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Carlos Ramírez

En 1969, en el gobierno de Richard Nixon, comenzó la estrategia de EEUU de culpar a México de suministrar drogas para los consumidores estadunidenses. En ese año Nixon, después de haber dado un abrazo al presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz, cerró la frontera vehicular para revisar vehículo por vehículo. Se llamo “operación intercepción” y la Casa Blanca dijo que México era el trampolín de las drogas, con la respuesta mexicana de que el territorio americano era la alberca del consumo.

A lo largo de más de medio siglo el problema ha crecido. El gobierno del presidente Joseph Biden acaba de autorizar un operativo de Estado contra México para obligarlo a combatir a los cárteles de la producción y el tráfico de la droga que ingresa a EEUU. No es la primera vez que lo dice, pero la evaluación anual de la DEA sobre las drogas reveló que cuando menos once bandas delictivas mexicanas operan dentro de las ciudades estadunidenses controlando el comercio al menudeo de drogas en más de tres mil ciudades.

Las relaciones México-EEUU en materia de narcotráfico han sido oscilantes, funcionales a las circunstancias y al final muy de connivencia. El presidente Salinas firmó en 1989 un acuerdo de intercambio de información y el presidente Calderón suscribió en 2008 con el gobierno de Bush la llamada Iniciativa Mérida. Esa relación de entendimiento con fricciones ha durado hasta el año pasado en que el presidente mexicano López Obrador ordenó la cancelación de la Iniciativa Mérida y sometió a registro y control a las agencias de inteligencia y seguridad nacional que operaban por la libre en México en asuntos de narco.

Ahora el presidente Biden quiere que México desmantele los dos principales cárteles del narco, arreste a sus líderes sobrevivientes y permita a EEUU seguir operando por su cuenta dentro de México. El Cartel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán son los dos veneros más importantes del narco y la violencia en territorio americano. Y los dos son, según la DEA, los principales grupos delictivos mexicanos que controlan la mayor parte del comercio de la droga dentro de EEUU.

Si hace poco el jefe del Comando Norte del ejército estadunidense dijo que el 35% del territorio mecano estaba bajo control de los cárteles del crimen organizado, la evaluación oficial del narco que hizo la DEA el año pasado ha mostrado que el 85% del territorio estadunidense es tierra de tráfico de drogas para consumo al menudeo en EEU.

El gobierno de EEUU ha sido reacio tomar decisiones legales de autoridad para combatir a las bandas vinculadas al narco. Hasta ahora, los cárteles mexicanos siguen creciendo dentro de territorio estadunidense e inclusive se han incorporado a la cultura popular a través de la literatura, el cine y las series televisivas policiacas. Primero fueron Los Zetas y ahora el Chapo Guzmán o referencias a él aparecen en programas de televisión. La revista Vanity Fair se vio metida en un incidente cuando contrató al actor Sean Penn para hacer una nota sobre el Chapo y los contactos con el jefe narco se dieron a través de la actriz Kate del Castillo, famosa por su papel central en la serie La reina del Sur, basada en la novela del escritor español Arturo Pérez Reverte.

El daño social de la droga es grave, pero la Casa Blanca sigue culpando a los productores y no a las autoridades estadunidense que permiten el contrabando de droga, las bandas vendedoras y el consumo. Un registro de la DEA en su evaluación de 2019 reveló que en 2917 –último año contabilizado de manera oficial– hubo en EEUU 216,924 muertes vinculadas a cinco hechos referidos a la droga: sobredosis, suicidios, homicidios, armas de fuego y accidentes vehiculares. Esta cifra es 61.6% mayor a las 134,212 muertes ocurridas en 1999.

El problema está en el consumo en sí mismo y en el consumo como demanda de droga que estimula los mercados de productores y traficantes. De 1999 a 2019 aumentó de más de 300% el número de estadunidenses fallecidos por sobre dosis de droga, con dos explicaciones: por aumento de consumidores y por la llegada de drogas pesadas mortales –fentanilo– desde 2016. EEUU dice que el principal contrabandista de fentanilo es el cártel del Chapo Guzmán, en su sección dirigida por su hijo Ovidio Guzmán López, cuya captura y extradición está exigiendo la Casa Blanca.

Si el problema de la importación ilegal de droga es grave, el gobierno de EEUU no quiere reconocer su responsabilidad en el asentamiento en su territorio de las bandas mexicanas dedicadas al tráfico de drogas. Tampoco quiere discutir el asunto optar por atender acciones y no desarrollar programas severos y de autoridad contra el consumo. Al final, el consumo de drogas en EEUU es un asunto de derechos y libertades, lo que ha facilitado el aumento de la legalización del consumo de la marihuana.

El gobierno de Biden es el primero desde Nixon que parece querer entrarle al asunto de las drogas, sólo que con los mismos errores: asumirlos como asunto de bandas en sus países de origen y no en el contrabando que no podría entrar a territorio estadunidense sin el apoyo y la complicidad y la corrupción de autoridades estadunidenses. Sólo el tema de lavado de dinero del narco deja al sistema financiero estadunidense centenas de miles de millones de dólares, con la certeza de que el dinero ilegal no podría circular en bancos sin la autorización oficial.

Si no existe una decisión real de la Casa Blanca para combatir la droga dentro de su país, los cárteles se van a seguir expandiendo en todo el mundo: bandas mexicanas ya operan en Europa y Africa. Pero hasta ahora, el presidente Biden quiere seguir culpando a los productores y traficantes del consumo de drogas que exigen los consumidores estadunidenses.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- WOLA, un think tank clave en el juego estratégico de Casa Blanca

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Carlos Ramírez

En términos estratégicos, el poder central en EEUU se conoce con el concepto –no referencia de nombre institucional– de Casa Blanca. A pesar de lo que piensen o digan los funcionarios, Casa Blanca decide lo que es mejor para la seguridad nacional de EEUU para privilegiar, como dice la Doctrina respectiva del gobierno de Biden, y defender el american way of life o modo de vida estadunidense.

Aunque tiene sus propias oficinas y organizaciones ad hoc que son controladas por el Congreso, el aparato de poder estadunidense –la comunidad de los servicios de inteligencia y seguridad nacional– utiliza a agrupaciones con cobertura académica o sólo analítica que son conocidas como think tanks, en cuyo seno son asimilados exfuncionarios de la seguridad civil y militar ya en fase de empresas de movilidad en la seguridad privada al servicio de la seguridad oficial.

En esa comunidad asesora se localiza el grupo Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés). El enfoque de seguridad nacional de esta organización coincide con el oficial estadunidense. Su último reporte sobre México y su crítica a la militarización sólo encontró contexto en tres escenarios construidos por la Casa Blanca:

1.- La presentación formal de la vicepresidenta Kamala Harris como encargada Senior de la agenda México dentro del nuevo aparato de gobierno.

2.- El aumento de las presiones de la DEA para realizar operaciones en México sin cumplir con las nuevas reglas de registro establecidas por la Ley mexicana de Seguridad Nacional.

3.- La búsqueda del debilitamiento de la participación de las fuerzas armadas mexicanas en labores de seguridad nacional estratégica y de seguridad interior para que México regrese al corral de una nueva Iniciativa Mérida.

La intención de la Casa Blanca es evitar la autonomía relativa del gobierno del presidente López Obrador en tareas de seguridad mexicanas en temas que tienen efecto en EEUU. La iniciativa Mérida firmada por el presidente Calderón con el presidente Bush sometió la estrategia de seguridad mexicana a la aprobación y sobre todo supervisión estadunidense, es decir, en relación a los intereses de EEUU.

El presidente López Obrador anuló esa Iniciativa y definió su propio paradigma de seguridad en función de los intereses mexicanos de abandonar los escenarios de la guerra y crear condiciones de paz, incluyendo un entendimiento informal con los cárteles para evitarles la tentación de ser gobierno, no perseguirlos para eludir la respuesta criminal a balazos y generar condiciones de bienestar en las zonas controladas por el crimen organizado.

El último reporte de WOLA deja ver los intereses estratégicos de la Casa Blanca de Biden: sacar a los militares de las tareas de seguridad y evitar su utilización –que tiene fundamentos y garantías constitucionales– en tareas civiles de obras sociales que permiten las leyes y reglamentos mexicanos.

La clave está en la estrategia de seguridad. El reporte de WOLA, en la lógica de Casa Blanca, pone la atención en los militares, pero con el segundo pensamiento de que la estructura civil mexicana no tiene las condiciones ni fuerza para contener a los narcos y entonces el gobierno de Mexico debiera permitir la entrada de especialistas estadunidenses militares en materia de seguridad para suplir a los mexicanos, sin colaborar ni compartir tecnologías e inteligencia.

La lectura del reporte de WOLA sobre la militarización en México deja ver esas intenciones estratégicas ocultas. Y por si fuera poco, ese reporte circuló en México la víspera de la reunión institucional México-EEUU en materia de seguridad, con la presencia en México de expertos estadunidenses de alto nivel. El objetivo de WOLA quedó claro: que organismos y personal del gobierno de EEUU tenga más beligerancia en México sin pasar por las normas regulatorias de registro de agentes y operaciones y revolver los territorios de los cárteles para aniquilarlos o llevárselos extraditados.

En este sentido, el modelo de seguridad binacional que ha dejado ver el gobierno de EEUU tiene, en realidad, un enfoque sólo estadunidense. Hasta ahora, en esas reuniones sólo ha habido una forma de resistencia en la cancillería mexicana de Marcelo Ebrard Casaubón en función de la directriz presidencial de que no debe permitirse la restauración legal o de facto de una nueva Iniciativa Mérida.

 

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Política para dummies: La política es la forma de eludir las presiones de los adversarios.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- El INE, rebasado; Córdova contra AMLO y las elecciones vagan sin control

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Carlos Ramírez

Los tiempos políticos circunstanciales coinciden: mientras la Fiscalía General de la República abre expedientes con claros tonos de delitos electorales contra candidatos de la alianza PAN-PRI-PRD-Coparmex, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova Vianello, se reúne de manera personal con el diputado morenista Porfirio Muñoz Ledo en su periodo de franca guerra contra el presidente López Obrador, Morena y la 4ª-T para dar la imagen de alianzas.

En este contexto, el descuido intencionado del INE sobre el proceso electoral busca beneficiar a la alianza opositora. El Instituto quiso quitarle el registro a la candidata de Morena al gobierno de San Luis Potosí, pero la filtración adelantada de esas intenciones reventó la sorpresa. Y bajo la mirada complaciente del INE varios candidatos de la alianza opositora están comprando de manera ilegal con votos para beneficios sociales si ganan las elecciones, hechos que caen dentro de presuntos delitos electorales.

Con estos datos se confirma que el INE de Córdova Vianello ha sido reducido a una mala copia de la Comisión Federal Electoral de Manuel Bartlett Díaz de 1988.

El actual consejo electoral del INE está reventando el régimen electoral posterior a la crisis de 1988. La capacidad de autoridad institucional de los funcionarios del INE se ha reducido a su mínima expresión respecto a la alianza opositora: el consejero presidente usa redes y va a entrevistas de prensa para ostentarse como el guardián del régimen democrático, cuando su tarea es mucho más modesta: garantizar elecciones libres y conteo institucional de votos. Y en esas apariciones, Córdova Vianello aprovecha la oportunidad para promover los libros que ha escrito y editado con recursos del Instituto.

En una entrevista, inclusive, aceptó la contratación como funcionario del Instituto de Ernesto Núñez Albarrán para cumplir el único propósito de ayudarlo a escribir el libro La democracia no se construyó en un día. Pero el consejero presidente del INE confunde el hecho de que la tarea del INE radica en organizar elecciones, no en producir libros de contenido político con cargo al erario y, sobre todo, sin pasar por las reglas de utilización de los recursos del organismo.

La reunión de Córdova Vianello en las oficinas del INE con el disidente Muñoz Ledo ocurrió justo en el momento en que el legislador había roto relaciones con el presidente de la república que ayudó a encumbrar y en su campaña mediática para construir un frente amplio por la defensa de la Constitución. El tuit de Muñoz Ledo para difundir esa foto no ocultó sus intenciones: incorporar la imagen del consejero presidente del INE en tiempos electorales en labores de cuestionamiento de Morena y del jefe del ejecutivo.

Lo más grave ocurre en el escenario de delitos electorales: el presidente declaró sin ocultamientos que estaba interviniendo en el proceso electoral para denunciar irregularidades, pero en el entendido de que esa tarea le corresponde al INE y no la ha cumplido. Sin embargo, el INE se ha visto parcial a favor de la alianza opositora y enérgico contra Morena.

En riguroso enfoque institucional, el INE nada tiene que hacer definiendo la democracia como filosofía o forma de gobierno, porque su tarea es funcionar como mecanismo de realización de elecciones libres, participativas y sin obstáculos como una forma de cumplir con su tarea de acreditar funciones de democracia procedimental electoral. Pero en estas semanas, el INE ha volteado la vista hacia otro lugar mientras la alianza PRI-PAN-PRD, ahora reforzada con el poder empresarial de la Coparmex como fuerza de ultraderecha, quiere desviar el sentido popular del voto.

La revelación de la revista Contralínea, potenciada por el presidente de la república en una mañanera sobre la intervención del gobierno de los EEUU vía varios organismos vinculados a la CIA en la promoción de defensa del capitalismo en América Latina, le debió corresponder denunciarla, indagarla y procesarla de manera legal al INE, porque se trata de la injerencia de un gobierno extranjero en un proceso electoral mexicano. Sin embargo, la ingenuidad estratégica del consejero presidente Córdova Vianello y su obsesión anti AMLO podrían querer justificar que intereses estadunidenses y de corporaciones patronales mexicanas desvíen el sentido democrático real del voto ciudadano.

 

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Política para dummies: La política se hace con pasiones, no con obsesiones enfermizas.

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Los miramares y la maldición de Daniel Cosío Villegas: mirar a EEUU, lo peor

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Carlos Ramírez

 En 1947, el entonces abogado y economista Daniel Cosío Villegas publicó en Cuadernos Americanos de Jesús Silva Herzog el ensayo titulado “La crisis de México”. Su tesis central fue el agotamiento de las metas de la Revolución Mexicana y la tentación de buscar una salida en el modelo estadunidense. En ese texto, del que sería después historiador de porfiriato y de la Revolución, lanzó una advertencia: cuidado con buscar la salida en EEUU.

 

Parece indudable que si la situación actual de México ha de juzgarse con alguna severidad, difícilmente puede escaparse a la conclusión de que el país pasa por una crisis gravísima. Es ella de tal magnitud que si se la ignora o se la aprecia complacientemente, si no se emprende en seguida el mejor esfuerzo para sacarlo de ella, México principiará por vagar sin rumbo, a la deriva, perdiendo un tiempo que no puede perder un país tan atrasado en su evolución, para concluir en confiar la solución de sus problemas mayores a la inspiración, a la imitación y a la sumisión a Estados Unidos, no sólo por vecino rico y poderoso, sino por el éxito que ha tenido y que nosotros no hemos sabido alcanzar. A ese país llamaríamos en demanda de dinero, de adiestramiento técnico, de caminos para la cultura y el arte, de consejo. político, y concluiríamos por adoptar íntegra su tabla de valores, tan ajena a nuestra historia, a nuestra conveniencia y a nuestros gustos. A la influencia ya de por si avasalladora de Estados Unidos se uniría la disimulada convicción de algunos, los francos intereses de otros, la indiferencia o el pesimismo de los más, para hacer posible el proceso del sacrificio de la nacionalidad, y, más importante todavía que eso, de la seguridad, del dominio y de la dicha que consigue quien ha labrado su propio destino. Muchos de los problemas de México se resolverían entonces; gozaría el país de una prosperidad material desusada; pero ¿estamos seguros de que nuestro pueblo, nosotros mismos, seríamos de verdad más felices? Nuestro indio, por ejemplo, ¿ganaría algo al pasar a la categoría de irredento que tiene ahora el negro norteamericano?

 

El ensayo de Cosío Villegas sin duda que es de sobra conocido por muchos de los miramares intelectuales que están clamando por la intervención del gobierno de EEUU y su enfoque imperial para salvara México de López Obrador, porque en lo interno carecen de base sociales. Inclusive, Cosío Villegas es invocado como maestrode esos miramares que han escrito de manera publica –Enrique Krauze, Jorge G. Castañeda y, entre otros, Carlos Elizondo Mayer Sierra– que el presidente Biden nodebiera mirar de lejos a López Obrador y debiera intervenir para cambiar el rumbo que México se dio en las urnas, en equivocada o acertada decisión.

Lo que no han querido enfocar los miramares mexicanos es la perspectiva de seguridad estratégica de la Casa Blanca, que es la misma que viene desde el destino manifiesto, la Doctrina Monroe, el robo estadunidense de la mitad del territorio mexicano a mediados del siglo XIX, las invasiones militares y la exacción de recursos durante todo el siglo XX. En un proceso de deslavamiento histórico que tuvo su punto culminante con el Tratado de 1991-1993 del presidente Carlos Salinas de Gortari, México arreó su nacionalismo en aras del primer paso a la integración subordinada de México: la productiva-comercial.

En 1988 el historiador Héctor Aguilar Camón y el escritor Carlos Fuentes firmaron las conclusiones El desafío de la interdependencia que redactó la Comisión sobre el Futuro de las Relaciones México-EEUU y que fue el preludio del Tratado: borrar de la educación y de los libros de texto y la historia el despojo de 1847. Y en 1992 el embajador John Dimitri Negroponte, el gran estratega de espionaje, inteligencia y seguridad nacional republicano, redactó el famoso Memorándum para apresurar a la Casa Blanca a aprobar el Tratado porque era el camino para dominar a México y hacerlo olvidarse del conflicto bilateral histórico. No hay mejor canto a la idealización e idolatría de EEUU que el último libro de Castañeda: Estados Unidos; en la intimidad y a la distancia.

El ensayo de Cosío Villegas de 1947 –cien años después de la guerra de despojo— Villegas debería ser reproducido como el grito de advertencia a favor del nacionalismo de resistencia hacia la absorción estadunidense. Y cuando menos, releído por los miramares del siglo XXI que ven en la Casa Blanca el Castillo de Miramar.

 

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Política para dummies: La política es, sobre todo, memoria y ésta representa una bofetada de la realidad inocultable.

 

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