no debieran ofrecerse de manera tan directa. En los hechos, nadagana el presidente López Obrador con charlar con la vicepresidenta y ella viene con la agenda intermediada del presidente de EE. UU. que por alguna razón no la quiere formalizar en directo con el jefe del Estado mexicano.

 En los escasos cien días de gobierno, Biden ha tomado decisiones que representan una presión de seguridad nacional sobre México para obligarlo a asumir el enfoque, la agenda y los intereses de EE. UU. como prioritarios. Por decisiones de gobierno, López Obrador determinó –con aciertos o equivocaciones– una estrategia de seguridad interna a partir del principio de “construcción de la paz” y se alejó del modelo de la guerra contra los narcos que habían decretado los presidentes Calderón y Peña Nieto.

El modelo de eludir la confrontación violenta fue una decisión de gobierno, de Estado y de Plan Nacional de Desarrollo promulgado en el Diario Oficial de la Federación. En cambio, la estrategia de Biden quiere obligar a los países sede de la droga y de las organizaciones criminales a confrontar a los cárteles y capos porque así conviene a los intereses de seguridad nacional de EE. UU.. Obligar a México a anular su propia estrategia y a imponer la estadunidense implica un gesto imperial al viejo estilo vaquero del gobierno republicano de Ronald Reagan.

El problema en sí no se localiza en los objetivos diferentes, sino en los abusosintervencionistas de la Casa Blanca. Sin cumplir con los requisitos de registro de agentes y decisiones ante las autoridades mexicanas, como mandatan las reformas a la Ley mexicana de Seguridad Nacional, el gobierno de Biden autorizó operaciones de la DEA dentro de México sin cumplir con las nuevas reglas, con el pretexto de que México no está combatiendo a los cártelesproductores del fentanilo que llega a EE. UU. y que se ha convertido en la principal causa de muerte de adictos.

El principal argumento de México es impecable y debiera ser usado por el presiente López Obrador: el fentanilo llega a EE. UU. porque lo exige la demanda de droga de grupos delictivos y consumidores, porque la droga cruza la frontera del lado estadunidense con el aval de oficinas fronterizas locales y porque se vende al menudeo en más de tres mil ciudades del 85% de los estados de EE. UU.. Y en los planes sobre drogas de la Casa Blanca, el presidente Biden nada dice de las causas de la horadación de la seguridad nacional estadunidense por narcos mexicanos y la facilidad que tienen los cárteles mexicanos para controlar el mercado al menudeo de esa y otras drogas en las calles americanas.

La agenda mexicana de la vicepresidenta Kamala Harris no parece estar muy clara. Su forma de enfocar con autoritarismo la crisis de migración en la frontera provocó la renuncia de la embajadora Roberta Jacobson a la oficina especial que le abrió Biden en el Consejo de Seguridad Nacional. Y el encuentro de hoy va a mostrar que la Casa Blanca carece de entendimiento sobre la forma de negociar con México.

 

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Política para dummies: La política del nacionalismo ha sido el eje de la estrategia de relaciones México-EE. UU. después de la guerra de 1847 en la que la Casa Blanca le robó a México la mitad del territorio.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Línea 12: de Cárdenas a Morena, fin de ciclo; crisis de gobierno como 1985

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Carlos Ramírez

Aunque los candidatos de Morena mantengan su mayoría en las elecciones de junio próximo, el accidente en la Línea 12 del Metro será una espina clavada en el grupo político y de poder que tomó el control de la capital de la república en 1997.

Y el problema no será electoral de manera estricta porque Morena podría seguir manteniendo sus posiciones, sino de eficacia en la gestión de gobierno y de construcción de una corriente política dominante. Y en tanto en Ciudad de México no exista un relevo alternativo político-partidista-ideológico a Morena que tampoco sea el viejo PRI, la gobernanza y gubernamentalidad –el poder y la sociedad– en la capital deteriorarán la calidad de gobierno.

Más allá del lamentable accidente cuya investigación oficial reforzará o deteriorará la dirección política del presidente López Obrador rumbo al relevo legislativo de 2021 y al cambio presidencial en 2024, de nueva cuenta Ciudad de México será el foco del termómetro social, cultural, político, ideológico y de grupos.

La crisis en el Metro representa un desafío político al presidente López Obrador, cuya influencia en el manejo político electoral en la capital de la república viene desde 2000. El primer paso defensivo no fue el mejor: culpar a la prensa por sus criticas al gobierno, cuando la sociedad esperaba decisiones de investigación y responsabilidad más directas. Los tres niveles político-administrativos tocan el espacio de poder presidencial: los responsables directos del gobierno capitalino –Marcelo Ebrard, Miguel Angel Mancera y Claudia Sheinbaum–, los indirectos en posiciones de jerarquía administrativa y los operativoscomo responsables de protocolos de seguridad.

El sistema político priísta que se nutrió del modelo romano de tiempos de los Césares –por cierto, un detalle que recogió y proyectó de manera formal el Francisco I. Madero que invocó el presidente en su conferencia del martes– se basaba en el circo romano. Sí; la sociedad necesitaba desde el primer momento de renuncias, separaciones de cargo y deslindamiento superior de responsabilidades y la creación inmediata de una comisión independiente de investigación.

La más interesada en ofrecer mensajes inmediatos era la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum como gobernante electa, pero la imagen sentadita en la conferencia de prensa mañanera del martes evidenció su nivel de regenta. Sus primeros mensajes intentaron congelar los efectos sociales de la crisis, pero fueron acallados con las imágenes de familiares devastados por las muertes. Ahí, en ese momento, se requirieron de decisiones de ajustes inmediatos de cargos.

Las primeras 24 horas fijaron la interpretación del accidente en una crisis política de gobierno. Centralizar las criticas en los medios no atenuaron el efecto brutal de las imágenes de noticieros y redes. Era difícil suponer un desplazamiento de Sheinbaum del cargo capitalino, pero debió de haberse formado de manera rápida una comisión oficial de investigación, un grupo político de control de daños y sobre todo una comisión legislativa indagatoria.

En la crisis en el Metro en 2015 en la estación de Oceanía, los partidos en el congreso local eludieron la presidencia de una comisión investigadora por la confrontación; de entre todos, el único que apareció sin preocupaciones fue el diputado de Nueva Alianza, Jorge Gaviño, quien de inmediato se potenció para dirigir la comisión investigadora; de manera hábil, el jefe de gobierno, Miguel Angel Mancera, luego lo cooptó y lo designó director del Metro. El control de daños evitó una crisis.

El accidente del lunes en la noche tuvo una oportunidad para centrar la atención en las consecuencias, no en la elusión de responsabilidades: un nuevo director del Metro, una comisión de mantenimiento especial para realizar un reporte del estado del sistema y una comisión investigadora en el congreso capitalino le hubieran dado al gobierno lopezobradorista el control de los acontecimientos. Hacerlo después, sin duda, ineficaz y criticado. Manuel Camacho Solís y Carlos Salinas de Gortari sacaron a De la Madrid de su miedo ante los terremotos de 1985 y tomaron decisiones que los pusieron delante de la investigación, aunque al final sus resultados fueran escasos.

Las crisis accidentales son las peores para las gestiones de las crisis de gobierno.

 

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Política para dummies: La política es el arte de atender accidentes para administrar los daños.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Final patético de la figura política de Muñoz Ledo; él o el diluvio

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Carlos Ramírez

Luego de haber saltado a la fama política en 1969 con sus dos discursos de defensa sistémica estatista del presidente Gustavo Díaz Ordaz por el manejo de la crisis del movimiento estudiantil del 68 y sobre todo la justificación del 2 de octubre en Tlatelolco, Porfirio Muñoz Ledo ahora está llamando a defender la constitución contra el gobierno que él contribuyó a consolidar.

El problema radica en el hecho de que el presidente Andrés Manuel López Obrador está decidiendo reformas que han sido siempre parte de su discurso, incluyendo la anulación del Estado neoliberal salinista 1983-2018 y realizando las reformas constitucionales adelantadas en sus varios proyectos de nación. Y que Muñoz Ledo siempre apoyó y avaló a López Obrador y en los hechos se comprometió a apuntalar la reforma para la reconstrucción del Estado social.

Ahora aparece un Muñoz Ledo enojado porque su partido Morena le negó la reelección como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados en 2019 y ahora mismo le negó su reelección como diputado. Y en este momento, resulta que Morena es peor que el PRI que él ayudó a construir en su juventud política. Y como el Quijote de la política que perdió la sensatez por haber leído tantos libros de caballería política, ahora Muñoz Ledo busca encontrar al Caballero Negro y los molinos de viento para salvar a su Dulcinea Constitucional.

La verdad que no se sabe cual es el eje de la lucha de Muñoz Ledo: ¿destruir el modelo político de reformas del presidente López Obrador y Morena sin salirse del partido y buscando quizá que Morena se le apoye a sus delirios para…? ¿Para qué?: ¿sólo ser candidato a la reelección, convertir a la Cámara de Diputados en su cementerio de elefantes por los 88 años de edad actuales, suponer para sí la candidatura presidencial en 2024 para implementar su modelo de nación, un despertar tardío porque vio algo inaceptable en las decisiones lopezobradoristas, o algo? ¿Pero qué…?

Muñoz Ledo fue descubierto por Díaz Ordaz como una joya juvenil y lo hizo secretario general del Seguro Social a sus 34 años, luego fue protegido por Luis Echeverría en su camino a la candidatura presidencial, funcionó como el consejeromaquiavélico del Príncipe en Palacio Nacional hasta que en 1973 ascendió a secretario del Trabajo y Previsión Social y en 1985 entró como relleno en la lista de precandidatos presidenciales que disputaban en forma efectiva sólo Mario Moya Palencia y José López Portillo.

Luego saltó en los espacios de todos los grupos políticos: PRI, PAN, PRD, Morena, PARM. Nunca pudo deshacerse de la figura de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, inclusive ni cuando delató que Cárdenas se había reunido en secreto con Carlos Salinas de Gortari en 1988. Como presidente del PRD tampoco alcanzó el nivel de caudillo que tenían Cárdenas y López Obrador. Conflictuada su carrera diplomática, se encerró en el limitado espacio legislativo, Y en 2018 rogó hasta la humillación que lo hicieran presidente de la primera mesa directiva para “pasar a la Historia” y retirarse como el diputado que le colocó la banda presidencial a López Obrador. Hoy quiere eternizarse en el congreso otros tres periodos. Ya verá después qué posición pedirá cuando cumpla 100 años.

Muñoz Ledo tiene un pensamientopolítico priísta; y si se quiere mayor precisión, un priísta de corte echeverrista, suponiendo en esta corriente una configuración seria de ideas, objetivos y definiciones vinculadas al proyecto nacional histórico social de la Revolución Mexicana. Pero en su biografía tiene Muñoz Ledo un lugar acomodaticio; mareó al presidente Fox sobre una reforma del Estado que no fue sino la consolidación del viejo régimen priísta.

Su pensamiento sistémicoestá plasmado en la conferencia que dio en 1978 en el seminario sobre el sistema político mexicano que realizó Stanley R. Ross en la Universidad de Texas en Austin y ahí dibujó su modelo de nación al explicar el modelo sistémico del presidente Echeverría. No se olvida que como secretario del Trabajo defendió hasta la violencia el liderazgo de Fidel Velázquez, sobre todo de los enfoques de sindicalismo independiente que salieron de El Colegio de México –del entonces investigador Manuel Camacho Solís– y reprimió a golpes las críticas de Heberto Castillo Martínez contra Echeverría.

Los personajes históricos que definen la personalidad de Muñoz Ledo no son muchos: Nicolás Zúñiga y Miranda, Gonzalo N. Santos y un Alonso Quijano bizarro.

 

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Política para dummies: La política es el espejo del alma.

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